El AMIGO AUSENTE “Ahora que no estás. Ahora que puntea otra vez el verano con perfume en el aire y chicos en las plazas y el amor,intenta encendernos el pecho,la mirada…está volviendo lo de todos los años: las noches apacibles con los viejos amigos; el vino repartido,el recuerdo ganado. El ajedrez perdido…
Ahora me doy cuenta. Y no quiero engañarme:son inútiles,vanos,estos nuevos rostros y estas nuevas manos.
En estas calles nuestras,detrás de tanta gente,detrás de tanto ruido,el silencio es más grande,más notable tu ausencia.
Ahora me doy cuenta:ya no es igual el pueblo. Le falta un habitante a su antigua inocencia.
En la estación de las flores se bajó un pasajero. Y se quedó. Y no vuelve.”
Simples palabras,apenas un poco de memoria y otro poco de dolor…
Todos llevamos en nuestra alforja memoria de los amigos que ya no están,hoy lejanos en distancias ya no compartidas,amigos que se alejaron por otros rumbos,allende océanos y montañas.
También están aquellos para siempre ausentes,los que decidieron un día dejar correr su vida como el agua de la fuente que se desborda para correr hacia el mar,y allá partieron,al infinito de donde no se vuelve jamás…
Amigos de la infancia,los de las tardes de bicicleta,la cacería de caracoles en los baldíos y el “ring raje” inevitable que coronaba una jornada de aventura…
Amigos de la juventud,los confidentes de amores desdichados,los del partido de fútbol pueblerino,o las amigas de la vuelta del perro en la calle principal,y las del colegio secundario,las medias cortonas y caídas y la etiqueta de cigarrillos escondida entre las carpetas.
Amigos del vecindario,del trabajo,de la universidad,amigos que hicimos en algún viaje,o en los blogs…
Amigos que tuvimos,gente que ya no puebla nuestro presente,los que ganamos y perdimos,los de muchos años y los de apenas meses…Que diferencia puede haber?
Ya no comparten nuestro pan y nuestro vino,la mesa larga de los sábados,el baile y el asado,la camisa o los zapatos de tacón,ya no nos abrazan ni nos cuentan sus cosas,no nos regalan sus canciones ni nos prestan más sus libros…
Simplemente se fueron,tomaron el rumbo que la vida o la muerte les trazaron,y hoy,por la magia de la música nos vuelven a la memoria,y como una nube fantasmal,difusa,aparecen en tropel para recordarnos el valor de una palabra y el sentimiento más perdurable después del amor: AMISTAD.
Por todos ellos,y para ellos,un amoroso,sentido recuerdo,y una melodía…
Amigo,para vos también!
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A la Rita la parieron mal. Sea porque era víspera de Viernes Santo, sea porque en Tucumán había hambruna, o simplemente porque la madre era guacha ella también, y para colmo pobre de solemnidad, la cosa es que la criatura no se anunció con ninguna estrella, no hubo Reyes Magos, vaca, burro ni pastores… Tan solo la vieja Toya para asistir el parto, el cual al final fue para la madre más rápido que escupir una semilla de sandía, habida cuenta que esa hija era la última de once hermanos. El camino estaba ya tan transitado que la Rita patinó sobre la huella desgastada del canal vaginal, y en menos de veinte minutos fue a dar con sus escuálidos 2 kg. en este cochino mundo. Al mismo momento de pegar el primer grito la madre entregaba el alma al Dios de los justos y los pobres, desagotada la poca sangre que los otros partos le habían dejado en las venas y feliz de abandonar una existencia que no valía ni un puñado de aquella tierra siempre ajena que le había servido de cuna primero y le haría de sepultura después.
Ya no quedaba resto, ni comida, ni paciencia para tanta prole en la ya atiborrada tapera (allí en el lote a orillas del cañaveral donde los “golondrinas” levantaban la ranchada en época de zafra), y la chinita se crió a la buena de Dios, en patas y desnuda, hasta que tuvo el tamaño suficiente como para calzar los trapos ajenos que heredaba de los más grandes.
Escasamente alcanzó a cursar el segundo grado, y a los ocho años ya andaba alzando caña siguiendo el paso de su padre y hermanos en la zafra, curtida ella de sol y de hambre, ardida de picaduras de zancudos, con llagas en las manos y un porvenir mas negro que la boca de una salamanca.
Tenía la Rita unos catorce años cuando entre gallos y carnavales le hicieron un hijo, y antes de las siguientes Pascuas otro. De los posibles padres no quedaba rastro ni el nombre… Eran “hijos del viento”, así se les decía, y de aquéllos no había mas huella que la mala memoria de los escasos minutos que había tardado cada concepción.
Para ese entonces la muchacha ya había cambiado el machete zafrero por la escoba y el estropajo. Trabajaba como doméstica en la cercana Monteros, y cada domingo viajaba al rancherío para ver a los changuitos, que se criaban pata en el suelo como antaño su madre, junto a la bandada de innumerables primos y parientes que en esos años habían agrandado la difusa familia.Llevaba algún paquete, unos dineritos para contribuir al menguado presupuesto de la abuela Toya, y luego se volvía, a empezar otra vez la infinita rueda de pesares y trabajo con que el destino la había premiado.
Malamente llegaba a los veinte cuando la patrona le propuso el viaje.Al marido lo trasladaban de provincia, y de la tierra azucarera saltaban a la costa atlántica… La aceptaban con los dos changuitos, con tal de no perderla, ya que la doñita estaba mala de salud y necesitaba de los buenos servicios de la muchacha y de la confianza que le tenía. No lo pensó dos veces. Pobre, ignorante, pero no tonta, sabía que era su única oportunidad de escaparle a su propio destino.
Hizo el atado de las escasas pertenencias, le compró a los críos remera, pantalón y zapatillas nuevas, abrazó a la abuela y a las hermanas, y aferrada a los hijos y a los bultos emprendió en micro el largo e incierto viaje a la desconocido, rumbo al mar.
Poco queda por contar de esta historia. Dieciseis años después, la Rita ha cambiado la pobreza y el desamparo de su Tucumán natal por el destino no menos duro y paupérrimo de un “asentamiento precario” (así se lo denomina en lenguaje oficial…) en el límite de la ciudad de Mar del Plata. Muerta la patrona con la que había venido desde el interior, perdidos la seguridad y el amparo que ella le significaban, forma una pareja estable por primera vez en su vida, en busca de ese refugio que supone le será el tener finalmente una familia constituída.
Él trabaja como peón en en una granja avícola, y entre cajón de pollos y cajón de huevos se arma de tiempo para hacerle tres hijos más… A los más grandes no se los quiere, los guachos no llevan su sangre, y hoy los muchachitos, catorce y dieciseís malas primaveras, deambulan por la villa, casi expulsados del hogar por el padrastro, y del sistema por una sociedad y un Estado que no los contienen ni los consideran, ni siquiera en su mínima condición de seres humanos.
Ambos han abandonado lo que apenas fué un proyecto de escuela secundaria, y arrastran su existencia por las esquinas del lugar, compartiendo la estridencia de la cumbia que sale por las ventanas de las casillas, la manada de perros flacos y sarnosos que pululan entre la mugre y el tierral, mientras hacen sus primeros pasos en el nada difícil arte del consumo de la droga, que en pocos años los arrastrará a la delincuencia primero, al incendio de sus neuronas después, y finalmente a una muerte anunciada que vendrá de la mano de una bala “perdida” o de una sobredosis de paco, cerrando un ciclo infame que comenzara allá, muy lejos en Tucumán, el día que una oscura desconocida dejó de existir por darle la vida a una hija, la última, la Rita de esta historia mínima incrustada en el millón de otras historias de una Argentina que fingimos desconocer.
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Este relato, como corresponde a ciertos temas de ciencia ficción, tiene una accidentada historia… Fué escrito hace varios meses, a principios del invierno pasado. A los pocos minutos de ser publicado sufrió una violenta crítica de alguien que se sintió fuertemente damnificado por algunas frases. Correspondí gentilmente a esa estupidez retirándolo del blog, mas que nada para evitarme una polémica banal e innecesaria, toda vez que se trataba de una equivocación terrible, sin duda generada por alguna circunstancia individual de dicha persona que nunca alcancé a dilucidar. Posteriormente modifiqué las partes del texto que habían generado el conflicto, y así lo subí como texto de uno de los post sobre los 7 Pecados Capitales.
Y hoy, primer día del año, decidí comenzar con un desagravio al relato original, primero porque no hubo ni hay razón valedera que justificara tan absurda censura, y segundo porque ahora entiendo que nadie puede venir y decirnos que podemos, o no podemos subir al blog.
He aquí entonces el texto, música e imagen originales tal cual fué concebido “Cosmos”. Quienes lo deseen, lean y juzguen…:
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Alex levantó la vista del monitor, se sentía agotado… Hacía tres días que permanecía casi sin interrupción en su puesto, atento a la menor alteración en los valores del vuelo; una distracción podía serle fatal, con el más mínimo error toda la misión se derrumbaría estrepitosamente, y su vida valdría entonces menos que el más pequeño microátomo de sus propios deshechos.
Observó a través de del ojo de buey el espacio infinito, pero su mente divagaba evidentemente en otra galaxia… - Nyobe,dónde estarás en este momento?
La había conocido hacía apenas siete meses atrás, cuando la encontró atascada con su pequeña nave MiniStar, desviada por la atracción magnética de un inesperado meteorito, y debió auxiliarla antes que cayera en el 8º agujero negro de la órbita de Saturno.
Nyobe provenía del planeta Eleusis, el tercero y último descubierto en el transcurso de los últimos dos años, y el más semejante a la Tierra en cuanto a desarrollo biológico, por lo que la compatibilidad física y emocional de los eleusinos era casi total.
Solo se diferenciaban de los terrícolas en el desarrollo etario. Al tener Eleusis mayor frecuencia de rotación sus habitantes crecían a un ritmo normal, pero con ciertas características especiales, como el hecho de cumplir años cada ciento cincuenta días, y poseer el cabello completamente blanco desde la infancia.
Estaba Alex inmerso en estas divagaciones cuando un violento estremecimiento de la nave lo sacó del pantano mental.
Volvió a observar el exterior, esta vez con más atención. - ¡Wow, otra explosión solar! Malo, muy malo…
Los sacudones iban en aumento, y debió reacomodarse en la butaca, ajustando aún más el arnés de seguridad, so pena de salir despedido y ser aplastado contra el tablero de instrumentos.
Pese al momento no pude dejar de esbozar una sonrisa… - Igual que las tempestades que se agitan dentro de una mujer…
Sacudió la cabeza…
En efecto, Nyobe era temperamental, sensible, dominante y demandante, y la relación con Alex no habia transcurrido precisamente sobre carriles en los últimos tiempos, toda vez que debía compartirlo con la legítima esposa, hecho que a la eleusina le causaba menos gracia aún que las estúpidas bromas que le gastaban los otros pilotos al respecto.
Esta última despedida había sido particularmente una auténtica tempestad, frente a los pocillos del amargo café sintético con el cual la Corporación surtía la cantina del personal… Lágrimas, reproches, y finalmente amenazas habían adornado el breve encuentro, interrumpido por la violenta retirada emprendida por Nyobe, volteando al banqueta y estrellando el pocillo medio vacío contra el piso, en medio de las sonrisas socarronas y los murmullos entrecortados de los demás parroquianos.
Una sacudida más brusca y violenta intentó devolverlo a la realidad. Se dió cuenta demasiado tarde…
La nave no respondía a los mandos, y LAVIN-Ig5, la computadora capitana, arrojaba furiosos destellos y sonidos sibilantes preanunciando el desastre.
Fué lo último que Alex escuchó…
Absorto en el recuerdo de la tempestad eleusina no advirtió al magnitud de la otra, la verdadera, la que lo rodeaba, hasta que una postrera y terrible explosión solar lo arrojó al infinito, mientras allá lejos a años luz, una sonrisa maléfica se dibujaba en los labios de Nyobe…
Feroz, demoníaca, inmersa en esa su propia soberbia, se besaba a sí misma en la imagen del espejo, mientras agregaba a una larga lista otra víctima más del siniestro torneo de cacería humana con el que entretenía aquella infinita existencia estelar.
Al rescate de otro texto con música para el deleite de quienes no lo disfrutaron antes, y para el refrescar un grato recuerdo en aquellos que lo leyeron alguna vez, aquí este post tomado del ese baúl de las cosas viejas que todos guardamos en algún rincón del corazón.
La barcaza navega río abajo,y la niebla envuelve y aplasta con su densa espesura la imagen difusa de las aguas del Thames…
Apoyado en la barandilla,Jude aspira con fruición el acre y húmedo aroma de la atmósfera que lo rodea;pero no le sastisface,y con gesto apresurado y nervioso extrae de uno de los bolsillos de su gabán una etiqueta de cigarrillos.
-”¡Maldita sea…!” El exabrupto brota de sus labios casi inconscientemente;arruga bruscamente la cajetilla vacía y la arroja por la borda…Ahora tendrá que esperar como dos horas antes de poder desembarcar,y dar curso a la imperiosa necesidad de llenar sus pulmones con el áspero humo del tabaco americano que consigue a precio de costo en las tabernas del Limerhouse Link.
Sus ojos se pierden en el obscuro vacío de la niebla…El sonido acompasado del oleaje chocando contra el casco se entremezcla con el vocerío difuso de los otros marinos,encerrados en la cabina,adobados con el vapor del whisky barato, y arrojando ruidosamente las cartas en una endiablada partida de póker que parece no tener fin.
Pero Jude no los escucha,no siente ni percibe nada que no sea ese oleaje acompasado con su propio corazón,y el rumor interno de su cerebro que le repite una,y otra,y otra vez el mismo nombre tan celosamente guardado :-”Stella.Stella.Stella…”.
Siente que su garganta se estrecha,y las lágrimas pugnan por salir de sus ojos y rodar hacia las turbias aguas del río. Sabe a ciencia cierta que éste es su ultimo viaje en la barcaza; sus manos cambiarán los melodioso sonidos de la guitarra por los estallidos de un fusil. Al amanecer lo espera un tren ,que al igual que a otros cientos de jóvenes como él,lo llevará hacia el destino incierto de una guerra que no ha provocado,y a la que no quiere llegar.
Allá en el muelle queda una sombra…Stella,con su abrigo gris y el pequeño sombrero rojo,ve alejarse la embarcación,y doblar el último recodo del río. Se resiste sin embargo a marcharse,como si en esa permanencia pudiera retener un segundo más el abrazo que ambos se han dado al despedirse.Ella sabe,presiente que no volverá a verlo,y se queda allí,congelada en el aire y en el tiempo,saludando con la mano una sombra ya perdida en los colgajos de la niebla.
Jude marcha a la guerra…Ya no habrá regreso par él,y de su recuerdo solo quedará una medalla,una novia eterna en un muelle de la ribera del Thames,y esa melodía,aquella que cantaba con su guitarra mientras la barcaza se deslizaba liviana,casi intangible,por las aguas de la imposible felicidad.
No me gustaba la señora Ashworth… Mrs. Hildebrand Ashworth para mas datos, o Hilde, como la llamaban los escasos vecinos de esa zona de Engelwood.
No me engañaba con su imagen de dulce ancianita, de abuelita de cuento infantil, siempre ataviada con algún vestido floreado y la eterna chaqueta de punto color rosa viejo, el sombrero de paja bajo el cual asomaban escasos y ordenados mechones blancos.
Y menos me gustaba Bubbles, su gato.
No tengo nada contra las mascotas en general, de hecho siempre he tenido alguna, pero este animal en particular me provocaba un profundo rechazo.
Solía estar en la parte de afuera de alguna ventana mientras su ama podaba las azaleas o despulgaba los rosales, de lo contrario se lo veía reposando en las faldas de Hilde cuando ésta desde su reposera en el porche observaba con deliberada indiferencia el escaso y fácilmente controlable movimiento vecinal.
Bubbles tenía un solo ojo, o más bien dicho veía con un solo ojo, verde, fulgurante, siniestro, mientras el otro, de un celeste acuoso, casi transparente, semejaba un abismo insondable al cual no era grato asomarse. Resaltaban ambos en medio del denso pelaje negro azabache, y cuando alguien pasaba frente a la pequeña casa de la anciana lo seguía fijamente con el ojo sano girando apenas la cabeza, pero lo suficiente como para provocar en el ocasional transeúnte un estremecimiento involuntario, como si una ráfaga de aire polar surcara por un instante el lugar sacudiendo las hojas de los árboles, arrastrando consigo una sombra baja y oscura que cegaba por un segundo la brillante luz del sol.
Un día cualquiera la gente comenzó a notar la ausencia de Mrs. Ashworth… Y otro, y otro, hasta que el olor nauseabundo atravesó el porche y ganó la calle. La prudencia cedió paso a la alarma, y los comedidos convocaron a la policía.
Cuando ésta ingresó a la vivienda encontraron a la anciana en el piso de la cocina… Llevaba varios días bien muerta, con su batón de florcitas y la chaqueta de punto; los ojos abiertos, desorbitados, el maxilar inferior desencajado en una mueca de espanto, y Bubbles, sereno, indiferente, esponjado en su pelaje de azabache, acostado sobre el cadáver de Hilde como una siniestra esfinge en miniatura, contemplando al sheriff y a sus azorados agentes con su único, refulgente ojo verde.
Cumplidos los trámites, dos ignotas señoras mayores, tan desconcertantes y viejas como Hilde recogieron el cadáver, y cargando el ataúd en el furgón del tren que diariamente pasaba por Engelwood se marcharon tan sigilosamente como habían llegado, sin dejar mas rastro que el extraño aroma de manzanilla y azufre que exhalaban a su paso, y que perduró por varios días en la enrarecida atmósfera del pueblo.
Nadie se acordó de Bubbles, hasta que un grupo de chiquillos que cazaban ranas en los charcos dejados por el reciente temporal aseguraron haberlo visto caminando sereno, en cauto equilibrio, apenas rozando con las almohadillas de sus patas el riel de la vía, siguiendo el rumbo y el destino de aquel tren que llevaba en sus entrañas el féretro de la indescifrable Mrs. Hildebrand Ashworth.
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Un nuevo reposteo, esta vez con este breve texto que en su momento tuvo tanto éxito, y que tanto me impresionó que no pude dejar de incluirlo en mi perfil. Con todo mi cariño, para los que gustan del amanecer…
Amanecer de un nuevo día…
Amanecer con imagenes de mi vida,de mi banda sonora,con los mejores recuerdos y con algunas tristezas…
Palabra con perfume de jabón en la ducha,con aroma de café y tostadas y de rocío en el pasto mañanero. Color de naranjas recién exprimidas en un vaso y naranja del cielo recién iluminado,y el sonido esperado de un beso de buenos días.
Amaneceres obscuros de invierno,de tormentas furiosas de verano,amaneceres con borrasca en el cielo y en el alma…
Amanecer sobre el mar,los pies en la arena,los labios salados,los ojos en el horizonte esperando esa nave que no llega al puerto de nuestra vida.
Amanecer en los brazos del ser amado,amanecer en soledad en un lecho para siempre medio vacío,o amanecer en tumulto matando tristezas en un baile sin fin…
Hay amaneceres agitados… Y hay amaneceres mansos y serenos…
Y finalmente,un amanecer por siempre inolvidable…Amanecer de hace años,con ese primer hijo recién parido en los brazos,los ojos grandes abiertos a un mundo nuevo,las manitas inquietas atrapando sus primeros sueños,el llanto demandante y el amor recién nacido. Amaneceres y música de mi vida…Huellas que dejo para que otros las transiten.
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Escasa de tiempo, corta de inspiración, y hasta que las recargadas actividades diarias me permitan abrirle de nuevo la puerta a las musas, me permito subir otro antiguo post, un cuento errante y lleno de misterios como el protagonista del título, que originalmente participó de aquellos inolvidables concursos que organizaba el Bicho de Letras, luego pasó a un blog que ya no existe (Cuentos de amor y Vida), posteriormente fué reciclado a nuevo y prestado a otro blog amigo (que también desapareció), y hoy, reconstruído,con una manito de pintura y otra de afecto, lo dejo aquí para que lo vuelvan a disfrutar quienes ya lo conocían, y lo conozcan aquellos que nunca lo habían leído.
Esperemos que ésta sea su última estación…
Idea y Texto: Penelope
Originalmente posteado en el blog Cuentos de Amor y Vida el 10/11/2009
Lo vieron pasar la primera vez por la estación Loria de la línea A. Una señora gorda con sombrero negro,dos soldados conscriptos de franco y un japonés con el brazo derecho enyesado aseguraron a los periodistas de Crítica haber divisado a la perfección el extraño convoy plateado, tan distinto de los habituales coches que tomaban diariamente bajo tierra para dirigirse a sus ocupaciones habituales.
Afirmaban sin dar lugar a dudas que la formación había aparentado detenerse en el andén para arrancar de nuevo velozmente …En ese breve lapso la señora gorda creía haber visto a su difunto marido en una de las ventanillas,uno del los soldados pretendió divisar al mismísimo general Belgrano, y el japonés juraba por sus ancestros qque en el convoy viajaba su tío Hiroshi, supuestamente muerto en la 2ª Guerra Mundial.
La siguiente vez fué más extraño: Eusebio Brenta, inspector de vías en la empresa de subterráneos fue sorprendido por el paso del misterioso tren cuando transitaba por el túnel entre las estaciones Moreno y Avenida de Mayo. Ésta línea, la C, corre un nivel más abajo que la otra…Era el mismo, o había más de un conglomerado de esos extraños vagones circulando por ahí?
Han pasado varios años. Con cada línea nueva,con cada ampliación de un túnel reaparece. Ya se lo conoce popularmente como “El tren de los muertos”, y la gente se ha acostumbrado a su paso. Varios han conseguido fotografiarlo cuando amaga detener su marcha, y en todas esas tomas aparece siempre una extraña imagen sobrepuesta: un ojo, agrandado por una lente de aumento, amenazante y admonitorio, como advertencia de algún ignoto apocalipsis urbano.
Según los especialistas en fenómenos paranormales, esto solo cesará el día que aparezcan los restos humanos de aquellos que fueron sepultados en tiempos de la Colonia junto a la antigua parroquia de San Nicolás, lugar que la ambición del hombre y el afán irrefrenable de destruirlo todo para reconstruir después destruyeron un día, para levantar sobre ruinas y sepulcros aquella que se conoce hoy como “la avenida mas ancha del mundo”, la 9 de Julio…Y bajo cuya superficie corre precisamente la línea C.
MOEBIUS: Film nacional de ciencia ficción, producido y financiado por alumnos de la Universidad del Cine. Se estrenó el 17 de octubre d 1996,y es considerado un ícono de la cinematografía independiente. (http://axxon.com.ar/wiki/index.php?title=Moebius)
Chris aplastó el cigarrillo a medio terminar y revolvió distraídamente la taza de café denso y humeante que acababa de servirse.
Las últimas palabras de Gillian le rebotaban en los oídos:
- Artista fracasado , lunático solitario…
Sonrió amargamente…De verdad, ella lo había puesto en su sitio.
¿Que era, sino eso, y además un pianista mediocre, animador ignoto de bodegones pueblerinos y cabarets de mala muerte?
Se aproximó al piano, deslizó sus dedos por el teclado… Apenas insinuó con la mano derecha aquella melodía que lo perseguía desde hace años, siempre la misma, idéntica, repetitiva, retornando una y otra vez desde otra dimensión, sin llegar a concretarse nunca.
Observó por la ventana hacia el valle. Los primeros copos de nieve caían leves como plumas de cisne, blanqueando los abetos y las desnudas ramas de los abedules cercanos… El invierno traía en ellos su tarjeta de presentación.
Recordó el café… Volvió sobre sus pasos, tomó la taza, y con el primer sorbo posó su mirada en el retrato de Gillian.
La amaba con locura, pero estaba demasiado consciente de los abismos que los separaban, y ahora que ella se había marchado definitivamente, tendría que aprender a sobrevivir con ese recuerdo lacerante por el resto de su alocada vida.
El cigarrillo y el café le habían dejado un regusto amargo en la boca… Buscó en la alacena la botella de whisky y se sirvió un vaso, sin duda el primero de otra larga noche de humo y alcohol. Pero necesitaba imperiosamente enjuagar la boca,el cuerpo y el alma, ahogar el dolor de las tripas y el corazón en un mar de vapores etílicos para quedar finalmente en estado de gracia.
En dos horas, cuando la temprana penumbra invernal hubiera cubierto la colina, Chris debía bajar al poblado para ejercer su rutina aporreando el viejo piano del Green’s Bull, entre las risotadas y las burlas de un montón de borrachos inútiles…
- Y malditas las ganas que tenía de ir precisamente hoy!
Volvió sobre sus pasos, apoyó el vaso sobre el piano y se sentó frente al teclado… Una vez más la melodía inconclusa se desgranaba sobre la colina silenciosa, deslizándose sutil entre los copos de nieve y el chisporroteo de la chimenea encendida.
Algún vecino retrasado y presuroso transitando el camino del valle hacia su hogar, al pasar movería su cabeza compasivamente…
- Otra vez, el loco de la colina y su musiquita… Poor man!.
Por los buenos tiempos pasados,y por la música y las palabras, que no se pierdan en la nebulosa del olvido, y sí permanezcan en nuestra memoria y en nuestro espíritu…
John levantó el cuello de su abrigo. La niebla, pegajosa y fría, se filtraba entre sus ropas hasta calarle los huesos, y le empañaba los anteojos con un rocío persistente de humedad y salitre.
-La ciudad ya no es la misma…
Caminaba tan lentamente, los ojos vueltos hacia el pasado, la memoria trabada y revuelta…
(¿Porqué estaba aquí, hoy, ahora, en este preciso instante? ¿Que ocultas maquinaciones del tiempo lo habían arrojado otra vez a la vida?).
No recordada del pasado más que aquella galería de espejos, su imagen multiplicada al infinito, y luego el estallido, la luz cegadora, el vacío a su alrededor, y ahora ésto…
( Una calle, una noche cualquiera, la ciudad… Liverpool? ¿ Es ésta,la de sus andanzas juveniles, la de los barcos inmóviles en los muelles? No la reconoce, o sí. Otras son la luces, los autos, los escaparates de los comercios, hasta los rostros de los escasos transeúntes que lo cruzan son distintos, como distintas son la lenguas y las voces que las pronuncian.
Solo el olor es el mismo… El aliento acre del puerto, mezcla de petróleo, sal y peces muertos lo devuelve al pasado lejano, como si con eso solo bastara para darle seguridad y fuerzas a su mente distorsionada.)
Alzó la mirada. El cartel indicador,algo borroso y oxidado, no daba lugar a dudas: Mathew Street…
Ahora todo parecíó iluminarse dentro de John.
-Oh my God…!
Conocía ese callejón, esos adoquines, las construcciones desparejas enroscadas en ocultos recovecos de ladriilos bermejos. Menos que eso; apenas un pasillo entre dos mundos distintos, entre el pasado y el presente, entre la vida y al muerte.
Apuró el paso…Sintió que debía hacerlo,algo lo atraía inexorablemente hacia el el destino inevitable de un reencuentro necesario,buscado, implorado durante treinta años.
En el 10 de Mathew Street el cartel luminoso guiñaba monótono sobre la humeda calzada su destello rojizo: “Cavern Club”…
Se detuvo, titubeó; supo que estaba por dar un paso definitivo y absoluto, una transición que lo devolvería al mundo perdido, a los sonidos olvidados de la música del ayer…Yesterday…
Avanzó, ya no tenía dudas: era la hora, el momento exactos, el reloj daba las doce campanadas y su tiempo terrestre se agotaba, debía pasar por ese portal mágico para perpetuarse en la historia de la humanidad.
Adentro la bruma del puerto parecía prolongarse… Azuladas luces se proyectaban sobre el diminuto escenario, y sobre él tres figuras (¿o solo eran tres sombras?) parecían aguardarle…
Una de ellas se adelantó tendiéndole una mano y el haz de luz iluminó su sonrisa franca, abierta, la mirada húmeda…
-John…
- Paul…!
Supo que las palabras ya no eran necesarias.
Subió al escenario; tomó el instrumento apoyado en una silla, y tras arrancarle algunos rasguidos, se detuvo un instante… Se miraron, y ya no hizo falta nada más.
John, Paul, Ringo y George juntos, eternos,inmutables, como antes y para siempre,ayer,hoy…
The Beatles, for ever …
"...Y la señora Enriqueta me había dicho que teníamos muchas vidas,entrelazadas unas con otras,pero que una muerte o una boda,a veces no siempre,las separaba.y la vida de verdad,libre de todas los lazos de vida pequeña que la habían atado,podía vivir como habría tenido que vivir si las vidas pequeñas y malas la hubieran dejado sola."
"La plaza del diamante" - Novela de la escritora catalana Mercé Rodoreda (Barcelona,1909-Gerona,1983)
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