Parte V
A todo dices que sí, a nada digo que no,para poder construir la tremenda armonía que pone viejos los corazones.Porque el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos y el amor no lo reflejo como ayer.Y en cada conversación, cada beso, cada abrazo, se impone siempre un pedazo de razón
En los tiempos virtuales que corren ya se habla de una generación “clik“. Que son aquellos niños que nacieron con un mouse en la mano en que otrora encontrábamos un chupete. Hoy adolescentes o mas precisamente en su primera adolescencia, teniendo en cuenta cuanto se ha extendido esta instancia de la vida consecuencia del mayor promedio pero también de un mayor grado de temor al compromiso y a la asunción de responsabilidades.
A los especialistas en clasificar al ser humano, les ha dado en llamar a la juventud de este siglo, “La Generación del Milenio.”. Pero antes también hubo otras que las precedieron, como la generación de los Gls, soldados de la Segunda Guerra Mundial, parte de la llamada The Greast Generation (La Generación Mayor), luego la Generación Silenciosa y sus hijos los Baby Boomers, el grupo que cimentó el objetivo generacional como disciplina.
Más tarde los pronosticadores de tendencias y futurólogos anunciaron la llegada de la Generación X y su epílogo la Y.
Strauss, un especialista en estudiar el futuro, en su libro Millennials Rising que antes definían a las generaciones por su año de nacimiento. en cambio ahora, el marketing en función del objetivo ha llegado al punto en el que las actitudes generacionales se descifran y utilizan como punto de partida para la planificación de los medios.
Los Baby Boomers está conformada por varios millones de personas, nacidos entre 1946 y 1964. Son grandes compradores y consumidores compulsivos; padres liberados con dinero para gastar, sólo que le temen a palabras relacionadas con la edad.
La Generación X, nacidos entre 1961 y 1981, son cínicos y expertos en medios. Antes rebeldes, ahora son una gran fuerza económica; alienados, alternativos y sexies.
Generación Y, nacidos entre 1976 y 1981, son un subconjunto de la generación X. Estilo retro positivo: baile con swing, rap, grandes bandas, vida al aire libre.
La Generación del Milenio, nacidos entre 1982 y 2002, son expertos en tecnología y muy educados, multiculturales. Reciben bombardeos constantes de mensajes de los medios, acostumbrados al sexo y la violencia, tienen poder de compra, bailan Ska, música alegre, movida y contrastante.
Mas allá de cual sea la generación a la que pertenecemos , todos estamos hoy en mayor o menor medida influenciados por el clic. Si de adolescencia se trata tal vez como escribí en otro capitulo de este blog lo hacen de manera exacerbada y potenciada infinitamente. Pero nosotros, los adultos no escapamos al estigma. Y para ello, basta con analizar las situaciones cotidianas a las que nos vemos expuestos diariamente. Acusamos al tiempo o a la falta de él y a la necesidad de trabajar muchas horas de nuestra maratón de vida. Sin embargo me parece que al igual que cuando conducimos un auto por una avenida rápida no nos es posible bajar un cambio, porque ello nos traería riesgos que no estamos dispuestos a asumir. Y por otro lado le hemos tomado el gusto de alguna manera a esto de que todo sea “ya”. Ya le envío un mail y ya lo recibe, ya le paso un mensajito de texto y ya me lo responde, ya me conecto y ya te encuentro, aún no se estreno la película o el disco y ya la bajo de internet. Ya puedo estar en todos lados al mismo tiempo porque ya que estoy trabajando uso la PC de mi oficina y ya compro las entradas para el cine, pago las cuentas y también hago la compra del súper que cuando llegue a casa ya estará allí. Llame ya y encontrará la felicidad al menos hoy, al menos en este momento. Ya. Ese panorama es el que se acentúa y su primera consecuencia es la insatisfacción que produce esa inquietud. Ese estar todo el tiempo enchufado aunque que sea en forma inalámbrica. Entonces vuelvo a pensar en el amor y me doy cuenta que en su forma genuina es casi lo opuesto a esta velocidad del diario trajín . Diario trajín que nos es justamente el que cantaban Pedro y Pablo , visionarios de los 70 cuando describían su amor por esta ciudad. Entre un film de Carlitos Chaplin como decía el tema y una película de la moderna ciudad globalizada hay casi la misma diferencia de velocidad máxima que entre el Maserati de Fangio del 57 y la Ferrari de Schumacher de este siglo. Y a medida que aumentamos la máxima en km por hora , insisto ,aumenta cierto grado de insatisfacción que en las generaciones más jóvenes parece tocar su mayor punto de gravedad.
Y es difícil el amor cuando no hay tiempos ni ritmos ondulantes. Cuando falta el groove que como en la música nos lleva a una cadencia de mayor disfrute o placer. Amar y ser amado es algo que no condice con la velocidad y el apuro que es la vía directa a mí entender hacia la insatisfacción. Y cuando hablo de ella, admito que incluyo la sexualidad pero no como única perjudicada de la situación. El amor en general se ve tristemente afectado por nuestra noción de tiempo que además es irreal y macabra. ¿Por que me estoy apurando? ¿Adonde tengo que llegar antes? ¿Que ocurrirá si camino con menos ansiedad? son preguntas que uno puntualmente podría hacerse cotidianamente sin llegar a la profunda y necesaria cuestión de saber hacia adonde vamos en la vida. Respuesta que mínimamente debería ser condicionante para el estilo de vida que queremos llevar adelante. Sin embargo, haciendo clic en distintos puntos nos escapamos de la verdadera y profunda calidad de vida que nos merecemos.
Y si de amor de pareja puntualmente hablamos la insatisfacción puede terminar con cualquier proyecto. Actualmente, sobre gran parte de los jóvenes viven una crisis en el amor de a dos que profundizará a mi juicio el comportamiento social de las generaciones venideras. Alrededor de los treinta años las mujeres no encuentran su complemento en la vida porque los hombres de la misma edad están ocupados en ir a bailar , jugar al futbol y vivir aún con sus padres de quienes no terminan de independizarse económicamente. Viven por años cursando materias en la facultad y cambian de carrera porque la vocación no los acompaña más de un par de años. Mientras tanto, las mujeres ( que estadísticamente estudian mas que los hombres ) a la misma altura muchas ya tienen título, un trabajo estable y hasta cierta comodidad en el plano económico. Ello hace que más allá de la atracción a primera vista los intereses y las compatibilidades no sean parejas. Y por lo tanto no puedan formase como tal. No es agradable para una mujer independiente, educada bajo los cánones de la libertad y las aspiraciones personales en forma prioritaria encontrar un amor duradero en un hombre inmaduro o lo que es peor en etapa de adolescencia indefinida. Pero si por esas cosas de la vida esta mujer logra conocer un hombre a su medida, éste se encontrará con la necesidad sin ecua non de aceptar que lo más importante en el mundo para ella es su carrera profesional para lo cual estudió y aspiró desde sus años de preescolar. Y allí comenzara otro problema más complejo. Porque el hombre que a los treinta y pico forma una pareja desea por lo menos ser amado, admirado ( como agregó un lector en este blog con mucho tino) y formar una familia con la mujer de que lo acompaña y de la que se ha enamorado. Allí, entraran en juego de poder, competencia, prioridades, y el camino se volverá ripio y sinuoso.
Hombres y mujeres van muy apurados por la vida, contemplando una visión casi letal para el amor para terminar finalmente como dice la canción de Serrat “Y llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada”.
Tal vez, la opción sea respirar profundo, contar hasta diez, barajar y dar de nuevo. Con las cartas en la mano empezar otra partida donde juguemos al amor sin barreras de tiempo ni egoísmos personales. El tema es saber cuan dispuestos estamos a ello. De lo contrario, el amor en los tiempos virtuales de la generación clic será un fracaso total porque no vendrá “ya”, en un pack dúo y libre de virus.
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