Posts etiquetados como ‘pensamientos’

Volver a los suburbios

Nadie vió el tiempo,
simplemente se abrió como una herida amortajada,
no necesito de tangos sin música,
ni tormentas subjetivas
para arrastrar mis huesos demacrados.

No sonrío…

Las palabras son anchas,
taladran tu sien hasta secarte los ojos,
no necesito escuchar por escuchar,
ni dulzuras adjetivas
para confiar mi viejo corazón a las palabras.

No espero…

Se resbala la noche,
se encienden las sombras
sedientas de caricias,
sembrando ansias pegajosas.

Cada palabra
parece un cuchillo.
Pensamientos
me cohiben,
si no hay acción,
no hay expresión.

No sirven…

Si los dedos de mis manos
brillaran como el oro,
los gatos
lamerían los dedos de mis pies.

Mi reina,
no soy rey, tampoco águila,
solo un ciego cuervo
con las alas en llamas.

La noche
me abre la puerta,
no me espera
pero no me ignora.

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Andrajo

Arrastrando
alas de ave enferma,
cuerpo subterráneo
sitiado en espinas.

La palabra en la boca
tiembla como una hoja.

Derramando
el grito de labios sin saliva,
cáscaras de miedo y espesura
se segregan en los dedos.

La astilla en el ojo
vibra en un tedio de piedra.

Atragantado
en la pelusa deforme,
chapuzón de descuido,
médula famélica de ocio.

Pica el puñal del mundo
alojado en la espalda.

Derretido
en la fiebre de la inmolación,
enquistado en los pensamientos
como orilla de rocas picudas.

Sentado en el banco de una plaza
viendo como copulan las palomas

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Lokura (a la que admiro)

Muévete en las palabras
que salpico de mis dedos,
en los arduos pensamientos
que desmantelas con imágenes.

Inconsciencia kamikaze,
locura que me envuelve,
de la rareza que nos brota
cortados por la misma navaja.

Sos como un volcán
que no sabe explotar
que salpica de solo
simple y pura inercia.

Poder de tu ego contra el humilde,
poder de tu ego contra tu ego,
desplegando las alas carmesí,
que pueden crear disyuntivas.

Negras mariposas te revolotean
en esos cielos alienados,
en esos ojos verdes grisáceos
que son mi quimérica ambición.

Y te duele lo que sos,
en tus rincones de flores muertas,
en tus desastres cotidianos,
en tus vacuidades de luz,
en tus necesidades de sombras,
en tus caballitos de batalla,
en tus amores perdidos
en tus dolores podridos.

Muñeca de trapo
de botones descosidos,
de horizonte rasgado
empapada por una lluvia ácida,
arrasada por la ansiedad,
acariciando el fuego,
para saberte de tu límite

De la sangre que te obsesiona,
manchadas en sueños de azulejos,
en tus labios sedientos de palabras,
veintisiete son las tumbas sin cruces.

Tal vez seas mi sexto sentido.

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Pupilas colgantes

El zorro quiere de su zorra:
todas las noches,
una fiebre litúrgica,
un enjambre de abejas furiosas,
un hospital incendiado,
un fantasma payaso,
una cama de vidrio,
una silueta escamosa,
un calor oscuro,
una luna desgarrada,
unos huesos en polvo,
un transplante de vida,
mil noches de noches,
labios púrpuras,
pensamientos muertos,
el ardor y el salpullido,
el aleteo de un canto,
o el alarido animal,
joyas de azúcar,
saladas con obsesiones,
un príncipe sin corona,
una daga filosa,
una órbita de estrellas,
un rezo del infierno,
pupilas colgantes,
en puentes colgantes,
en cuadros colgantes,
en amantes colgantes.

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Huellas de tedio

Su aliento dispara
una ingrávida luz
que hiere con cristales fragmentados
estos pensamientos franqueados.

Emerge un alba desgarrada,
símbolo de cenizas y aroma a sangre.

Sus párpados lanzan
flechas plateadas que desenmaraña
de un ovillo de silencio
protegido con sigilo.

Brota una lluvia rasgada,
símbolo de lagrimas tácitas y huellas.

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I5la

Sabor fresca,
carne de flor,
tantos excesos,
tanta abundancia.

Olor a sexo
infestado en la piel,
sin movimientos,
sin pensamientos.

Ojos embelesados,
escena de caricias,
para la totalidad,
para la realidad.

Sonidos quemados,
muero de placer,
ante el abandono,
ante el desamparo.

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Hidráulica estragada

Tengo una jauría de penas,
despedazando mis impulsos.
Cabeza de tormenta,
gritos de pensamientos

El fuego tejido por la furia,
tras tu vestido daltónico,
deshace la apariencia capital,
desaguándola con hartazgos.

Ojos decapitados
de luna avara.

Las tinieblas se aglutinan,
se conforman para dominarte,
disparan un rayo de carne,
enarbolando un estallido

Brillo fluorescente,
destello astilloso coaxial

Los mismos ejes compartidos,
burbujas singulares,
adentrado en la pesadilla dorada
en mil ventanas de etcétera.

Sed irracional,
que nos hunde en la demencia.

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Sos un fantasma de indecisión

Los pensamientos alados, a través de las estrellas, entre la mente ensombrecida que se pierde en una tierra árida. No podrás resistirte.
Ve y grita a través de puertas y pisos imaginarios e infinitos, suelta los perdidos suspiros, para el brote de la crueldad y la conmoción.
Deja que los restos crucen los antiguos caminos, los marque y los consagren a su luz, bajo las apenadas nubes.
El error es amargo, las heridas; soledad. Nunca supiste decidirte.
Vagamos en ordinarias pistas, en catacumbas de destierro.
La venganza amorosa nos hará polvo, toma la borda, conduce hasta el final sin descarrilar, los fríos y los vientos nos complicarán hasta empujarnos al límite. Todo se trata de subsistir.

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Los aguijones de la ira

Lagrimas errantes
tomando decisiones
en formas coléricas,
en giros perpetuos.

Furiosas…
embestidas por la confusión.

Compadecido por tanta lastima
penas que engendran
dolor en mas dolor,
jauría de remordimientos.

Lagrimas sofocantes
sobornando pensamientos
que yacían enterrados
en días vividos.

Furiosas…
desvestidas por la resignación.

Compadecido por tanto descenso
penas que no esperan
sabor sin mas sabor,
bandada de suplicios.

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Último nacimiento (Primera ofrenda)

Ángel terrible,
desdeñado al destruir,
sofocando con seducción
en oscuros respiros.

¿Quién puede salvarse?

Cuando la noche
cubierta de un viento
muerda tu rostro
alterándote aún mas.

¿Quién oculta su destino?

La decepción de la anhelada,
suavidad y refuerzo,
retiene su corazón herido,
comprimido en el espacio.

¿Quién piensa en ella?

Los brazos del vacío,
arrojada entre gemidos,
ensanchando, aún mas
su vuelo más íntimo.

¿Quién te necesita?

Percibe tus estrellas
en tus exigentes primaveras,
levantando una ola
con la ventana abierta.

¿Quién pudo con eso?

Distraído por las expectativas
buscando un nuevo anuncio
con cuadros grandes
y pensamientos extraños.

¿Quién supo contener?

El abrumo de la nostalgia
en el canto de los mares,
celebrando un sentimiento
bastante inmortal.

¿Quién puede pensar?

Recomenzando la alabanza,
eterna e inalcanzable,
desidratando un héroe
hasta su mismo ocaso.

¿Quién puede vivir?

Último nacimiento,
naturaleza agotada
ante viejos dolores
ante nuevas presunciones.

¿Quién puede liberarse?

Concentrado en el salto,
la ventaja de no pertenecer,
de tanto resistir
con mucho estremecimiento.

¿Quién sabe escuchar?

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