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Biodiversidad en la Patagonia argentina, imagen global y totalizadora de la inmensa riqueza subyacente en este suelo.

Al presentar la biodiversidad existente en la Patagonia Argentina, estamos haciendo referencia no sólo a las características particulares de cada una de las especies que habitan esta región, a simple vista humilde de fauna, sino que intentamos dar una imagen global y totalizadora de la inmensa riqueza subyacente en este suelo, en todo su espectro.

Dicho en otras palabras, pretendemos lograr que lleguen a entender que desde la belleza inconmensurable del océano, pasando por la rigurosa pero cautivante aridez esteparia, hasta el imponente encanto de la Cordillera de Los Andes, desde la soledad de los cerros en las planicies, hasta la majestuosidad de los lagos con sus glaciares, la Patagonia Argentina aloja, aún en su aparente simpleza, “EL MILAGRO DE LA VIDA”.

Las aves merecerían un capítulo aparte, ya que para describir solamente las especies que se encuentran en la Isla de los Pájaros, frente a la Península de Valdés hacen falta varias páginas. Mencionaremos sólo las más importantes, como los pingüinos de Magallanes, varias especies de cormoranes, gaviotas y gaviotines y palomas antárticas, entre muchos otros.

Saliendo de las costas y adentrándonos en el continente, nos encontramos con que los antiguos pobladores, animales autóctonos de las mesetas, han sido desplazados por especies introducidas por el hombre aGuanaco partir de la conquista y colonización. La fauna originaria estaba constituida por el tigre, el aguará-guazú o “gran zorro”, el ciervo pampeano y el pecarí, los que hoy en día han emigrado hacia el norte. Los nuevos habitantes son ciervos colorados y jabalíes, además del ganado ovino y caprino. Pero sí se han conservado pumas y guanacos, que se ven obligados a competir con las ovejas y cabras por el territorio.

Los animales terrestres más característicos, y que uno puede ver fácilmente, aunque su número se va reduciendo hacia el sur, son los zorros, gatos salvajes y zorrinos, las liebres patagónicas o maras (especie protegida en peligro de extinción), armadillos llamados “peludos”o “piches”, junto con el ñandú y las martinetas (semejantes a las perdices aunque de mayor tamaño).

En la zona de la cordillera, el huemul, o ciervo mediano, y el pudú, o ciervo enano, especies autóctonas y únicas, hoy están casi extinguidos. Se encuentran ciervos colorados, no originarios de la región. En los ríos cordilleranos abundan también especies importadas, como la trucha, la trucha arco iris y el salmón.

Cóndor a punto de ser liberado en Sierra Pailemán, Mesesta de Somuncurá, Río Negro.Las aves de la parte continental, en el área de las mesetas, son en su mayoría rapaces y carroñeras. Se ven muchas de ellas a lo largo de las rutas, porque se comen los restos de las liebres y otros animales atropellados por los automovilistas. También en la meseta, pero sobre todo en sus últimas estribaciones hacia la costa, hay avutardas y loros. El cóndor se encuentra sólo en las altas cumbres de los Andes.

Las especies venenosas no son muchas y hay algunas muy raras, como una serpiente que habita la zona noreste, la “escolopendra grande”, y una araña, “viudita” o araña de poto colorado, con forma de garbanzo negro y una mancha roja atrás. Su picadura puede ser mortal. No pasa lo mismo con los alacranes, mucho más comunes y cuya picadura sólo produce escozor. Impresionante pero totalmente inofensiva es la araña pollito, no le tema.








¿Por qué los onas se pintaban los cuerpos?

Los Selk’nam u Onas son habitantes nómadas de Tierra del Fuego (Argentina y Chile) y sufrieron el genocidio producido por los blancos, existiendo hoy pocos Onas originales o de padres mestizos, que pretenden seguir las tradiciones de sus antepasados lo máximo posibles.

Una de ellas era pintarse, pero sabes tú ¿por qué los onas se pintaban los cuerpos? Sigue leyendo y te lo contaremos.

Las pinturas corporales de los onas.
Los onas utilizan la grasa de los guanacos -una carne que comen con frecuencia- para mezclarla con arcilla y poder así realizar sus pinturas corporales. Estas se acompañan de máscaras para poder completar así sus rituales.

Estas pinturas y máscaras se utilizaban principalmente en los ritos de iniciación para hacerse pasar por espíritus poderosos, contra los que tendrían que luchar los recién iniciados -siempre hombres- hasta lograr desenmascararlos. Este ritual de iniciación, llamado Kloketen o Hain, se realizaba en una choza oscura especialmente creada para ellos.

Los dibujos de estas pinturas deben ser geométricos y simples, con la idea de romper las curvas del cuerpo humano, y así dejar de parecer humano.

Los orígenes de la Tierra.
La historia sobre los orígenes de la Tierra son imprescindibles para entender por qué los onas se pintaban los cuerpos. Según esta leyenda, en la época de los antepasados, todas las cosas caminaba sobre la Tierra con forma humana -las montañas, los árboles, todo-.

En esa época gobernaban las mujeres, que habían creado una logia secreta. Estaban dirigidas por Kra, la mujer Luna, y se pintaban los cuerpos y utilizaban máscaras para intimidar a los hombres diciendo que eran espíritus poderosos. Pero Kran, el hombre Sol, descubrió el engaño y por su furia hizo que se mataran a todas las mujeres, creando al mismo tiempo su propia logia, sus máscaras y sus pinturas específicas.

El objetivo de esta leyenda, claramente, es mantener la hegemonía masculina, demostrando cómo dominar a las mujeres y dejando claro que son malas.

Los Onas son una tribu mítica de la que hoy en día quedan pocos habitantes. Sin embargo, y si bien muchas tribus pintan sus cuerpos para diversos rituales, es interesante saber por qué los onas se pintaban los cuerpos.

Maravillas patagónicas: El Parque Nacional “Nahuel Huapi” se caracteriza por la gran variedad de sus paisajes.

Desde hace 10.000 años, el área del lago Nahuel Huapi es testigo del paso, convergencia y residencia de los habitantes de la zona.

Las posibilidades que ofrecen los ambientes de esta región permitieron a los grupos humanos poner en práctica diferentes estrategias para desarrollar su propia identidad.

Los primeros pobladores de la región habrían sido los tehuelches, que eran cazadores y recolectores. Los puelche del Nahuel Huapi se especializaron en una forma de vida lacustre y posteriormente, los grupos araucanizados se dedicaron a actividades agrícolas.

Hacia el 1600, a través de la cordillera, llegó el hombre blanco proveniente del actual territorio chileno, formando parte de expediciones esclavistas, misiones jesuíticas o viajeros.
En 1876, el Perito Francisco P. Moreno arribó a esta zona procedente de Buenos Aires, para explorar el norte de la Patagonia.

La Campaña del Desierto (1879-1883) produjo el exterminio casi total de los indígenas que poblaban estas tierras. Posteriormente, colonos procedentes de ambos lados de la cordillera se establecieron en la región.

En 1902 nació la Colonia San Carlos. La actividad agrícola-ganadera de principios de siglo dejó de ser el eje económico y surgió la actividad turística a partir de la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi en 1934.

El Parque Nacional Nahuel Huapi, con sus 710.000 ha, se caracteriza por la gran variedad de sus paisajes. En ésta área es posible reconstruir la historia de ocupación y uso del lugar.

En ella hay zonas de dominio público ocupadas por descendientes de colonos o indígenas que realizan actividades rurales, así como sectores con importante infraestructura para los visitantes y propiedades privadas preexistente a la creación del Parque.

En algunos casos se ha pasado del estado de las tierras de dominio público ha n sistema de propiedad comunitaria de las mismas. Simultáneamente, existen zonas de conservación estricta donde la actividad humana se limita sólo a la investigación científica.

El Parque Nacional “Nahuel Huapi” depende de la Administración de Parques Nacionales y resguarda la flora y la fauna de ambientes bien diferenciados: el altoandino, el bosque húmedo y la estepa patagónica.
En ellos se observa una gran variedad de árboles, principalmente coníferas y fagáceas (pehuén, arrayán, raulí, lahuán o alerce patagónico, lipaín o ciprés patagónico, maitén, lenga, coihue y ñire), arbustos como la nalca, el notro y plantas florales como el amancay y la rosa mosqueta.

Asimismo, existen animales propios de la zona, como el huemul, el pudú, el puma, el culpeo, colo colo, huillín, el tucotuco patagónico y aves como el cóndor, la gaviota, el loro llamado “choroy”, y el cauquén. En cuanto al animal que da nombre a este parque, el yaguar -llamado nawel en mapudungun- ha sido exterminado antes de los años 1930.

Se han aclimatado excelentemente, desde inicios del siglo XX, ejemplares de la fauna mayor de la región holártica, tales como el jabalí, el ciervo colorado, el ciervo axis, el ciervo dama etc., introducidos con fines cinegéticos.

En el parque hay lagos de extraordinaria belleza; el Nahuel Huapi, del cual toma el nombre, el Traful, el Falkner, el Gutiérrez, el Mascardi y el Guillelmo.

Otros atractivos destacados son el Cerro Tronador, de 3.491 m, cuyo nombre se debe al ruido producido por el desprendimiento de hielo, el bosque de arrayanes de la isla Victoria y el Valle Encantado.

Clima y Relieve.

El Parque y Reserva Nacional Nahuel Huapi se extiende por 712.160 ha entre las provincias del Neuquén y Río Negro, en Argentina.

En 1903 Francisco Pascasio Moreno donó tres leguas² (225.000 ha) para su creación, la cual se concretó en 1934, siendo uno de los primeros parques nacionales.

La principal característica climática del clima de este parque nacional es la disminución de las precipitaciones de oeste a este, pasando de 3000mm en el límite con Chile hasta 600mm en la estepa patagónica.

Éstas estan concentradas en invierno, cuando son frecuentes las nevadas. Las temperaturas varian con la altura, con 2200m.s.n.m. como límite de las nieves perpetuas. A 800m.s.n.m. el promedio de las temperaturas es de 8ºC, con una media de 15ºC en enero y 2ºC en julio, con extremos de 33ºC y -15ºC.

El parque se encuentra atravesado de norte a sur por la Cordillera de los Andes, por lo que el relieve es montañoso. La montaña mas alta del parque es el Cerro Tronador de 3491m.s.n.m.. Son numerosos los valles en este sector de la cordillera y se observa una disminución de la altura con respecto a regiones más al norte.

Las especies de vertebrados de Conservación prioritarias para el Parque Nacional Nahuel Huapi son aquellas llamadas “especies de valor especial”, esta categoría le permite a cada parque nacional orientar y priorizar los esfuerzos de observación, registro, investigación y monitoreo hacia las especies mencionadas en ese listado (esta iniciativa fue aprobada por la APN en el año 1994 a través de la Resolución N°180).
El Parque Nacional Nahuel Huapi posee 24 Especies de Vertebrados de Valor Especial, los criterios por los cuales esas especies fueron encasilladas en esta categoría se detallan a continuación y luego se ubican para cada especie:
a) Esté amenazada de extinción o sea vulnerable a nivel general ó en Argentina.
b) Sea endémica estricta del Parque Nacional.
c) Sea endémica del Parque Nacional y zonas cercanas (endémica regional).
d) Sea el único Parque Nacional en que se ha encontrado la especie hasta el momento.
e) Cumpla un rol ecológico clave para el funcionamiento y características de todo el ecosistema (especies clave, eslabones móviles, predadores-tope, mutualistas).
f) Sea de distribución restringida dentro del Parque Nacional, en general asociada a tipos de hábitats muy especiales y éste además escasamente representada en el resto del país.
g) El Parque albergue una población de importancia numérica significativa para la especie en Argentina.
h) La especie tenga un alto grado de singularidad taxonómica (por ej.: Familia ó género monotípico).
i) Su escasa presencia en áreas protegidas justifique una atención especial.
j) Este bien representada en otras regiones del país, pero las poblaciones del Parque Nacional tengan características ecológicas muy peculiares ó únicas.
k) Sea particularmente valorada por la sociedad (de valor cultural u otro).
Flora y Fauna.
Las zonas bajas de las montañas y los valles están cubiertas de bosques en los que crecen lengas, ñires y coihues. Las flores – rojas del notro, anaranjadas de la mutisia y amarillas del amancay- son protagonistas del verano y los hongos y líquenes lo son del otoño. Hacia el este, el bosque se hace mas abierto, con predominio de cipreses de la cordillera y ñires, hasta confundirse con la estepa, donde se pueden encontrar especies como el neneo y el coirón.
Las abundantes precipitaciones del área de Pto. Blest, recostada sobre el límite con Chile, permiten el desarrollo de un interesante y particular ambiente: la Selva Valdiviana, dominado por las altas copas del ciprés de las guaitecas, el fuinque, el maniú hembra y el macho, a cuyos pies se extiende un denso sotobosque. En esta formación se destaca la presencia de gigantescos y milenarios ejemplares de alerce.
La riqueza biológica del Parque resulta sorprendente. Hospeda más de un millar de especies botánicas superiores y 334 de animales vertebrados. El listado incluye animales en peligro de extinción, como el huemul y el huillín, y rarezas como el monito del monte -un marsupial de hábitos nocturnos- y el pudú, considerado el ciervo mas pequeño del planeta. Nahuel Huapi, además, es el único lugar donde se puede encontrar la rana del Challhuaco y el tuco tuco colonial. A este preciado patrimonio natural se suma una fantástica diversidad cultural. En la región conviven comunidades mapuches, criollas y europeas.

Un paseo por la Patagonia: desde la Reserva Natural de Península Valdés hasta El Bolsón.

Gran desbarajuste. Éramos más de trescientas personas. Hubo que esperar largo rato a los autobuses, hubo apretujones para abordarlos, hubo cola en la recepción de los hoteles para inscribirse. Pasaba de las cuatro cuando nos metimos en cama. A las seis, nos despertaban para llegar al aeropuerto y despegar a las ocho.

Desayuno improvisado, sólo atendían el hotel dos personas a esa hora. Otra vez el control de policía, otra vez cientos de pasajeros ante la puerta de un embarque que nunca comenzaba. Empezaron a establecerse relaciones entre distintos pasajeros. Había un grupo de payasos italianos de alguna ONG que trataron de entretenernos.

A las diez y media comienza el embarque. Cuando apenas han pasado cien personas, suspenden el embarque. Vuelven a traer a los que primero habían embarcado. Apenas llegan, vuelve a reanudarse el embarque. Cuando sale la primera jardinera vuelven a parar el embarque. Para traer a esos pasajeros de nuevo a la puerta necesitaron la ayuda de la guardia civil. Para calmar los exaltados ánimos nos dieron barra libre en el bar. Vino el jefe de pasaje. Pidió disculpas, intentó dar razones de tanto despropósito, prometió rápida solución.

A las tres y media de la tarde por fin embarcábamos de forma definitiva, después de haber compensado con 200 euros a cada pasajero. El ambiente entre el pasaje recordaba “Autopista del Sur de Cortázar”; estábamos atrapados en la zona de embarques internacional en lugar de en una autopista, pero incluso comenzaron amores mágicos.

El remate fue el trato desabrido de la tripulación durante las doce horas de vuelo. Es raro encontrar algún tripulante en las flotas grandes de Iberia que merezca el calificativo de amable. Pero esta vez superaron casi todas las cotas. Se acabaron los impresos de las quejas. Una mujer pidió la solidaridad del resto del pasaje porque su marido enfermo estaba tirado en el suelo y además le decían que estorbaba. Por supuesto me apunté a la bronca. Respirábamos indignación. A la vuelta nos tocó la misma tripulación y se acordaban los muy perros.


Trasbordo en Buenos Aires.

Llegamos a nuestro hotel Esperia en el Once pasadas las once de la noche. Una cena rápida en un local cercano que decidió atendernos, aunque había cerrado.

La cerveza de litro en los restaurantes. Otra amabilidad argentina que había olvidado. Sueño de gente agotada. A la mañana, mientras disfruto las medialunas del desayuno, llamo a Enrique. En breve se presenta. Nos achuchamos, nos contamos las nuevas y salimos a gestionar los billetes que nos lleven a la Patagonia.

Península Valdés.

Volamos a Trelew en Península Valdés. Cuando el avión desciende se ve una llanura infinita de matojos pequeños con algunas inacabables rectas que son carreteras de ripio. Recuerdo “Los hijos del capitán Grant” de Julio Verne.

Alquilamos un coche en el aeropuerto. Nos enteramos que aquí es frecuente volcar y por lo tanto hay que dejar una franquicia de 4000 pesos, más de 1000 euros. El coche, afortunadamente está tocado por todos sitios. Pienso que así habrá menos problemas a la hora de devolverlo.

Anochece, sopla el viento. Conduce Victoria porque yo estoy tuerto. Exageramos la precaución. Nos pasan camiones renqueantes. Una señal indica obligatorio el uso de las luces de cruce y aunque estamos solos en la carretera vamos despacio por no llevar las largas. Un rato después recuerdo que la señal se refiere a que de día también hay que llevar los faros encendidos, ponemos las largas y nos comenzamos a relajar. Vamos a Puerto Madryn, que le dicen Puerto Madrín.

Es una ciudad absolutamente turística, con muchos hoteles y toda la zona comercial a la orilla del golfo Nuevo. Después de varios fracasos que nos hacen pensar que aquello está lleno, conseguimos posada en el Hotel Petit. Salimos a cenar y a comunicar con la niña, que llegó bien a su destino, ya está en casa de Pepe. Nos hartamos de marisco en la Cantina del Náutico. Buscamos un bar para una copa. Entramos en uno que tiene varias mesas de billar, se llama “El Agite” Los pocos clientes que hay son adolescentes jugando al billar. El camarero estética heavy metal y la música también. Pero no sabe servir copas. Ha de ir a buscar whisky. Eso sí, cuando llega con la botella me sirve un vaso de cuarto de litro.

Desayunamos en el hotel. El comedor es una pequeña sala con vitrinas que exponen los objetos más variopintos: envases de antiguos medicamentos, fotografías, postales, navajas, llaves, piedras, conchas. Tienen aspecto de ser recuerdos del propietario. Pienso en Lalo, que arrastra hasta los cromos de su juventud, y confirmo el fetichismo como una característica de muchos argentinos. Un corto paseo por la orilla del mar, que me sirve para constatar un divertido cambio de costumbres. La baranda del paseo marítimo está llena de inscripciones del estilo “Pepe estuvo aquí en octubre del 2000″, pero ahora las firmas son direcciones de e-mail. Paramos en una estación de servicio, llenamos el depósito y compramos un set de mate, es decir, un termo, una matera, la bombilla y el mate. Por supuesto, llenamos el termo con agua caliente y nos dirigimos a Puerto Pirámides. La carretera conserva el asfalto durante algunos kms. luego se convierte en pista de ripio y nosotros en los conductores más lentos del país.

Reserva Natural de Península Valdés.

En primer lugar vamos a ver la Isla de los Pájaros que está al norte del principio del istmo de la península. Estamos solos, en armonía con el paisaje desolado y ventoso. Hay algunas construcciones: miradores, ermita, los restos de una vieja avioneta, que voló Saint Exupéry, un catalejo de esos de meter monedas y la Isla de los Pájaros que puede verse pero no pisarse, una alambrada lo impide. Además ahora está la marea alta y no se puede llagar a pie.

Efectivamente está llena de pájaros, pero más que nada llama la atención su forma. Es como la silueta de la boa que se tragó al elefante en “El Principito”. Mientras cotilleamos uno de los edificios, donde hay varios posters informativos de fauna y flora de la región y lucho con mi conciencia sobre llevarme unos tarros que hay con una víbora y una viuda negra -venció el civismo y no me los llevé- aparece un muchacho y nos cuenta algunas cosas. Está de prácticas de biología y vive en una de aquellas casetas durante unos meses mientras toma apuntes para su trabajo. La estrella del relato es el escritor de “El principito” quien además de trabajar como correo aéreo por estas tierras, escribió esa obra mirando a la Isla de los Pájaros evidentemente. Después de las fotos de rigor continuamos hacia Puerto Pirámides , aunque aún nos paramos en un museo con bichos disecados, fósiles, etc y un mensaje curioso. La puerta de un armario anuncia en su interior la especie más depredadora, cuando se abre un espejo nos devuelve nuestra imagen. Ingenioso ¿no?.

Puerto Pirámides es un pueblo minúsculo, que vive del turismo. La oferta estrella es el avistamiento de ballenas. Alquilamos una cabaña llena de camas y elegimos nuestra excursión de ballenas sin demasiado acierto porque después de hacerla pensamos que en zodiac habría sido más emocionante.

Las ballenas.

Antes de embarcarnos nos proporcionan unos ponchos de lona y unos chalecos salvavidas. Una procesión de guiris con aspecto de boyas cutres por la playa. Nos subimos a un barco que arrastrará hasta el mar un tractor mientras nos dan instrucciones obvias como “no se muevan todos bruscamente a la vez que podemos volcar, no griten que molestan a las ballenas, etc” y partimos costeando hacia el este. En la orilla se ven algunas focas y cormoranes, pero todos nos desojamos mirando el mar para decir los primeros: “por allí resopla”. Bueno, yo lo pienso.

En realidad, las ballenas están localizadas y censadas. Se han acostumbrado a la reserva y no dudan en acercarse a la embarcación para cotillear. Vienen a mirarnos, sobre todo las crías, las madres se acercan como esperando un comentario sobre su prole y vigilando por si acaso. Nos acercamos a la orilla y nos siguen, casi podemos acariciarlas pero la borda es demasiado alta. Victoria disfruta como si hubiera dado con una tribu de civilización perfecta. Filmo de forma compulsiva y pienso en la oferta de sumergirte con estos bichos, pero aún hace demasiado frío. Después de horas, que se hacen cortas, volvemos a la playa. En el camino vemos, de lejos, una ballena que brinca ofreciendo la vista de su cola, que nos faltaba. El atraque es curioso, el barco siguiendo las indicaciones de unos bidones y unos palos hincados en el fondo se coloca sobre el remolque y un tractor tira hasta dejarnos en la orilla.

Por la tarde, fatigosa excursión a Punta Delgada por una horrenda pista de ripio. Hora y media para 75 km. Vemos elefantes marinos desde muy lejos y vuelta por el mismo camino. Ahora con el sol poniente de frente para hacerlo más difícil. Por el camino vemos ovejas, caballos, algunos guanacos, gallináceas y un armadillo, cuando nos adelantan o se espantan de nuestro paso renqueante.

Cala Valdés.

A la mañana siguiente partimos hacia Cala Valdés. Voy adquiriendo soltura con el ripio. Paramos en una pingüinera. Es un acantilado de tierra sobre una playa, enfrente aflora un banco de arena paralelo a la costa. Todo parece llegar hasta el infinito. El viento es tan fuerte que resulta divertido ver como los pájaros vuelan hacia atrás por más esfuerzos que hagan para avanzar. Los pingüinos, que siempre parecen camareros elegantes, están anidando. Casi todos en parejas, incuban los huevos o fornican en los agujeros que han construido en el talud del acantilado. Los pocos que están solos gritan desconsolados. Comienzo a imitarles y conseguimos algún tipo de equívoca comunicación.

En Cala Valdés coincidimos con algún autocar. Son excursiones escolares. Procuramos evitarlas. Los guardas de la reserva, en plan cómplice nos permiten acercarnos a los elefantes marinos más allá del cercado. Así que llegamos hasta la playa procurando no hacer ruido para no estresar a las bestias. Me recuerdan a Fraga, gordas, torpes, gruñonas, autoritarias, inmovilistas. Pienso en uno de los folletos que leí. Contaba como las orcas atacaban a estos bichos. Deseo fervientemente que aparezca alguna orca, pero no tengo suerte . Pasamos un rato filmando como se tiran piedras por encima de vez en cuando y viendo como el grandón atiza a la más próxima algunas veces. Si fuera un bicho de estos me pasaría todo el tiempo en el agua. En tierra son un desastre.

Comemos cabrito asado mirando al mar. Discutimos si unos chorros y aletas que se adivinan próximos al horizonte son orcas o ballenas. Pronto uno de los guardas nos explica que son ballenas y nos presta sus prismáticos.

Seguimos hacia Punta Norte por un camino que sigue la costa. Paramos en una orilla cercana a la carretera. El suelo es de cantos rodados negruzcos, las olas se deslizan sin estridencia haciendo sonar las piedras de forma relajante.

En Punta Norte más de lo mismo, o sea elefantes y lobos marinos desde lejos. Damos un corto paseo, les miramos. También vuelan pelícanos sobre la orilla. Cuando volvemos al coche, nos encontramos un par de armadillos que se acercan y se dejan tocar. Les damos galletas y se hacen muy amigos. Son divertidos, parecen caballeros medievales miopes. Corretean de forma compulsiva y entre las escamas de la coraza les salen muchos y recios pelos. Aquí les dicen peludos.

De vuelta a Puerto Pirámides nos desviamos para llegar a una estancia que anuncia la mayor pingüinera del mundo. Llegamos a la estancia. Han habilitado un galpón con unas mesas y las paredes presentan bichos disecados, fotografías, carteles informativos de flora y fauna. En uno de ellos me entero que la coloración de los pingüinos, oscuros por arriba y blancos por debajo, responde a una estrategia; cuando nadan, les confunde con la luz de la superficie o el fondo y así es más difícil que se los coman. Por si acaso, nadan a una velocidad increíble, sobre todo en vertical, tanto, que a veces salen disparados como misiles varios metros sobre la superficie.

Curiosamente, aunque sean patosos en tierra, se mueven con la dignidad de un cronopio. Son tiernos y seductores. Una pareja de pingüinos me obsequió todo un paso de ballet. Luego se fueron caminando de la aleta (de la mano) por la orilla. Rememorando ese rato con los pingüinos he desatendido la conversación. Piden 50 dólares por persona para ir a la pingüinera. Pasamos de pingüinos. La cabaña no llega a los 50 pesos. Vemos maras, que son una especie de liebre del tamaño de un borriquillo.

Los argentinos nos miman. No sólo podemos devolver el coche en Puerto Madryn, sin necesidad de volver a Trelew, sino que nos aplican otra tarifa más ventajosa y nos ahorramos unos pesos. Conseguimos el billete de avión a Bariloche a muy buen precio en unas líneas aéreas del ejército. Descubrimos un gran invento turístico. Los ayuntamientos tienen unas oficinas donde se centraliza toda la oferta. Trato tope amable y gratuito. Les dices presupuesto y te dicen donde hay plazas. Contentos nos vamos a un hotel de cierto lujo: el Muelle Viejo. El hostelero había sido “gallego”, el verano anterior viajó a Mallorca. Su único recuerdo es un calor inaguantable. Tiene hijos en Barcelona.
A la mañana nos demuestra su amistad poniendo a todo volumen “Valencia”, cuando entramos a desayunar.

El vuelo en un fokker moderno con una corta escala en Esquel. Sobrevolar la cordillera siempre es un espectáculo.

Esta vez el coche que alquilamos está para estrenar, un WW Gol. No me comí ninguna letra, es el Polo de Europa, quizá le llamen Gol por la afición al fútbol. Esto parece Suiza pero a lo bestia. Grandes montañas nevadas, lagos, carretera amplia y asfaltada.

Paramos a llenar de gasolina el coche y de agua caliente el termo para el mate. Hace sol y fresco. Y tomamos rumbo sur hacia El Bolsón. De vez en cuando paramos y nos acercamos a la orilla del lago Gutiérrez y el Mascardi. Luego las montañas ya no tienen nieve, son más bajas. Campos muy grandes con vacas y la recta infinita de la carretera para nosotros solos. Velocidad de paseo mirando el paisaje mientras mateamos.


El Museo Municipal Mario Brososki es un museo dedicado a las reliquias de la corbeta Swift.

El Museo Municipal Mario Brososki es un museo dedicado fundamentalmente a la conservación y exhibición de las piezas y elementos que periódicamente se rescatan de la corbeta Swift hundida en la ría Deseado (Puerto Deseado, Provincia de Santa Cruz, Argentina) en el año 1770.

Todos los restos se hallan cuidadosamente documentados en el museo y presentados mediante paneles que contienen fotografías, gráficos, diagramas y textos.

El museo fue creado en el año 1983 como “Museo Regional Provincial” con el objetivo de resguardar el patrimonio de Santa Cruz, destacándose los restos que se habían recuperado, hasta ese momento, de la Corbeta Inglesa H.M.S Swift descubiertos el año anterior.2 El nombre del museo le fue otorgado en homenaje a uno de los jóvenes buzos oriundos de dicha ciudad que colaboró en el hallazgo del pecio, quien falleciera trágicamente al poco tiempo.

Este museo cuenta hoy en día con una colección de más de 400 piezas provenientes del pecio, en su gran mayoría obtenidas por medio de trabajos de arqueología submarina. Además hace pocos años se sumó la colección del Padre Manuel Molina, de material lítico de sociedades de cazadores-recolectores, conocidos en tiempos históricos como Tehuelches.

La nave de guerra británica HMS Swift fue construida en 1762 en el astillero de John Greave en Limehouse, a orillas del río Támesis, y botada en 1763. Era una sloop of war (categoría equivalente a la de corbeta en la nomenclatura española), que contaba con 28 metros de eslora y estaba armada con 14 cañones de 6 libras y 12 pedreros de 1/2 libra.

Apostada en la base británica Puerto Egmont, en las Islas Malvinas, la corbeta emprendió un viaje exploratorio por las costas patagónicas antes de que cayera el invierno de 1770.

Una tormenta los obligó a recalar en Puerto Deseado. Entrando a la ría Deseado encallaron en una roca sumergida y, a pesar de que tras deshacerse de mucha de la carga lograron liberar la nave, minutos después se toparon con un segundo escollo no cartografiado. A las seis de la tarde del martes 13 de marzo de 1770, el barco se hundió.

Murieron tres de los noventa y un tripulantes (el cocinero y dos soldados). El cuerpo del cocinero apareció días más tarde y lo enterraron tras un improvisado funeral.

Los náufragos permanecieron a la intemperie durante un mes, hasta que fueron rescatados por la única otra nave británica en Malvinas en ese momento: la Favourite. El rescate fue posible gracias a que los sobrevivientes de la Swift acondicionaron una chalupa y enviaron siete hombres a buscar ayuda a Malvinas.

Info:

Lunes a viernes, de 08:00 a 20:00 hs.
En temporada alta, también permanece abierto los días sábados y domingos de 15:00 a 19:00 hs.

Ushuaia, la ciudad más austral del mundo.

Los primeros pobladores de estas tierras llegaron a pie a lo que es hoy la isla Grande de Tierra del Fuego, hace más de once milenios. Fueron cazadores y recolectores nómadas provenientes del Norte, dispuestos a sobrevivir con los recursos naturales de un espacio que aún se mantenía conectado a la Patagonia continental. De estos grupos, que estaban emparentados con los tehuelches del continente surgieron los pueblos selknam y haush. Desde los archipiélagos occidentales de la Patagonia llegó otra oleada de pobladores, los nómadas del mar, yámanas y kawésqar.

A pesar de que las temperaturas son frías todo el año, se encuentra enclavada entre altos bosques magallánicos, los cuales aún sobreviven en los bordes de la ciudad. Ushuaia posee una temperatura media anual de 5,7 °C y una escasa oscilación térmica anual, que va de -0,3 en julio a 9,4 °C en enero; son extrañas las temperaturas de más de 15 °C en verano o menores a -8 °C en invierno.

Los récords de temperaturas absolutas son 29,4 °C (ocurrió en diciembre) y -25,1 °C (ocurrió en julio). Tal es lo persistente del frío que en pleno verano austral se han registrado eventuales nevadas, o temperaturas de solo -6 °C.

Las precipitaciones, que en invierno suelen ser en forma de nieve, están repartidas equitativamente a lo largo del año sumando un total de 524 mm, pero, si bien parecerían exiguas, a causa de la constante temperatura baja se tornan suficientes para convertir a Ushuaia en una ciudad de clima húmedo; también ayuda para ello el alto promedio de días con alguna precipitación -200 días al año-, siendo también alto el número de días nublados o brumosos.



El último santuario marino de las aves marinas an Patagonia: la Isla de los Pájaros.

Santuario para las aves marinas ubicado en la Península Valdés en la cual conviven más de 180 especies, entre ellas la Gaviota Cocinera, los Cormoranes de Cuello Negro y las Garzas Blancas. La Isla de los Pájaros es un lugar de conservación excepcional para dichas especies. Allí el tiempo se detiene y el viento se adueña de todo, confirmando su supremacía.

Ecosistemas de la Patagonia Argentina: el bosque de arrayanes en la ribera norte del lago Nahuel Huapi.

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El Parque Nacional Los Arrayanes es una reserva natural ubicada en el departamento Los Lagos de la provincia argentina de Neuquén; ocupa las 1753 ha de la península de Quetrihué, sobre la ribera norte del lago Nahuel Huapi.

Desde 1934 el territorio se encuentra bajo protección de la Administración de Parques Nacionales, formando hasta 1971 parte del Parque Nacional Nahuel Huapi; en esta fecha se decidió darle entidad autónoma por la importancia de la formación boscosa que alberga en su extremo sur, compuesta en exclusiva de arrayanes (Luma apiculata), un árbol de la familia de las mirtáceas de vistosa corteza color dorado y lento crecimiento.

El parque exhibe una muestra de la ecorregión del bosque patagónico, en el que predominan las especies semidesiduas, alternadas con turberas cuya extensión crece en latitudes más australes.

El clima, sólo ligeramente atemperado por la influencia lacustre, es frío y húmedo, con intensos y constantes vientos del Oeste; el valle en que se ubica es de origen glaciar, y hacia el Oeste se levanta la cordillera de los Andes. La estación más húmeda es el invierno; las precipitaciones decrecen al alejarse de la cordillera, desde los 4.000 mm anuales en Puerto Blest a 500 en la costa del río Limay.

La extensión relativamente reducida del parque restringe la variedad de especies presentes; en las inmediaciones del lago se encuentra el bosque de arrayanes australes (llamados en mapudungun quetri o temu), y junto a éste otras especies perennifolias, en especial el coihue (Nothofagus dombeyi). La vegetación de altura incluye también ñires (Nothofagus antarctica), cipreses de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum) y de la Cordillera (Austrocedrus chilensis), radales (Lomatia hirsuta), huahuanes (Laureliopsis philippiana), así como especies de menor alzada como la patagua (Myrceugenia spp.), el notro (Embothrium coccineum) o el boldo (Peumus boldus). El sotobosque está formado sobre todo por maqui (Aristotelia chilensis y A. maqui) y colihue (Chusquea culeu).

La fauna avícola es rica, e incluye tanto especies de hábito acuático, como el cormorán imperial (Phalacrocorax atriceps), que anida en las islas vecinas, y el cauquén huallata o ganso andino (Chloephaga melanoptera), como habitantes del bosque como los chucaos (Scelorchilus rubecula), varias especies de pájaros carpinteros (Campephilus spp.), y los rayaditos (Aphrastura spinicauda).

Junto al agua también se encuentra al fuertemente protegido huillín, el lobito de río patagónico (Lutra provocax). Las especies del bosque resultan de difícil avistaje debido a su comportamiento huidizo; incluyen al monito de monte (Dromiciops gliroides) —que, pese a su nombre, no es un primate, sino un pequeño marsupial—, el zorro rojo americano (Pseudalopex culpaeus), el gato montés americano (Oncifelis geoffroyii) y uno de los artiodáctilos más pequeños, el pudú (Pudu puda).

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Parque Nacional “Los Arrayanes: Protección de los arrayanes en la reserva natural patagónica


El Parque Nacional Los Arrayanes es una reserva natural ubicada en el departamento Los Lagos de la provincia argentina de Neuquén; ocupa las 1753 ha de la península de Quetrihué, sobre la ribera norte del lago Nahuel Huapi.

Desde 1934 el territorio se encuentra bajo protección de la Administración de Parques Nacionales, formando hasta 1971 parte del Parque Nacional Nahuel Huapi; en esta fecha se decidió darle entidad autónoma por la importancia de la formación boscosa que alberga en su extremo sur, compuesta en exclusiva de arrayanes (Luma apiculata), un árbol de la familia de las mirtáceas de vistosa corteza color dorado y lento crecimiento.


Ecología.

El parque exhibe una muestra de la ecorregión del bosque patagónico, en el que predominan las especies semidesiduas, alternadas con turberas cuya extensión crece en latitudes más australes.

El clima, sólo ligeramente atemperado por la influencia lacustre, es frío y húmedo, con intensos y constantes vientos del Oeste; el valle en que se ubica es de origen glaciar, y hacia el Oeste se levanta la cordillera de los Andes. La estación más húmeda es el invierno; las precipitaciones decrecen al alejarse de la cordillera, desde los 4.000 mm anuales en Puerto Blest a 500 en la costa del río Limay.

La extensión relativamente reducida del parque restringe la variedad de especies presentes; en las inmediaciones del lago se encuentra el bosque de arrayanes australes (llamados en mapudungun quetri o temu), y junto a éste otras especies perennifolias, en especial el coihue (Nothofagus dombeyi). La vegetación de altura incluye también ñires (Nothofagus antarctica), cipreses de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum) y de la Cordillera (Austrocedrus chilensis), radales (Lomatia hirsuta), huahuanes (Laureliopsis philippiana), así como especies de menor alzada como la patagua (Myrceugenia spp.), el notro (Embothrium coccineum) o el boldo (Peumus boldus). El sotobosque está formado sobre todo por maqui (Aristotelia chilensis y A. maqui) y colihue (Chusquea culeu).

La fauna avícola es rica, e incluye tanto especies de hábito acuático, como el cormorán imperial (Phalacrocorax atriceps), que anida en las islas vecinas, y el cauquén huallata o ganso andino (Chloephaga melanoptera), como habitantes del bosque como los chucaos (Scelorchilus rubecula), varias especies de pájaros carpinteros (Campephilus spp.), y los rayaditos (Aphrastura spinicauda).

Junto al agua también se encuentra al fuertemente protegido huillín, el lobito de río patagónico (Lutra provocax). Las especies del bosque resultan de difícil avistaje debido a su comportamiento huidizo; incluyen al monito de monte (Dromiciops gliroides) —que, pese a su nombre, no es un primate, sino un pequeño marsupial—, el zorro rojo americano (Pseudalopex culpaeus), el gato montés americano (Oncifelis geoffroyii) y uno de los artiodáctilos más pequeños, el pudú (Pudu puda).

Problemas de conservación.

Además de la competencia que representa para las especies nativas la introducción de exóticos importados de Europa, en especial el jabalí y la liebre europea, y del ganado vacuno, el turismo ha representado un grave daño para la vegetación, en especial los arrayanes. Debido a su lento crecimiento, los ejemplares juveniles eran destruidos inadvertidamente por los visitantes, mientras que la remoción de la vegetación superficial provocó la exposición de las raíces de los ejemplares mayores, dañándolos de manera irremediable en algunos casos. Hoy un sendero cubierto delimita el área del bosque que puede visitarse, y un área del parque ha sido designada reserva natural estricta, estando prohibida la visita a la misma.

Acceso.

El acceso al parque puede realizarse tanto por vía lacustre, mediante el servicio de catamaranes que parte de la vecina ciudad de Bariloche y visita también la isla Victoria, como por tierra, desde la casi inmediata localidad de Villa La Angostura; el sendero peatonal que recorre la sección más interesante del área abierta al público comienza en esta última localidad, y se extiende por casi 14 km.

No hay centro de interpretación en el mismo parque, pero la zona del bosque de arrayanes está señalizada para explicar las etapas del crecimiento de esta especie.

El arrayán (Luma apiculata), también llamado arrayán chileno, palo colorado, quetri o temu;es una especie arbórea siempreverde de la familia de las mirtáceas. Crece en los bosques templados de Chile y la Argentina, en especial junto a cursos de agua. En la Argentina se distribuye en la zona andina desde el centro del Neuquen, hasta el norte de la provincia del Chubut, y en Chile se distribuye desde la Vª a XIª región, es decir de los 33 a 45º latitud sur.
Sus hojas son simples, de forma redonda u ovalada; brillantes por el haz y terminadas en una espícula o mucrón. Produce flores hermafroditas en grupos de 3 a 5 unidades, blancas y olorosas, de hasta dos centímetros de diámetro.
La corteza es de color castaño cuando el árbol es joven y anaranjado cuando es adulto; está cubierta por una capa de textura pilosa que se desprende al contacto.
En la mayor parte de su área de distribución crece como un arbusto muy ramificado, de unos 3-5 m de altura. Pero en ciertos lugares como el Parque Nacional Los Arrayanes (Neuquén, Argentina) o el Parque Nacional Chiloé (Chiloé, Chile) existen bosques donde alcanzan hasta 20 m  de altura y 1 m de diámetro. Su crecimiento sin embargo es muy lento, y se ha destinado especial protección a los renovales para evitar su destrucción accidental por los visitantes.
Usos y cultivo.
La floración tiene lugar en el verano y es relevante para la producción de miel de bosque. Su fruto es una “baya comestible” de color negro o morado llamada arrayana, o mitao por algunas personas, a semejanza del fruto de la patagua. De estos frutos, los indígenas elaboraban chicha, una particular bebida alcoholica.

Se ha naturalizado en partes de Irlanda y la Gran Bretaña y se le ha introducido en España.

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Patagonia argentina, tierra de contrastes

La Patagonia argentina, también llamada región patagónica, es una de las regiones geográficas de la Argentina, que comprende la parte de la Patgonia que abarca este país.

Comprende las provincias de Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, y la parte sur de La Pampa, Mendoza y Buenos Aires.

Presenta dos relieves diferentes:

* Al este es el ámbito de las mesetas. La subregión de Patagonia extraandina tiene clima frío y seco y bioma de estepa. El relieve es de mesetas escalonadas cortadas por valles fluviales y por bajos.

* Al oeste es el ámbito de las montañas. La subregión andina coincide con los Andes patagónicos. Tiene la selva fría magallánica y lagos. Una gran parte de este territorio se encuentra formando parques nacionales.

Descubrimientos paleontológicos

En el 2002, un grupo de investigadores argentinos y estadounidenses comenzaron una investigación de la flora en la Patagonia. Los miembros argentinos pertenecen al “Museo Paleontológico Egidio Feruglio” de Trelew y los miembros estadounidenses son de la Universidad de Pennsylvania y del “Museo de Denver”.

Las investigaciones se realizaron en dos yacimientos: del río Pichileufú (que abarca un área de alrededor de 30 km², en la Provincia de Río Negro) y el de Laguna de Hunco (con una extensión de 1.000 km², en Chubut.

Como resultado de estas investigaciones, se encontrarón restos fósiles que pertenecen al Eoceno, dentro del Período Terciario, con una antigüedad de 50 millones de años.

En esa época la Patagonia tenía un tipo de clima subtropical (es semidesértico en la actualidad), con precipitaciones anuales de 1.600 a 2.000 mm (ahora de 100 a 150 mm) y su temperatura media era de 16/17 °C. Estas condiciones climáticas provocaron que la zona fuera una selva, de donde se pudieron encontrar 172 especies de plantas, la gran mayoría extinguidas.

Hoy, sólo es posible encontrar 20 especies de plantas, que fueron las que pudieron adaptarse al lento proceso de cambios climáticos.

Uno de los hallazgos que más sorprendió fue la presencia de eucaliptos, árbol que los científicos consideran oriundos de Australia. Con la aplicación del método de datación isótropa se comprobó que los mismos databan de unos 50 millones de

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