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Dulces sueños

Ella…

Duerme.

Cuando los fuegos del cielo
estrepitan y cosechan cráteres
en los vastos jardines de cemento,
invadidas por los anisópteros de verano.

Ella…

Sueña.

Cuando el fantasma plateado
juega con su cuerpo sedicioso
en las luces de los vértices
convergidas en tactos concretos.

Ella…

Goza.

Cuando en sus ruidos mutan
en un tenue y sinuoso respirar,
partiendo su confusión en gajos,
pisoteando su pueril intuición.

Ella…

Despierta.

(para luego volver a gozar)

Vividores del país que nunca fue

Beso la miseria,
escapo para lo que soy,
desconozco el límite,
el arma es la armadura.

Fantasma desnudo,
hijo de la simpleza,
vómito onírico,
libertad imaginaria.

Pluma de rabia,
la gente es la lluvia,
las miradas son frías,
aunque nos creíamos diferentes.

Entre la puja,
que no pertenecemos,
son pocos los que ganan,
multitudes las que pierden.

Tristeza inscrita,
tatuada en los calambres,
las penas saben nadar,
ahogándonos en ellas.

Olas de sometimiento,
lagrimas resignadas,
nuca helada,
serenidad arremolinada.

Fiebres surtidas
de contradicciones
con fuegos coronados
y agónicos deseos.

Dolores que ríen,
vivos picados sugestivos,
condenables suplicios,
la muerte del vértigo.

Párpados extenuados,
de tanta injusticia,
de tanta impotencia,
de tanta sangre inocente derramada.

Miserias inmortales,
de tanta corrupción,
de tantos negociados,
de tanta avaricia descontrolada.

Lacras humanas,
gobernantes de un país,
que nunca pudo ser,
sostenido por mitos, fantasmas y mentiras.

Los sindicatos,
llenos de mafia,
alzando la bandera de los muertos,
bailando en sus ataúdes.

Los trabajadores,
excluidos, vomitados.
Arrastrados por una dignidad
tan ingenua, tan luminosa.

Golpeados por el sistema
con la furia de una tormenta,
mucha hambre,
mucha telestupideces.

Parado en ningún lugar,
siendo una sombra, una lápida,
ángel caído sin destino,
demonio pólipo convertido.

Fuimos victimarios y víctimas

Sus labios invisibles
dibujaban susurros,
disfrazando lo desbordante
y arrastrándose a la corriente.

Abriendo fuegos nos indagamos
yo en su piel desgastada,
ella en mi débil ser,
fusionándonos con el ambiente.

Apoderada vibración,
respiración acelerada,
la aprisioné en mis brazos,
degustando sus besos sabor a ansia.

Su lengua recorrió mi torso
hasta estremecerme,
lamiéndome, deleitándose,
aplacando mis heridas.

Me aprehendí de su cuerpo
y empecé a acariciar su sexo,
fue una imagen tan dulce como malévola,
su vientre me sugirió entrar.

En los embates de la piel,
ella me apretaba,
pidiéndome mas vértigo,
estallamos de placer.

Todo era rojo ardiente,
los meneos y los gemidos,
todo un torrente impetuoso,
morimos con la noche.

Dejamos secuelas
de temblor y escalofríos,
así nos olvidamos
de nuestra quejosa soledad.

Extraño hecho, extraño día

Extraño hecho en extraño día. Cuando los tirones acorralan el alma mas fría, tan intrínseca. Los poseídos hacen su juego en fuegos desconocidos. Los denominados admiran y se hacen invisibles ante la magnitud. Estoy alucinando, otra vez. Ilusionando cuando el infierno está. El sueño de siempre, la represión se presenta y no avisa.