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Oportunidad

Me soltó su suave mano
para soltar su oportunidad…

De que las sombras tropiecen con su ser,
de que sus ventanas se empañen de otro aliento,
de que sus barrotes cambien de color,
de que sus palabras azucaradas consigan otra presa,
de que sus negros humos afinen toda su confusión,
de que los árboles pueden ser talados con los dientes,
de que el tiempo y el espacio no significan nada,
de que aún hay manos que anhelan posarse en su cuerpo,
de que hay ojos devorando su vasta inocencia,
de que hay distintas tonalidades de temblores,
de que hay derechos, precios y errores muy caros,
de saber que no se vive de ilusiones y amor,  
de saber que los fantasmas te comen la cabeza,
de saber que su necesidad es una víctima,
de saborear que la lujuria está en cualquier esquina,
de cambiar los matices de los ojos que la contemplan,
de montarse en un remolino que no lleva a ningún lugar,
de degustar lenguas con sabor a vacío, 
de creer que los poetas son decepcionantes,
de confirmar que el amor es un juego manipulador,
de que su confianza es una serpiente danzante,
de que la toga en el alma solo tapa las heridas y no las cura,
de que el ego puede pasar por encima de todos,
de que el dolor no entiende de cuerpos y es ineludible,
de que un abandono no tiene gusto a crimen,
de que todo puede ser nada y nada puede ser todo…

De seguir a las nubes que huyen
en vez de su herido corazón.

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Anómalos impactos

El perdón cava un estruendo,
en mis ojos,
en los tuyos.

Tus palabras eran un narcótico
que degustaba en silencio,
un pájaro agonizando en las sombras,
un alud aplastando a una cabra.

El aleteo de los instantes,
en mis manos,
en las tuyas.

Tus palabras eran una ventana
que empañabas con tu aliento,
una jauría hinchada de fiebres,
una estatua chorreando alquitrán.

La desnudez de las heridas,
queman en mi piel
y en la tuya.

Tus palabras eran un corazón
que convulsionaba y vomitaba sangre,
un alarido en la oscuridad,
un tañido en la sien.

 

Safe Creative #1006046511448

En la pista de disección

Sepulta tus labios de puñal,
junto a la cruz aterciopelada,
con la noche en tu retina,
quemando los suspiros hechizados.

Conozco del ciervo que recorre tus venas,
se parecen a mis escorias estampadas.

Danza en la pista ensangrentada,
no sería la primera, ni la última vez,
para lastimar tus melodiosos pies,
para sudar martirios y amnesias.

Alzo el reclamo de la luna abultada
de ese fuego gris tan confuso.

Inserta en tu pecho la daga,
que despliegue una aurora,
que el azufre domina la atmósfera,
con la alondra picoteando tu corazón.

Rompo el aliento edulcorante
como el cristal de promesas insostenibles.

Huellas de tedio

Su aliento dispara
una ingrávida luz
que hiere con cristales fragmentados
estos pensamientos franqueados.

Emerge un alba desgarrada,
símbolo de cenizas y aroma a sangre.

Sus párpados lanzan
flechas plateadas que desenmaraña
de un ovillo de silencio
protegido con sigilo.

Brota una lluvia rasgada,
símbolo de lagrimas tácitas y huellas.

Distante ante el enemigo

Mis ojos bucean
en palabras asimétricas,
en júbilos de carne
con disposiciones alterables.

Desgarré la estrategia,
pondré el puñal en mi mente,
así diseco la dulce fantasía
para someterme a la realidad.

Cansado de deambular
en el espiral con refracciones,
como un cuerpo adornado
con guirnaldas parpadeantes.

Socavación en el hielo,
con las rodillas quebradas
y añicos de aliento
para desterrar un quejido.

Tiempo putrefacto,
en las manos de la desidia.
Decapitando el ego,
para asumir la flagelación.

No consigo ni el intento,
devoro ilusiones pasajeras,
me aplasta la misma nada,
soy mi peor enemigo.

Miraré mis deformes pies,
me sentaré en la tierra,
y me electrificaré con aire
para contemplar lentitud.

Alas de intuición (de cuervo y mariposa)

Perdí una canción en el viento,
sacudí un sentimiento extraño,
nada fácil de digerir,
el sabor de la tragedia.

Caen las hojas.

Nos hacen creer
lo que parece.

La peor alimaña esperaba el reto,
transformado por accidente,
disfrutaba los móviles junto
a los cuervos de los necios.

Se quiebra la mariposa.

Esperé su aliento
como una redención.

Escuché la esencia agitada,
atrapada en una campana dorada,
aleteando nostalgias de piedra,
barajando para asesinar silencio.

Crujen sus pestañas.

Ahora no brilla
como solía hacerlo.