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El valor del sacrificio

Mensaje anómalo que se deslizaba
por las yemas de sus dedos,
su radiación encubría algo
(Yo sé que ella sangraba por dentro).

Quería el sendero luminoso
para inmolarse en la arena caliente,
quería un juego de artificios
por sus penas expandidas.

Se inyectó de miedo
por alguien que nunca valió,
deformando sus palabras,
traicionando su cuerpo de sed.

Solo retenía
besos con alas de murciélagos
que atesoraba con culpa
en sus mejillas convulsionadas.

Su lengua retardada
decía lo que no quería,
así se enamoró de su miseria
resignando la justicia.

Con su opaca frescura
y su confusa sinceridad,
atormentó un delito interior
del que siempre fue inocente.

Absorbida por la obstinación
de su trunca existencia,
juega con su agonía y la posibilidad
de irse de la manera mas cobarde.

Vividores del país que nunca fue

Beso la miseria,
escapo para lo que soy,
desconozco el límite,
el arma es la armadura.

Fantasma desnudo,
hijo de la simpleza,
vómito onírico,
libertad imaginaria.

Pluma de rabia,
la gente es la lluvia,
las miradas son frías,
aunque nos creíamos diferentes.

Entre la puja,
que no pertenecemos,
son pocos los que ganan,
multitudes las que pierden.

Tristeza inscrita,
tatuada en los calambres,
las penas saben nadar,
ahogándonos en ellas.

Olas de sometimiento,
lagrimas resignadas,
nuca helada,
serenidad arremolinada.

Fiebres surtidas
de contradicciones
con fuegos coronados
y agónicos deseos.

Dolores que ríen,
vivos picados sugestivos,
condenables suplicios,
la muerte del vértigo.

Párpados extenuados,
de tanta injusticia,
de tanta impotencia,
de tanta sangre inocente derramada.

Miserias inmortales,
de tanta corrupción,
de tantos negociados,
de tanta avaricia descontrolada.

Lacras humanas,
gobernantes de un país,
que nunca pudo ser,
sostenido por mitos, fantasmas y mentiras.

Los sindicatos,
llenos de mafia,
alzando la bandera de los muertos,
bailando en sus ataúdes.

Los trabajadores,
excluidos, vomitados.
Arrastrados por una dignidad
tan ingenua, tan luminosa.

Golpeados por el sistema
con la furia de una tormenta,
mucha hambre,
mucha telestupideces.

Parado en ningún lugar,
siendo una sombra, una lápida,
ángel caído sin destino,
demonio pólipo convertido.

Hidráulica estragada

Tengo una jauría de penas,
despedazando mis impulsos.
Cabeza de tormenta,
gritos de pensamientos

El fuego tejido por la furia,
tras tu vestido daltónico,
deshace la apariencia capital,
desaguándola con hartazgos.

Ojos decapitados
de luna avara.

Las tinieblas se aglutinan,
se conforman para dominarte,
disparan un rayo de carne,
enarbolando un estallido

Brillo fluorescente,
destello astilloso coaxial

Los mismos ejes compartidos,
burbujas singulares,
adentrado en la pesadilla dorada
en mil ventanas de etcétera.

Sed irracional,
que nos hunde en la demencia.

Los aguijones de la ira

Lagrimas errantes
tomando decisiones
en formas coléricas,
en giros perpetuos.

Furiosas…
embestidas por la confusión.

Compadecido por tanta lastima
penas que engendran
dolor en mas dolor,
jauría de remordimientos.

Lagrimas sofocantes
sobornando pensamientos
que yacían enterrados
en días vividos.

Furiosas…
desvestidas por la resignación.

Compadecido por tanto descenso
penas que no esperan
sabor sin mas sabor,
bandada de suplicios.

Los nombres del olvido

La mirada del deseo
igual a la de un chacal desesperado,
taladran en las pupilas de la víctima,
donde no hay suburbio a huir.

En sus labios húmedos,
fluye un río presuroso.

Los cazadores renguean
en tierras áridas, perdidas,
en noches sin luna
sin presas fáciles que aprehender.

A la sombra desmesurada
bajo los nombres del olvido,
las alegrías y las penas
retumban en el interior.

En sus dedos de sal,
emprende un siniestro imperecedero.

Criatura de su noche

Transité en su morada sin luz,
se confió de mí ente perturbado,
así robé su frescura y lo volví atroz
consumí su sangre en éxtasis.

Le mostré su sombra ignorada,
me envió mensajes sin sentido,
era un demonio desesperado y escondido
con misterios en la noche, encadenadas penas.

Grité en mi sacrificio,
tragué su alma fulgente
fui el engendro de su luna
en mil plegarias, sin destinos.