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Renuncias

Una daga con aroma a rosas,
rosas rojas bañadas por un frío crepúsculo…

De esos días
en que solo el viento
sabe a donde va.

Una púrpura lengua que borra el suelo,
suelo emparchado con tergopol en migas…

De esas tardes
en donde el vacío
reinará en una vasta alma.

Relámpagos de voz,
dinamismo de árbol.

Noches sin noches.

 

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No se asoman

Con una lengua de fuego,
lameré tu sombra,
oyes por las noches
el martillo de los muertos
hiriendo tu dormir.

Escupo lunas emparceladas,
observaré tus girasoles,
hueles en tu almohada
la oscura esencia desconocida,
buscando el semen de tus sueños.

Un temblor debajo de las uñas,
saborearé tu caos,
derrites silencios con tus gemidos,
es el signo tatuado en el placer,
gozando del fuego en que ardemos.

No se asoman
los hongos del hastío.

Dominios

Ojos inyectados de lujuria,
lame el músculo, gastándolo,
cuerpo que cruje en cada abrazo,
un charco de sangre violeta.

Indagando en la carne mullida,
crepita susurros templados,
piel desahuciada en el tiempo,
destilan los deseos por los poros.

A la retención
de movimientos frenéticos,
de súplicas y ruegos.

En los dominios,
el control,
encontrarse para perderse.

En las entregas,
el descontrol,
perderse para encontrarse.

Embriaguez de noches sin estrellas
de lunas llenas inhibidas,
lluvias otoñales en primaveras.

Es en la súbita penumbra
donde se raspan los tobillos.

Sanguijuelas

Despedazar mi cuerpo
para que resplandezca el dolor,
ahogarme en mi propia sangre
para saciar esta frustración.

Caprichosa y celosa luna,
compañera fiel en tantas noches,
pido un poco de tu polvo,
de tu molécula gris y atestada.

Congela mi cerebro,
regala mis ojos inservibles.
Los cristales de una botella rota
astilladas en el ventrículo.

Mi corazón es un fruto podrido
que se hamaca y discute
de filosofía con el diablo,
en una mesa ratona de algún suburbio.

El abismo tiene el sabor
dulce de tus labios.

Reverencia atróz

Marcar mis dientes
en tu trémula carne
cargada de tanto arrastre,
de tanto dolor petrificado.

Posar mi lengua
en tu dulce sangre,
mezclada de sufrimiento,
infestada de demencia craquelada.

Enterrar mis ojos
en tus ojos hipnóticos
de lujuria y decepción,
de manto y combustión.

Arrastrar mi mano
en tu sexo apetecible,
disuelto en sombras espesas,
envuelto en noches sin luna.

Pupilas colgantes

El zorro quiere de su zorra:
todas las noches,
una fiebre litúrgica,
un enjambre de abejas furiosas,
un hospital incendiado,
un fantasma payaso,
una cama de vidrio,
una silueta escamosa,
un calor oscuro,
una luna desgarrada,
unos huesos en polvo,
un transplante de vida,
mil noches de noches,
labios púrpuras,
pensamientos muertos,
el ardor y el salpullido,
el aleteo de un canto,
o el alarido animal,
joyas de azúcar,
saladas con obsesiones,
un príncipe sin corona,
una daga filosa,
una órbita de estrellas,
un rezo del infierno,
pupilas colgantes,
en puentes colgantes,
en cuadros colgantes,
en amantes colgantes.

Secuencias especulativas

Garganta nocturna,
árbol de temblequeo afiebrado,
eleva los fósforos consumidos
haciendo del horizonte una mofa.

Boca de selva,
escupe un astro congelado,
derramado el vacío de estas noches
que duermen y se estilizan en adventicio.

Neblina de ánimas,
la desesperación es una cruz de cobre,
tierna fragilidad del sonido del resplandor,
peleando contra el recuerdo y el olvido.

Huérfano cantor
posado bajo el suspiro oxidado,
la marea arrastró un pájaro hasta mi cama
con ojos inyectados de pugna.

Volcán desafinado,
barco arrullado en un atardecer,
angustia brillosa como un zafiro,
del jardín solo afloran suicidios.

Peces de ciudad
retienen el ladrido blanquecino
voltereta del caparazón abollado,
paisaje de bolsillo y humedad.

Abanico de miel,
glucosa boreal que pelan los dedos,
tu luna se desplaza con el atentado,
espero atento al ocaso de la timidez.

Cometa estoico,
lobo cosido de incertidumbres,
las huellas de la flor en polvo
solo propaga espinas luminosas.

Los nombres del olvido

La mirada del deseo
igual a la de un chacal desesperado,
taladran en las pupilas de la víctima,
donde no hay suburbio a huir.

En sus labios húmedos,
fluye un río presuroso.

Los cazadores renguean
en tierras áridas, perdidas,
en noches sin luna
sin presas fáciles que aprehender.

A la sombra desmesurada
bajo los nombres del olvido,
las alegrías y las penas
retumban en el interior.

En sus dedos de sal,
emprende un siniestro imperecedero.

Colisión escrita con gritos contaminados

Escarbando en la sombra
que se construye de perdidas
que colisionaron de a tumultos,
mutando en espectros cerebrales.

Rasgando toda la luz
que algún día supo brillar
que se escribió en alguna página,
decorando en mera retroactividad.

Machacando el alma
con un aliento sedicioso
en noches que gritan
con voces de desamparo

Delatando en los latidos
que marcaron un rumbo
que se contaminó de miedos,
desabotonando miserias.

En nombre de la intuición

Con agudeza
roba mi sueño de esta noche,
aplomando los días,
desolando las noches.

Esperando una fría luz,
un grito silencioso,
en nombre de la intuición,
resquebrajando la figura.

Palabras que ciegan,
pintando con la agonía de la danza,
desestructurando las formas,
complaciendo los miedos.

Corre dentro tuyo,
hasta perderte,
hasta que implotes
con fuego y propulsión.

Mentiras deformadas,
secretos perseguidos,
en secuencias desesperadas,
en caos transigente.