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Cruz de sal

El filo encastrado en el humus,
al unísono,
el cielo de agua
destila sus opacidades.

En sus apretados labios plateados,
sumergí una esfera de luz,
tratando de romper su inmensidad.

El fuego de la sombra
se agazapa detrás de mis ojos,
arde su osamenta para fuera
hasta hacer cenizas de su carne.

Con limón y miel
saborea méntula,
luego envolví su tálamo
con mi aroma.

Desastrado rayo humedecido,
parte en dos su fruto de espejo,
se refracta la espuma en su roja luna.

 

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Sanguijuelas

Despedazar mi cuerpo
para que resplandezca el dolor,
ahogarme en mi propia sangre
para saciar esta frustración.

Caprichosa y celosa luna,
compañera fiel en tantas noches,
pido un poco de tu polvo,
de tu molécula gris y atestada.

Congela mi cerebro,
regala mis ojos inservibles.
Los cristales de una botella rota
astilladas en el ventrículo.

Mi corazón es un fruto podrido
que se hamaca y discute
de filosofía con el diablo,
en una mesa ratona de algún suburbio.

El abismo tiene el sabor
dulce de tus labios.

En la palidez

Nervios que cortan acero
escupo peces de fuego
arrastrándose por los aires
dibujando esperpentos.

La soledad…
se caerá de madura
es como un fruto agrio
deshaciéndose en mi boca.

Horizonte en sombras,
lacrimoso sueño de avenencia,
empuñando el ego discrepante,
turgente lluvia goteando en mis manos.

Las cenizas…
desentierra la lumbre de mi entraña,
arde y sangra la luna,
deforestando mi corazón.

En la palidez del aliento
y los espíritus sin motores.

Raíz de diecinueve nudos,
culebra que recita un aurora,
con la nariz en la fina vertiente
y un soplido húmedo que roza mi oreja

Lamiendo el barro entre mis dedos,
asmática embeleza atravesante,
nocturno bosque fluorescente,
un relámpago quebró mi cráneo.

Mordaz

Encerrado en su boca.

Fui el prisionero de azahar
o de algún fruto maldito,
fui el bebé suspendido en la palidez
o parte de algún polvo encarnado.

Su verruga era magnética.

Fui la infección adulcorada
o la coalición minimal de las espinas,
fui el monarca de la parva
o un regocijo manchado de groserías.

Su risa derramaba artificios.

Fui la herida salpicada de sudor
o la espesura de la estampida,
fui el crepúsculo afilado de la navaja
o la levadura de la saña irreverenda.

Devorado el cuerpo iluminado.

Fui la inyección de alcalina
o el despojo de la depuración,
fui el tránsito impalpable del alma
o la combustión del delirio y del afán.

Hasta morder mas que el polvo.