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Lokura (a la que admiro)

Muévete en las palabras
que salpico de mis dedos,
en los arduos pensamientos
que desmantelas con imágenes.

Inconsciencia kamikaze,
locura que me envuelve,
de la rareza que nos brota
cortados por la misma navaja.

Sos como un volcán
que no sabe explotar
que salpica de solo
simple y pura inercia.

Poder de tu ego contra el humilde,
poder de tu ego contra tu ego,
desplegando las alas carmesí,
que pueden crear disyuntivas.

Negras mariposas te revolotean
en esos cielos alienados,
en esos ojos verdes grisáceos
que son mi quimérica ambición.

Y te duele lo que sos,
en tus rincones de flores muertas,
en tus desastres cotidianos,
en tus vacuidades de luz,
en tus necesidades de sombras,
en tus caballitos de batalla,
en tus amores perdidos
en tus dolores podridos.

Muñeca de trapo
de botones descosidos,
de horizonte rasgado
empapada por una lluvia ácida,
arrasada por la ansiedad,
acariciando el fuego,
para saberte de tu límite

De la sangre que te obsesiona,
manchadas en sueños de azulejos,
en tus labios sedientos de palabras,
veintisiete son las tumbas sin cruces.

Tal vez seas mi sexto sentido.

Interpretamos todos los ayer…

Cualquier camino a tu sonrisa
significa mas que mis pérdidas,
interpretamos todos los ayer
de la manera que no fuimos.

Mundos que nos separan,
miradas afligidas y corazones rotos,
interpretamos todos los ayer
de la manera que no somos.

Las plegarias incompletas,
los cielos incompetentes,
interpretamos todos los ayer
de la manera que no creímos.

Nunca necesitamos tanto
de nosotros y de los sueños,
interpretamos todos los ayer
de la manera que no haremos.

Oficiando

Oficiando en los caminos desparejos
en los miserables incidentes que nos arrastran.
La farsa que fuerza una y otra vez
hasta el agotamiento.

Ese estruendo es mi ciencia,
en mis desesperaciones estivales.

Cielos grises de cristal,
extraño trazado de puentes sin dirección,
abombados por los otros,
perdiéndose en la distancia hacia el horizonte,
cargados de señales sin sentido.

Débiles perplejos,
entrecruzados a la distancia con los aires populares
fragmentados en restos desconcertantes.

Efímero capricho, sin huellas
de ningún monumento de superstición
solo espectros avanzados de soledad
dando voltaje libre
al corazón en llanto.