Posts etiquetados como ‘fuego’

Cruz de sal

El filo encastrado en el humus,
al unísono,
el cielo de agua
destila sus opacidades.

En sus apretados labios plateados,
sumergí una esfera de luz,
tratando de romper su inmensidad.

El fuego de la sombra
se agazapa detrás de mis ojos,
arde su osamenta para fuera
hasta hacer cenizas de su carne.

Con limón y miel
saborea méntula,
luego envolví su tálamo
con mi aroma.

Desastrado rayo humedecido,
parte en dos su fruto de espejo,
se refracta la espuma en su roja luna.

 

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Pedido

Quema tus monumentos de sangre,
te infectaré los labios
para así levantar los cimientos
de una hemorragia de deseos.

Necesito la fertilidad del fulgor,
necesito el arroyo del tiempo.

Destierra el humo de tu ansiedad,
te dará alas de espuma
para así desgarrar las burbujas
y las escaleras de Escher.

Necesito el divorcio a los fantasmas,
necesito el ángel de la sombra.

Condensa los umbrales de pudor,
te izaré en un mangrullo
para teñir las aureolas luminosas
y los parches de barro.

Necesito el ornamento del fuego,
necesito el reflejo de las palabras.

Y a veces…

El polvo de la luna
para deglutir tus demencias.

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Madeja

Relámpagos
llantos de fuego,
amordazados.

A ras de la mutilación
y el desencanto,
de una filosa lengua,
estaco tus ojos rojos.

Abrazado al fuego frío,
sangra mi tesoro,
grano a grano,
en mi garganta de papel.

Mi olvido es el celo
de una amante fantasmal
que se disfraza de necesidad.

El nivel de la inocencia,
vibra y parece inundarse
en su propia saliva.

En mi impronta
silban tus balas plateadas

(descubro que…)

El martillo de tu poesía
se escurre entre mis venas.

Inquieta felpa del sentir
que desconoce esta sed de escape
que tengo atorada
entre mis morados labios.

 

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Impeler

Latido se hace hemorragia,
clavado por el rumor de una piedra,
desgaja mirada altiva,
garfio ranurado en el deseo.

Quejido se hace noche,
vahído por la grasa de las prosas,
ensambla sabores estrujados,
tifón atablado en el augurio.

Suspiro se hace huella,
varado por la luz de los ciegos,
embalsama agudos morados,
cofre encadenado en la docilidad.

Húmedo fuego de las llagas,
erguido por la ceniza de los truenos,
abotargando horas alambicadas,
ampolla detonada en la inconsciencia.

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Enlutándonos

Enluta…
          Mi consciencia

Estatua de sal,
zumbido de abeja reina.

Enluta…
          Su cordura

Relámpago de algodón
repica en los nudillos.

Enluta…
          Mi horizonte

Dorada llave que todo
lo abre y lo cierra.

Enluta…
          Su sensatéz

Delirio calcinante
fuego derramado en mis manos.

Fenecer

Es el filoso horizonte del miedo,
es la desesperación hecha lluvia ácida,
es una bestia con largas uñas de luz,
es la desincronización de los tiempos internos,
es explotar en lo inconcebible,
cuando es aquello que no se desea.

Es el trunco fuego azul realimentado,
es el parásito comiéndose el cerebro
es la parálisis de la resignación,
es la trinchera de la biología,
es la mano negra del destino,
cuando solo somos sus sucios guantes.

Borde

Besos de alud color bronce,
helados médanos encrespados
espejeando un tumultuoso espíritu
que se resquebraja al tiempo.

Sueños empedrados que tiemblan,
el surco tatuado en la tierra.

Un hueco en la inconsciencia,
un mazo de mariposas tiesas,
un rayo de tormenta bajo mi cama,
una lágrima colgada al borde de la ventana.

El filo de un fuego gris,
un extraño extrañar…
Desangrante

Verdugo de promesas rodantes,
el cortejo de una bruma incandescente,
túnica plateada que todo lo llena,
menos una hambruna de carne nerviótica.

Sobre un manto de estrellas oscuras,
cazando pelusas con formas de lagartijas,
pliego mis dedos de ceniza caucásica
y traigo una nevada montaña de ruido.

Cabalga sobre un globo de cristal,
sodomiza su escuálida cordura,
aprieta el polvo de su piel
y lo arrulla como a un bastardo sin techo.

Afuera…
se descascaran los corazones
en el frío interior.

Suspiros desgajados,
son caños acariciados por el viento,
son recuerdos que se amotinan en el cerebro,
son días grises que se hacen chicle.