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Entregado

Como el silencio infestado
en un bosque nocturno,
la plaga del tiempo
carcomiendo las cutículas sucias.

El vómito de la tempestad
opaca el agujero en la boca del estómago,
debería nutrirme de angustia
para atragantar el sólido vacío.

Arena en las manos
se escurre al cerrar los puños,
mordiendo las vísceras
regadas de sangre coagulada.

Dividir la crudeza,
títere sucio y arrastrado,
un río surca mis labios
elidiendo en bloque la paciencia.

Se sacude la piedra
con forma de corazón,
un pájaro en llamas
se estrella en el vidrio.

Amordazado
con las manos derruidas,
invadido por la humedad
proyectada con cúmulos de vapor.

Esperar la venida de los ríos
o la devastadora sequía,
los bucles impredecibles
y los asaltos asilvestrados.

Palabras desnudas,
eco sincero estrangulado,
derretido en lava,
escupido por los vientos.

Secuencias especulativas

Garganta nocturna,
árbol de temblequeo afiebrado,
eleva los fósforos consumidos
haciendo del horizonte una mofa.

Boca de selva,
escupe un astro congelado,
derramado el vacío de estas noches
que duermen y se estilizan en adventicio.

Neblina de ánimas,
la desesperación es una cruz de cobre,
tierna fragilidad del sonido del resplandor,
peleando contra el recuerdo y el olvido.

Huérfano cantor
posado bajo el suspiro oxidado,
la marea arrastró un pájaro hasta mi cama
con ojos inyectados de pugna.

Volcán desafinado,
barco arrullado en un atardecer,
angustia brillosa como un zafiro,
del jardín solo afloran suicidios.

Peces de ciudad
retienen el ladrido blanquecino
voltereta del caparazón abollado,
paisaje de bolsillo y humedad.

Abanico de miel,
glucosa boreal que pelan los dedos,
tu luna se desplaza con el atentado,
espero atento al ocaso de la timidez.

Cometa estoico,
lobo cosido de incertidumbres,
las huellas de la flor en polvo
solo propaga espinas luminosas.

(In)existencia(lismo)

Una desesperación inmóvil,
como una romántico por inercia
al mundo y la realidad,
un repugnante humano.

Al camino mas estrecho
lo cubre una espesa niebla
¿O serán mis ojos?
decide el instinto.

Cada vez que beso el pavimento,
trato de aprender de ello,
no ser otra cosa mas
que lo que me hago.

Enmascarar la angustia,
ser un arrojado, un abandonado,
sin excusas, responsable.
Condenado a ser libre.

Soy el cuerpo destripado de un perro
tirado en una autopista
con una pregunta post-mortem
¿Cómo llegué hasta aquí?

Momentos

Solo dame momentos,
sin horas, ni días.

En la angustia
de toda soledad,
en el desamparo
de un mundo hostil.

Las espinas de la tormenta,
el resplandor de la falsedades,
la ególatra comprensión,
el pájaro arrastrado por el viento.

Puedes encontrarme,
en ojos desiertos, perdidos.

En la penumbra
de poca pluralidad,
en el séquito
de las obsesiones.

Las flores decapitadas,
el eclipse cerebral,
la pasión agitaga,
el pez sin respiración.

Solo dame momentos,
asimétricos a este mundo.

Esa es la naturaleza del ego

Buscando ese rayo de luz, gotas de océano.
¿Quién llegará a lo divino?
¿Llegará ese sabor? ¿Llegará ese destello?
Existencia que me tienes a mal traer, emprende algunas almas valientes deseando esos primeros vislumbres.
Sacude mis cimientos con una danza interna, espero por tu vibración.
Deshazte de todo y de todos tus cconocimientos, ahora no te serán necesarios.
Encuentra tu propio ritual, la angustia y el significado me persigue con robusta fluidez.
Acusado por el solo como el mejor capriho, intento comprender.
Todo el mundo trata de dominar. Esa es la naturaleza del ego, no puedes cambiar a los demás pero cada uno puede cambiar por si mismo.