Abril 2, 2012 | Por elmundodeubuntu | # Enlace permanente

La flora malvinera marítima tiene por base el fitoplancton, que está compuesto de diatomeas o algas unicelulares con clorofila.
En cuanto a los vegetales terrestres se hace notar la falta de árboles.
Sin embargo, las islas producen una buena calidad de pastos.

La fauna es mucho más variada que la flora. Los pequeños crustáceos denominados “krill” abundan al sur de la convergencia antártica y disminuyen con rapidez al norte.
En las aguas malvineras existen variedades de moluscos, medusas y crustáceos como la centolla.

Entre los peces se encuentran: la polacra, el pámpano, la merluza de cola, la brótola del sur, el abadejo y el pez raya.
Las aves marinas se clasifican en voladoras y no voladoras. Entre las voladoras se destacan: los albatros, petreles, gaviotas. Entre las no voladoras: los pingûinos.
Además se conocen variedades de patos y gansos.

En las islas se han detectado cuatro clases de pingûinos: el real, el papua, de penachos amarillos, el magallánico.
También se encuentran las focas, lobos marinos, elefantes marinos y el leopardo marino.
La ballena azul es el animal viviente más grande de las islas. Puede llegar a medir hasta 30 metros de largo y pesar hasta 150 toneladas, equivalente a 25 elefantes. Se alimenta principalmente de krill. Lamentablemente hoy se encuentran en extinción.

- La ballena fisalus, mide 25 metros y pesa 80 toneladas.
- La ballena boba, la ballena boreal, pueden medir 18 metros de largo.
- La ballena jorobada puede llegar a medir 17 metros y pesar 30 toneladas.
- La ballena enana alcanza los 10 metros de largo.
- La orca posee de 7 a 9 metros de largo.

La fauna terrestre no es tan rica como la marina.
Los insectos que viven en las islas comprenden casi setenta géneros o noventa especies, de las que un sesenta por ciento son endémicos. Las arañas son de seis especies distintas y propias de las islas.
Las aves terrestres son de unos setenta y cinco géneros y de ellos unos trece son endémicos, es decir que siempre están en las islas.
Existe una especie de ganso de las colinas de muy buena carne y otra de ganso de los valles. Otras aves son el macacito y la gallareta de Malvinas, el chorlo de doble collar, el halcón peregrino, el cisne de cuello negro, los patos crestado, overo y pampa.

También se encuentra la agachadiza o becasina común, el cuaco o martineta, la remolinera negra, el chorlo de pecho rojo y negro y el de Magallanes. Un carancho y un chimango malvinero, además del halcón, representan a los rapaces. El gorrión común se ve cerca de las casas en las estancias.
El estornino es uno de los pájaros más vistosos y también existen un tordo, un pecho colorado y un canario.

Las islas contaron con un mamífero: el lobo-zorro. Hoy está extinguido. En Malvinas lo llamaban “Warrahs”; era un animal de aspecto intermedio entre el lobo y el zorro, más bajo que el primero porque sus patas eran más cortas y más corpulento que el segundo. La cola era más larga y peluda que la del lobo.
Los científicos explican la presencia de ese zorro en Malvinas por migraciones desde la tierra patagónica en tiempos glaciares, cuando se habría formado un puente entre las islas y el continente al descender las aguas del mar Argentino.

A pesar de haberse extinguido hace más de un siglo, aún continúan las discusiones taxonómicas acerca de su verdadera ubicación sistemática.
Para algunos autores, habría sido una especie insular del género Dusicyon que incluye a otras especies similares del continente vecino. Otros sostienen que el nombre Dusicyon debe reservarse exclusivamente para esta especie; queda Pseudalopex para las especies cercanas, e incluso alguien ha arriesgado la posibilidad de que se tratara de una variedad próxima al perro doméstico.
Esto último es poco probable ya que además de razones morfológicas, faltan evidencias arqueológicas que demuestren la presencia del hombre en tiempos prehistóricos en aquel archipiélago austral. Finalmente, algunos autores lo incluyen en el subgénero Dusicyo del género Canis, lo que parecería una extrema simplificación.
Según el mastozoologo inglés Olfield Thomas, los zorros que poblaban cada una de las grandes islas del archipiélago malvinense representaban diferentes razas geográficas ya que los de Gran Malvina eran más pequeños y de pelaje más claro con tinte rojizo. Distinguía así para esta isla a Dusicyon australis australis (Kerr, 1792) y para la isla Soledad a Dusicyon australis darwinii (Thomas, 1914).

La vegetación de las islas Malvinas es de estepa. Su desarrollo es constante a lo largo del año y cubre casi toda la superficie M suelo, excepto en aquellos sitios donde existen afloramientos rocosos. No se encuentran árboles en las islas, aunque sí los hubo en el pasado geológico: cipreses de la cordillera y araucarias, como los de los Andes patagónico-fueguinos.
Hay alrededor de 163 especies de plantas autóctonas en las islas, catorce de las cuales son endémicas, es decir que sólo crecen en Malvinas.
En estas estepas predominan pastos bajos y duros, matas de arbustos en cojín, similares a los de la estepa patagónico, y algunos pastos altos escasos. Los líquenes y musgos son abundantes y forman extensas turberas. En los mares que rodean las islas se encuentran gran cantidad de alga

El pasto “Tussock”, tiene casi dos metros de alto; abunda muchísimo el pasto blanco (cortadería hilosa), la dudle dee y el spagnon, musgo que con el correr de los años se convierte en turba.
La “planta de barniz” o bálsamo de los pántanos, tiene la forma y consistencia de grandes almohadones redondos.
La verónica es un arbusto, con flores muy perfumadas y amarillas. La virgen pálida, de flores blancas y un apio silvestre.




fuente: Imágenes de Argentina
Mayo 15, 2011 | Por elmundodeubuntu | Claves: Argentina, Corrientes, ecosistemas, esteros, iberà, imágenes | # Enlace permanente
Ubicado en la provincia de Corrientes, en el noreste de la República Argentina, el ecosistema conocido como Esteros del Iberá debe su nombre a la laguna homónima situada en la zona centro oriental de este inmenso sistema de humedales.
La palabra Iberá está formada por dos vocablos de la lengua guaraní: ¨Î¨, agua, que antepuesto a ¨berá¨, brillante, en su traducción al castellano expresa al sitio como ¨el agua que resplandece o brilla¨, nombre que supuestamente le dieron sus originales pobladores guaraníes al observar el brillo chispeante de su superficie.
Esta peculiaridad es visible en sus espejos de agua durante la aurora o el anocher, cuando la quietud propia de un sistema cerrado, sin corrientes fluviales, se quiebra con la brisa producida por el cambio de temperatura entre la superficie terrestre circundante y el agua de los esteros o lagunas, provocando un movimiento superficial que refleja con efectos muy particulares la luz solar crepuscular.
Existe sin embargo cierta objeción sobre este origen de la denominación, porque entre los pobladores perdura aún la creencia de que el nombre se debe a la heroica princesa Iberá, la hija del cacique guaraní que se sumergió en los esteros para proteger la dignidad de su cultura.
En realidad este nombre ha ido evolucionando con el devenir del tiempo, ya que existen registros que identifican originalmente al sitio como Esteros de Cará Cará, debido a que en este lugar vivían los aborígenes emigrados de la Misión de Santa Ana por crímenes cometidos, se los conocía por “Caracará”, nombre dado también a un ave de rapiña carroñera: el “carancho”
El sistema del Iberá está formado por la gran masa de vegetación de los esteros, con gran capacidad de retener agua, y las precipitaciones pluviales, que aportan anualmente entre 1200 y 1500 mm.
De esa enorme cantidad de agua recibida, menos de una cuarta parte deriva hacia el río Paraná, a través, del único desague superficial del sistema, el río Corriente. De lo demás se encarga la alfombra vegetal por transpiración metabólica y la evaporación directa, favorecida por la relación entre su gran extensión y escasa profundidad.
Aproximadamente entre el 20 y el 30% de su superficie son lagunas bien delimitadas; estos espejos de agua son más de 60 y alcanzan una profundidad de entre 2 y 3 metros y las costas en su mayoría están constituidas por embalsados. Las lagunas más importantes son: Luna, Iberá, Fernández, Trim, Disparo, Medina y Galarza.
Los embalsados tienen origen en los camalotes, sobre cuyo entretejido vegetal se deposita tierra aportada por el viento y arrastrada en suspensión por el agua formando así una primera capa que posibilita el arraigo y crecimiento de distintas especies de planta, incluso árboles. Constituyen por lo tanto verdaderas “costas flotantes”, sus desprendimientos dan lugar a islas flotantes cuyos movimientos son dirigidos por el viento y las corrientes.
Como decíamos, en los sectores más firmes pueden incluso sostener vegetación arbórea (laurel, ceibo, curupí) aunque las asociaciones de pajas son ampliamente dominantes (totora, pehuajó, espadaña, paja brava y otras). Los esteros son depósitos de agua estancada, con una profundidad que varía entre 1 y 3 metros, cubierto por una cantidad de plantas acuáticas, que surgen muchas veces desde su fondo, con pajonales en los bordes; o bien son formaciones flotantes que ocultan la superficie del agua como los embalsados y los camalotales.
Estos últimos se forman en los esteros y en las orillas de ríos y lagunas. Están compuestos por plantas flotantes como el aguapé, irupé, el repollito y la lentejas de agua. Otro de los ambientes geográficos propios de la región lo constituyen los bañados formados por la acumulación temporaria de agua, que cubre la superficie de las zonas más bajas en las épocas de lluvias abundantes. El agua se escurre hacia los arroyos temporarios o es absorbida por el suelo, queda solo en las lagunas permanentes, en los lugares más profundos. Cuando ocupa bajos casi planos que dificultan el drenaje normal dan lugar a la formación de un mal piso conocido localmente como malezal.
Especies vegetales: Desde el punto de vista fitogeográfico tres provincias botánicas abrazan el sistema: el espinal (distrito del Ñandubay) desde el sur; el Chaco Oriental por el oeste (con quebrachal y algarrobales, palmares, sabanas y esteros) y la provincia Paranaense (con selvas mixtas y “campos”) por el norte.
Por tal circunstancia es posible hallar entre sus brumosos límites formaciones florísticas tan diversas como camalotales, juncales y embalsados, dentro de las comunidades acuáticas; palmares de yatay o palma colorada, selvas en galerías e isletas de bosques higrófilo (que tiene la posibilidad de absorber y exhalar humedad) con elementos del Chaco Oriental y la selva misionera, (lapacho negro, higuerón, urunday, viraró, timbó, laurel negro, quebracho blanco, guaviyú, etc.) dentro de las comunidades arbóreas y pastizales, cardazales y pajonales, dentro de las terrestres y palustres.
En general, sobre la superficie, de las aguas, se pueden ver: irupés o nenúfares, camalotes, lentejas, repollitos, lirios y jacintos de agua y helechos pequeños.
Sobre el embalsado, pajonales achiras, yuyales y pequeños árboles de suelos húmedos como los sarandíes, laureles, y el pehuajó o totora grande. En las islas se observan algunas especies agrupadas en cierto número, como, por ejemplo, de ombúes, hierba gigante, a la que se la considera originaria del Iberá y en las costas del estero se encuentran: jacarandáes y lapachos, ceibos y sauces, curupíes y timbóes, guayabíes y urundays, espinillos, etc. Entre las palmeras son comunes las yatay, pindó y caranday.

Especies faunísticas: Hay mamíferos, aves, reptiles, batracios, peces y también insectos. El representante por excelencia de la zona es el yacaré, el negro de hocico angosto y el ñato u overo de hocico ancho; aunque también encontramos la boa del agua o curiyú; el lobito de río, el coipo parecido a la nutria; el carpincho, que es el mayor roedor viviente; el ciervo de los pantanos, uno de los ciervos autóctonos más bellos del país, el osito lavador o aguará popé; el lobo de crin o aguará guazú; corzuela roja y parda; monos carayás o aulladores; gato de los pajonales y monteses; zorros grises chicos; zorrinos; además de hurones, comadrejas, liebres, vizcachas; armadillo negro o tatú, peludos, mulitas, cuises, ratones de campo, tucu-tucos y lagarto overo; lagartijas, tortugas, boa de las vizcacheras, ñacaniná, boa constrictora; víboras de coral, cascabel, yarará, etc.
Se pueden observar también centenares de especies de aves, su abundancia y colorido, atraen inmediatamente la atención de quien visita este lugar.
Inmensos cardúmenes de pequeños peces nadan en los cursos de agua, junto a tarariras. anguilas, palometas o pirañas, bogas, sábalos, bagres, dientudos, etc.
Al caer la noche resalta en el ambiente la actividad de los anfibios, entre ellos, los hilidos y el gran sapo buey o cururu y finalmente no podemos dejar de hacer referencia a las multicolores mariposas entre las que se pueden identificar las morpho.
Clima: El clima, de la porción central de Corrientes y área que preponderantemente ocupan los esteros, es templado cálido, con una temperatura media anual de 20º C. Las más copiosas lluvias se registran en otoño y el caluroso verano, correspondiendo la menor precipitación a los meses invernales. Según estimaciones, el aporte pluvial devuelve al sistema una cantidad de líquido equivalente a la que se evapora, cálculo que subraya su decidida influencia climática. La primavera es la época ideal para visitar la región.
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