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El punto

Mi cráneo entre las piedras picudas,
reflejo olas de desesperanza,
azotan mis tejidos humanos
con una oscura bruma automática.

Y las lágrimas que siempre oscilan
sobre las profundas entrañas escarchadas,
riega el mensaje del desvelo
inflama un tumor en nuestras palabras.

Nubarrones de luz
dispara mi linaje de cuero,
desgastándome en su ardid,
es una espada atorada en mi garganta.

Llevo la máscara de una nube roja,
un callejón infestado de moscas verdes,
una criatura espera a ser engendrada,
espera la explosión del momio volcán.

En donde no habrá vuelta atrás…

 

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Atmósfera nocturna

La noche tiene ojos de pupilas dilatadas y largas garras que acarician. Se percibe un bramido de resquemor, un estrépito interior confabulado por aureolas fogosas. Estrellas de color sazón, ineludibles de movimientos infalibles insertándose en las sombras que vadean por la atención de los buitres galanteados, agazapados, armados filosamente preparados para los descuidos y las caídas.
Crecen los cementerios a raíz de los desencantos. Los halagos son la moneda corriente que gira con una eternidad brillante. Pero las mentiras están hechas de mentiras y nada mas.
Evolucionan las horas dentro de la música de fondo que puede perturbar, angustias que bailan con hondos espasmos.
La noche impregnada en el cuero, siempre con una actitud amenazante que parece tambalear en el abismo.
Son las féminas, los seres mas bellos que creó este mundo, reinas sin coronas que no se cansan de transgredir con ese sepulcroso silencio falseado de necesidad.
Somos los perpetuos obnubilados que yacen en la tormenta de luces artificiales, la dicha de una muerte salvaje y digna. Cuerpos magnetizados por la furia y el descontrol, que la vida se encarga de reprimirnos, desinhibidos por las tinieblas, es la sed ardiente en la que los corazones desgarrados ahogan como rebeliones de mil gritos de dolores acumulados.

Marcado por tanta hostigación

Cansado de soñar
con tantas féminas intangibles
que no llevan a ningún lugar.
Postrado en el accionar,
abarcado consuelo aural
que no existe motivo alguno.

Practicando desconfiar,
el intransigente oleaje mentiroso
roen cuero y hueso.
Son las ciencias que caducan
en desencontradas estrategias
tan desconcertadas como banales.

Importando indecisión,
apuñalado en los hombros desparejos.
Será aglutinación, la barbarie
y el caos provocado en el interior.

¿Quién escuchará estas voces?
¿Quién salvará el sentir?
¿Quién exclamará la verdad?
¿Quién sabrá entender?
¿Y quién podrá vivir?