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Seco

Caricias de tedio,
globos en bocas húmedas,
inflados con mentiras
de menesteres reflejos.

Despliega tus alas,
mueve tu carne y tus huesos,
abraza al témpano si puedes,
hazlo todo sin amor.

Péndulo de huellas pesadas,
la mochila del mundo,
en hombros amorotonados,
titila como un fantasma engrosado.

En su taza rajada
llena de garzos multicolores.

(Podría hacerte creer
que evito quererte
solo para arrancarte
tus hermosos ojos)

Rótula,
apego,
amorfo,
piedra.

Dudo seriamente
que estés
de brazos cruzados…
Ahí, a su lado.

En la atmósfera,
no hubo reconocimiento.

Enfermedad

Se aprisiona en las neuronas,
bebe de la buena voluntad,
sembrando las semillas negras
de la desconfianza.

Te posee,
te mutila,
te transforma
en alguien que nunca fuiste.

Monumento a la propiedad,
grises adoquines desgastantes,
construyen malformaciones
de tristes finales.

Te domina,
te arrastra,
te lleva
a creer lo impensadamente increíble.

Burbujas de denso aire,
luces que lastiman los ojos,
explosiones verdes de anhelos,
siluetas de dinosaurios recortados.

Calientes huellas en mis calles heladas.

En la anchura del tiempo…

Abismo de cordial invitación,
cHacal que todo lo embiste,
plOmo de oro falso en mis yemas,
embRiaguez de miel destellada
acabA en un refucilo mudo.

Mitología movediza,
sEca y famélica mirada.

Cocido para ser atropellado,
pAladar ampollado de abundancia,
inNegable paso de huellas ocres,
criStal de reflejo generoso
enmArcado por la tormenta mental.

Potencial diluida en esmaltes,
tEmblorosas son sus luces crepusculares,
veNas de musgos frágiles,
manSedumbre angustiante engullida,
anclA el alma al pavimento,
clamoR nocturno y reciclable,
espíriTu de blanca tempestad
ignorantE ante el fuego de la intuición.

Secuencias especulativas

Garganta nocturna,
árbol de temblequeo afiebrado,
eleva los fósforos consumidos
haciendo del horizonte una mofa.

Boca de selva,
escupe un astro congelado,
derramado el vacío de estas noches
que duermen y se estilizan en adventicio.

Neblina de ánimas,
la desesperación es una cruz de cobre,
tierna fragilidad del sonido del resplandor,
peleando contra el recuerdo y el olvido.

Huérfano cantor
posado bajo el suspiro oxidado,
la marea arrastró un pájaro hasta mi cama
con ojos inyectados de pugna.

Volcán desafinado,
barco arrullado en un atardecer,
angustia brillosa como un zafiro,
del jardín solo afloran suicidios.

Peces de ciudad
retienen el ladrido blanquecino
voltereta del caparazón abollado,
paisaje de bolsillo y humedad.

Abanico de miel,
glucosa boreal que pelan los dedos,
tu luna se desplaza con el atentado,
espero atento al ocaso de la timidez.

Cometa estoico,
lobo cosido de incertidumbres,
las huellas de la flor en polvo
solo propaga espinas luminosas.

Huellas de tedio

Su aliento dispara
una ingrávida luz
que hiere con cristales fragmentados
estos pensamientos franqueados.

Emerge un alba desgarrada,
símbolo de cenizas y aroma a sangre.

Sus párpados lanzan
flechas plateadas que desenmaraña
de un ovillo de silencio
protegido con sigilo.

Brota una lluvia rasgada,
símbolo de lagrimas tácitas y huellas.

Oficiando

Oficiando en los caminos desparejos
en los miserables incidentes que nos arrastran.
La farsa que fuerza una y otra vez
hasta el agotamiento.

Ese estruendo es mi ciencia,
en mis desesperaciones estivales.

Cielos grises de cristal,
extraño trazado de puentes sin dirección,
abombados por los otros,
perdiéndose en la distancia hacia el horizonte,
cargados de señales sin sentido.

Débiles perplejos,
entrecruzados a la distancia con los aires populares
fragmentados en restos desconcertantes.

Efímero capricho, sin huellas
de ningún monumento de superstición
solo espectros avanzados de soledad
dando voltaje libre
al corazón en llanto.