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DIAS DE RADIO 2da PARTE

Una de mis grandes pasiones es escuchar radio.
Desde muy chico estuve como pegado a ese mágico aparato que me daba la posibilidad de estar conectado con buena parte delmundo; a través de las voces y la música. Hoy, en un día tan especial -día del locutor- quiero aprovechar para recordar algunas de esas voces y esos programas que hicieron las delicias de mi infancia y adolescencia.
Comienzo mencionando a uno de mis grande ídolos JUAN ALBERTO BADIA, un grande de verdad que sigo desde hace muchos años, tanto a través de la radio como de la televisión. “Flecha Juventud”, “A mi Manera” y fundamentalmente “Piedra Libre” fueron programas que quedaron grabados por siempre en mi memoria. Y gracias a él pude conocer y disfrutar grandes intérpretes de la música nacional como internacional, melódicos, de rock, testimoniales y porqué no folclóricos. Recuerdo haber escuchado a Mercedes Sosa y Victor Heredia en plena proceso militar, por ejemplo.
Recuerdo en Piedra Libre la participación de su padre, Juan Ramón y María Ether Sanchez, ambos con voces realmente impresionantes y dándole además, espacio a mucha gente como Marcelo Tinelli o el recientemente desaparecido Esteban Mellino con su desopilante Profesor Lambetain…
Tampoco puedo dejar de mencionar otros programas que me dejaron marcado como el “Fontana Show” con Cacho Fontana, Maria Esther Vignola y Rina Morán y estas mismas junto a Hector Larrea en “Rapidísimo”; ó Carlitos Ricco y su “La Catedral del Ritmo” o “Una Noche con Amigos” junto a Leonel Godoy o el “Programa de National Panasonic” que conducía Leonardo Simons…
También puedo mencionar a Juan Alberto Mateyko con su “Hola Gente” o “Verano desde la costa” con Sergio Velazco Ferrero y su música para tu piel de verano, muchacha…”

DIAS DE RADIO

Para hablar de la radio, debemos dividir la nota en dos. La primera sobre los aparatos de radio que había en los hogares; y después de los programas que escuchábamos en ellos.
Recuerdo que mi viejo tenía una pequeña radio a transistores que llevaba a su trabajo y que tenía un pequeño audífono (sí, eran audífonos, no auriculares), y un estuche de cuero de color marrón.
La marca más conocida de esta línea de aparatos era la Spika, aunque seguramente no era la única marca del mercado.
Era “oblonga”, es decir más ancha que alta; tenía un pequeño parlante sobre uno de los lados y dos pequeñas perillas (el dial y el volumen) del otro…
Fue furor en las canchas de fútbol, ya que era transportable y llevaba solo dos pilas chicas.
En casa había varias. Una -marca pirulo- en la cocina, arriba de la vieja heladera Saccol (vieja vista desde el hoy), que era de “propiedad” de mi mamá. Allí escuchaba los radioteatros -últimos, ya que para entonces empezaban a salir las telenovelas, que sepultaron el género- mientras cocinaba, o tejía, o cosía, o simplemente tomaba algún mate amargo esperando que llegara mi papá del trabajo…
En el comedor estaba “la” radio. Un combinado cuya única función era la de radio ya que nunca supe que anduviese el pasadiscos.
Allí jugabamos a enganchar radios de onda corta, enganchándonos por las tardes con radio Carve (creo que se escribe así) de la vecina República Oriental del Uruguay…
Y bien guardada, a resguardo de las manos traviesas de los chicos que habitábamos la casa estaba una nueva, refulgente y espectacular Noblex Carina que solo sabe Dios en que manos fue a parar…

MÚSICA EN MIS OÍDOS

A dos cuadras de casa, por la “avenida” (una calle un poco más ancha de lo normal, doble mano, con cordón, por donde pasaba el colectivo que nos llevaba y traía al “centro” de Moreno), había una disquería.
Tenía para nosotros una particularidad (no conocíamos otra disquería) y era que tenía pequeñas cabinas -como las de los locutorios hoy- con un pequeño tocadiscos y un par de auriculares Ken Brawn con los que podías escuachar los discos antes de adquirirlos.
Allí pasé muchas tardes luego de la salida de la escuela buscando aquellos discos simples que me gustaran y que compraba con los ahorros de las monedas que me daban para gastar en el colegio.
Eran muy baratos los discos simples en aquellos años (a plata de hoy no creo que superaran los 3 ó 4 pesos), así que podía darme esos “lujos”.
En casa no había ni siquiera un modesto winco así que debía esperar hasta el domingo en que ibamos a casa de mi abuela para escucharlo en el combinado philips que ellos tenían.
Así se sumaban los discos que llevaba yo a los que compraba mi tío Carlos, mis abuelos y, a veces, mi papá que prefería la Spika a la música en discos.
Mi primer ídolo fué Donald. Cantaba, incluso en la escuela “siempre fuímos compañeros” y otras como “Tiritando”, “celosa, celosa” ó “en una playa junto al mar”.
También me gustaba mucho escuchar a Leonardo Favio, Raúl Padovani, ó Jairo entre los nacionales como Nicola Di Bari, Salvatore Adamo, Charles Aznavour y Matt Monro entre los europeos que cantaban en castellano.
Además escuchaba rock a todo volúmen (un ratito, hasta que mi vieja venía y me pedía que lo bajase porque, decía, le rompía los tímpanos…) jajaja lo mismo que yo ahora le digo a mis hijos cuando escuchan esa música que yo no entiendo…

ENTRE EL WINCO Y EL RANSER

Uno de mis pasatiempos favoritos, desde muy chico fue el de escuchar música.
A través de la radio la mayoría de las veces, con programas emblemáticos para mi historia personal como Modart en la Noche y la inconfundible voz de Pedro Anibal Mansilla o La Catedral del Ritmo conducido por Carlitos Ricó a la hora de la siesta.
Escuchar esos programas -y algunos otros, por supuesto- servían para estar actualizado sobre los nuevos discos que iban llegando al mercado.
Era imprescindible conocer los nuevos éxitos recomendados por Jorge y Carlos Beillard, Leo Rivas, Juan Alberto Badía y Miguel Angel Merellano, entre otros, para salir corriendo a pedirlos a la disquería y tenerlos antes que nadie para darnos dique en el próximo asalto…
Los discos simples y los long plays compilados nos daban la posibilidad de tener y conocer a una gran cantidad de intérpretes nuevos, algunos de ellos olvidados en el tiempo y otros que ese mismo tiempo convirtió en clásicos.
Favio, Palito, Sandro, Sergio Denis, Tormenta entre los nacionales se mezclaban con gente que no tuvo la misma fortuna como Mario Milito, Mathías, Héctor Santos y Adrian Juniors, todos grandes intérpretes que no tuvieron el toque de la varita mágica de la Diosa Fortuna.
Pero todos ellos, en mayor o menor medida, conviven en la discoteca que almacenas en tu corazón, con un dejo de nostalgia por aquellas noches junto al tocadisco Wincofón o el combinado Ranser y con los Auriculares Ken Brown para no molestar a los vecinos con “esos ruidos infernales”…


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