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Pedido

Quema tus monumentos de sangre,
te infectaré los labios
para así levantar los cimientos
de una hemorragia de deseos.

Necesito la fertilidad del fulgor,
necesito el arroyo del tiempo.

Destierra el humo de tu ansiedad,
te dará alas de espuma
para así desgarrar las burbujas
y las escaleras de Escher.

Necesito el divorcio a los fantasmas,
necesito el ángel de la sombra.

Condensa los umbrales de pudor,
te izaré en un mangrullo
para teñir las aureolas luminosas
y los parches de barro.

Necesito el ornamento del fuego,
necesito el reflejo de las palabras.

Y a veces…

El polvo de la luna
para deglutir tus demencias.

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Sin juguete

Envuelto en soles negros,
el vacío me lame las manos.

Una marcha en los oídos,
una mancha noctámbula (en el iris).

Pieles de ardillas albinas,
se adhieren a mi suelo pegajoso.

Una masa en las ansias,
una mano orgánica (de desuso).

Estremecido por los reflejos,
el zócalo de mis deseos transpirados.

Una marea en los nervios,
una marioneta deformada (sin brazos).

Hasta la luna

Lo que muerdo,
lo mancho con sangre,
será posible que esos barcos de papel
no encuentren sus charcos.

Disfrazado de insomnio,
agitador de deseos,
será que esas mariposas de cristal
no supieron hacer reventar esas mentiras.

Murmullo secreto,
señales de voces silvestres,
serán esos ecos goteantes de ácidos
no templan la sed de piel.

Migajas de luces,
traigo el golpe del silencio,
serán que esas sombras diluidas
no giran en torno a la soberana.

Llegar e irse
por nada
por siempre
y
solo
para ella,
por el.

Dominios

Ojos inyectados de lujuria,
lame el músculo, gastándolo,
cuerpo que cruje en cada abrazo,
un charco de sangre violeta.

Indagando en la carne mullida,
crepita susurros templados,
piel desahuciada en el tiempo,
destilan los deseos por los poros.

A la retención
de movimientos frenéticos,
de súplicas y ruegos.

En los dominios,
el control,
encontrarse para perderse.

En las entregas,
el descontrol,
perderse para encontrarse.

Embriaguez de noches sin estrellas
de lunas llenas inhibidas,
lluvias otoñales en primaveras.

Es en la súbita penumbra
donde se raspan los tobillos.

Ser filo

Pétalos de una voz tambaleante en palos,
el ritmo de la tormenta destellando palabras
como si se bordara un entretejido
en las ideas, en las obsesiones.

Hay un contaminado océano en la realidad,
una escasa primavera de moja y atún
como una semilla seca que desea florecer
en los modos, en los pasos.

Los pies en la tierra árida,
las manos en las nubes esponjosas,
el eco de los gritos en los sueños.
la manipulación del rayo en línea.

Fragancia blanca que inunda los ojos,
sol que sale pero se esconde en mis hombros
como un muro y su necesidad de ladrillos
desde la base hasta el cielo.

No hay esperanzas que se dejen esperar,
como deseos rellenos de aire.
A no temer del tanteo en la oscuridad,
al deguste de los dedos, al aprender.

Estirar un sonido,
ese que angosta mi alma,
salpicando rubor al pudor,
lagarto que habita en mis pantanos.

Almas de sal

Ojos que miran ausencias,
soledad descuartizada,
martillo pegajoso
que golpea en las ansias.

Esculcando estrellas colgadas
que parecen inertes,
construyendo charcos verdes
que parecen hogares de sapos.

Sombras de cristal rajado
que degluten materia gris.
Las voces en sueños malsonantes
se entierran en los deseos.

Telarañas de luces dicroicas
acomodan el delirio en las paredes
manchadas de despecho y jugueteos
donde arraigó cenizas y aserrín.

Vividores del país que nunca fue

Beso la miseria,
escapo para lo que soy,
desconozco el límite,
el arma es la armadura.

Fantasma desnudo,
hijo de la simpleza,
vómito onírico,
libertad imaginaria.

Pluma de rabia,
la gente es la lluvia,
las miradas son frías,
aunque nos creíamos diferentes.

Entre la puja,
que no pertenecemos,
son pocos los que ganan,
multitudes las que pierden.

Tristeza inscrita,
tatuada en los calambres,
las penas saben nadar,
ahogándonos en ellas.

Olas de sometimiento,
lagrimas resignadas,
nuca helada,
serenidad arremolinada.

Fiebres surtidas
de contradicciones
con fuegos coronados
y agónicos deseos.

Dolores que ríen,
vivos picados sugestivos,
condenables suplicios,
la muerte del vértigo.

Párpados extenuados,
de tanta injusticia,
de tanta impotencia,
de tanta sangre inocente derramada.

Miserias inmortales,
de tanta corrupción,
de tantos negociados,
de tanta avaricia descontrolada.

Lacras humanas,
gobernantes de un país,
que nunca pudo ser,
sostenido por mitos, fantasmas y mentiras.

Los sindicatos,
llenos de mafia,
alzando la bandera de los muertos,
bailando en sus ataúdes.

Los trabajadores,
excluidos, vomitados.
Arrastrados por una dignidad
tan ingenua, tan luminosa.

Golpeados por el sistema
con la furia de una tormenta,
mucha hambre,
mucha telestupideces.

Parado en ningún lugar,
siendo una sombra, una lápida,
ángel caído sin destino,
demonio pólipo convertido.

El lugar

En las arrugas de tu sabana
solía esconderme
cuando saboreaba tu capullo
y activaba tu palpitar.

Cada sonido bañaba mi alma,
socavándola, estirándola,
eran tiempos sabrosos
de suma fe y llamas.

El mundo se reducía,
toda expresión valía.

Cuando el cielo era una lagrima
desplegándose en los rincones
donde las palabras eran mudas
y cantaban las miradas.

Danzantes espíritus jóvenes
nos hacíamos de frescuras,
embrigándonos de sombras,
soledades y dolores.

Cuando las tinieblas no eran
mas que meras nubes negras.

Nos ocultábamos de las miserias
que nos atormentan en cada día,
con tantos vestigios de piel,
nutriéndonos de pasión y deseos.

Vestida en palabras ensombrecidas

Flagelándo el instante,
tormentos que laten,
la prisión del delirio
que reaviva tu incendio.

Abrazas la quimera,
baldío que no quisiera,
escupe morbosidad
en una fugacidad lenta.

Con manos manchadas,
extiendes tus deseos,
de un giro perpétuo,
del ocaso tu demonio.

Un eterno extravio,
son esos senderos amargos
que parecen adredes
que desatan el odio.

Se cubre de sombras,
para amurallar su resentimiento,
no necesita de palabras,
todo esta en su fuego.