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Puente

Lengua, carne tuyo,
brota el sabor del deseo,
huelo el calor de tu piel,
suspendo esos ojos penetrantes.

Me muerdo los labios
hasta que destilen sangre,
las lagrimas ruedan en el cuarto,
vibran en el plástico tullido.

Blanca magia en polvo
se embarran en la garganta
que descienda en los poros
y se enajene el espíritu.

Con mis manos construiría un puente
entre tus tímidos senos.

Besos asfixiantes,
nubarrones oscuros forman
un tornado en tu ombligo,
se derrama un mar dulce entre tus piernas.

Madama de un corazón apretado,
de cristal, sucio y dañado.

Pétalos desangrados,
tibio furor de roja noche.
Noche entre mis brazos,
sombras soldadas de espejos ocultos.

Me dejas entrar.

Tensa mariposa retraída
con vuelos retardados.
Retorciendo los recuerdos
en el reptante silencio.

(Lengua, carne, tuyo)

La frase que impulsa mi sangre

La frase que impulsa mi sangre
está cargada de negatividad,
es una oruga mordiendo mi hombro,
es una ola golpeando el cerebro.

La sangre de insulsa negatividad
está cargada de impulso,
es el espiral que arde en fuego azul,
es el bombeo de un corazón taquicárdico.

La negatividad que sangra el impulso
está cargada de frases,
son termitas devorando la cruz,
son ladrillos luminosos en la cloaca.

La insulsa frase de negatividad
está ahora cargada de sangre,
es una ampolla en el suspiro novelesco,
es un árbol de espejos marquesados.

La frase sangra en mi negatividad,
me están cargando.

Durmiendo rodeado de mortuorios

Es el grito disfrazado
a través de los pasillos,
obnubilados y descendentes,
cerrados, de escasa luz.

Alguien cayendo.

Habitación de paredes apretadas,
rastros de cabellos negros,
en la inmensa nube blanca,
tan suave, tan infame.

Extraños ojos fallecientes.

Dentro de alguien mas,
hay un escueto frío blanco,
corazón de luna, cubierto de nieve,
creyente, imparcial.

Dragaste la sangre, deformándola

Corona de espinas
para el fatigado insaciable,
que escondía los suspiros
y desoía los halagos.

Esfuérzate y respira en mi lugar.

Serán unos eternos años
creciendo para abajo,
mirándola desaparecer,
en forma ordinaria, mundo durmiente.

Irritando profundos espejos.

Succionando las sonrisas,
presionando las horas,
dentro de un nuevo cruel día
en tus inverosímiles ojos lentos.

La noche siempre es terror.