Los nombres del olvido

La mirada del deseo
igual a la de un chacal desesperado,
taladran en las pupilas de la víctima,
donde no hay suburbio a huir.

En sus labios húmedos,
fluye un río presuroso.

Los cazadores renguean
en tierras áridas, perdidas,
en noches sin luna
sin presas fáciles que aprehender.

A la sombra desmesurada
bajo los nombres del olvido,
las alegrías y las penas
retumban en el interior.

En sus dedos de sal,
emprende un siniestro imperecedero.