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Amargo suicidio

Desgasté todo el calor que emanaba de su corazón,
calor que eran abrazadoras llamas doradas,
llamas que perforaban mi sien atascando mi lengua,
lengua que no supo aflorar sus alas.

Tengo mi alma atravesada por un arpón,
que sangra y se arrastra a mas no poder,
alma que lleva cadenas de desdicha,
vagabundéa y tiembla en el denso lecho,

Mientras tanto
las nubes huyen…

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Inútil

Su lástima en mi tintero
es un esmalte amarillo
que me apuñala ventanas
en convulsiones de desiertos.

Aplasta,
me pasa por encima
quiere mi última gota
de nada, absoluta.

Libertad que arde
en cada ampolla de mis pies…

Sus ojos son espejismos,
relucientes duraznos de plástico,
un diluvio de sal en cubos
y lágrimas de sol que saben alcohol.

No necesito de tus dedos
en mis llagas sangrantes…

Puesto en cuarentena,
cuento mis plateados pasos,
y nadie entiende
que estoy donde pertenezco.

Soy la enfermedad de lo pábilos,
un juego de llamas frías
que acarician silencios
y que su lengua absorbe como esponja.

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Creciente

El tiempo se hace ráfagas de luces,
en los ruidos de tus antojos,
de las desposesiones y los sismos interiores,
ojos de luna reflejan tus flores.

Nos sorprenden los cantos
de pájaros matutinos.

Sustancias que bailan como pelusas revoloteantes,
espíritus empapados en sangre,
así guías mis dientes a tu mullida carne,
desmembremos tanto la inocencia como la soberbia.

Las palabras que resquebrajan mi cabeza,
arden en azules llamas abultadas,
infierno de terciopelo,
labios eternamente sedientos.

En el pecado reencarnamos,
es el precio del placer.

Ahora mi demacrado corazón
está en el hueco de la palma de tu mano,
tengo que perder el control
para atesorar tus lascivos besos.

Te vistes de éxtasis
para llenarme de tu piel.

En tu noche, brota la penumbra,
donde a mi sombra le gusta desplegarse,
con solo brío y conciencia,
el agrado y el aprendizaje con tu ser.

En el impacto de tus ojos veo que…
serás mi subyugada.

Fundido

Calambres de un espíritu gris,
quemado de soponcio molecular,
desde las llagas humedecidas
de aquellos labios lascivos.

Movimientos se rehacen limpios,
desarreglo inconsciente,
con extensas llamas trenzadas,
clavan trazos en los tegumentos.

Aspirante de lengua indecente,
papila explorativa de sensaciones,
cuerpo craquelado de luces,
de pantorrillas algodonadas.

Catarata oblícua,
coagulación angustiante,
paseante irreversible,
vigor de alas blancas.

Se despliegan en slow motion.

Volver a los suburbios

Nadie vió el tiempo,
simplemente se abrió como una herida amortajada,
no necesito de tangos sin música,
ni tormentas subjetivas
para arrastrar mis huesos demacrados.

No sonrío…

Las palabras son anchas,
taladran tu sien hasta secarte los ojos,
no necesito escuchar por escuchar,
ni dulzuras adjetivas
para confiar mi viejo corazón a las palabras.

No espero…

Se resbala la noche,
se encienden las sombras
sedientas de caricias,
sembrando ansias pegajosas.

Cada palabra
parece un cuchillo.
Pensamientos
me cohiben,
si no hay acción,
no hay expresión.

No sirven…

Si los dedos de mis manos
brillaran como el oro,
los gatos
lamerían los dedos de mis pies.

Mi reina,
no soy rey, tampoco águila,
solo un ciego cuervo
con las alas en llamas.

La noche
me abre la puerta,
no me espera
pero no me ignora.

Tan real

Tres manos,
invisible humildad
copla del corazón del huracán gomoso
insomnio de obrero.

Pupila invadida,
mercurio bebido
como agua y alcohol
o speed de sister anger.

Testeando escamas,
guangas llamas verdosas,
vaca de bronce,
lujuria monarca.

Como el frío sudor
de un cocainómano,
se dilata el alma
hasta socavar en el temblor.

Despiste en el desagüe
en los brazos extensos,
en los gentíos movimientos
que sangran en la atmósfera.

Recelo de sortija doblada,
como un avestruz sin piernas,
como un humo grasiento,
como un diciembre sin Navidad.

Ohne deine hilfe verliere
ih mich in diesem ort.

Y así nada mas…
Busco saber de donde caíste.

Escorpiones en la cama

Manchas de vacío,
cuartos sin sendas,
manos desprendidas,
no alivian avalanchas.

Alas en llamas,
victoria destripada,
alicaída esbelta,
¿de egoísmo o dignidad?

Deseo desmoronado,
noche demorada,
sueño desmovilizado,
cama demoníaca.

Simuló una caída perfecta
para sacar a relucir sus escorpiones.

Pedazos irrecuperables

En las manos del desierto,
grieta inmóvil que brota del vacío,
un volcán dormido en el corazón,
reprimiendo tumores de seda.

Diluvios de luces en vidas quebradas,
sol entumecido en sangre espesa,
los traspasos punzados con deliberamiento,
las escamas en los cuellos verdosos.

Llamas viciosas en pesadillas rodantes,
sabor desaparecido en bosque de vidrio,
sabor familiar en nube de oro,
sabor nostálgico tatuado en la memoria.

Sombras temblorosas amargando la carne,
rogando por el fuego derretido,
los sueños socavados de estrellas,
realidades deshidratas a nada.

Fragilidad atróz, anemia encerrada,
las heridas atascadas, infectadas,
promisiones espectrales rugosas,
ha aceptar la descoordinación.

Insensible para sentir

Con el abrigo de la oscuridad,
transita los sueños carnales,
fantasmas de tu desnudez tundida…

La obsesión te denuncia.

Con la noche en las venas,
fuerza la sonrisa ávida,
concilias el tedio…

La vehemencia aflora.

Con el hambre de cuerpos,
potencia la morisqueta intensa,
monstruo de mórbida figura…

La tristeza te motiva.

Con el artificio afilado,
engendra la tormenta de espinas,
paraíso de llamas plateadas…

La envidia te hunde.

Con el destilo de las nubes
atesora la podredumbre local,
indigencia de tus labios de sangre…

La miseria te evidencia.

Con el alud de palabrerías,
serpentea hasta la delicia,
licenciosa ilimitada…

La divergencia te estalla.

El lugar

En las arrugas de tu sabana
solía esconderme
cuando saboreaba tu capullo
y activaba tu palpitar.

Cada sonido bañaba mi alma,
socavándola, estirándola,
eran tiempos sabrosos
de suma fe y llamas.

El mundo se reducía,
toda expresión valía.

Cuando el cielo era una lagrima
desplegándose en los rincones
donde las palabras eran mudas
y cantaban las miradas.

Danzantes espíritus jóvenes
nos hacíamos de frescuras,
embrigándonos de sombras,
soledades y dolores.

Cuando las tinieblas no eran
mas que meras nubes negras.

Nos ocultábamos de las miserias
que nos atormentan en cada día,
con tantos vestigios de piel,
nutriéndonos de pasión y deseos.