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Tren invisible

Mantel floreado repleto de hormigas rojas,
tesoros en trozos de panes pellizcados.

Vías estáticas tensionadas de silencios,
deambulantes ratas de pulpas en papel,
mansalva a semillas con alas de polillas,
cuando en sus flores medran diluvios.

Ventana transpirada de amarillo rocío,
chispa de mesetas recortadas con ácido.

Días segmentados en pólipos azurados,
somnolientas hienas de babas en cobre,
enrabian conductos con aleros de paciencias,
donde en sus pistas se cubren de aserrín.

Puerta craquelada de repetidos rincones,
racimos de cáscaras cristalizadas con desvenidas.

Mirilla empañada de malentendidos,
vaciamientos pegajosos de besos en almíbar,
catapultan zigzags con luces de abismo,
como un micelio debajo de mi espíritu.

Borde

Besos de alud color bronce,
helados médanos encrespados
espejeando un tumultuoso espíritu
que se resquebraja al tiempo.

Sueños empedrados que tiemblan,
el surco tatuado en la tierra.

Un hueco en la inconsciencia,
un mazo de mariposas tiesas,
un rayo de tormenta bajo mi cama,
una lágrima colgada al borde de la ventana.

El filo de un fuego gris,
un extraño extrañar…
Desangrante

Verdugo de promesas rodantes,
el cortejo de una bruma incandescente,
túnica plateada que todo lo llena,
menos una hambruna de carne nerviótica.

Sobre un manto de estrellas oscuras,
cazando pelusas con formas de lagartijas,
pliego mis dedos de ceniza caucásica
y traigo una nevada montaña de ruido.

Cabalga sobre un globo de cristal,
sodomiza su escuálida cordura,
aprieta el polvo de su piel
y lo arrulla como a un bastardo sin techo.

Afuera…
se descascaran los corazones
en el frío interior.

Suspiros desgajados,
son caños acariciados por el viento,
son recuerdos que se amotinan en el cerebro,
son días grises que se hacen chicle.

Creciente

El tiempo se hace ráfagas de luces,
en los ruidos de tus antojos,
de las desposesiones y los sismos interiores,
ojos de luna reflejan tus flores.

Nos sorprenden los cantos
de pájaros matutinos.

Sustancias que bailan como pelusas revoloteantes,
espíritus empapados en sangre,
así guías mis dientes a tu mullida carne,
desmembremos tanto la inocencia como la soberbia.

Las palabras que resquebrajan mi cabeza,
arden en azules llamas abultadas,
infierno de terciopelo,
labios eternamente sedientos.

En el pecado reencarnamos,
es el precio del placer.

Ahora mi demacrado corazón
está en el hueco de la palma de tu mano,
tengo que perder el control
para atesorar tus lascivos besos.

Te vistes de éxtasis
para llenarme de tu piel.

En tu noche, brota la penumbra,
donde a mi sombra le gusta desplegarse,
con solo brío y conciencia,
el agrado y el aprendizaje con tu ser.

En el impacto de tus ojos veo que…
serás mi subyugada.

Sin máscaras

Pirañas doradas del cerebro,
cuerpo de arena mojada,
enquistada,
en alcohol del dolor,
en humos de burbujas.

La dulce perdición,
besos mentolados,
teñidos de lujuria ocre,
castores en celo,
mar que todo lo brota.

La bravura del temblor,
y los ríos de sed,
unen
tanto a la reina
como al mendigo.

Se devoran
para devorarse.

Dominios y dominados
dulce y sal,
heridas que gritan,
almas magulladas.
cicatrices mudas.

De no soñar

Los puentes se abren,
las flores irrigan colores,
aún en días grises y lluviosos,
en aires pesados y brumosos.

Muñeca frágil de delicado terciopelo,
retumba en el polvo de la sed,
besos voraces se pegan
al olor que destila el vacío.

Frente en alto,
el reflejo que va al choque,
enhebrar la locura con ancha aguja,
hilo de luz refractada.

Franjas de sueños agitados,
dedos que se diluyen en el papel,
carbónicas texturas,
retoña el sudor en la piel.

Las cenizas en las grietas de la mente,
los latigazos de profundas regresiones,
la represión, una guerra interior
de dos bandos que no se ponen de acuerdo.

La noche gravita sobre la pulpa azul,
soltados los oscuros pájaros raquíticos,
se posan en sonrisas melodiosas,
se hunden en relámpagos de medianoche.

La intuición es un siniestro,
el razonamiento son escombros.

Mariposas chuecas bordadas
con súbita desesperación,
para distraer el instinto
y la sed.

Puente

Lengua, carne tuyo,
brota el sabor del deseo,
huelo el calor de tu piel,
suspendo esos ojos penetrantes.

Me muerdo los labios
hasta que destilen sangre,
las lagrimas ruedan en el cuarto,
vibran en el plástico tullido.

Blanca magia en polvo
se embarran en la garganta
que descienda en los poros
y se enajene el espíritu.

Con mis manos construiría un puente
entre tus tímidos senos.

Besos asfixiantes,
nubarrones oscuros forman
un tornado en tu ombligo,
se derrama un mar dulce entre tus piernas.

Madama de un corazón apretado,
de cristal, sucio y dañado.

Pétalos desangrados,
tibio furor de roja noche.
Noche entre mis brazos,
sombras soldadas de espejos ocultos.

Me dejas entrar.

Tensa mariposa retraída
con vuelos retardados.
Retorciendo los recuerdos
en el reptante silencio.

(Lengua, carne, tuyo)

El valor del sacrificio

Mensaje anómalo que se deslizaba
por las yemas de sus dedos,
su radiación encubría algo
(Yo sé que ella sangraba por dentro).

Quería el sendero luminoso
para inmolarse en la arena caliente,
quería un juego de artificios
por sus penas expandidas.

Se inyectó de miedo
por alguien que nunca valió,
deformando sus palabras,
traicionando su cuerpo de sed.

Solo retenía
besos con alas de murciélagos
que atesoraba con culpa
en sus mejillas convulsionadas.

Su lengua retardada
decía lo que no quería,
así se enamoró de su miseria
resignando la justicia.

Con su opaca frescura
y su confusa sinceridad,
atormentó un delito interior
del que siempre fue inocente.

Absorbida por la obstinación
de su trunca existencia,
juega con su agonía y la posibilidad
de irse de la manera mas cobarde.

Fuimos victimarios y víctimas

Sus labios invisibles
dibujaban susurros,
disfrazando lo desbordante
y arrastrándose a la corriente.

Abriendo fuegos nos indagamos
yo en su piel desgastada,
ella en mi débil ser,
fusionándonos con el ambiente.

Apoderada vibración,
respiración acelerada,
la aprisioné en mis brazos,
degustando sus besos sabor a ansia.

Su lengua recorrió mi torso
hasta estremecerme,
lamiéndome, deleitándose,
aplacando mis heridas.

Me aprehendí de su cuerpo
y empecé a acariciar su sexo,
fue una imagen tan dulce como malévola,
su vientre me sugirió entrar.

En los embates de la piel,
ella me apretaba,
pidiéndome mas vértigo,
estallamos de placer.

Todo era rojo ardiente,
los meneos y los gemidos,
todo un torrente impetuoso,
morimos con la noche.

Dejamos secuelas
de temblor y escalofríos,
así nos olvidamos
de nuestra quejosa soledad.

Clamor nocturno

Vomito lo que desearía ser, el espejo me hace un guiño, me dejo engañar (once again!).
Siempre pensé que los ignorantes son los mas felices, tiene sentido, principalmente ignoran la realidad de esta vida. Un poco de ese brebaje no me caería mal, hemos probado tantos venenos.
¿Quién puede prevenir los incendios en nuestro interior? ¿Alguien se atreverá a apaciguarlos?
Perras en celo comiendo cataplasmas (thanks Arthur!), y soy el extasiado que las desea hacer pasar por el filo de la risa.
En los espasmos de la noche, junto a mi soledad y un poco de alcohol en mis venas, quiero saber que traman, y si estaré en sus planes maliciosos. A mi lado se desborda la carne, pero en sus ojos veo ráfagas de luz en tanta oscuridad (and they catch me).
En cascadas, tragamos las mentiras que nos ofrece el aire, así nos desgarramos (¿Is it pain or pleasure?).
Tantas mugres en nuestras mentes nos conducen a caminos tan desconocidos como dulces. Las almas gimotean, llevamos oídos sordos en estos planos (¿What is more powerfull, the inside or outside?).
Ya saboreé tus besos bélicos y tus miedos desnudos, apreté tu mano y así escupiste una tormenta que retenías en tus pupilas.
La noche resalta las heridas de nuestros corazones. Aunque este cubierto de tantos fantasmas, tengo el ojo intacto para percibir tu epicúrea belleza. Y la oscuridad está recitando su mejor poesía, en estos tiempos, no pierde su fidelidad (all is about the true).
Clamor endemoniado en el odio del amor y el dolor.