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Cambiado

Una columna de murciélagos
anida en mi abandono,
tácita consecuencia,
campanadas de hiel.

La sigilosa serpiente
se arrastró por la cueva,
tácito augurio,
colgada de cabeza.

Las lágrimas se deforman,
fui su monumento de barro.

En las sombras esperó mi tropiezo
y choqué conmigo mismo.

Emparchó su corazón
de mis espinas
y salió al ruedo.

Vomito sus palabras
atoradas en mi sien
que confundí con pureza.

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Afrenta

Regaré de sal y alcohol
sobre la tierra de tus heridas,
cavando una oscura cueva
en tu caprichoso y dócil corazón.

Serás mi piel ajena,
la amarga sangre
que se estancará
en mi paladar.

Trasvestiré a tu ángel,
lo compraré con opacas piedras
para meterlo en un laberinto
de espinas y dulces venenos.

Tu estrella mas brillante
conduce un río
de residuos cloacales
que se clavan en mi alma.

Seré el abusador
de tus frágiles sueños,
que mutilará tu inocencia
con palabras de deseo.

Beberé de tus saladas lágrimas,
le pondré una correa a tus miedos,
obligándolos a rascarme las rodillas
con sus propias pestañas.

Seré la fiebre de tus primaveras,
el pétrio silencio
en que eyacularán todos
tus cristalinos zumbidos.

Extraviaré mi oxidada daga
debajo de tu cama deshecha.

Me odiarás por siempre,
aún así…

Seré lo mejor de tu vida.

Cuando el río suena de sangre

Ancho guante
que pueda contener.

Contemplo el brillo
de su sangre
en mi ropa interior.

Explota el picado río,
deshojando las imprudencias.

Todo dentro de la cueva.

Fantasma de seda azulada,
troza en fetas su autoestima.

Análoga a mi.

Mientras los girasoles se empapan
en una lluvia ancestral,
que no sé detener.

Compasión

La luna como un queso podrido,
la silueta del ombú la oculta,
llevo las culpas del pescado
al rincón donde imperan las hormigas.

Clavo las rodillas en la tierra,
mis manos chocan, rozan la oscuridad
y prueban una morisqueta reconocible
como el vuelo de la falsedad.

Esperaba la sombra en la cueva.

Pesadilla real

La locura del cemento,
se pasman los flacos árboles deformes,
la luz con su látigo magnético
intimida a esta noche de piedra.

Criados por el escalofrío,
ignorando el cólera de Dios,
hambre de frágiles ojos verdes,
resuena la carcajada de oro.

La humanidad sangra
y se oculta en su oscura cueva,
la garganta se crespa,
las estrellas lloran lágrimas ácidas.

El sudor en la piel
¿Despertando o desvaneciendo?
tratando de digerir la pesadilla.
¿Desvaneciendo o despertando?

Los dulces cadáveres ya no están,
solo los zombies de la realidad.

Partiendo

Coraza que no sirve,
sueño que no anda,
contaminados por la radiación,
cotidiana e imperceptible del día.

Los escapados de un mundo partido,
perdido, lejano y hundido.

Joyas que no relucen,
cambian su nombre por basura
incorporándonos al nuevo aroma,
distinto y acostumbrante.

Pedazos que caen,
la cueva será la cripta
de los momentos y las trampas,
perfeccionándose al paso del tiempo

Duda que destroza el cerebro
confundiendo, proyectando y errando.

Pasadizos cambiantes,
abultada fineza y decepción.
Glorias olvidadas muriéndose
de desnutrición de halagos.

Partiendo hacia las sombras
que los aclaman y reconocen.

Extraño lugar
que no extraña la luz
y en donde la luz
se hace olvidar

…de su densidad
…de su posibilidad
…de su magnitud
…y significación.