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Seco

Caricias de tedio,
globos en bocas húmedas,
inflados con mentiras
de menesteres reflejos.

Despliega tus alas,
mueve tu carne y tus huesos,
abraza al témpano si puedes,
hazlo todo sin amor.

Péndulo de huellas pesadas,
la mochila del mundo,
en hombros amorotonados,
titila como un fantasma engrosado.

En su taza rajada
llena de garzos multicolores.

(Podría hacerte creer
que evito quererte
solo para arrancarte
tus hermosos ojos)

Rótula,
apego,
amorfo,
piedra.

Dudo seriamente
que estés
de brazos cruzados…
Ahí, a su lado.

En la atmósfera,
no hubo reconocimiento.

Mas allá de los límites

Palidez detrás de los ojos,
forman estacas,
devastan y carcomen,
aprisionan la piel sedienta,
suda tormentas en esponjas…

Me venden al río.

Tempestad entre los vientos,
forman susurros,
flotan en la bruma,
exclaman los huesos en polvo,
nuda bermejos en quemaduras…

Me venden al río.

Un beso
por
el abismo…

pero siempre de la mano.

Lecho de tiniebla

Abrazado por la silenciosa sombra,
benevolencia de los desgraciados
con carboneros humos desbocados
y lagrimas de aceite caliente.

Arrodillado ante el que chilla,
nada me pides, todo te doy,
solo por tu abrigo en mis fríos huesos,
por el fuego de tus ojos en los míos.

(No se trata de creencias)

El crujido de unos pasos pesados,
apacigua la ansiedad de los perdedores,
corrompe desangrando nuestras lenguas,
gotean las palabras atormentadas.

(No se trata de modas)

Carne de los fracasados,
ser la ofrenda de los sentimientos,
palabras escritas con sangre
en una pared de algún callejón oscuro.

Volver a los suburbios

Nadie vió el tiempo,
simplemente se abrió como una herida amortajada,
no necesito de tangos sin música,
ni tormentas subjetivas
para arrastrar mis huesos demacrados.

No sonrío…

Las palabras son anchas,
taladran tu sien hasta secarte los ojos,
no necesito escuchar por escuchar,
ni dulzuras adjetivas
para confiar mi viejo corazón a las palabras.

No espero…

Se resbala la noche,
se encienden las sombras
sedientas de caricias,
sembrando ansias pegajosas.

Cada palabra
parece un cuchillo.
Pensamientos
me cohiben,
si no hay acción,
no hay expresión.

No sirven…

Si los dedos de mis manos
brillaran como el oro,
los gatos
lamerían los dedos de mis pies.

Mi reina,
no soy rey, tampoco águila,
solo un ciego cuervo
con las alas en llamas.

La noche
me abre la puerta,
no me espera
pero no me ignora.

Descolocado oscilante

Furia maquinaria,
fantasma del sosiego,
descascara el pétalo
de cartón corrugado.

Los labios llenos de ruidos
secos de mariposas aterradas,
rasgando los latidos
de estupor y sucumbir.

Perfume de sudor obrero,
sombras febriles,
bailan en mi tumba,
bailan en mi tumba.

Huesos vibrantes,
bolsillos escuálidos.

Cometa genocida,
cola de papel glasé,
ojos ardientes,
párpados tumultuosos.

Coraza de cemento corroído,
capullo de cristal rajado,
ladrón del silencio,
descolocado oscilante.

Pupilas colgantes

El zorro quiere de su zorra:
todas las noches,
una fiebre litúrgica,
un enjambre de abejas furiosas,
un hospital incendiado,
un fantasma payaso,
una cama de vidrio,
una silueta escamosa,
un calor oscuro,
una luna desgarrada,
unos huesos en polvo,
un transplante de vida,
mil noches de noches,
labios púrpuras,
pensamientos muertos,
el ardor y el salpullido,
el aleteo de un canto,
o el alarido animal,
joyas de azúcar,
saladas con obsesiones,
un príncipe sin corona,
una daga filosa,
una órbita de estrellas,
un rezo del infierno,
pupilas colgantes,
en puentes colgantes,
en cuadros colgantes,
en amantes colgantes.

En el baldío

Me gustaría escuchar como cruje el imperio,
escuchar como se retuercen sus huesos de cemento,
arrancar su lengua de hielo con un certero mordisco,
abrirle el pecho con un trozo de vidrio
y bailar en sus heridas, en las hemorrágias,
desgarrar la carne consagrada de dolor,
emborracharme de esa sangre de tragedia,
quebrar el pálido pulso putrefacto.
Me gustaría escupir la rabia en forma de meteorito
y que lo destruya todo,
sin excepción.

Monto Miedo

Es en los huesos
en donde anida el miedo,
estruendo de encaramar,
cuando las horas se pierden.

Sonidos tatuados
en corazones desolados,
aprensión de bracear,
cuando el hacer se escupe.

Es el pulso de la decepción
en sabores (blanco y negro)
tono desconfigural,
cuando las hiedras crecen

Visiones ahumadas
en fríos horizontes,
estampida corporal,
cuando el compás se despoja