Posts etiquetados como ‘gritos’

Ser filo

Pétalos de una voz tambaleante en palos,
el ritmo de la tormenta destellando palabras
como si se bordara un entretejido
en las ideas, en las obsesiones.

Hay un contaminado océano en la realidad,
una escasa primavera de moja y atún
como una semilla seca que desea florecer
en los modos, en los pasos.

Los pies en la tierra árida,
las manos en las nubes esponjosas,
el eco de los gritos en los sueños.
la manipulación del rayo en línea.

Fragancia blanca que inunda los ojos,
sol que sale pero se esconde en mis hombros
como un muro y su necesidad de ladrillos
desde la base hasta el cielo.

No hay esperanzas que se dejen esperar,
como deseos rellenos de aire.
A no temer del tanteo en la oscuridad,
al deguste de los dedos, al aprender.

Estirar un sonido,
ese que angosta mi alma,
salpicando rubor al pudor,
lagarto que habita en mis pantanos.

Mi yo y tu vos

Mi ghetto de estrellas desamparadas.
Tu asedio de espina infestadas.
Mi ilusión de rayos tapizados.
Tu inundación de mariposas apuñaladas.
Mi extravío de nubes agónicas.
Tu sabor de pesadillas rebeldes.
Mi aire de ruedas neuróticas.
Tu atropello de teñido de caprichos
Mi derrumbe de cascada irreversible.
Tu dulzura de días suicidas.
Mi fantasma de delirios sucios.
Tu mirada de árbol degollado.
Mi indagación de luces crudas.
Tu pared de concretas ignorancias.
Mi pesadez de seda maldirigido.
Tu vestido de alambre de púas.
Mi deformidad de espejo simple.
Tu ola de herrumbre eslabonada.
Mi máscara de silencio enarbolada.
Tu párpado hundido de lobreguez.
Mi desvelo de caricias ausentes.
Tu tempestad de gritos redimidos.
Mi cruz de desierto excomulgado.
Tu genio de polvo de zozobra.
Mi deseo de que me entiendas.
Tu deseo de que te entienda…

Sucumbimos en los egos.

Atmósfera nocturna

La noche tiene ojos de pupilas dilatadas y largas garras que acarician. Se percibe un bramido de resquemor, un estrépito interior confabulado por aureolas fogosas. Estrellas de color sazón, ineludibles de movimientos infalibles insertándose en las sombras que vadean por la atención de los buitres galanteados, agazapados, armados filosamente preparados para los descuidos y las caídas.
Crecen los cementerios a raíz de los desencantos. Los halagos son la moneda corriente que gira con una eternidad brillante. Pero las mentiras están hechas de mentiras y nada mas.
Evolucionan las horas dentro de la música de fondo que puede perturbar, angustias que bailan con hondos espasmos.
La noche impregnada en el cuero, siempre con una actitud amenazante que parece tambalear en el abismo.
Son las féminas, los seres mas bellos que creó este mundo, reinas sin coronas que no se cansan de transgredir con ese sepulcroso silencio falseado de necesidad.
Somos los perpetuos obnubilados que yacen en la tormenta de luces artificiales, la dicha de una muerte salvaje y digna. Cuerpos magnetizados por la furia y el descontrol, que la vida se encarga de reprimirnos, desinhibidos por las tinieblas, es la sed ardiente en la que los corazones desgarrados ahogan como rebeliones de mil gritos de dolores acumulados.

La velocidad de la noche

Sacude la difuminación
antes del abarcamiento
con los raptos del destino
y la querida prudencia.

Pagas por el frío
en los callejones nocturnos
son los inválidos fracasos
y los números zombies.

Se arrastra a un lado
que no hay retorno,
sinfonía de gritos plateados,
desarmados y misteriosos.

La velocidad de la noche,
carcome a los ciegos
en las sombras que contrastan
con las mariposas luminosas.

Conoce tu nombre
¿Será por siempre?
Enfermaré en el invierno,
acudiré a la llama eterna.

Lluvia en tu rostro,
rememorando el abandono,
sostén tu júbilo
y tu desequilibrada sed.

Hidráulica estragada

Tengo una jauría de penas,
despedazando mis impulsos.
Cabeza de tormenta,
gritos de pensamientos

El fuego tejido por la furia,
tras tu vestido daltónico,
deshace la apariencia capital,
desaguándola con hartazgos.

Ojos decapitados
de luna avara.

Las tinieblas se aglutinan,
se conforman para dominarte,
disparan un rayo de carne,
enarbolando un estallido

Brillo fluorescente,
destello astilloso coaxial

Los mismos ejes compartidos,
burbujas singulares,
adentrado en la pesadilla dorada
en mil ventanas de etcétera.

Sed irracional,
que nos hunde en la demencia.

Robándonos

Gritos júbilos,
exaltados,
de dientes afilados,
de párpados húmedos.

Hechicero regado
por sus mismas desgracias,
de juegos mutilados,
de fraudes crudos.

Sueños impacientes,
teñidos de color decepción,
de montañas exactas,
de manoseos viejos.

Eterna impotencia,
horrores macros,
de víctimas rendidas,
de pobres luchadores.

Frenéticos ingenuos
traspasados del polvo,
de sombras agrias,
de torturas funestas.

Sápido

Herida caliente,
tapizada de rayos,
labios cargados de esplendor,
pálabras teñidas de pantanos.

Vestido atonal,
tablada en la miseria,
flores de fuego violento,
colores fundidos de lujuria.

Días azucarados,
tajeados en tus hombros,
joyas de agua podrida
ensordecidas por la rabia.

Gritos goteando,
tambaleando en lo real,
ojos encerrados en el ayer,
haciendo una noche sabor abismo.

En un viaje

Tracción imperfecta,
ventanas deslizantes

Gente mirando a ningún lugar,
esperando la coalición de los cielos,
amontonándose, ahogando sus gritos
de sofocación y desesperación.

Luces sensuales en oscuridades densas,
la poca monta desfila en la
opacidad de sus monedas
sudadas con sangre.

Arcos blindados de mazapán,
liquidado en turbias aguas doradas
¿Qué pose toma el sueño,
si el encuentro se pierde en la cueva?

Hombre de alma azul,
palidece ante el claustro,
son sus arañas patonas,
caminantes rasgando sus bolsillos.

Niño con flores en sus dedos,
que espera el perfume embriagador,
que lo saque de sus casillas,
que explote en sus ojos rasgados.

Viajante de ideología fomentada
por espíritus de caracteres iracundos.

La incertidumbre del que poco sabe

Estaré sujetando tus deseos,
no hay ojos que nos indaguen
en pistas de desencantos,
picazones en el alma y el corazón

Nuestro sonido será esclavo
de propios sentimientos fugaces y profundos.
No necesito tu violencia,
ni tus órdenes dominadoras, creencias y gritos.

La demencia es tu socia,
la perversión cómplice de tu actitud.