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Buenos Aires: Como en casa

Buenos Aires:

No hubo muchas historias de amor inconclusas en París, de la ciudad del amor y las luces solo obtuve su noche y una musa, que llamare Leona. Y que aunque mis labios nunca supieron tocarse con los suyos, bese una y mil beses antes de partir. Volví a Buenos Aires al auxilio de mis amigos y a terminar una carrera universitaria nunca empezada. All is one es la leyenda que aparece en el logo de la cadena de restaurantes “Hard Rock Café”, y me enseñó mas que Toda la escuela secundaria.

Alguna vez leí en un sobre de azúcar…

… Pero tuve miedo

de amar con locura,

de abrir mis heridas,

que aun suelen sangrar.

Y no obstante toda mi sed de ternura,

Cerrando los ojos, la deje pasar…

Como en Casa:

… Otra vez la vida en Buenos Aires, al comienzo una vez mas… de la nada. Es que ya nada se parecía a nada. Todo parecía cambiar por aquellos días, o era mi mente. Aunque tenía la impresión de que mi generación- lo siento por tanta redundancia- no generaría finalmente el cambio. Mientras tanto, los que pretendíamos tener una visión más panorámica del pasado y del futuro – y ojo que no hablo de lecciones de historia.- nos debíamos de conformar con el camino de la formalidad. Entiéndase que la formalidad para un tipo como yo es aceptar las reglas anti naturales de la culturización. Al menos discutibles. No digo que estén bien o mal, solo que son cuestionables. Además… ¿Desde dónde se imponen las normas?

El hombre prehistórico tuvo que ir aprendiendo a vivir viviendo, en lo cotidiano de su pasar. Así aprendió a cultivar y asentarse en determinado lugar. Luego quiso dejar marca de su gran descubrimiento, quizás con la buena intención de hacerle la vida más fácil a otro, pero también con la intención egoísta de dejar un rastro propio, una marca personal en la historia humana. Luego alguien inventó la imprenta y esta fue regulada por la iglesia, quien entonces fue dueña de la única verdad. Pero esta escapó de sus manos y entonces tuvimos incansables verdades dando vuelta. En las universidades se seleccionaron verdades y se enseñan como únicas y universales y, por supuesto, uno tiene que aceptarlas como tales. Empezaron a nacer infinidades ciencias que en nuestra sociedad se catalogaron como naturales, humanísticas y sociales, exactas, orientales, etc. Y en otras sociedades quizás más inteligentes se catalogaron como bienvenidas dentro de la ciencia única: El uso de la cabeza.

De modo que empecé a convencerme que no hay razón, ni amor, ni religión, ni moral, ni ciencia única, ni la menor fuente que por si sola tenga la cualidad necesaria como para regir mi vida o esta en aquella. Saber que nunca se ha llegado a una conclusión realmente concluyente. Varado en un mundo del no saber. Varado a comienzos de la vida en lo que parece ser la mitad. Por un amor, o la razón. Por una idea o un color. Por todo aquello que jamás pasó. Por todo, por todo estaba congestionado, como la mas sensible esponja. Dentro de un todo, un todo tan infinito como mi ser. Todo… la totalidad del ser.

Juan Lobo


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