Archivo para la categoría ‘Lauris’

Doble o nada (Continuación)


Doble o nada (1ra parte)

Nuncatenés que abandonar la mesa, fue lo primero que me dijo Ernesto cuandodescubrimos que a los dos nos unía esa relación especial con el juego.Erael primer mandamiento en la biblia del jugador.Nosteníamos que quedar ahí pegados a nuestro pleno y no irnos con cualquiera,dejar la mesa como lo hicimos. Lo pienso y no entra en mi cabeza. Nos dejamoscegar por el éxito.  La certeza de que habíamosganado tanta plata nos nubló la razón.Queyo haya caído en la red de la desesperación era entendible pero Ernesto era untipo con experiencia. Antes de conocernos había ganado mucho dinero. Solo queno supo retirarse a tiempo y así como ganó también lo perdió todo. Muchas vecesme contó sus anécdotas de jugador compulsivo. Mientras a mi me horrorizabaescucharlo a él le apasionaba contarme que pasaba día y noche sentado en algunamesa. Que no comía, que podía estar una semana sin bañarse porque el poco quetiempo que pasaba en su casa lo usaba para dormir y volver a jugar al otro día.Sequedó con lo puesto el día que abandonó esta adicción. Pero como todo enfermo tambiéntenía recaídas y yo lo acompañaba.Siemprefui una jugadora social. Nunca gané grandes cantidades ni tampoco perdí todo.Pero mis visitas al casino eran frecuentes. Allí nos conocimos, una noche en elque me iba con unos buenos pesos y Ernesto se me acercó. A las pocas semanasestaba casi instalado en mi casa. Me gustaba mucho pero era inconstante, nadalo llenaba, no podía asumir compromisos, y ya hacía tiempo que tenía ganas decortar la relación.Lacabeza trabaja a una velocidad única. No van a creerme pero en el momento quela bola se posó en el doble cero supe que era el boleto para alejarme de él.Todo pasó rápido por mi mente. Imaginé que él iba a enloquecer con el premio yla verdad yo no tenía ganas de compartir nada con un tipo así. Los roles secambiaron entonces, y él se dio cuenta. Disfruté la desesperación que sintió enese cuarto en que nos dejaron aquella noche. Y aunque me separé de él llorando,cuando los patovas nos mandaron en dos autos diferentes, yo no quería estar conél ni verlo más.Elviaje fue largo, uno de los tipos me hablaba. Me decía que estaba bonita y mepreguntaba que hacía con ese pelotudo. Cuando me bajaron en el descampado sentíun miedo atroz. Me hicieron caminar varios metros. Yo quería correr pero tenía pánico.Estaba de espaldas y esperaba el sonido de la bala. Desde que me sacaron delcasino tuve la certeza de que me iban a matar.¿Quéraro es sentir que te llega la muerte? Lo único que esperaba es que fuerarápida. No quería sufrir. Si me pensaban matar que lo hicieran. Había muchosilencio y luego un golpe muy fuerte. Eso lo recuerdo bien. No se si fue unpalazo o que pero la sensación que mi cabeza se rompía en mil pedazos fueclara. Un golpe seco y fuerte y el calor de la sangre que brotaba. Caí en elpasto, eso fue lo último que vi.Todavíano puedo abrir los ojos pero escucho el murmullo de los médicos. Hago fuerzaspara mover la mano, o para articular palabra pero no puedo. Solo entendí que dijeronque había una lesión importante y que no sabían todavía como iba a ser mirecuperación. Solo necesito abrir los ojos… abrir los ojos, necesitoconcentración…
-Doctor,mi hija abrió los ojos…

Fotos-de-ojos-6

DOBLE O NADA

-Jugala a doble o nada- dijo Ernesto cuando vio en mi mano todas las fichas que me quedaban y mi intención de poner solo unas más en la mesa.

Eso tenía Ernesto, le encantaban los retos, y más si los retos eran míos. No sé si él hubiera sido capaz de poner todas las fichas al doble cero. Pero cuando la ruleta paró y los ojos del croupier salieron de sus órbitas me di cuenta que mi suerte y mi valor habían pasado la prueba.

Ernesto me abrazaba, me besaba, gritaba como un loco, la gente aplaudía a mi lado, los miraba girar felices como si el dinero fuera de ellos. En el casino había corridas, una rubia de esas que parecen promotoras del TC gritaba con una voz chillona que perforaba mi tímpano,

-Hizo saltar la banca, hizo saltar la banca- y yo entre nervios pensaba en Gerardo Sofovich o Jacobo Winograb. Que pensamientos raros te vienen en los momentos menos esperados. Y además yo sabía que no había hecho saltar nada.

Enseguida un asistente que no tengo idea de donde salió se acercó a mí y me dijo algunas palabras al oído. Me custodiaron junto con Ernesto a una sala pequeña pero antes tuvimos que caminar por unos pasillos bien luminosos hasta llegar a un corredor que tenía las puertas de varios ascensores. Nunca habíamos visto un lugar así en el casino, y eso que éramos concurrentes habituales.

Una vez adentro subimos, creo, tres pisos y llegamos a esta salita pequeña, toda pintada de blanco y con una ventana con vista al rio. Me senté en un silloncito a esperar y Ernesto caminaba para todos lados como si sufriera un trastorno de ansiedad.

-Flaca, ¿dónde nos trajeron? ya me empiezo a preocupar- dijo  algo nervioso- ¿Cuanto más nos van a tener aquí? ¿A qué hora vinimos?

-Callate querés, no se bien, serán cosas de rutina. Tendrán que darnos algunos papeles, acordate que es mucha, mucha guita la que gané.

-Ganamos querrás decir flaca o acaso no vas a repartir el premio conmigo. Creí que había quedado claro que era una sociedad, en buenas y malas

-¿Sociedad?-le dije- ¿de dónde sacaste eso? Sociedad ahora que gané, cuando ganas vos  no hacemos ningún arreglo me parece o me diste algo antes.

Ernesto tiene la puta costumbre de mirarte desafiante, como queriendo demostrar que es el único que tiene la razón. Esta vez no me gustó.

-Mira flaquita no me vengas con eso ahora, y acá, cállate la boca, lo hablamos cuando  estemos en casa.

-¿En casa? De que casa me hablas Ernesto. El tequilita que te tomaste hace rato te hizo mal. Desde cuando mi casa es tu casa.

Las mujeres tenemos eso, somos capaces de hablar de las cosas más profundas en el lugar y el momento menos indicado.

-No te querés quedar a dormir, tenemos sexo y te vas. No dejás que diga que sos mi novio. Somos amigos, tenemos una relación especial, decís. Y ahora que gané esta platita me venís con “lo hablamos en casa”. Es mi casa chabón. Que te quede claro.

Cada vez me miraba peor. Me di cuenta que tenía ganas de darme un cachetazo, pero no lo iba a hacer, era bicho, justo ahora que yo había ganado tanto en la ruleta, él no me iba a dejar. Me imagino lo que estaría pensando. Departamento nuevo, viajes, ropa  de marca como le gusta comprar, perfumes. Justo ahora Ernesto no me iba a dejar. Era gracioso ver como se tragaba su orgullo cuando me dijo

-No seas tontita, si vos sabés que yo te quiero.

Me le reí en la cara, me le reí a carcajadas. Me interrumpió la llegada de otro hombre. Fue el que nos dio todas las indicaciones.

-Los hicimos esperar porque necesitamos que venga el abogado de la firma- comenzó diciendo- el va a ser el encargado de explicarles lo que pasó.

-¿Lo qué pasó? – se preguntó Ernesto, y frunció el entrecejo entendiendo algo que yo no entendía.

-Sí, indudablemente ustedes sabrán que el casino no dispone del dinero que la señorita ganó. Así que en cuanto llegue el abogado hablaremos con él.

-Para un poco rubio- rugió Ernesto- no hace falta que traigas a ningún abogado, vos nos vas a pagar lo que ganamos, no vamos a arreglar nada de nada.

-Le pido que se tranquilice caballero que pronto vamos a hablar- fue la última palabra que dijo el rubio antes de cerrar la puerta.

Ernesto quiso seguirlos pero como era lógico nos habían dejado encerrados. No se si no fui consciente de lo que pasaba o era la hora o el alcohol, pero mientras él estaba como loco yo no podía contener los bostezos.

-No te duermas infeliz- me dijo- en tu cabecita hueca ¿no te entra lo que está pasando? Ganamos mucha guita flaca, mucha y estos cuervos nos quieren arreglar vaya a saber con cuanto.

- Si pero que podemos hacer, hasta que no vengan no sabemos nada.

-Flaquita nos tienen encerrados no se desde hace cuanto, despertate de una buena vez. Vos me preguntas siempre por qué soy así con vos, porque me enferma tu actitud. Te estás durmiendo cuando nos acaban de decir que no nos van a pagar la plata que ganamos.

No se cuantas horas pasaron pero ya era de día, el estomago me dolía, eran nervios y hambre. Yo me había sentado cerca de la ventana, corrí el silloncito y miraba como salía el sol. Él por el contrario no paró de moverse, se comía las uñas y refunfuñaba cosas que ni recuerdo. Cuando supongo eran las 9 de la mañana una señorita muy bien vestida nos trajo unos desayunos de Mc Donald. Venía acompañada de un gordo que seguramente era de seguridad.

Ernesto les gritaba, les hablaba de su indignación y la falta de respeto, ellos nos dijeron nada, dejaron la bolsa y se fueron.

Yo me tomé el café con el tostado y el jugo. Él no quiso probar nada.

-Comé algo al menos, aunque te enojes nos van a atender a la hora que quieran- me miró con odio.

Pasada una hora y media nos vinieron a buscar. Esta vez no fueron tan amables como cuando nos llevaron, no estaba el rubio de la noche anterior, ni la señorita, ni el gordo.  Eran 4 hombres que parecían de seguridad. Nos tomaron de los hombros como si fuéramos delincuentes, nos sacaron nuevamente por el ascensor. Salimos al subsuelo del casino, ese si lo conocía, eran donde funcionan las cocheras. Estaba vacío, ni siquiera estaba nuestro auto. Ernesto me miró mal. Creo que se asustó como yo porque no dijo nada durante ese el tiempo.

Nos separaron dos viajaron conmigo en un auto y dos se fueron con él. En vano fue pedir que nos dejen juntos o gritar que nos digan donde nos llevaban. Lo último que recuerdo fue un golpe fuerte en la cabeza después de bajarme en el medio de un descampado. Y ahora esto…


coma

Continuará…
.
Lala ʚϊɞ
.
http://blogs.clarin.com/usuarios/lauris/
http://blogs.clarin.com/usuarios/marmota/
http://blogs.clarin.com/usuarios/moscato-pizza-y-faina/
.

Don

doblecara

Tengo sueños proféticos.

Y no es gracioso ni simpático. Muchas de las veces, cuando sueño temo que al otro día pase una tragedia o que me llamen para decirme que tal o cual espichó.

De manera racional investigué todo lo que tenía que investigar, me han dicho que es imposible, que son coincidencias, pero cuando las cosas empiezan a pasar, yo me cago en las patas.

No me gusta.

Desearía que desaparecieran, no soñar más. Sin embargo una que otra noche se aparece ante mi, como si estuviera viendo una película en el cine. Veo la escena completa, con los actores de la historia desempeñando claramente su rol.

No, no es un deja vu. Es una premonición.

Recuerdo patente uno de los últimos, tres mujeres lloraban al muerto, yo las miraba y les decía que porqué lo velaban antes de tiempo, ellas respondían que estaba muy mal, que ya pronto moriría.

Y así fue, al medio día del día siguiente el teléfono sonó y antes de atender supe lo que iban a decirme.

No suelo contarlo, porque si lo cuento voy a tener que contarles también que cuando sueño se aparecen ante mí a decirme si están bien o mal.

Él está bien, tranquilo, en paz, por ejemplo, pero ella, la esposa de mi jefe, ella no está contenta. Claro es muy distinto ella se fue antes de los 50, el casi a los 80.

Pero que voy a hacer, tocarle la puerta de la casa y decirle: jefe, mire su mujer está preocupada, no puede irse porque ve que usted y su hijo no están haciendo nada bien las cosas. Me va a pedir psiquiatría, de eso estoy segura. Pero también que puede hacer un tipo que de buenas a primeras se queda viudo.

En casa convivo con los espíritus, no los veo, pero siento que están. Hubiera creido que solo me pasaba a mi si no fuera porque mi hijo más chico también ha manifestado la presencia. No me gustan los fantasmas que vienen a la noche me dijo el día en que yo tampoco la pase muy bien al dormir.

Curo.

No sé cómo, pero si se que alguien está mal, me concentro, entro en un trance que no puedo explicar y pasado un rato siento que voy curando. Cosas simples, pero estoy segura que podría curar enfermedades más complejas.

Puedo leer las cartas, si miro la televisión y están tirando el tarot  y esas cosas, puedo interpretar los arcanos antes que la tarotista lo diga, tengo una total exactitud sobre la lectura que están realizando.

Se que de intentarlo podría hacer cosas  grandes en estas artes pero no quiero. Lo mío son las ciencias exactas, mi formación es en la matemática y la física. Medible y comprobable.

A veces tengo la sensación de que soy dos en una, una despierta y otra dormida. Una consciente y otra en trance. Tratando de descifrar esos enigmas que circulan en mi. Algunos dicen que es un don, yo no estoy tan segura.

Y lo peor de todo es que como no se lo que viene,  no duermo más tranquila y siempre estoy a la espera de lo peor.

Esa Chica

Esta chica, un día estaba empapada, le caía agua del techo y sin embargo, me miró y me dijo te amo, nunca sentí nada igual. Como iba a dejar escapar a alguien así, alguien tan especial, capaz de estar en la peor crisis, mirarte a los ojos y dar tanto amor.

No eran estas las palabras que Juan iba a decir en la boda de su hijo. Las que había planeado eran totalmente distintas, en ellas les deseaba lo mejor, que sean muy felices y que pronto formen una familia. Se había castigado desde el día que conoció  a Clara, desde el día en que se dio cuenta que estaba enamorado de ella, desde el día que supo que ella también se enamoró de él,  algo que le resultaba imposible de creer.

-Juan se me cayó el techó.

-Mi hijo no está.

-Estoy desesperada, me entra agua por todos lados.

-Dame unos minutos que voy yo.

Era un hombre grande, pero aun era un hombre joven y llevarle 20 años no le parecía una locura. La locura era que esa mujer era Clara y que él hasta ese día era un tipo feliz.  Llevaba exactamente 25 años de casado. Y Clara era una buena chica para su hijo.

Los invitados comenzaron a bajar las copas de lo que debió haber sido el brindis del padre del novio, la música dejo de sonar y un murmullo invadió el salón. Dos lágrimas gruesas salieron de los ojos de Juan cuando bajó la suya. En segundos que no pudo contar se levantó de la mesa en la que su esposa miraba desconcertada, y se acercó a la mesa de la novia, Clara le extendió su mano y un vendaval de brazos sostuvo al novio que quería caerle a golpes a quien le robaba a su mujer.

Clara no habló, como rescatada de un secuestro tomó la mano del hombre que realmente amaba y empezó a caminar con él. Los teléfonos grababan la escena, su madre lloraba y su padre era detenido para no matar al viejo que se llevaba a su hija.

-Se te tapó el desagüe. Ya no va entrarte más agua. Podés quedarte tranquila.

-Gracias.

-Cambiate te vas a enfermar.

Salieron del salón, era una noche rara, demasiado cálida para ser julio. Ella no llevaba dinero, ni siquiera un abrigo, él lo poco que podía tener en su billetera. Caminaron apurados por la avenida pensando adonde ir a parar esa noche. La gente los miraba cómplices, creo que por las caras intuían que esta pareja no era normal.

Caminaron un buen rato sin decir palabras, Juan se encontraba abatido y Clara recordaba las veces en que había fantaseado con ser secuestrada el día de su boda.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me mirás así?

-Te amo.

-¿Adónde vamos a ir?

-No tengo idea, no tengo idea de nada.

Clara pequeña como era tomó el manejo de la situación.

-Tenemos que desaparecer unos días, vamos a mi casa necesitamos ropa y dinero. ¿Vos tenés tus documentos?- Juan asintió con la cabeza- Vamos a Rosario, tengo una amiga allí. Ella nos va a dar una mano.

Tomaron un remis en una agencia. La empleada le toco la cola del vestido y pidió tres deseos. Hacen una linda pareja- pensó mientras salían. En menos de una hora ella estaba cambiada, había armado un pequeño bolso y salían de allí. El se fue con lo puesto. En Rosario comprarían algo de vestir.  Tomaron el tren hasta Retiro. Y de ahí, el pasaje a una nueva vida aunque sea de algunos días.

-Estás loca Clara.

-Si, por vos. Y no me quiero casar.

-Estás loca Clara.

-Yo también se lo que sentís.

En el micro ella durmió sobre su hombro. Él le acariciaba la cabeza y trataba de pensar en lo que había ocurrido. Llegarían a Rosario de día y pararían en algún hotel la primera noche.

Las cosas son más fáciles en los lugares en los que sos desconocido. Al bajar del micro, tomaron el primer taxi y pidieron al chofer que los acerque a algún hotel no muy caro. Llegaron a una posada de piedras blancas, cerca de la plaza, se asentaron como Juan Aquino y su señora.

-Clara, hagamos como que esta conversación no existió.

-Te amo

-¿Y qué querés que haga?

-Que lo sepas Juan.

Los espero una habitación luminosa, de ventanas amplias. Juan se sentía un chico en su noche de bodas, Clara se sintió virgen otra vez.

-Chiquita, es una locura.

-Si. Lo se. Y me doy cuenta de lo que sentís.

-Si. Pero hay cosas que son imposibles y esta es una de ellas.

-Te amo, le dijo ella antes de desnudarse.

- Chiquita, es una locura.

- Si lo se, pero ya estamos en el baile Juan, así que bailemos- dijo clara y empezó a desvestir a su suegro.

boda_1

Costumbre

Corcobado_Soyuz (Foto Colectivo Anguila)

No le gusta que lo llamen por su nombre… y sin embargo me dice Laura…  Le gusta el Cabernet Souvignon y las comidas con pimienta negra. Escucha Orishias con las mismas ganas que Die Arzte y  baila a la perfección. Es alemán.  Sonríe y la hilera de dientes me asombra… pero vive serio. Admiro su belleza y su carisma… él admira mi inteligencia y mi imaginación. Me habla con la mirada y le respondo con los gestos. Lo acaricio cuando está distraído y lo veo dormir. Me besa el cuello cuando cocino y me exprime las naranjas para el jugo. El sexo con él es bueno… sabe darte eso que hace que no quiera buscar afuera lo que me ofrece adentro de las cuatro paredes de la habitación. Somos el uno para el otro y sin embargo, no nos amamos.

Él  necesitaba la visa… si, si como en las películas. Yo necesitaba no envejecer sola. Le dije si a cambio de un hijo, que nunca que llegó, porque las vueltas de la vida no siempre hacen lo que nosotros queremos. Ya vamos para 8 años juntos. En ese entonces estábamos en Nueva York.

Hay días en que no conversamos ni una sola palabra. Él va para su trabajo. Yo para el mío. Luego llegamos,  cada uno se baña y a dormir. En cambio hay otros, que no solo salvamos el mundo sino que también  nos preocupamos de todos los mundos posibles. Amamos Stars Wars.

Somos como cualquier pareja. Ni más ni menos como cualquier pareja. Al fin y al cabo después de tantos años, en cuál de ellas perdura el amor.

link de la imagen

Amantes 1

-Amor…  – me dijo mientras yo pasaba apurada delante de él- te pusiste al revés la remera- y me sonrió.  Devolviéndole la sonrisa, dejé sobre la mesa la taza de café que llevaba en la mano y me quité la blusa y la acomodé. Me gusta usarla, me deja al descubierto un hombro y me hace ver sexy. Me acerqué a él y lo besé despacio, como señal de agradecimiento a su atención. El siempre estaba atento a mí y mis despistes. Mientras lo besaba sentí el aroma del  champú en su pelo. Cualquier fragancia le quedaba bien. Me hizo girar, sacó una pelusa del ruedo de mi pollera y acomodó la etiqueta del cuello. Tomé nuevamente la taza y empecé a ojear el diario, aún me cuesta leer diarios online y recibo mi periódico cada mañana.

-¿A qué hora salís esta noche?- me preguntó. Lo miré por encima de mis lentes. Tenía un día duro. Dos casamientos, uno al mediodía y otro a media tarde. – Supongo que a las nueve.- no es fácil peinar a dos novias.

-Paso por la peluquería y nos vamos a cenar, inauguran esta noche un restaurant japonés que quiero que conozcas. Tiene una decoración que creo te va a fascinar.

- ¿Entonces va a ser mejor que  lleve ropa para cambiarme?- le pregunté pero lo negó con la cabeza como dándome a entender  que así estaba bien vestida.

Terminé el café, vi en Sociales que anunciaban el casamiento de la tarde y dejé la taza y el diario sobre la mesa. Empecé a controlar que las herramientas estén todas y completas. Él me alcanzó mi chaqueta bien planchada y me pidió que no la arrugue. Siempre me repetía que además de mi trabajo, la estética era muy importante.

Fue una tarde agitada, la novia de la mañana era bellísima y no costaba nada hacerla relucir. A la de la tarde los nervios le jugaban una mala pasada, lloraba y había que retocarle el maquillaje y hasta último momento no estuvo conforme con el peinado.

A las nueve pasó a buscarme por la peluquería y nos fuimos de la mano al restó japonés. No me gusta mucho su círculo de amistades. Creo que nadie tiene idea de cómo es él.  Los flashes no paraban.  Me senté con un grupo de desconocidos alejados del bullicio de la prensa. Su esposa aún no llegaba. Me molesta que me someta a estas situaciones. No necesito que me lleve para saber lo que siente por mí.

Se acercó varias veces a mi mesa y en una de las tantas me preguntó si me gustaba la decoración. No llegue a responderle porque su mujer entraba por la puerta. Aun no entiendo como puede soportar saber  que está conmigo y no dejarlo.

Estoy cansada y pienso en irme. Él no va a querer.

La música suena despacio, mientras fumo un Virginia lo veo desaparecer.

Escapemos juntos- decía el mensaje- ahora.

Salí sin despedirme, él me esperaba en el auto.

-Vamos  a tu casa esta noche. No quiero volver a mía – dijo – me voy a separar.

Fingí creerle, una vez más mientras me llevaba por Palermo.

He visto al rey y no he reconocido la corona

.

Que boluda que soy.

-No tengo una puta idea de como vamos a hacer.- me dijo Sergio. ¿Dónde vamos a conseguir esa versión a esta hora?

- No tengo la menor idea. Ya pasamos por todas las disquerías y nada. Achaval nos va a poner un tremendo NP- le respondí.

Con Sergio formábamos un buen equipo, además de vivir cerca teníamos maneras de pensar muy parecida. Desde la primera clase en la carrera nos habíamos sentado juntos y no teníamos la intención de separarnos.

El profesor de taller (de periodismo) nos había dado una consigna clara: caminar por avenida Corriente, identificar cada una de las señales del tango (bares, monolitos, placas) y conseguir la versión de la canción Ladrillo del año 1933. Con todos esos datos, elaborar una nota color llamada… “Retazos de tango en Buenos Aires”.

Después de varias horas de búsqueda ya teníamos la mayoría de las cosas solo nos faltaba la canción.

Serían las once de la noche y estaba fresco. Sergio me dijo de tomar un café y fuimos a un bar sobre Corrientes, ese que tiene un cartelito que dice “Chocolate con churros” en la puerta. Me senté sobre la ventana que daba a la calle y mientras tomábamos un cortado tratábamos de pensar como conseguir el bendito tema.

- Mirá quien pasa por ahí.- me dijo Sergio.

Miré y era nada más y nada menos que Jorge Dorio… la sinapsis neuronal hizo su labor y en ese momento recordé donde podíamos escuchar ese tema.

- A Fm tango tenemos que ir, Sergio-. le dije.

Pagamos el cortadito y nos fuimos al Centro Cultural General San Martín, donde funciona Fm Tango y Radio del Plata. Cuando llegamos le explicamos al chico de seguridad lo que necesitábamos. De buena voluntad (o viendo nuestras caras de desesperados) nos dejo pasar y fuimos a ver al operador. No estaba solo.

Cuando llegamos nos miró asombrado esperando vaya a saber que cosa de nosotros. Era un pibe joven y estaba acompañado de un hombre de unos cincuenta y pico. Ambos se quedaron en silencio unos segundos hasta que nosotros hablamos.

-Necesitamos escuchar el tema Ladrillo-dije y mientras yo hablaba el hombre se retiro dándole un beso en la mejilla al operador-  una versión del año 33. Mucho más no puedo decirte.

- Se de que tema hablás-. me respondió- pero acá no está, tendrías que ir al archivo.

Y hacía allí marchamos con Sergio.

Las casualidades (o causalidades) existen, pensé, al ver al hombre otra vez, algo en su cara me resultaba familiar. Campera de jean azul, un pañuelo en el cuello, una gorra o boina negra (o algo así) en la cabeza, que por lo que parecía era calva.

- ¿Me están persiguiendo?- nos preguntó.

No- dijimos y nos sonreímos.

- Venimos por el tango Ladrillo, una versión del año 1933, ¿será que podemos escucharla? - preguntó Sergio.

De muy buena voluntad el encargado del archivo nos buscó e hizo escuchar la versión, tomamos apuntes sobre el tema, escuchamos lo que él y el otro hombre nos contaron y empezamos a irnos.

- No molestamos más- dije.- gracias.

- No gracias a ustedes-. nos respondió el hombre con una voz que también me resultaba familiar.

Cuando estábamos bajando el ascensor Sergio, me agarró del brazo fuerte, me miró y ahí caí en la cuenta de con quien habíamos estado.

Su majestad frente a mis ojos y no me di cuenta… ¿será por eso que se habrá quedado ahí?

Volvimos en auto a casa, repitiéndonos sin cesar está historia, más digna de publicar que las vicisitudes del tango en Buenos Aires.

Esa noche dedique una cerveza y una seca en su honor…

“Te ves en el pequeño espejo del mundo de hoy

y no querés que la lima del tiempo lo muerda otra vez”

Que boluda soy…

redondos

La secta y el sacrificio

ritual

Bella como solía aparecer  en esas noches la más pequeña de las hijas de Alejandro, al que todos llamaban el maestro, se acercó al centro del salón. Había llegado el momento justo. La divinidad aparecería esa noche y darían prueba de su devoción entregándoles a la joven.

El maestro no iba a estar presente, esta vez no sería capaz de presenciar el sacrificio, había entregado ya, a tres de sus hija pero con la menor su parte humana iba ejercer influencias y no sabía si podría dejarla morir.

Los inquisidores, como solía llamarlos en mis pensamientos,  la untaron con unas cremas aromáticas, y le pusieron una túnica celeste que la hacía más que angelical. Llenaron su cabello de aceite de coco. Y empezaron luego a entonar  cánticos medievales.

Me sentía en una mezcla de ritos. No sabía si estaba en la edad media. O estaba metido en un programa bizarro del estilo de Documentos América.

Lo cierto es que quería  una nota inédita y me fui adentrando en este mundo de las sectas y de allí me ha costado mucho salir. He experimentado sacrificios rituales de animales pequeños  que me produjeron  mucho asco: gallinas, gatos, hamsters, pero  esa noche debería presenciar la muerte de una persona, recuerdo que sentí nauseas todo el día, yo sería incapaz de permitir que maten a esa chica.

Mientras las luces se apagaban y la música sonaba más fuerte, los integrantes de esta secta comenzaron a aplaudir, lo hacían en clave de mambo… en tres dos, para que me entiendan. (tatata- tata )

Y Bella que ya estaba ubicada en el centro del salón, miró para el cielo. No tenía miedo. Había nacido sabiendo que sería sacrificada. ¿Cuántas vidas se abran cargado estos enfermitos? Me pregunté más de una vez.

El segundo del grupo, llamémoslo el ayudante, le acarició el pelo. Comenzó a hacerle girar la cabeza de derecha a izquierda y mientras tanto metía sus dedos en la melena oscura. Ella obedecía los estímulos de él. Y giraba o se movía como le solicitaba.

La vibración del aplauso que no cesaba, la música cada vez más fuerte y el baile de Bella generaban una energía que aún no puedo explicar.

Cuatro mujeres mayores se  acercaron, la pequeña dejó de bailar y levantó los brazos, entre ellas le sacaron la túnica y la dejaron completamente desnuda. Tendría catorce años, un cuerpo exuberantemente sexual. Jamás la había notado así. No tenía pelos, había sido preparada para la ocasión.  Otro cliché más, estos van a sacrificar a una virgen.

Colocaron sobre la mesa a la chica, desnuda, mirando el techo pintado como una burda copia de las capillas del renacimiento. Se acercaron al que hoy oficiaba de líder y también le quitaron la túnica. Pude observar para mi asombro que también estaba desnudo y depilado. Estaba erecto, supongo que excitado por la belleza de la chica. Como voy a decir supongo, seguro que era por eso, si yo, a una distancia de varios metros y mirando la escena con bronca y miedo me sentí excitado también.

También se colocó en la mesa y comenzó a juguetear en el cuerpo de ella que pareciera no tener miedo. Yo si lo tenía, recuerdo que mire mi reloj, la hora estaba llegando, como lo tenía planeado me fui despegando del grupo y me acerqué  a la ventana más grande del salón, todos estaban entrando en estado ritual, nadie prestaba atención a mis actos. Destrabe las ventanas como habíamos quedado. Y me alejé. Aun no había violado a la niña, parecía excitarse más y más cuando jugaba con ella.

De repente sentí un estruendo, gritos y movimiento. La policía entró  armada, algunos vidrios volaron por el golpe, la gente intentó correr, el encargado del ritual fue detenido y se llevaron a la niña tapada con una manta.

La secta se desbarató, muchos fueron detenidos,  yo fui testigo y  mi nota salió publicada. Sin embargo por las noches, mientras duermo,  vuelvo a sentir las palmas, la música ritual y la imagen de la niña en mi retina. Dicen que es porque la divinidad se había presentado. No lo sé, no pude distinguirla. Quizás alguna vez pueda olvidarme de todo. Por lo pronto de vez en cuando y sin entender el por qué sacrifico a un pequeño animal. Y palmeo en clave de mambo cuando tengo la imagen de Bella en mi memoria.

Quiero que me amen como a ella

abus

La segunda vez que me separé, Ramona se sentó al lado mío, me miró llena de furia y me dijo: tu problema es que no sabes elegir. La odie. Yo necesitaba contención, no que me echara la culpa de lo que había sucedido.

El sábado a las cinco de la mañana murió. Era joven, en realidad tenía 73 años. No pude derramar una lágrima. Lloré cuando murió Guinzburg, lloré cuando murió cada personaje… sin embargo aún no pude llorar por ella.

Hace ya,…ni recuerdo los años, cuando Alberto dejó de existir fue uno de los días más tristes de mi corta vida y este no lo es. Culpa no siento, creo que en la vida uno cosecha lo que siembra. Y si bien ella fue una buena mujer, nunca fue esas abuelas amorosas que uno suele ver en las películas.

Al único que amó fue a Alberto. Lo amó de verdad. Con los sentidos. Con el alma. Fue feliz, mientras él estuvo. Una vez que partió ella dejó que le llegara la hora. Su cara cambió. Se convirtió en una sombra. Había perdido el sentido de su vida. Ni sus hijos, ni sus nietos, ni sus bisnietos le devolvieron la sonrisa.

Nació en una estancia. Sus padres eran los caseros, hija de un joven inmigrante español y una aborigen  de San Luis que hasta ese entonces vivía en una toldería. Cuando era pequeña la muerte prematura de su padre, la trajo a la casa de los patrones en  Buenos Aires y ahí todo cambió. Una tarde a los catorce años estaba limpiando la vereda, cuando paso el chico de sus sueños. Era imposible no enamorarse de él. Era maravillosamente hermoso. Fino, delicado. Con una mirada verde esperanza. Y ella cayó rendida a sus pies. Él tenía diecisiete años.

Alberto, nació en la otra cara de la moneda. Hijo, también de inmigrantes. Se había criado en una casa llena de lujos y buenas costumbres. Su padre, vino a Buenos Aires por negocios y se quedó. Trajo consigo a su esposa, una actriz francesa en ascenso, amiga de Gardel, que viajo a conocer esa ciudad que le habían dibujado de mil colores. Y se quedaron aquí para siempre. En esa vida, llena de lujos y buenos modales se crió él. No fue al colegio porque los tutores iban a su casa a enseñarle. Aprendió remo, era gran nadador, tocaba instrumentos, escribía, era un artista en potencia. Una tarde, salió a dar una vuelta y se encontró con una chica extremadamente bella, con rasgos finos, una delicada piel morena y una cabellera negra que lo perdió.

No hace falta que les cuente que la familia de él no aceptó el romance y la madre de ella quiso mandarla nuevamente a la estancia. Ramona, no podía enamorarse de Alberto. No era posible. Ninguno de los padres lo iba a aceptar o permitir.

Pero ser joven y tener impulsos pasa en todas las épocas. Así fue como una mañana de junio de 1951 juntaron dos o tres prendas y se escaparon a una isla de Tigre que era de la familia.  Vivieron ahí su amor. Se juraron no separarse y engendraron a su primera hija, que fue nada más y nada menos que mi mamá. Cuando volvieron, los padres debieron aceptar el matrimonio.

Se casaron por civil y vivieron un tiempo en la casa de él. No fue fácil la vida de Ramona allí. Cuando pudieron, compraron un terrenito en José León Suárez y pusieron ahí, una prefabricada.  Imaginen ustedes a ese hombre, que todos vislumbraban  con  destino de Dandy, que hablaba mejor francés que castellano,  viviendo en una prefabricada con paredes de madera y techo de chapa, que se inundaba con la caída de dos o tres gotas, abandonando todo por amor.  Dejando atrás la casa de La Lucila con escaleras de mármol blanco, el té de la tarde en hipódromo de San Isidro, o las salidas al Jockey Club.  Supongo que será el amor.

Más de 50 años juntos. Cuatro hijos. Dieciséis nietos. Siete bisnietos.

Alberto murió una mañana después de agonizar casi seis meses. Del otro lado de la puerta de la sala de terapia estaba Ramona. No se movió de ahí ni un día. Escuchó como su corazón dejó de latir. Y nos dio la noticia antes que los médicos lo confirmaran.

Cuando llegó a su casa, se cortó el pelo bien corto. Años después supimos que es un rito que realizan las mujeres aborígenes de algunas  tribus cuando pierden a su compañero. Y nunca más fue feliz.

Vivió para su recuerdo.

El sábado a la mañana después de no luchar contra una enfermedad murió. Se acostó y ya no despertó.

Aun no puedo llorarla. Un día me dijo… sos tan igual a tu abuelo… y creo que fue su manera de elogiarme y demostrarme su  cariño y su admiración. Porque es verdad, yo soy de muchas maneras muy parecida a él.

Hoy debe sentirse feliz.

Quiero que me amen como a ella y quiero amar a alguien como ella lo hizo.

(Para mi abuela que se fue hace pocas horas, todo mi amor)


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog