RECUERDOS CON LOS 5 SENTIDOS

Hace un tiempo atrás, trayendo a la memoria algunos recuerdos relacionados con los olores en mi programa de radio; tuve una hermosa sorpresa con un llamado telefónico. Una persona me contaba que era no vidente de nacimiento y que le había hecho muy bien que contara recuerdos que no tenían que ver solamente con lo que había visto.
Y me emocionó al contarme sobre sus recuerdos de infancia…
El olor de las flores del jardín de su casa; la suavidad del pelaje de su perro mascota; el sabor del chocolate que se derrite suavemente ente el paladar y la lengua; la tersura en la piel de su mamá cuando ella la besaba; el olor del café con leche en las meriendas en casa de su abuela…
Fue hasta entonces que comprendí lo importante que era para mi poder haber visto muchas cosas, que casi no le había dado importancia a los otros sentidos.
Y me propuse recordar aquellas cosas de mi infancia como si fuese yo mismo no vidente.
Y vaya que afloraron recuerdos encadenados a otros sentidos…
Así comencé a recordar el olor de las uvas chinches en la pérgola del fondo de la casa de mi abuelo en verano; el canto de las calandrias apenas amanecía, el sabor especialmente placentero de los alfajores caseros de maizena, el olor a cuero de los zapatos domingueros, o el ardor que aún perdura en mis labios de aquel beso apurado en el borde de la taza enlozada caliente…

JUEGOS Y JUGUETES DE AYER… 2da parte

Entre todos los recuerdos de juguetes de mi infancia, existe una buena cantidad de ellos que recuerdo por sus marcas.
Marcas que han quedado grabadas de forma indeleble en mi memoria y en mi corazón.
¿Quien no recuerda, por ejemplo, el “original yo-yo Rusell”? ¿La muñecas “Rayito de Sol”? ¿Y los camiones Duravit?
Dios no me dió habilidad con las manos, así que tanto el yo-yo como el tiki-taka no eran de los más importantes en mi vida, pero los tuve y recuerdo no sin cierto dolor aquellas pelotitas naranjas rebotando… contra mi cabeza, naríz, muñecas, antebrazos y todo lo que estuviese al alcance de esta peligrosa arma.
Los días domingos lo pasabamos en casa de mi abuela; que era cuando aprovechaba a zambullirme en el cuarto de mi tío Carlitos y disfrutar de muchos de sus juguetes (con el debido respeto, no vaya a ser cosa que rompiera alguna de aquellas reliquias) y que me daba la posibilidad de vivir otra infancia, la de una generación anterior.
Así disfrute con el mecano, armando y desarmando durante horas, sintiendome todo un ingeniero.
A la hora de las despedidas mi tio me regalaba alguna de las bolsitas de repuestos de “Mis Ladrillos” para ir completando la caja número 5 que me había regalado para mi cumpleaños… Un domingo eran los techos para las casas, otro las ruedas de los autos y así hasta tener un cajón de manzanas repleto de piecitas de Mis Ladrillos que me mantenían entretenido en aquellas frías tardes de invierno, jugando en el piso, al lado de la estufa Flamex a querosén, viendo la lluvia por la ventana; esperando la hora de disfrutar alguno de mis programas favoritos en el enorme televisor Motorola BGH (que no es un modelo de celular, sino un viejo tevé, blanco y negro, de madera y valvular) que habitaba el comedor de mi casa, y que me permitía conectarme con la fantasía de ser el protagonista de alguna de aquellas maravillosas series de mi infancia…
Pero eso es tema para otra nota.

JUEGOS Y JUGUETES DE AYER…

Entre los recuerdos más lindos de la infancia, estan los juegos en el patio de la escuela y en la vereda de casa, donde dejabamos aflorar toda la energía de chicos y la tremenda imaginación que nos daba la posibilidad de disfrutar y vivir cosas que muy lejos estaban de nuestra realidad.
Fabricabamos armas con nuestras manos y detonabamos con la boca. Practicabamos la hidalguía dándonos por muertos cuando eramos sorprendidos por nuestro oponente y sabíamos perdonar a nuestro enemigo comenzando nuevamente ante un rival desarmado.
Hablando de Vaqueros y de guerras; eran tradicionales los batallones de soldaditos -De plomo en algunas oportunidades, de plástico (más modernos) en otras- y los planteos de estrategias que nos llevaban a pensar como un general en el campo de batalla.
Campo de batalla que con el correr de las horas podía transformarse en una pista de carreras de autos, como en una cancha para jugar a las bolitas o el lugar ideal para jugar a las figus…
¡Cuantos recuerdos de aquellos años felices! Cuantas imágenes se cruzan por mi memoria y mi corazón pensando en tantas horas compartidas con amigos de la cuadra, jugando a que el futuro nos sonreía y nos mostraba un largo pero no tan sinuoso camino por el que transitaríamos hacia una vejez plena de recuerdos…

ENTRE EL WINCO Y EL RANSER

Uno de mis pasatiempos favoritos, desde muy chico fue el de escuchar música.
A través de la radio la mayoría de las veces, con programas emblemáticos para mi historia personal como Modart en la Noche y la inconfundible voz de Pedro Anibal Mansilla o La Catedral del Ritmo conducido por Carlitos Ricó a la hora de la siesta.
Escuchar esos programas -y algunos otros, por supuesto- servían para estar actualizado sobre los nuevos discos que iban llegando al mercado.
Era imprescindible conocer los nuevos éxitos recomendados por Jorge y Carlos Beillard, Leo Rivas, Juan Alberto Badía y Miguel Angel Merellano, entre otros, para salir corriendo a pedirlos a la disquería y tenerlos antes que nadie para darnos dique en el próximo asalto…
Los discos simples y los long plays compilados nos daban la posibilidad de tener y conocer a una gran cantidad de intérpretes nuevos, algunos de ellos olvidados en el tiempo y otros que ese mismo tiempo convirtió en clásicos.
Favio, Palito, Sandro, Sergio Denis, Tormenta entre los nacionales se mezclaban con gente que no tuvo la misma fortuna como Mario Milito, Mathías, Héctor Santos y Adrian Juniors, todos grandes intérpretes que no tuvieron el toque de la varita mágica de la Diosa Fortuna.
Pero todos ellos, en mayor o menor medida, conviven en la discoteca que almacenas en tu corazón, con un dejo de nostalgia por aquellas noches junto al tocadisco Wincofón o el combinado Ranser y con los Auriculares Ken Brown para no molestar a los vecinos con “esos ruidos infernales”…

OLORES DE INFANCIA…

Antes que nada quiero agradecer los comentarios a las notas anteriores. Siempre es agradable saber que alguien está del otro lado y que se toma el trabajo de leer y contestar sobre nuestros pensamientos.
Gracias Mc Mesías, Ángel y Amy.
Ahora si entramos de lleno al comentario de hoy.
La idea era comenzar con los juegos, juguetes y golosinas de nuestra infancia; pero una cosa trae la otra y algunos recuerdos sirven de disparadores para otros temas.
Amy traía a su memoria el olor a los buñuelos de los domingos ¿con banana? ¿manzana? quizas en otro comentario nos amplíe algo más sobre este tema.
Y a mi memoria olfativa (¿se dirá así?) llegaron gratos recuerdos de olores y sabores que hicieron las delicias de mi infancia; a saber: El olor a tierra mojada en las tardes calurosas de verano, cuando salíamos a la vereda a agradecer la frescura que nos brindaba el cielo.
El olor a jazmines y violetas del jardín de mi abuela Julia; cuando alcanzaba con estirar la mano para obtener el regalo ideal para mamá. Claro, no existían rejas ni nada parecido y los jardines eran una forma de lucimiento de sus propietarios.
El olor a cascarilla, en los cumpleaños infantiles, en esas grandes ollas para todos los invitados, servido bien caliente en esas tazas enlozadas que te quemaban en los labios…
El sabor de las tortas fritas y el café con leche de la cena improvisada porque el viejo hoy no tuvo changa y no entró un mango para la comida.
Esas cenas que para nosotros eran una fiesta porque todavía no distinguíamos, entre tantos olores y sabores, el gusto de las lágrimas de mamá por no poder servirnos un plato de comida a la mesa…

Comencemos por nuestra infancia!!!

Claro, empezaré hablando de mi infancia y a partir de ella espero empiecen a llegar recuerdos de tus propios recuerdos.
Para quienes andamos en los cuarenta y pico existen algunos recuerdos que son imborrables; esos que, aunque trabajes en una novela de la tarde y un golpe te provoque amnesia, no podés olvidar.
Podemos hablar de juguetes y golosinas ¿te parece?
Acá en Moreno, por aquellos años, los potreros dominaban el paisaje. Rodeados de árboles y cañaverales, nuestra principal actividad se desarrollaba al aire libre.
Calles de tierra, siestas provincianas, olor a pan casero, mariposas, bichitos de luz, bicicletas destartaladas por los pozos de las calles y pelotas de materiales indescifrables formaban parte de nuestra infancia.
Para los varones era muy sencillo armar nuestros juegos. Bastaba con tener un buen bollo de medias, pasto y otras yerbas para “armar” una pelota de fútbol; al menos hasta que apareciese alguno con un cuero n° 5 “de verdad” o bien con las inolvidables pulpos en las veredas, que nos llenaba de moretones por la dureza de la goma o las impredecibles de plástico que eran el sufrimiento de los arqueros…
Pasar una tarde buscando la horqueta perfecta entre los árboles de la cuadra era otra de las atrapantes actividades a desarrollar, sobre todo, en las calurosas tardes veraniegas. Después teníamos que conseguir las monedas necesarias para comprar la goma de gomera en la ferretería de la otra cuadra (que siempre lo estiraba al momento de medirlo) y algún pedazo de cuero viejo proveniente de algún viejo calzado, o de algún pitucón birlado hábilmente a la vieja, que siempre, por ese instinto de madre que lleva cada mujer, se daba cuenta de nuestra travesura pero lo dejaba pasar; como una pequeña manera de mostrarnos todo su cariño…

PRESENTACION

Hola!
Hace pocos días atras, más precisamente el 7 de mayo, se cumplieron 7 años del comienzo del programa radial que conduzco y que se llama “El Club del Recuerdo”.
A modo de regalo de cumpleaños me decidí a abrir una nueva etapa a traves del contacto por este medio.
Algo muy nuevo para mí y que espero me ayuden a llevar adelante ustedes, que espero no sean simples lectores, sino que participen de manera activa trayendo a nuestra memoria todo lo que crean oportuno para tratar en estas líneas.
Antes de seguir adelante me presento. Mi nombre es Oscar Carsillo, soy el conductor y responsable del programa que se emite diariamente por FM Popular 106.5 Mhz de la localidad de Moreno, en el Oeste del Gran Buenos Aires.
Desde hace 7 años estamos tratando de llevar a nuestros oyentes mucha buena onda y los mejores recuerdos de nuestras infancias, adolescencias y primera adultez.
Así desfilan por nuestro programa canciones, publicidades, artistas, programas de tele y radio y todo lo que pueda sacarnos una sonrisa al recordarlo.
A partir de este programa pude descubrir que todo aquello que pensaba eran recuerdos personales, marcaron una etapa en mucha gente como yo. De ahí que cada día “El Club del Recuerdo” sea más y más escuchado; que el boca a boca aumente la cantidad de oyentes que cada día eligen acompañarnos en los recuerdos.
En nuestro próximo contacto empezaremos a tirar recuerdos sobre la mesa para que cada uno elija el que más le guste y nos emocione a través de anécdotas y otras yerbas.


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