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Solo

Con un picahielos quebré su límite
mutilé la frazada de su paciencia
y me dejé estar en mi espesa nube
que nunca supe disipar.

Ahora estoy solo…

Rasgó mi alma y me bañó de luz
sus espasmos irreversibles
movieron mis cimientos mas grises,
una catapulta nos incineró.

La dejé sola…

Molí a palos su confianza
con mi sólido ego.

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Vividores del país que nunca fue

Beso la miseria,
escapo para lo que soy,
desconozco el límite,
el arma es la armadura.

Fantasma desnudo,
hijo de la simpleza,
vómito onírico,
libertad imaginaria.

Pluma de rabia,
la gente es la lluvia,
las miradas son frías,
aunque nos creíamos diferentes.

Entre la puja,
que no pertenecemos,
son pocos los que ganan,
multitudes las que pierden.

Tristeza inscrita,
tatuada en los calambres,
las penas saben nadar,
ahogándonos en ellas.

Olas de sometimiento,
lagrimas resignadas,
nuca helada,
serenidad arremolinada.

Fiebres surtidas
de contradicciones
con fuegos coronados
y agónicos deseos.

Dolores que ríen,
vivos picados sugestivos,
condenables suplicios,
la muerte del vértigo.

Párpados extenuados,
de tanta injusticia,
de tanta impotencia,
de tanta sangre inocente derramada.

Miserias inmortales,
de tanta corrupción,
de tantos negociados,
de tanta avaricia descontrolada.

Lacras humanas,
gobernantes de un país,
que nunca pudo ser,
sostenido por mitos, fantasmas y mentiras.

Los sindicatos,
llenos de mafia,
alzando la bandera de los muertos,
bailando en sus ataúdes.

Los trabajadores,
excluidos, vomitados.
Arrastrados por una dignidad
tan ingenua, tan luminosa.

Golpeados por el sistema
con la furia de una tormenta,
mucha hambre,
mucha telestupideces.

Parado en ningún lugar,
siendo una sombra, una lápida,
ángel caído sin destino,
demonio pólipo convertido.

Mi fetiche

Ponételo,
y no digas nada,
ese, mi preferido,
satisface mi pensamiento abstracto.

Ponételo,
quedate ante mis ojos,
y no preguntes por qué,
reluce mi costado mas perverso.

¿Puedes creer que algo
tan simple, tan banal
pueda encender mi deseo?
Decime que creés.

Te vistes para ser tomada con dureza,
para ser destrozada por el placer,
así explotas mi debilidad,
llevándome hasta el límite.

Este juego morboso,
que nos gusta,
es una obsesión
peligrosamente adictiva.

Encaramada en tus tacos,
enaltecida por la imponencia,
brillando en las luces negras,
confundiéndote en el humo.

Déjatelos,
puedo sentir tanto,
no necesito tocarte
para envolverme de pasión.

No te lo saques,
aquí ante mis ojos,
complace mi inspiración,
crée en eso tan insignificante.

Esta parafilia,
que nos gusta,
es una obsesión
peligrosamente adictiva.

Y aún tras tu ausencia,
podré saborear la esencia
que viciaste
en el aire y en mis cosas.

Sos un fantasma de indecisión

Los pensamientos alados, a través de las estrellas, entre la mente ensombrecida que se pierde en una tierra árida. No podrás resistirte.
Ve y grita a través de puertas y pisos imaginarios e infinitos, suelta los perdidos suspiros, para el brote de la crueldad y la conmoción.
Deja que los restos crucen los antiguos caminos, los marque y los consagren a su luz, bajo las apenadas nubes.
El error es amargo, las heridas; soledad. Nunca supiste decidirte.
Vagamos en ordinarias pistas, en catacumbas de destierro.
La venganza amorosa nos hará polvo, toma la borda, conduce hasta el final sin descarrilar, los fríos y los vientos nos complicarán hasta empujarnos al límite. Todo se trata de subsistir.

En la noche

Encontrarte en una noche de fuego y ruido
al son de frenéticas sirenas llamando a la furia por su perpetuo nombre,
lo salvaje tatuado en la piel.
Noche interminable salpicada de licor de estrellas ensangrentadas.

El dolor de las pérdidas.
Amontonando los fracasos… aún persisto
solo ante la loca muchedumbre que quiere pasarme por encima,
la que refleja lo pequeño y obsoleto que soy.

Corazón lleno de amor y devoción.
Mente llena de tiranía y terror.
Lo intento y fallo en la costumbre.
Todas las cosas, en su límite se encuentra el fin.

Todo llegará… sin distinciones de más.