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Cruz de sal

El filo encastrado en el humus,
al unísono,
el cielo de agua
destila sus opacidades.

En sus apretados labios plateados,
sumergí una esfera de luz,
tratando de romper su inmensidad.

El fuego de la sombra
se agazapa detrás de mis ojos,
arde su osamenta para fuera
hasta hacer cenizas de su carne.

Con limón y miel
saborea méntula,
luego envolví su tálamo
con mi aroma.

Desastrado rayo humedecido,
parte en dos su fruto de espejo,
se refracta la espuma en su roja luna.

 

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Dulces sueños

Ella…

Duerme.

Cuando los fuegos del cielo
estrepitan y cosechan cráteres
en los vastos jardines de cemento,
invadidas por los anisópteros de verano.

Ella…

Sueña.

Cuando el fantasma plateado
juega con su cuerpo sedicioso
en las luces de los vértices
convergidas en tactos concretos.

Ella…

Goza.

Cuando en sus ruidos mutan
en un tenue y sinuoso respirar,
partiendo su confusión en gajos,
pisoteando su pueril intuición.

Ella…

Despierta.

(para luego volver a gozar)

Ser filo

Pétalos de una voz tambaleante en palos,
el ritmo de la tormenta destellando palabras
como si se bordara un entretejido
en las ideas, en las obsesiones.

Hay un contaminado océano en la realidad,
una escasa primavera de moja y atún
como una semilla seca que desea florecer
en los modos, en los pasos.

Los pies en la tierra árida,
las manos en las nubes esponjosas,
el eco de los gritos en los sueños.
la manipulación del rayo en línea.

Fragancia blanca que inunda los ojos,
sol que sale pero se esconde en mis hombros
como un muro y su necesidad de ladrillos
desde la base hasta el cielo.

No hay esperanzas que se dejen esperar,
como deseos rellenos de aire.
A no temer del tanteo en la oscuridad,
al deguste de los dedos, al aprender.

Estirar un sonido,
ese que angosta mi alma,
salpicando rubor al pudor,
lagarto que habita en mis pantanos.

Paréntesis

Quiero algo que quiera,
magnífico,
ostentoso,
delirante.

La luna es mi mar
y mis jaquecas
el oleaje.

Todo me pone nervioso,
todo me hace desconfiar,
pienso en su carne

tiemblo

es un ruido en mi paladar,
es un golpe en la nuca,
es un ardor en el ventrículo.

Agarra una estrellas con los dientes,
escúpela,
deposítala
en tu bolsillo.

Cielo encapotado de adjetivos,
pólvora de pirotecnia taiwanesa.

Un guerrero en el silencio,
la sombra se hace chacal,
babea hambre,
decepción.

Sus ojos rojos
brillan
en tanta oscuridad,
en tanta contención.

Sacras palabras

Tiemblan los labios de sed,
el viento arrastra un tronco machacado,
los refucilos se apoderan del cielo.
Abre tu odio a toda esta mierda.

Descalzo, pisando el frío,
envuelto en el aire gris
con las lagrimas en el hueco de la palma.
Desgarra tu lengua atisbada.

Cenizas,
antes un crucufijo,
bautizados
por la orina de los dioses.

El lugar

En las arrugas de tu sabana
solía esconderme
cuando saboreaba tu capullo
y activaba tu palpitar.

Cada sonido bañaba mi alma,
socavándola, estirándola,
eran tiempos sabrosos
de suma fe y llamas.

El mundo se reducía,
toda expresión valía.

Cuando el cielo era una lagrima
desplegándose en los rincones
donde las palabras eran mudas
y cantaban las miradas.

Danzantes espíritus jóvenes
nos hacíamos de frescuras,
embrigándonos de sombras,
soledades y dolores.

Cuando las tinieblas no eran
mas que meras nubes negras.

Nos ocultábamos de las miserias
que nos atormentan en cada día,
con tantos vestigios de piel,
nutriéndonos de pasión y deseos.

Poseer para no poseer

En la muerte
tengo mis sentidos
extraviados
desencantados

En la noche,
en una mirada
maligna
incesante

Oscuridad
dueña de alguien
deshumanizando
solo cayendo

La voz de la noche
los cuerpos del día
insensibles
asfixiados

En el cielo
el marco
del abandono
y las impertenencias

Que el eco
sea sombra
cambia tu opinión
por capricho individual

Muero de deseo,
no me posees,
no quiero poseerte,
caminar por el aire.

Mi asfixia es tu aire

Llevas alas funestas,
no tienes a donde volar,
perdiste tu camino.

Tus plumas desgarradas,
el recuerdo de un amor fraudulento
de tan poco valor.

Escribo con sangre,
de anhelo y realidad,
con manos perdidas,
con historias cerradas.

Llevas tus motivos,
abierta a los delirios,
desistiendo a todo brillo.

Tu cielo es gris,
escasean las palabras,
duermes en el silencio.

Mi asfixia es tu aire,
mi enfermedad es el mundo,
aún con tanta belleza,
puedo morir de dolor.