Bill Joy: “Porque el futuro ya no nos necesita” (Parte I)

Creo

que la revista “Wired” en una de las publicaciones más interesantes en lo que respecta a tecnología, Internet, o “nuevas tendencas”.
Cuando en dicha revista se publicó este artículo de Bill Joy hace casi ya diez años, nadie sospechaba que al día de hoy, las palabras de Bill Joy sequirían resonando con mayor vigencia cada día que pasa… en 11 entregas publicaré en este blol mi traducción de este brillante texto de uno de los fundadores de Sun Microsystems..

Porqué el futuro ya no nos necesita

por Bill Joy

Nuestras más poderosas tecnologías del siglo 21 – robótica, ingeniería genética, nanotecnología – están amenazando en trasformar la especie humana en una especie en peligro de extinción…

Desdé el momento en que me ví involucrado en la creación de nuevas tecnologías, sus dimensiones éticas me han preocupado, pero no fue hasta el otoño de 1998 que me volví ansiosamente consciente de cuan grandes son los peligros a que nos enfrentamos en el siglo XXI. Puedo fechar el comienzo de mi incomodidad al día en que me encontré con Ray Kurzweil, el merecidamente famoso inventor de la primera máquina lectora para ciegos y otros muchos objetos sorprendentes.

Ray y yo éramos, ambos, oradores en las conferencias Telecosm y me lo encontré por casualidad en el bar del hotel una vez terminadas nuestras sesiones. Yo estaba sentado con John Searle, un filósofo de Berkeley que estudia la consciencia. Ray se acercó e inicio una conversación cuyo contenido sigue dándome escalofríos hasta el día de hoy.

Yo me había perdido la conferencia de Ray, y el subsiguiente debate en el que Ray y John habían participado, y que ellos retomaban aquí en el punto en que lo habían dejado, con Ray diciendo que la tasa de crecimiento del desarrollo tecnológico se iba a acelerar, y nosotros nos convertiríamos en robots, o nos fusionaríamos con ellos, o algo parecido, y John sosteniendo que esto no podría pasar, ya que los robots nunca alcanzarían la consciencia.

Habiendo ya escuchado conversaciones como esta, e había pensado que los robots auto conscientes eran algo que pertenecía al dominio de la ciencia ficción. Pero ahora, viniendo de alquien al que respetaba, estaba oyendo un argumento convincente de que esto era una posibilidad más que factible en un futuro próximo. Me sentí dubitativo, dada la probada habilidad de Ray para imaginar y construir futuros. Yo sabía ya que nuevas tecnologías como la ingeniería genética y la nanotecnología nos estaban dando el poder para rehacer el mundo. Pero un escenario realista e inminente para robots inteligente me sorprendió.

Es fácil volverse escéptico ante tales avances. Casi todos los días escuchamos en los noticieros sobre algún avance tecnológico o científico. Pero esta no era una predicción usual. Ray me regaló una pre-impresión parcial de su próximo libro, “La era de las máquinas espirituales” que esbozaba una utopía que el preveía. Una en la que los humanos alcanzaban una quasi-inmortalidad al fusionarse con la ingeniería robótica. Al leerlo, mi sentido de incomodidad solo consiguió intensificarse: estaba seguro que él tenía que comprender los peligros, comprender la posibilidad de un mal resultado si se sigue este camino.

Me sentí aún más perturbado tras lctura de un pasaje describiendo un paisaje diatópico:

EL NUEVO DESAFÍO LUDDITA

Postulemos primero que los científicos en computación consiguen desarrollar máquinas inteligentes que pueden hacer las cosas mejor que los seres humanos. En ese caso todo el trabajo será realizado por sistemas enormes, altamente organizados, de máquinas y ningún esfuerzo humano será entonces necesario. Nos enfrentaríamos a dos casos: podría ocurrir que diéramos a las máquinas la posibilidad de tomar sus propias decisiones, o que retuviéramos el control sobre estas decisiones.

Si a las máquinas se les permite tomar sus propias decisiones, no podremos hacer ninguna conjetura sobre sus decisiones, porque es imposible adivinar como van a comportarse tales máquinas. Solo señalamos que el futuro de la raza humana estaría a merced de las máquinas. Podría argumentarse que la raza humana nunca sería tan tonta para traspasar todo el poder a las máquinas. Pero ni estamos sugiriendo que los humanos cederían el poder voluntariamente a las máquinas, ni que las máquinas voluntariamente tomarían el poder. Lo que estamos sugiriendo es que la raza humana podría fácilmente permitirse a sí misma deambular hacia una posición de tal dependencia de las máquinas que no habría otra opción práctica que aceptar las decisiones de las máquinas. Mientras la sociedad y los problemas a que se enfrenta se vuelven más y más complejos y las máquinas se vuelven más y más inteligentes, la gente dejará a las máquinas tomar más decisiones por ellos, simplemente porque esas decisiones serán cada vez más prácticas que las humanas.

continuará

Para mis paisanos y paisanas… atentaamente, Ernesto Piedra


de esta traducción:
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