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La mayoría de los 700 planetas extrasolares descubiertos son gigantes gaseosos situados a corta distancia de sus estrellas.

La mayoría de los 700 planetas extrasolares descubiertos son gigantes gaseosos situados a corta distancia de sus estrellas, lo que es normal teniendo en cuenta que son los más fáciles de detectar con las técnicas actuales. Pero lo que no hemos visto hasta ahora son exoplanetas con lunas o anillos. El asunto es de vital importancia porque muchos gigantes gaseosos descubiertos están situados en la zona habitable de su sistema. Aunque la existencia de vida en estos planetas gigantes es casi imposible -con el permiso de Carl Sagan-, sus lunas podrían ser otra historia.

¿Podremos ver exolunas? (Dan Durda).

Luis Ricardo Moretto y Adriana Valio, dos investigadores brasileños, han elaborado un modelo para simular estos sistemas y comprobar si pueden ser detectados con la tecnología actual. Los resultados son bastante llamativos y eso que están en la línea de modelos similares. Antes de analizarlos, conviene recordar que mediante el método del tránsito sólo disponemos de una curva de luz obtenida al pasar el planeta por delante de la estrella. Dicho de otro modo, lo que se ve a través de un telescopio no es esto:

Un planeta como Júpiter con una luna dos veces el tamaño de la Tierra (Moretto et al.).

Un planeta como Júpiter con anillos (Moretto et al.).

Sino esto otro:

Curva de luz simulada  de CoRoT-2b, un planeta con una masa 1,5 veces la de Júpiter (Moretto et al.).

La posibilidad de ver una luna o un sistema de anillos en una curva de luz estelar depende del error en los datos y por lo tanto de las características de nuestro instrumento (y del sistema observado, claro está). CoRoT y Kepler son dos observatorios espaciales dedicados a la búsqueda de planetas extrasolares capaces de elaborar curvas de luz con una elevada precisión, así lo primero que debemos hacer es estudiar si son capaces de detectar lunas y anillos.

Según el modelo de Moretto y Valio, CoRoT sería capaz de descubrir exolunas con un radio mínimo 1,3 veces el de la Tierra. Por supuesto, no tenemos satélites tan monstruosos en nuestro Sistema Solar, pero nada indica que no puedan existir en otras estrellas. Por contra, Kepler podría detectar lunas de tan sólo 0,3 radios terrestres, un tamaño mucho más normal. Para que nos hagamos una idea, el radio del mayor satélite del Sistema Solar -Ganímedes- es de 0,41 veces el de la Tierra, lo que quedaría por encima del umbral de Kepler.

Así se vería la curva de luz de un Júpiter caliente con un satélite (Moretto et al.).

¿Y los anillos? Este caso es más complejo porque depende del área que ocupen vistos desde la Tierra, lo que a su vez depende de la inclinación del eje de rotación y su composición. En cualquier caso, Kepler podría detectar anillos con un área efectiva correspondiente al 3% del área del planeta. Por poner un ejemplo concreto, este telescopio espacial sería capaz de ver un sistema anillado con un tamaño igual a la mitad de los anillos de Saturno situado alrededor de un planeta con un eje inclinado 78º con respecto al plano celeste. CoRoT lo tendría más difícil, ya que sólo sería capaz de detectar un planeta que posea unos anillos que sean un 45% más grandes que los de Saturno, como mínimo.

Por supuesto, las cosas no son tan sencillas. Tanto en el caso de las lunas como especialmente los anillos hay que tener en cuenta otras fuentes de variabilidad estelar que pueden “emborronar” las curvas de luz. En concreto, el efecto de las manchas estelares prometen complicar la detección de exolunas y exoanillos. Estas fuentes de ruido obligan a obtener más curvas de luz (más tiempo de observación) para obtener una señal inequívoca. Además, no olvidemos que mediante el método del tránsito se favorece el descubrimiento de júpiteres calientes, así que en todo caso la mayoría de detecciones serían “exolunas calientes”.

Pero lo cierto es que el descubrimiento de exolunas sería un enorme paso adelante a la hora de encontrar mundos habitables en nuestra galaxia. Quizás la primera exotierra sea al mismo tiempo la primera exoluna.

Más pruebas de que Marte fue cálido y húmedo en un pasado lejano.

Mediante el análisis de minerales de carbonato en un meteorito de cuatro mil millones de años que se originó cerca de la superficie de Marte, el equipo de Woody Fischer y John Eiler, del Instituto Tecnológico de California (Caltech), e Itay Halevy, ahora en el Instituto Weizmann de Ciencia en Israel, ha determinado que los minerales se formaron a una temperatura de alrededor de 18 grados centígrados.

Averiguar la temperatura de Marte en distintas épocas de su pasado es crucial para conocer la historia del planeta, su pasado climático y cuán abundante fue el agua líquida en él.

Los robots todoterreno enviados a la superficie de Marte, y las naves que lo orbitan, han encontrado ya los vestigios de antiguos deltas, ríos, y lagos, así como depósitos minerales delatadores, todo lo cual apunta a la existencia de flujos de agua líquida en el pasado.

Debido a que Marte tiene ahora una temperatura promedio de 63 grados centígrados bajo cero, la existencia de agua líquida en el pasado significa, entre otras cosas, que el clima era mucho más caluroso entonces. Pero, hasta recientemente, faltaban datos adicionales que apoyasen debidamente esta historia.

El hallazgo es sólo un dato puntual, pero es el primero y único de su clase hasta la fecha. Es una prueba de que en una época temprana en la historia de Marte, hubo en él al menos un lugar capaz de mantener un clima terrestre durante como mínimo un periodo de entre varias horas y varios días.

Para hacer la medición, los investigadores analizaron una de las piedras más antiguas conocidas en el mundo: la ALH84001, un meteorito marciano descubierto en 1984 en la Antártida. El meteorito muy probablemente se originó a decenas de metros por debajo de la superficie marciana.

Fue arrojado al espacio en un potente impacto meteorítico. La piedra finalmente acabó cayendo a la Tierra. Esta singular piedra saltó a la fama en 1996 cuando unos científicos descubrieron pequeños glóbulos que parecen ser bacterias fosilizadas de origen extraterrestre, una interpretación que ha sido objeto de fuertes debates desde entonces
La temperatura que los investigadores midieron, 18 grados centígrados, con un margen de error máximo de 4 grados de más o de menos, descarta muchas hipótesis sobre la formación de carbonato en Marte. La temperatura templada significa que el carbonato tuvo que formarse en agua líquida.

A esa temperatura suave, los minerales de carbonato sólo se pueden forjar si están en una solución acuosa.

Científicos de la Universidad de Texas descubren agua líquida en el subsuelo de una luna de Júpiter.

Científicos de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos) han descubierto agua en la corteza de Europa, una de las lunas de Júpiter, un hallazgo que ha sido publicado en ‘Nature’ y que, a juicio de expertos, supondría un paso “significativo” para la búsqueda de vida fuera de la Tierra.

Así, ha encontrado lo que parece ser un cuerpo de agua en estado líquido, con un volumen similar al de los Grandes Lagos de Norteamérica, encerrado dentro de la corteza helada de la luna Europa. Según la autora principal, Britney Schmidt, profesora en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, el agua podría representar un hábitat potencial para la vida y podrían existir muchos más lagos en las regiones poco profundas de la corteza de Europa.
Además, el recién descubierto lago está cubierto por plataformas de hielo flotante que parecen estar colapsando entre sí, proporcionando un mecanismo para la transferencia de nutrientes y energía entre la superficie y el vasto océano bajo la capa de hielo.
“Una de las opiniones de la comunidad científica ha sido que si la capa de hielo es gruesa, este hecho impediría que la superficie se comunicase con el océano subyacente”, explica Schmidt, al mismo tiempo que advierte de que ahora se está ante la evidencia de que, a pesar de que la capa de hielo es gruesa, ésta permite el flujo energético, lo que podría hacer de Europa y su océano “lugares más habitables”.
Una desconcertante capa de hielo.

Además, los científicos se centraron en las imágenes, tomadas por la nave espacial Galileo, de dos áreas circulares en la superficie de Europa, llamadas ‘caos’. Basándose en procesos similares que tienen lugar en la Tierra, en las plataformas de hielo y bajo los glaciares sobre volcanes, los investigadores desarrollaron un modelo de cuatro pasos para analizar las características del terreno en Europa. Tras el análisis, se realizaron varias observaciones contradictorias: algunas parecían indicar que la capa de hielo es gruesa y otras que es delgada.
“Leí el documento y de inmediato pensé, sí, eso es, tiene sentido”, afirma Robert Pappalardo, científico de investigación en la Sección de Ciencias Planetarias de la NASA, que señala que se trata del “único modelo que se ajusta a toda la gama de observaciones”.
Además, los científicos tienen buenas razones para creer que su modelo es correcto, basándose en las observaciones de Europa de la nave espacial Galileo. Sin embargo, debido a que los lagos se encuentran a varios kilómetros bajo la superficie, la única confirmación real de su presencia llegará tras la misión de una futura nave espacial diseñada para explorar esta capa de hielo; dicha misión ha sido calificada como la segunda en prioridad, según el último ‘Planetary Science Decadal Survey‘, y actualmente está siendo estudiada por la NASA.
“Esta nueva información sobre Europa no habría sido posible sin las observaciones recogidas durante los últimos 20 años sobre las capas de hielo de la Tierra”, explica Don Blankenship, uno de los coautores de la investigación y científico del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas.

Júpiter es el quinto planeta del Sistema Solar. Forma parte de los denominados planetas exteriores o gaseosos. Recibe su nombre del dios romano Júpiter (Zeus en la mitología griega).


Se trata del planeta que ofrece un mayor brillo a lo largo del año dependiendo de su fase. Es, además, después del Sol, el mayor cuerpo celeste del Sistema Solar, con una masa casi dos veces y media la de los demás planetas juntos (con una masa 318 veces mayor que la de la Tierra y 3 veces mayor que la de Saturno).


Júpiter es un cuerpo masivo gaseoso, formado principalmente por hidrógeno y helio, carente de una superficie interior definida. Entre los detalles atmosféricos destacan la Gran mancha roja, un enorme anticiclón situado en las latitudes tropicales del hemisferio sur, la estructura de nubes en bandas brillantes y zonas oscuras, y la dinámica atmosférica global determinada por intensos vientos zonales alternantes en latitud y con velocidades de hasta 140 m/s (504 km/h).


Júpiter es el planeta con mayor masa del Sistema Solar: equivale a unas 2,48 veces la suma de las masas de todos los demás planetas juntos. A pesar de ello, no es el planeta más masivo que se conoce: más de un centenar de planetas extrasolares que han sido descubiertos tienen masas similares o superiores a la de Júpiter. Júpiter también posee la velocidad de rotación más rápida de los planetas del Sistema Solar: gira en poco menos de 10 horas sobre su eje. Esta velocidad de rotación se deduce a partir de las medidas del campo magnético del planeta. La atmósfera se encuentra dividida en regiones con fuertes vientos zonales con periodos de rotación que van desde las 9h 50m 30s, en la zona ecuatorial, a las 9h 55m 40s en el resto del planeta.


El planeta es conocido por una enorme formación meteorológica, la Gran Mancha Roja, fácilmente visible por astrónomos aficionados dado su gran tamaño, superior al de la Tierra. Su atmósfera está permanentemente cubierta de nubes que permiten trazar la dinámica atmosférica y muestran un alto grado de turbulencia.
Tomando como referencia la distancia al Sol, Júpiter es el quinto planeta del Sistema Solar. Su órbita se sitúa aproximadamente a 5 UA, unos 750 millones de km del Sol.


Descubren dos galaxias enanas, satélites de Andrómeda

Investigadores de la Universidad de Michigan (UM) han descubierto dos galaxias enanas, satélites de Andrómeda, la galaxia de espiral más próxima a la Tierra, un hallazgo que podría ayudar a explicar la naturaleza de la materia oscura, informó hoy la institución.

A 1,1 millones y 600.000 años de luz de Andrómeda, respectivamente, el profesor de astronomía de la UM, Eric Bell, y Colin Slater, estudiante de doctorado en astronomía, encontraron Andrómeda XXVIII y XXXIX, las dos galaxias satélites más lejanas detectadas hasta ahora.

Las galaxias, invisibles al ojo humano, son 100.000 veces más tenues que Andrómeda, y apenas pueden verse con los grandes telescopios terrestres.

Para encontrarlas utilizaron los datos del Telesco

pio Gemini en Hawai y del Sloan Digital Sky Survey (SDSS), un proyecto internacional de cartografiado del cielo que sigue la posición y luminosidad de más de 100 millones de objetos celestes.

Los astrónomos se propusieron buscar galaxias enanas en torno a Andrómeda para entender cómo la materia se relaciona con la materia oscura, una sustancia invisible que no emite ni refleja luz, pero que los científicos creen que conforma la mayor parte de la masa del universo.

Los astrónomos creen que existe porque pueden detectar sus efectos gravitacionales sobre la materia visible y se cree que, con su gravedad, la materia oscura causa que la materia visible se organice en galaxias.

«Estas galaxias tenues, enanas y relativamente cercanas son un verdadero campo de batalla para comprender cómo la materia oscura actúa en escalas pequeñas», señaló Bell en un comunicado.

La hipótesis actual es que todas las galaxias visibles están anidadas en lechos de materia oscura, y que cada lecho de materia oscura contiene una galaxia.

«Pero esas predicciones al parecer se derrumban cuando llegamos a las galaxias más pequeñas», apunta Slater, quien asegura que «los modelos pronostican muchos más halos de materia oscura que los observados en estas galaxias. Y no sabemos si es porque no vemos todas las galaxias o porque nuestras predicciones están equivocadas».

Para los investigadores, cuyos resultados se publicarán esta semana en la a revista Astrophysical Journal, la respuesta sería que, «simplemente, no hay tantos halos de materia oscura», poniendo así a prueba el paradigma.

Cronología de la exploración de Marte

Desde 1960, la humanidad ha lanzado un total de 43 misiones al planeta rojo, de las cuales 22 han fracasado, la mayoría de Rusia.

Por eso se habla de “la maldición rusa de Marte” (curiosamente, el programa ruso de orbitadores a Venus ha sido muy exitoso). Estados Unidos, sin embargo, ha logrado poner 6 robots en la superficie marciana, y todos han cumplido con éxito su misión, extendiéndose incluso su “vida” más años de lo previsto.

Lo que está claro es que no es fácil viajar a Marte. Los intentos fallidos de llegar al planeta rojo incluyen sondas que no alcanzaron la órbita terrestre, explotaron, quedaron sin combustible, fallaron en medio del camino, dejaron de transmitir, se perdieron en el espacio, pasaron de largo, o se estrellaron al llegar. Hay quienes afirman que algunas, incluso, cayeron en manos de extraterrestres escondidos en la extraña luna marciana Fobos.

Estos son algunos de los hitos de la exploración de Marte:

Cronología.

1960: Marsnik-1, Rusia: No alcanzó órbita terrestre.

1962: Sputnik 22, Rusia: Se desintegró en órbita terrestre.

1964: Mariner 4, EE.UU. Primera misión exitosa a Marte. Obtuvo la primera fotografía en primer plano.

1969: Mariner 6, EE.UU. Captó 75 imágenes.

1971: Mars 3, Rusia. Primera misión exitosa rusa.

1971: Mariner 9, EE.UU. Primera misión en entrar a la órbita marciana. Generó 7.329 imágenes.

1975: Viking 1, EE.UU. Primer amartizaje, que tuvo lugar en Chryse Planitia. También obtuvo la primera foto a todo color desde la superficie marciana.

1992: Mars Observer, EE.UU. Se perdió en el espacio.

1996: Mars Global Surveyor, EE.UU. Elaboró un mapa de la topografía marciana y determinó su campo gravitatorio. El instrumento Mars Orbiter Laser Altimeter (MOLA) estudió los procesos geológicos del planeta, su estructura y evolución.

1996: Mars 96, Rusia. La segunda etapa del cohete lanzador falló en órbita.

1996: Pathfinder, EE.UU. Primer vehículo explorador de la superficie marciana.

1998: Mars Climate Orbiter, EE.UU. Se estrelló al amartizar.

2001: MarsOdyssey, EE.UU. Obtuvo las primeras imágenes marcianas en alta resolución.

2003: Beagle 2 lander, Agencia Espacial Europea. Se estrelló contra la superficie.

2003: Spirit, EE.UU.: Vehículo de exploración planetaria (gemelo del Opportunity) que funcionó 6 años más de lo previsto en el plan de la misión, y recorrió 5 km más. Envió un último mensaje a casa el 22 de marzo de 2010.Técnica y científicamente, es una de las misiones interplanetarias de más éxito en la historia espacial.

2005: Mars Reconnaisance Orbiter, EE.UU. Envió 26 terabits de datos científica.

2007: Phoenix, EE.UU. Primer amartizaje exitoso en las regiones polares. El laboratorio estático excavó unos centímetros de suelo y verificó la presencia de hielo de agua en la superficie.

2011, noviembre: Fobos-Grunt, Rusia. Recolección de muestras de la luna Fobos. Es la víctima más joven de la “maldición” que Marte parece haberle impuesto a Rusia. El 9 de noviembre la sonda quedó atrapada en órbita terrestre, al fallarle el motor que la habría de impulsar hacia el espacio profundo.

2011, noviembre: Yinghuo-1, China-Rusia. Un orbitador de apoyo a la misión Fobos-Grunt.

2011, 25 de noviembre: Mars Science Laboratory y rover Curiosity. EE.UU.

2020’s: Mars Sample Return Mission, NASA y ESA. Tienen previsto traer muestras del suelo marciano.


El satélite argentino SAC-D envió su primera imagen.

104 días después de su lanzamiento al espacio, ya están las primeras imágenes. Sirven para mediar la salinidad de los océanos y la humedad de los suelos.

Ciento cuatro días después de su lanzamiento al espacio, el satélite argentino SAC-D remitió su primera imagen a través del instrumento que fabricó la NASA, el Aquarius: “El artefacto está mostrando una calidad de visión mucho mayor a la que esperábamos”, expresó -vía comunicado oficial- Gary Lagerloef, uno de los investigadores principales de la misión conjunta entre Argentina y Estados Unidos.

El SAC-D fue lanzado al espacio el 10 de junio pasado; pesa alrededor de 1500 kilos y se encuentra a unos 650 kilómetros de distancia con la tierra. Su función principal es la de medir la salinidad de los océanos, la humedad de los suelos para así estudiar y conocer a fondo los fenómenos climáticos en el mundo.

El satélite argentino-estadounidense da la vuelta al mundo en 90 minutos y es monitoreado desde la central terrena Teófilo Tabanera que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) tiene en la localidad cordobesa de Falda del Carmen, a unos 30 kilómetros de esta Capital.

Desde el 25 de agosto, el Aquarius -su instrumento más importante compuesto por un radiómetro y un escatómetro-, comenzó a remitir datos que sirvieron para conformar la representación que fue publicada por NASA en su sitio oficial.

“El instrumento está realizando mediciones continuas, coherente y globales de la salinidad de los océanos, incluyendo las mediciones de lugares en donde nunca antes se había producido”, destacó Michael Freilich, director de Tierra de NASA.

De acuerdo a la información a la que accedió este diario, el satélite remite alrededor de 90 mil datos en cada una de sus pasadas que son receptados por 5 estaciones repartidas en distintos países del mundo. Desde su puesta en órbita, el artefacto atravesó con éxito la etapa de “operatividad” y se aguarda que, en las próximas semanas, ya estén listas las primeras conclusiones correspondientes al “modo ciencia”.

Consultado al respecto, Marcelo Oglietti, jefe de operaciones del SAC-D Aquarius de la CONAE, dijo a Clarín: “La imagen corresponde a una primera observación que hizo el instrumento estadounidense. Por ahora, los elementos argentinos no han sido puestos en funcionamiento ya que continuamos en una etapa operativa. Una vez que todo sea bien calibrado, el SAC-D se complementará con el Aquarius para lograr una lectura más clara y precisa desde el espacio”, se explayó.

Palabra seguida, Oglietti aseguró que “falta alrededor de un mes para que el artefacto funcione al 100 por ciento y puedan procesarse datos de todo el mundo”.

El mapa -según se destaca en la gacetilla oficial-, “ha puesto de manifiesto un patrón de la salinidad superficial del océano que es rico y variable a través de un amplia gama de colores”. En el escrito, también se señala que “este es un gran momento en la historia de la oceanografía ya que la primera imagen plantea muchas preguntas que deben ser explicadas por los científicos”.

El SAC-D Aquarius fue lanzado el 10 de junio pasado desde la plataforma oeste del Complejo de Lanzamiento Espacial 2 de la base de la USAF de Vandenberg, California. Es el cuarto satélite argentino y el segundo en órbita. Pesa 1.400 kilos y se mantiene a 657 kilómetros de la Tierra.

Historia.

La historia de los Satélites de la Argentina comienza en 1990 con el Lusat I, el primer satélite argentino, que fue un proyecto de radioaficionados. Después de 20 años en orbita, con la batería ya agotada, continuó funcionando. En 1996 siguieron los satélites profesionales, en agosto el MU-SAT, conocido también como “Víctor 1, empleó parte de técnicos del misil argentino Cóndor II; y en noviembre la comisión estatal CONAE inició, con el SAC B (Satélites de Aplicaciones Científicas) , su serie de satélites científicos como parte de un Plan Espacial Nacional, Argentina en el Espacio, implementado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). También existe un satélite, el Pehuensat-1, diseñado y elaborado por la Universidad Nacional del Comahue y lanzado en enero de 2007, desde la India.


La historia satelital argentina comenzó en enero de 1990 cuando el cohete Ariane dejó en órbita espacial al pequeño Lusat 1, el primer objeto argentino puesto en órbita. Fue la obra de radioaficionados pertenecientes a la filial argentina de AMSAT.


El segundo fue Víctor-12 lanzado el 29 de agosto de 1996, con el cohete ruso Molnya para prever el tiempo y prognosis sobre el clima.


El primer satélite “profesional de aplicaciones científicas (física del Sol)fue el SAC-B, lanzado en cumplimiento del plan Espacial de CONAE en 1996. Esta misión fracasó porque el satélite no pudo desprenderse de la última etapa del lanzador, pero se logró probar el normal funcionamiento de todos los sistemas de a bordo, de modo que el acontecimiento se consideró un éxito para la tecnología empleada y para INVAP como constructor de satélites de observación terrestre o astronómica.


El satélite de Comunicaciones Nahuel 1-A llegó al espacio en enero de 1997 pero no fue hecho por argentinos.


El SAC-A fue puesto en órbita por el Transbordador Espacial estadounidense Endeavor el 14 de diciembre de 1998. El SAC-C se lanzó el 21 de noviembre de 2000 y es un satélite argentino de teleobservación lanzado por un vector Delta II desde la base estadounidense de Vandenberg (California). Es de señalar que el SAC-C ha cumplido casi diez años en órbita, a pesar de haber sido diseñado para durar sólo cuatro. Está en buenas condiciones y envía regularmente señales a la base terrestre Teófilo Tabanera, situada en la provincia de Córdoba.


El Pehuensat-1 fue lanzado el 10 de enero de 2007 desde la India, entrando en órbita 20 min después. Fue también un pequeño satélite “educacional” construido por profesores y alumnos de la Universidad Nacional del Comahue.


Por otra parte la empresa estatal AR-SAT (Soluciones Satelitales), ha encargado a INVAP el desarrollo y la construcción del primer satélite argentino de comunicaciones satélite geoestacionario, que ocupará la posición orbital reservada por la Argentina.


Al leer esta reseña histórica, se debe tener en cuenta que se trata de varios proyectos de complejidad y finalidades muy diferentes.


El Nahuelsat 1-A es un satélite de fabricación extranjera, usado por una empresa privada para comunicaciones satelitales.


Los pequeños satélites Lusat-1, Víctor-1 y Pehuensat-1 fueron experimentos destinados a demostrar que sus autores eran capaces de construir un vehículo espacial. El Lusat-1 permanece activo (Abril 2011) pero solamente su baliza de CW (código Morse) construida en la Argentina envía información sobre su estado en 437.125 Mhz con 750 mW emitiendo telemetría a 12 PPM (Palabras Por Minuto), el resto de las funcionalidades del satélite dejaron de funcionar al agotarse la vida útil de las baterías.


A la fecha, Lusat-1 es el objeto argentino que obstenta el record absoluto de permanencia en fucionamiento en el espacio. No se conocen datos sobre el tiempo de permanencia en el espacio de los demás.


La serie SAC es la primera serie “profesional”, destinada a cumplir funciones reales mediante la transmisión de datos – imágenes y otros datos físicos – durante largos períodos. Como se verá más abajo, el SAC-A cumplió su misión, el SAC-B fracasó en su lanzamiento por fallas en el lanzador, el SAC-C está en el espacio y funcionando correctamente desde noviembre de 2000 y se acaba de finalizar la construcción del SAC-D. Sólo los satélites de la serie SAC son de propiedad de la CONAE Comisión Nacional de Actividades Espaciales argentina.

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