Posts etiquetados como ‘espinas’

Cambiado

Una columna de murciélagos
anida en mi abandono,
tácita consecuencia,
campanadas de hiel.

La sigilosa serpiente
se arrastró por la cueva,
tácito augurio,
colgada de cabeza.

Las lágrimas se deforman,
fui su monumento de barro.

En las sombras esperó mi tropiezo
y choqué conmigo mismo.

Emparchó su corazón
de mis espinas
y salió al ruedo.

Vomito sus palabras
atoradas en mi sien
que confundí con pureza.

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Aí_no_ga

Un espectro de escarcha,
se mueve como bailando un vals,
tiene la sonrisa de la muerte
colgando de un ritmo parpadeante.

Sopla cenizas en cada auspiciosa noche
su plateado susurro se me impregna,
gotea en las ruinas de mi esperanza,
pétalos de sal, espinas de azúcar.

Duermo en la mugre de sus garras
para fundirme en el jardín de la mudez,
encadenando instintos precoces,
arrollando columnas de luces y humo.

Vengo de donde vendieron mi viento
y opacaron mis túneles de luz,
donde cegaron mis eléctricos alaridos
y enterraron mis cristales corrosivos.

Su navaja es un vientre sin luna
que me acaricia fríamente en la nuca,
resucita esas pegajosas moscas
que se arrancan las alas con ansias.

Converjo en un estallido telúrico,
bolsa de precios anudados
a los desgastados cráneos
que profano en colerizados aires.

Se cierra un muro de penumbras,
clavándose un silencio de sepulcro,
roen espasmos de obcecación
para descarnar esas certezas.

 

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Afrenta

Regaré de sal y alcohol
sobre la tierra de tus heridas,
cavando una oscura cueva
en tu caprichoso y dócil corazón.

Serás mi piel ajena,
la amarga sangre
que se estancará
en mi paladar.

Trasvestiré a tu ángel,
lo compraré con opacas piedras
para meterlo en un laberinto
de espinas y dulces venenos.

Tu estrella mas brillante
conduce un río
de residuos cloacales
que se clavan en mi alma.

Seré el abusador
de tus frágiles sueños,
que mutilará tu inocencia
con palabras de deseo.

Beberé de tus saladas lágrimas,
le pondré una correa a tus miedos,
obligándolos a rascarme las rodillas
con sus propias pestañas.

Seré la fiebre de tus primaveras,
el pétrio silencio
en que eyacularán todos
tus cristalinos zumbidos.

Extraviaré mi oxidada daga
debajo de tu cama deshecha.

Me odiarás por siempre,
aún así…

Seré lo mejor de tu vida.

Andrajo

Arrastrando
alas de ave enferma,
cuerpo subterráneo
sitiado en espinas.

La palabra en la boca
tiembla como una hoja.

Derramando
el grito de labios sin saliva,
cáscaras de miedo y espesura
se segregan en los dedos.

La astilla en el ojo
vibra en un tedio de piedra.

Atragantado
en la pelusa deforme,
chapuzón de descuido,
médula famélica de ocio.

Pica el puñal del mundo
alojado en la espalda.

Derretido
en la fiebre de la inmolación,
enquistado en los pensamientos
como orilla de rocas picudas.

Sentado en el banco de una plaza
viendo como copulan las palomas

Secuencias especulativas

Garganta nocturna,
árbol de temblequeo afiebrado,
eleva los fósforos consumidos
haciendo del horizonte una mofa.

Boca de selva,
escupe un astro congelado,
derramado el vacío de estas noches
que duermen y se estilizan en adventicio.

Neblina de ánimas,
la desesperación es una cruz de cobre,
tierna fragilidad del sonido del resplandor,
peleando contra el recuerdo y el olvido.

Huérfano cantor
posado bajo el suspiro oxidado,
la marea arrastró un pájaro hasta mi cama
con ojos inyectados de pugna.

Volcán desafinado,
barco arrullado en un atardecer,
angustia brillosa como un zafiro,
del jardín solo afloran suicidios.

Peces de ciudad
retienen el ladrido blanquecino
voltereta del caparazón abollado,
paisaje de bolsillo y humedad.

Abanico de miel,
glucosa boreal que pelan los dedos,
tu luna se desplaza con el atentado,
espero atento al ocaso de la timidez.

Cometa estoico,
lobo cosido de incertidumbres,
las huellas de la flor en polvo
solo propaga espinas luminosas.

Mordaz

Encerrado en su boca.

Fui el prisionero de azahar
o de algún fruto maldito,
fui el bebé suspendido en la palidez
o parte de algún polvo encarnado.

Su verruga era magnética.

Fui la infección adulcorada
o la coalición minimal de las espinas,
fui el monarca de la parva
o un regocijo manchado de groserías.

Su risa derramaba artificios.

Fui la herida salpicada de sudor
o la espesura de la estampida,
fui el crepúsculo afilado de la navaja
o la levadura de la saña irreverenda.

Devorado el cuerpo iluminado.

Fui la inyección de alcalina
o el despojo de la depuración,
fui el tránsito impalpable del alma
o la combustión del delirio y del afán.

Hasta morder mas que el polvo.

Momentos

Solo dame momentos,
sin horas, ni días.

En la angustia
de toda soledad,
en el desamparo
de un mundo hostil.

Las espinas de la tormenta,
el resplandor de la falsedades,
la ególatra comprensión,
el pájaro arrastrado por el viento.

Puedes encontrarme,
en ojos desiertos, perdidos.

En la penumbra
de poca pluralidad,
en el séquito
de las obsesiones.

Las flores decapitadas,
el eclipse cerebral,
la pasión agitaga,
el pez sin respiración.

Solo dame momentos,
asimétricos a este mundo.

Durmiendo rodeado de mortuorios

Es el grito disfrazado
a través de los pasillos,
obnubilados y descendentes,
cerrados, de escasa luz.

Alguien cayendo.

Habitación de paredes apretadas,
rastros de cabellos negros,
en la inmensa nube blanca,
tan suave, tan infame.

Extraños ojos fallecientes.

Dentro de alguien mas,
hay un escueto frío blanco,
corazón de luna, cubierto de nieve,
creyente, imparcial.

Dragaste la sangre, deformándola

Corona de espinas
para el fatigado insaciable,
que escondía los suspiros
y desoía los halagos.

Esfuérzate y respira en mi lugar.

Serán unos eternos años
creciendo para abajo,
mirándola desaparecer,
en forma ordinaria, mundo durmiente.

Irritando profundos espejos.

Succionando las sonrisas,
presionando las horas,
dentro de un nuevo cruel día
en tus inverosímiles ojos lentos.

La noche siempre es terror.

En la ventana del pasado

Unas flores en su boca,
una canción seca en los oídos,
lava su risa
con agua de nubes negras.

Unos crujidos en su tez,
unos pasos acelerados
imprimidos a destiempo,
con cenizas en sus dientes.

Unas manchas en su piel,
un alambre en las manos,
eleva su cabeza
con ritmo retorcido.

Unas espinas en su frente,
una piedra en su corazón,
lava su reparo
con vigas frágiles.

Hemorragia

Todo a la larga espera,
esa angustiosa y martirizante.
Cargado por la humedad y el disturbio,
solo llevo trapos tristes desarmados.

Su silencio es un síntoma
entre abandonadas conversaciones,
entre coloridas espinas,
encontrando objetos respirados,
entre coronas de destinos,
ente ardores construídos.

Hay un río que fluye
y se hace herida
que quiebra la sombra,
agujereando estas luces.