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De las que no faltan

Construye la armadura de hormigón,
me arrastraré para que tu sombra
escupa pétalos rosas.

Fantasma

mío                                                                                                                                 tuyo

que

nunca                                                                                                                        siempre

está

Bolsillos mas llenos que los míos,
vacío de dudas, sin exención,
amarga mi espíritu de papel.

Haz

esto                                                                                                                            aquello

haz

aquello                                                                                                                            esto

solo cuando yo

pueda                                                                                                                         quiera

Soy y seré,
nimiedad,
puro límite.

Solo
callaré para no tirar mas…
(no more words)

 

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Cuando el río suena de sangre

Ancho guante
que pueda contener.

Contemplo el brillo
de su sangre
en mi ropa interior.

Explota el picado río,
deshojando las imprudencias.

Todo dentro de la cueva.

Fantasma de seda azulada,
troza en fetas su autoestima.

Análoga a mi.

Mientras los girasoles se empapan
en una lluvia ancestral,
que no sé detener.

Ácaro

Cabeza de bomba,
despliega intenciones tardías,
ruedas de acero oxidable
con sigilos hediondos a cadáver.

Mañana es un fantasma
con dedos de picos
de pájaro carpintero que se arrastra
en su jaula de alambre.

Sin falanges,
con sueños de diosoma,
busca una nube eléctrica
que despiste sus pies.

Arrugar el ego,
como una lámina de cartulina,
parece ser el signo
de dispersión y acumulación.

Seco

Caricias de tedio,
globos en bocas húmedas,
inflados con mentiras
de menesteres reflejos.

Despliega tus alas,
mueve tu carne y tus huesos,
abraza al témpano si puedes,
hazlo todo sin amor.

Péndulo de huellas pesadas,
la mochila del mundo,
en hombros amorotonados,
titila como un fantasma engrosado.

En su taza rajada
llena de garzos multicolores.

(Podría hacerte creer
que evito quererte
solo para arrancarte
tus hermosos ojos)

Rótula,
apego,
amorfo,
piedra.

Dudo seriamente
que estés
de brazos cruzados…
Ahí, a su lado.

En la atmósfera,
no hubo reconocimiento.

Dulces sueños

Ella…

Duerme.

Cuando los fuegos del cielo
estrepitan y cosechan cráteres
en los vastos jardines de cemento,
invadidas por los anisópteros de verano.

Ella…

Sueña.

Cuando el fantasma plateado
juega con su cuerpo sedicioso
en las luces de los vértices
convergidas en tactos concretos.

Ella…

Goza.

Cuando en sus ruidos mutan
en un tenue y sinuoso respirar,
partiendo su confusión en gajos,
pisoteando su pueril intuición.

Ella…

Despierta.

(para luego volver a gozar)

El inefable obstáculo

No te nombro pero te miro de reojo.
No te maldigo, es mas, estoy de acuerdo.
No te discuto pero nunca me agradaste.
No te elijo porque estás muy lejos.

Primero…

Un fantasma plateado girando en una noche,
noche que se desgarra desatando gruesas lagrimas,
lagrimas que ruedan y vibran en las ventanas,
ventanas de marcos abultados que no supimos entender,
entender fue una enajenación del sentir,
sentir que fue relámpago mal colocado,
colocado en mal tiempo y espacio,
espacio que se abrió como una sangrada grieta,
grieta que supo succionar frialdad,
frialdad que explotó en mil astillas,
astillas que se metían en las venas,
venas que fueron mutiladas con palabras,
palabras que se hicieron exceso,
exceso que siempre fue dulzura,
dulzura que debí apuñalar,
apuñalar con la sombra del corazón,
corazón vomitando incendios de luces,
luces inventadas que deslucieron a no dar mas,
mas que solo llegó a ser menos,
menos engendran pérdidas,
pérdidas que se hacen montañas,
montañas que superan mi inmensidad,
inmensidad de la que soy ateo,
ateo que juega con fuego,
fuego que escupo y me consume,
consume a mas no poder,
poder que lo siento en la nuca como suspiro,
suspiro que es una telaraña ineludible,
lo ineludible que es esta telaraña en mi cabeza.

Descolocado oscilante

Furia maquinaria,
fantasma del sosiego,
descascara el pétalo
de cartón corrugado.

Los labios llenos de ruidos
secos de mariposas aterradas,
rasgando los latidos
de estupor y sucumbir.

Perfume de sudor obrero,
sombras febriles,
bailan en mi tumba,
bailan en mi tumba.

Huesos vibrantes,
bolsillos escuálidos.

Cometa genocida,
cola de papel glasé,
ojos ardientes,
párpados tumultuosos.

Coraza de cemento corroído,
capullo de cristal rajado,
ladrón del silencio,
descolocado oscilante.

Pupilas colgantes

El zorro quiere de su zorra:
todas las noches,
una fiebre litúrgica,
un enjambre de abejas furiosas,
un hospital incendiado,
un fantasma payaso,
una cama de vidrio,
una silueta escamosa,
un calor oscuro,
una luna desgarrada,
unos huesos en polvo,
un transplante de vida,
mil noches de noches,
labios púrpuras,
pensamientos muertos,
el ardor y el salpullido,
el aleteo de un canto,
o el alarido animal,
joyas de azúcar,
saladas con obsesiones,
un príncipe sin corona,
una daga filosa,
una órbita de estrellas,
un rezo del infierno,
pupilas colgantes,
en puentes colgantes,
en cuadros colgantes,
en amantes colgantes.

Vividores del país que nunca fue

Beso la miseria,
escapo para lo que soy,
desconozco el límite,
el arma es la armadura.

Fantasma desnudo,
hijo de la simpleza,
vómito onírico,
libertad imaginaria.

Pluma de rabia,
la gente es la lluvia,
las miradas son frías,
aunque nos creíamos diferentes.

Entre la puja,
que no pertenecemos,
son pocos los que ganan,
multitudes las que pierden.

Tristeza inscrita,
tatuada en los calambres,
las penas saben nadar,
ahogándonos en ellas.

Olas de sometimiento,
lagrimas resignadas,
nuca helada,
serenidad arremolinada.

Fiebres surtidas
de contradicciones
con fuegos coronados
y agónicos deseos.

Dolores que ríen,
vivos picados sugestivos,
condenables suplicios,
la muerte del vértigo.

Párpados extenuados,
de tanta injusticia,
de tanta impotencia,
de tanta sangre inocente derramada.

Miserias inmortales,
de tanta corrupción,
de tantos negociados,
de tanta avaricia descontrolada.

Lacras humanas,
gobernantes de un país,
que nunca pudo ser,
sostenido por mitos, fantasmas y mentiras.

Los sindicatos,
llenos de mafia,
alzando la bandera de los muertos,
bailando en sus ataúdes.

Los trabajadores,
excluidos, vomitados.
Arrastrados por una dignidad
tan ingenua, tan luminosa.

Golpeados por el sistema
con la furia de una tormenta,
mucha hambre,
mucha telestupideces.

Parado en ningún lugar,
siendo una sombra, una lápida,
ángel caído sin destino,
demonio pólipo convertido.