Posts etiquetados como ‘horas’

Impeler

Latido se hace hemorragia,
clavado por el rumor de una piedra,
desgaja mirada altiva,
garfio ranurado en el deseo.

Quejido se hace noche,
vahído por la grasa de las prosas,
ensambla sabores estrujados,
tifón atablado en el augurio.

Suspiro se hace huella,
varado por la luz de los ciegos,
embalsama agudos morados,
cofre encadenado en la docilidad.

Húmedo fuego de las llagas,
erguido por la ceniza de los truenos,
abotargando horas alambicadas,
ampolla detonada en la inconsciencia.

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Muda luna

Eclipse devorador,
ser una rueda de fuego en un árbol descascarado.

Tu sommier es el efecto de una balsa
naufragando en medio de algún océano.

Sombra que se esconde en mis muecas,
terminar como una letra escrita en cenizas.

Tu ausencia es una mancha en mi sien
que se agiganta en duras horas.

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Fragilidad cristalina

Fragilidad cristalina,
rodeado por el humo
crematorio, absorbido
por el suelo de las fiebres.

La cornisa de las desgracias,
merodeo del sonámbulo,
mutila escarchas plateadas,
retienen; corona de piedra.

El espeso vacío
entre los dedos rojos,
diluido en la piel,
músculos atrofiados
en anhelos y roces.

En las frías horas de
abundante silencio,
ella escapa perdida
en la luz de su sombra.

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Atmósfera nocturna

La noche tiene ojos de pupilas dilatadas y largas garras que acarician. Se percibe un bramido de resquemor, un estrépito interior confabulado por aureolas fogosas. Estrellas de color sazón, ineludibles de movimientos infalibles insertándose en las sombras que vadean por la atención de los buitres galanteados, agazapados, armados filosamente preparados para los descuidos y las caídas.
Crecen los cementerios a raíz de los desencantos. Los halagos son la moneda corriente que gira con una eternidad brillante. Pero las mentiras están hechas de mentiras y nada mas.
Evolucionan las horas dentro de la música de fondo que puede perturbar, angustias que bailan con hondos espasmos.
La noche impregnada en el cuero, siempre con una actitud amenazante que parece tambalear en el abismo.
Son las féminas, los seres mas bellos que creó este mundo, reinas sin coronas que no se cansan de transgredir con ese sepulcroso silencio falseado de necesidad.
Somos los perpetuos obnubilados que yacen en la tormenta de luces artificiales, la dicha de una muerte salvaje y digna. Cuerpos magnetizados por la furia y el descontrol, que la vida se encarga de reprimirnos, desinhibidos por las tinieblas, es la sed ardiente en la que los corazones desgarrados ahogan como rebeliones de mil gritos de dolores acumulados.

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Momentos

Solo dame momentos,
sin horas, ni días.

En la angustia
de toda soledad,
en el desamparo
de un mundo hostil.

Las espinas de la tormenta,
el resplandor de la falsedades,
la ególatra comprensión,
el pájaro arrastrado por el viento.

Puedes encontrarme,
en ojos desiertos, perdidos.

En la penumbra
de poca pluralidad,
en el séquito
de las obsesiones.

Las flores decapitadas,
el eclipse cerebral,
la pasión agitaga,
el pez sin respiración.

Solo dame momentos,
asimétricos a este mundo.

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Durmiendo rodeado de mortuorios

Es el grito disfrazado
a través de los pasillos,
obnubilados y descendentes,
cerrados, de escasa luz.

Alguien cayendo.

Habitación de paredes apretadas,
rastros de cabellos negros,
en la inmensa nube blanca,
tan suave, tan infame.

Extraños ojos fallecientes.

Dentro de alguien mas,
hay un escueto frío blanco,
corazón de luna, cubierto de nieve,
creyente, imparcial.

Dragaste la sangre, deformándola

Corona de espinas
para el fatigado insaciable,
que escondía los suspiros
y desoía los halagos.

Esfuérzate y respira en mi lugar.

Serán unos eternos años
creciendo para abajo,
mirándola desaparecer,
en forma ordinaria, mundo durmiente.

Irritando profundos espejos.

Succionando las sonrisas,
presionando las horas,
dentro de un nuevo cruel día
en tus inverosímiles ojos lentos.

La noche siempre es terror.

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Revivir (No es una imagen tan lejana)

La sed que grita tu nombre
en tu voz mas sombría
la tenebrocidad en las ansias

Rastro de lues ahogadas
en tus ojos peligrosos,
retroactivos, impulsivos

Vino vertiginoso de una mera altanería
que supimos beber sin disimulos,
que porfiamos y ongruimos en la tez,
que perseguimos a fin de quemarnos.

(No tan lejos)
Enajamos el espíritu,
apaleamos los destinos,
blanqueamos las horas,
concluímos sin espacios.

Revivimos las ruinas…
con gracia y suplicio.

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Esas horas

Manos decoradas por la imprecisión,
manteniendo tu tiránica imposición,
llenando estas horas,
matando al deseo.

Cada roce es una tortura,
cada juego es un roce.

Tengo el tinte,
conozco el lugar,
soy la pérdida,
donde no hay cruces.

Nortes disparados, arribando,
acercando la certidumbre senil,
llenando estas horas,
matando al deseo.

Cada roce es una tormenta,
cada sueño es un roce.

Pero en estas horas
perdí mi lugar,
soy desconocido,
donde no hay luces

Puntos buscándose, proponiendo,
distorsionando las banderas,
llenando estos deseos,
matando las horas.

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Monto Miedo

Es en los huesos
en donde anida el miedo,
estruendo de encaramar,
cuando las horas se pierden.

Sonidos tatuados
en corazones desolados,
aprensión de bracear,
cuando el hacer se escupe.

Es el pulso de la decepción
en sabores (blanco y negro)
tono desconfigural,
cuando las hiedras crecen

Visiones ahumadas
en fríos horizontes,
estampida corporal,
cuando el compás se despoja

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Ojos de miel se lleva el paraíso

Ojos de miel se lleva el paraíso,
y todo lo que creí conocer,
hoy es nada.

No soy suficiente, puedo percibirlo
pero nada puede evitar soñarte.
El reflejo de tu alma
ciega mis acciones,
reduciéndolas a añicos.

Tu dulce inocencia,
furiosa inverosímil,
voltean mis horas en tiempos de amor.

Refrunce el dolor, doblégalo,
despídelo a otro lugar
que quienes merodean sean nuestros elegidos
para nunca defraudar.

Ojos de miel se lleva el paraíso.
¿Quién acechará en tus dominios?
¿Quién será afortunado?

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