Posts etiquetados como ‘carne’

Cruz de sal

El filo encastrado en el humus,
al unísono,
el cielo de agua
destila sus opacidades.

En sus apretados labios plateados,
sumergí una esfera de luz,
tratando de romper su inmensidad.

El fuego de la sombra
se agazapa detrás de mis ojos,
arde su osamenta para fuera
hasta hacer cenizas de su carne.

Con limón y miel
saborea méntula,
luego envolví su tálamo
con mi aroma.

Desastrado rayo humedecido,
parte en dos su fruto de espejo,
se refracta la espuma en su roja luna.

 

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Rasgando sobre tu ausencia

Se desliza…

fríVolo
prEsa
caRne
panTeón
cenIza
noChe
palAbra
escLava
soMbra
piEdra
eNte
laTido
viEntre

… mi lengua por tus labios.

Ojos embelezados
de líquida miel.

Tu cuerpo desnudo
es un foco
en la oscuridad.

Ruge el aleteo del veneno
en mi mano muerta.

 

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Arrebol

La mujer de oscura lluvia,
orea su ardiente vientre,
marcados signos de trepido
y enjuagados frescores.

Su fino hechizo de deleite,
gotea sangre dulce,
destella aureolas de carne
de las sin parsimonias.

Una encrudecida mano
junta el polvo blanco
y la lleva a su boca
como un puñado de cenizas.

(Un delicado cadáver
acicala mis talones,
con un helado roce…)

Débil como un lactante,
aprieto una trémula sonrisa
que vivirá oculta debajo
de una ola de sombra.

 

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Aliado o tirano

Me muevo bajo tierra,
mis pezuñas tiñen el barro,
ojos de tormenta azufrada,
tragando luces espirituales.

Su exuberante carne,
yace en el amparo de mis brazos.

Limbos de mohoso tapiz,
enlunado por el pálpito de la brisa,
boca de hiel corrosiva,
deleites de trazos bermejos.

Unos hilos de miedos
se hacen madejas en mi horizonte.

Cráter

Ocres aves acicalan intimidad,
esclavo de funestas hazañas,
en los rincones de los arrebatos,
se escalonan las plagas mentales.

Carne clavada de sombras,
se te inflaman los tobillos,
los esbeltos cuervos te abrazarán
para medir y limar tus emociones.

Acariciaré tus rebuznos calcinantes,
mi mano es una sortija cortante,
que roerá tu prodigiosa inmensidad,
que aminorará tus temblores de augurios.

Pedazo triturado,
despedaza desamparo,
oxidada jabalina
atravesada en el hombro.

El fino arte

Enjambre de su voz castaña
se esparce sobre mis pupilas,
saliente textura costal,
acunada por la sombra de mis palabras.

Sobre el campo del deseo,
segamos y cosechamos los raptos y las tiranías
del instinto y el placer (animal, no-animal)
tejidos remojados en amoníaco.

Una vigilia clavada de a moretones,
gotera de un cántaro de vino,
cuerpo signado de caídas,
vigor colmado de desespero.

Ahorca su diminuta sensatez,
suspendida en la inquietud de mi mirada.

Cuerpos tallados en el abismo,
abandonados coágulos de ternuras voraces,
intenso perfume de su carne,
caricias con sabor a muerte.

Seco

Caricias de tedio,
globos en bocas húmedas,
inflados con mentiras
de menesteres reflejos.

Despliega tus alas,
mueve tu carne y tus huesos,
abraza al témpano si puedes,
hazlo todo sin amor.

Péndulo de huellas pesadas,
la mochila del mundo,
en hombros amorotonados,
titila como un fantasma engrosado.

En su taza rajada
llena de garzos multicolores.

(Podría hacerte creer
que evito quererte
solo para arrancarte
tus hermosos ojos)

Rótula,
apego,
amorfo,
piedra.

Dudo seriamente
que estés
de brazos cruzados…
Ahí, a su lado.

En la atmósfera,
no hubo reconocimiento.

Borde

Besos de alud color bronce,
helados médanos encrespados
espejeando un tumultuoso espíritu
que se resquebraja al tiempo.

Sueños empedrados que tiemblan,
el surco tatuado en la tierra.

Un hueco en la inconsciencia,
un mazo de mariposas tiesas,
un rayo de tormenta bajo mi cama,
una lágrima colgada al borde de la ventana.

El filo de un fuego gris,
un extraño extrañar…
Desangrante

Verdugo de promesas rodantes,
el cortejo de una bruma incandescente,
túnica plateada que todo lo llena,
menos una hambruna de carne nerviótica.

Sobre un manto de estrellas oscuras,
cazando pelusas con formas de lagartijas,
pliego mis dedos de ceniza caucásica
y traigo una nevada montaña de ruido.

Cabalga sobre un globo de cristal,
sodomiza su escuálida cordura,
aprieta el polvo de su piel
y lo arrulla como a un bastardo sin techo.

Afuera…
se descascaran los corazones
en el frío interior.

Suspiros desgajados,
son caños acariciados por el viento,
son recuerdos que se amotinan en el cerebro,
son días grises que se hacen chicle.

Creciente

El tiempo se hace ráfagas de luces,
en los ruidos de tus antojos,
de las desposesiones y los sismos interiores,
ojos de luna reflejan tus flores.

Nos sorprenden los cantos
de pájaros matutinos.

Sustancias que bailan como pelusas revoloteantes,
espíritus empapados en sangre,
así guías mis dientes a tu mullida carne,
desmembremos tanto la inocencia como la soberbia.

Las palabras que resquebrajan mi cabeza,
arden en azules llamas abultadas,
infierno de terciopelo,
labios eternamente sedientos.

En el pecado reencarnamos,
es el precio del placer.

Ahora mi demacrado corazón
está en el hueco de la palma de tu mano,
tengo que perder el control
para atesorar tus lascivos besos.

Te vistes de éxtasis
para llenarme de tu piel.

En tu noche, brota la penumbra,
donde a mi sombra le gusta desplegarse,
con solo brío y conciencia,
el agrado y el aprendizaje con tu ser.

En el impacto de tus ojos veo que…
serás mi subyugada.

Cazador de lunas

Tu cintura atrapada
entre mis manos,
observo como
gotéa tu flor.

Fruta viva e insaciable,
voráz crepúsculo,
río sin fin
que aglomera mi sed.

Tu carne atiborrada
entre mis dientes,
escucho como
retumba tu gemido.

Golpéa con fragor
las sienes hinchadas,
emboza la oscura ostra,
magma que arde por dentro.