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Cazador de lunas

Tu cintura atrapada
entre mis manos,
observo como
gotéa tu flor.

Fruta viva e insaciable,
voráz crepúsculo,
río sin fin
que aglomera mi sed.

Tu carne atiborrada
entre mis dientes,
escucho como
retumba tu gemido.

Golpéa con fragor
las sienes hinchadas,
emboza la oscura ostra,
magma que arde por dentro.

Parte del caudal

Por monedas prostituyo mi mente
a la potencial que me acunará al fracaso,
que sembró la flor de la agonía,
que levantó mármoles perplejos.

Por aire dono mi reino de perjuicios
a la carencia apretada sin dientes,
que nadie hizo de mi ruido una confesión,
que fregó ilusiones rosalindas a marchitas.

Una serpiente anida en mi abandono.

Secuencias especulativas

Garganta nocturna,
árbol de temblequeo afiebrado,
eleva los fósforos consumidos
haciendo del horizonte una mofa.

Boca de selva,
escupe un astro congelado,
derramado el vacío de estas noches
que duermen y se estilizan en adventicio.

Neblina de ánimas,
la desesperación es una cruz de cobre,
tierna fragilidad del sonido del resplandor,
peleando contra el recuerdo y el olvido.

Huérfano cantor
posado bajo el suspiro oxidado,
la marea arrastró un pájaro hasta mi cama
con ojos inyectados de pugna.

Volcán desafinado,
barco arrullado en un atardecer,
angustia brillosa como un zafiro,
del jardín solo afloran suicidios.

Peces de ciudad
retienen el ladrido blanquecino
voltereta del caparazón abollado,
paisaje de bolsillo y humedad.

Abanico de miel,
glucosa boreal que pelan los dedos,
tu luna se desplaza con el atentado,
espero atento al ocaso de la timidez.

Cometa estoico,
lobo cosido de incertidumbres,
las huellas de la flor en polvo
solo propaga espinas luminosas.

Suspendido en el aire

Ebrio de atmósfera azul,
signos y estrellas.
Desgarrando la frente
que el hechizado arrastra.

El escalofrío aireado,
florece la improvista
en los sueños de siestas,
abigarrada en personajes.

La sombra traga su grito,
espera la huella de la luna,
silba el viento,
golpeando las ventanas.

Con el pecho atravesado
por el hado gris,
enterrado desnudo
en un bosque de cemento.

Sagrada flor que tanto hilo,
escarba el vientre crepuscular,
falseada en pulcritud,
se atisba y desciende en órbitas.

I5la

Sabor fresca,
carne de flor,
tantos excesos,
tanta abundancia.

Olor a sexo
infestado en la piel,
sin movimientos,
sin pensamientos.

Ojos embelesados,
escena de caricias,
para la totalidad,
para la realidad.

Sonidos quemados,
muero de placer,
ante el abandono,
ante el desamparo.

Invierno interior

Tristeza y desconsuelo,
pálida azucena,
flor que llora
maldiciendo al invierno.

Alguien no es,
ocurrió lo lejano,
herida de pena,
alma tranquila.

Aún desconcierto
en tu búsqueda,
no sé si sirvió
pero me encontraste.

Difuminado,
ahora añoro
pensamientos reales
en bellas tangibles.

Territorio

Febo se esconde,
hora de aprisionarse,
en este lugar
no está permitido saludar.

Decapita tus miradas
u otro lo hará por vos,
todos se desconocen
como la suciedad en las uñas.

El ambiente hediondo
de basura quemada
y el hartazgo
de tanta grasitud sonando.

Por tu propio bien,
por la luz ausente,
deja las cortesías
y olvídate de rezar.

Bajo mi razón de cartón,
arrugando mis ilusiones
Espero que algún día
nunca pases por acá

Porque mis ventanas transpiran
gotas frías de temor,
donde los escarabajos se avecinan
y las lagartijas adornan mi oasis

Porque tengo un monstruo inmenso
que es imposible detener su crecimiento,
que descreo en su apariencia vegetal
que alimenta este misterio.

Ser vecino del infierno,
ser una flor sin color,
solo un poco de clemencia
a estos inentendibles dioses