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Eufemismo grueso opaco

Entre los bosques violáceos,
sucumbí con los lobos desmembrados
lamiendo el sudor de los pájaros
en las grises rocas secas.

Un árbol negro partió mi esqueleto
cuando esa noche tiritaba de frío.

Todo el alimento que podía recibir
eran manos cargadas de mentiras.

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Núbil espíritu

Cortando en derredor de sus palabras,
musgo violáceo forjado de óbitos,
su intuición es un muro de resortes,
su punción desarticulada espinada de beldad.

Garabatos de sombras pisadas,
furia de agujas desincronizadas,
destellos de pájaros verdes,
abertura de jaula invisible.

Caigo en razones dibujadas,
caigo desde edificios de telgopor,
caigo sobre ascuas negras,
caigo hasta tergiversar los sueños.

Piel que se le despega de su nariz,
despertares encapuchados de lluvias,
su consecuencia entretejida en los dedos,
su desgarro a borbollón y mezcolanza.

Salpicados de luces traccionadas,
lenguas de a miles lenguas,
rompiente de relámpagos aceitados,
grieta en donde escarba con candor capricho.

Caigo en vacíos llenos,
caigo desde olas de hiel,
caigo sobre colchones de basura,
caigo hasta tener que aprender.

Creciente

El tiempo se hace ráfagas de luces,
en los ruidos de tus antojos,
de las desposesiones y los sismos interiores,
ojos de luna reflejan tus flores.

Nos sorprenden los cantos
de pájaros matutinos.

Sustancias que bailan como pelusas revoloteantes,
espíritus empapados en sangre,
así guías mis dientes a tu mullida carne,
desmembremos tanto la inocencia como la soberbia.

Las palabras que resquebrajan mi cabeza,
arden en azules llamas abultadas,
infierno de terciopelo,
labios eternamente sedientos.

En el pecado reencarnamos,
es el precio del placer.

Ahora mi demacrado corazón
está en el hueco de la palma de tu mano,
tengo que perder el control
para atesorar tus lascivos besos.

Te vistes de éxtasis
para llenarme de tu piel.

En tu noche, brota la penumbra,
donde a mi sombra le gusta desplegarse,
con solo brío y conciencia,
el agrado y el aprendizaje con tu ser.

En el impacto de tus ojos veo que…
serás mi subyugada.

Leche de luna

Lo saboreas con los labios
el capricho crece en tu hipnótica boca,
me penetras con tus brillantes ojos,
espasma el cuerpo intoxicado de lujuria.

Lo recorres con tu lengua,
algodón violento y expresivo,
alud de fuego y heridas,
tus manos reconstruyen mis esquirlas.

Miedos de abismos esenciales,
canto verdoso de pájaros insolentes,
en el vulturno sofocante se descose
el fragor de las chicharras en celo.

De mis palabras oxidadas,
quiero estacar el valor de tu ser,
gris llovizna intrascendente,
invade mi paralítico sueño.

Empapada…
subida al tobogán.

De no soñar

Los puentes se abren,
las flores irrigan colores,
aún en días grises y lluviosos,
en aires pesados y brumosos.

Muñeca frágil de delicado terciopelo,
retumba en el polvo de la sed,
besos voraces se pegan
al olor que destila el vacío.

Frente en alto,
el reflejo que va al choque,
enhebrar la locura con ancha aguja,
hilo de luz refractada.

Franjas de sueños agitados,
dedos que se diluyen en el papel,
carbónicas texturas,
retoña el sudor en la piel.

Las cenizas en las grietas de la mente,
los latigazos de profundas regresiones,
la represión, una guerra interior
de dos bandos que no se ponen de acuerdo.

La noche gravita sobre la pulpa azul,
soltados los oscuros pájaros raquíticos,
se posan en sonrisas melodiosas,
se hunden en relámpagos de medianoche.

La intuición es un siniestro,
el razonamiento son escombros.

Mariposas chuecas bordadas
con súbita desesperación,
para distraer el instinto
y la sed.