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El fino arte

Enjambre de su voz castaña
se esparce sobre mis pupilas,
saliente textura costal,
acunada por la sombra de mis palabras.

Sobre el campo del deseo,
segamos y cosechamos los raptos y las tiranías
del instinto y el placer (animal, no-animal)
tejidos remojados en amoníaco.

Una vigilia clavada de a moretones,
gotera de un cántaro de vino,
cuerpo signado de caídas,
vigor colmado de desespero.

Ahorca su diminuta sensatez,
suspendida en la inquietud de mi mirada.

Cuerpos tallados en el abismo,
abandonados coágulos de ternuras voraces,
intenso perfume de su carne,
caricias con sabor a muerte.

Sanguijuelas

Despedazar mi cuerpo
para que resplandezca el dolor,
ahogarme en mi propia sangre
para saciar esta frustración.

Caprichosa y celosa luna,
compañera fiel en tantas noches,
pido un poco de tu polvo,
de tu molécula gris y atestada.

Congela mi cerebro,
regala mis ojos inservibles.
Los cristales de una botella rota
astilladas en el ventrículo.

Mi corazón es un fruto podrido
que se hamaca y discute
de filosofía con el diablo,
en una mesa ratona de algún suburbio.

El abismo tiene el sabor
dulce de tus labios.

Mas allá de los límites

Palidez detrás de los ojos,
forman estacas,
devastan y carcomen,
aprisionan la piel sedienta,
suda tormentas en esponjas…

Me venden al río.

Tempestad entre los vientos,
forman susurros,
flotan en la bruma,
exclaman los huesos en polvo,
nuda bermejos en quemaduras…

Me venden al río.

Un beso
por
el abismo…

pero siempre de la mano.

En la anchura del tiempo…

Abismo de cordial invitación,
cHacal que todo lo embiste,
plOmo de oro falso en mis yemas,
embRiaguez de miel destellada
acabA en un refucilo mudo.

Mitología movediza,
sEca y famélica mirada.

Cocido para ser atropellado,
pAladar ampollado de abundancia,
inNegable paso de huellas ocres,
criStal de reflejo generoso
enmArcado por la tormenta mental.

Potencial diluida en esmaltes,
tEmblorosas son sus luces crepusculares,
veNas de musgos frágiles,
manSedumbre angustiante engullida,
anclA el alma al pavimento,
clamoR nocturno y reciclable,
espíriTu de blanca tempestad
ignorantE ante el fuego de la intuición.

Desnuda sed, espíritu ahogado

Tus pupilas amortajadas,
trazan una órbita cortante
haciendo del aire esquirlas,
haciéndome astilla, resquicio.

Sueño que lame pies,
secuenciándoce en pálidas sugestiones,
retorna la selva de mi cristal,
en un sacrilegio beso al abismo.

Sepultando toda ofensa en la amarga luz
con lagrimas dulces devenidas de la distancia
en silencios rigurosos, mordidos,
vestidos de ardor y complacencia.

Así, escupo kerosene.

Atmósfera nocturna

La noche tiene ojos de pupilas dilatadas y largas garras que acarician. Se percibe un bramido de resquemor, un estrépito interior confabulado por aureolas fogosas. Estrellas de color sazón, ineludibles de movimientos infalibles insertándose en las sombras que vadean por la atención de los buitres galanteados, agazapados, armados filosamente preparados para los descuidos y las caídas.
Crecen los cementerios a raíz de los desencantos. Los halagos son la moneda corriente que gira con una eternidad brillante. Pero las mentiras están hechas de mentiras y nada mas.
Evolucionan las horas dentro de la música de fondo que puede perturbar, angustias que bailan con hondos espasmos.
La noche impregnada en el cuero, siempre con una actitud amenazante que parece tambalear en el abismo.
Son las féminas, los seres mas bellos que creó este mundo, reinas sin coronas que no se cansan de transgredir con ese sepulcroso silencio falseado de necesidad.
Somos los perpetuos obnubilados que yacen en la tormenta de luces artificiales, la dicha de una muerte salvaje y digna. Cuerpos magnetizados por la furia y el descontrol, que la vida se encarga de reprimirnos, desinhibidos por las tinieblas, es la sed ardiente en la que los corazones desgarrados ahogan como rebeliones de mil gritos de dolores acumulados.

Una reacción de vida

Dominio voraz,
cruza el nombre de la ciudad
junto al silencio
que resucita el sueño.

Depresiva belleza,
cosecha de soledad intolerable,
insondable abismo ruín
de pasos transparentes.

Ella revolucionaba sus pliegues
con humo y cenizas,
inmovilidad vibrante
de desgracias prerrogativas.

Oxidado destino empeñado
a punto de asediar su modelo
incansable declinación
que vigoriza trastornos.

Paradigma del simio aturdido

Ido en el día en que iba
la presa no pesca perdiz
faltaba frío en el lío alzado
mas juglar encendió celos.

Arribo al castigo del testigo
que ofrece con creces los peces
aireados mareados de montos
sucios besugos corruptos.

Agarra la manga desnuda
que chorrea sin correa desierta
de fulgor ardor y comezón
al son del timón sin brillo.

Intro designio estático
sirenas marchitas estrangulan
paciencia demencia interior
con arraigo sobresalto tos.

Daño contrajo el temor
medida sin prisa al abismo
cuando arden tuercen y escupen
pañuelos limpios granizados.

Mal trago para el vago
que sordo de igual canción
perece de insomnio y felicidad
sin cuartos techos ni opiniones

Capa se agita de susurros
en los murmullos del mangrullo
pisa la ventana arrastrada
que en paz de faz dibujé

Era sin pena que enajena
al mentón recto directriz
para la rana comensal funesta
que supo en gris creer.

Sápido

Herida caliente,
tapizada de rayos,
labios cargados de esplendor,
pálabras teñidas de pantanos.

Vestido atonal,
tablada en la miseria,
flores de fuego violento,
colores fundidos de lujuria.

Días azucarados,
tajeados en tus hombros,
joyas de agua podrida
ensordecidas por la rabia.

Gritos goteando,
tambaleando en lo real,
ojos encerrados en el ayer,
haciendo una noche sabor abismo.

Santa del abismo

Bebiendo tinieblas,
tratando de olvidar
a mi única estrella muerta.

Amanece el sol negro de la melancolía,
te perdiste desde que un extraño
derrumbó tus dioses de barro.

¿Volverán algún día
tus lágrimas adornadas
a deslizarce por estos lugares?

Me pierdo siempre aquí
sembrando en tus desiertos,
sos mi santa del abismo.