Agosto 4, 2008 | Por latidos | Claves: amor, años, diferencias, edad, hombres, madurez, mujeres, pareja | # Enlace permanente
Como si fuera pecado ¡pecado! la gente se ha puesto a hablar, porque te llevo del brazo ¡del brazo! y hay diferencia de edad. Rocio Durcal ( Como si fuera un pecado)
Muchos han sido los casos de amores donde la diferencia de edad fue una característica destacada. El primero que viene a mi mente es el de Chaplin (54) y Oona O´Neill (18), el presidente Peron casi doblaba en edad a Evita cuando se casaron, Pablo Picasso tenía 46 años cuando conoció a Marie-Thèrese Walter de 17, y 61 años cuando pasó a convivir con Françoise Guilot de 21 años. Woody Allen se casa con su ex hija adoptiva, él tiene 64 años y ella menos de 30 .Tita Merello, Susana Gimenez, Moria Casan, Graciela Alfano son mujeres de nuestro país que han tenido o tienen relaciones de pareja con hombres mucho mas jóvenes. Y si de ellos se trata Cacho Castaña y el recordado cantante del Club del Clan Niki Jones
.
Un ejemplo bíblico de parejas con gran diferencia de edad que trascendió a nuestros tiempos, fue el del Rey David, quien, cargado de años y triste, mejoraba con el calor de jóvenes mujeres que dormían con él, aunque no ‘yacían’ en sentido bíblico. Una de ellas, la más importante, Abisag, pertenecía a la tribu de Sunam, por lo que el Rey poseía una virgen concubina sunamita. No se trató realmente de un matrimonio, pero el ’sunamitismo’ equivale hoy al efecto rejuvenecedor por cohabitar con jóvenes.
Y si de amores otoñales hablamos deberíamos tener en cuenta que en los tiempos actuales ha dejado de verse la diferencia de edad como algo impropio en favor de la mujer como si ocurría en plena época victoriana donde era común que los hombres de cualquier edad desposaran muchachas adolescentes. Hoy la mujer también ha ganado derecho en ese terreno y parece utlizarlo bastante a menudo, sobre todo si las condiciones se lo permiten.
Nuestro prócer, José de San Martín se casa con Remedios de Escalada, teniendo él 34 años y no habiendo cumplido ella los 15, en 1812. Luego de la primera menstruación las jóvenes de la elite porteña eran consideradas candidatas para el mercado matrimonial. Por esta época, casarse entre los 15 y los 20 años era lo más común para una mujer, los hombres llegaban al matrimonio más grande. Pero la enorme distancia que existía a principios del siglo XIX fue decreciendo con el correr del siglo
No hace mucho en una película argentina “Besos en la frente” China Zorrilla y Leo Sbaraglia los dos son cabezas de un romance peculiar en la película de Carlos Galettini. Admirados por su capacidad de parecerse a pesar de las obvias diferencias. “Le llevo casi medio siglo y venimos de escuelas distintas – dijo China.- Pero cuando ensayábamos las escenas no éramos ni jóvenes ni viejos, ni clásicos ni modernos, sino dos actores que aman y creen en lo que hacen”.
Lo cierto es que para muchos no es posible sostener las diferencias generacionales a la hora de la convivencia, ya sea por afinidades, experiencias vividas, celos, enfermedades, etc. Otros sin embargo aducen que cuando hay amor la edad no cuenta. Y que el amor no tiene edad.
He escuchado decir que cuando un hombre se casa con una mujer mucho menor finalmente terminará siendo víctima de agresión física o verbal por parte de ella al llegar los años y la vejez.
Hacia fines del siglo XII el Obispo de Avignon escribió ‘Los quince gozos del matrimonio’ donde critica duramente la diferencia de edad entre los esposos. Decía: “Considero completamente estúpido al anciano que quiere dárselas de guapo y se casa con una mujer joven. Imaginad cómo ella, que es tierna y de dulce aliento podrá soportar al que toserá, escupirá y se quejará toda la noche, ventoseará y estornudará: será un milagro que ella no se mate. Y él tiene el aliento agrio a causa de su hígado. Y cuando los jóvenes galanteadores vean a esa mujer bonita y alegre casada con ese pobre necio, echan cebo; porque piensan con acierto que ella caerá con más facilidad que otra que tenga marido joven y capaz. Y si por desgracia el anciano se vuelve impotente, todo se convierte en un infierno para él y para ella es más fácil la aventura”.
En la misma obra, el Obispo no ahorra epítetos para el matrimonio en que la mujer es mayor, según Minois(1989). Si el joven se casa con una anciana, también él es la víctima. “Pues no hay nada más esclavo que un joven sencillo y de buen natural esté sometido y gobernado por una mujer viuda. El apetito y la lujuria de la fresca carne del joven la ha hecho glotona y celosa y querrá tenerlo siempre en sus brazos y asimismo querría sentirse siempre abrazada por él. Pero sabed que no hay nada que desagrade más a un joven que una mujer vieja, ni que le perjudique más su salud. Y si se da el caso de que una vieja se case con un joven, éste sólo lo hace por avaricia; por tanto, nunca llegará a amarla, y les pegan mucho, y malgastan lo que ellas tienen. Chaucer encuentra una sola ventaja en casarse con una mujer vieja: el marido joven nunca será engañado (Minois, 1989)..
Si pensamos que en esta época el mundo se rinde al paradigma de la imágen y la juventud no es raro pensar que allí reside la primer causa de la búsqueda de un complemento de menor edad. La medicína estética, el entrenamiento físico, los suplementos vitamínicos y hormonales, liman las diferencias aparentes y queda por sortear entonces la generacional que aveces en la admiración encuentra un sostén importante.
Al respecto, el psicoanálisis a través de Lacan decía, en relación a la fases del espejo, que “el niño, al identificarse con la madre, el gran Otro, y más precisamente con su gestalt corporal conforma una imagen de sí que unifica anticipatoriamente su cuerpo desmembrado”. Acá se trataría de una unificación en un espejo de alguien más joven, que permitiría reconocerse en su propia imagen retrospectiva, la de aquel cuerpo con las trazas de la juventud y potencia anteriores puestas en el lugar del Ideal.
El amor, ese extraño sentimiento imposible de describir y significar , una vez mas patea el tablero de los tiempos e impone diferencias sobre terrenos llanos y enormes mesetas sobre aquellos que quieren imponer las diferencias. Porque el amor, cuando no muere mata, como dice Sabina, porque amores que matan nunca mueren.
¿Vos crees que una pareja puede ser feliz si tiene una gran diferencia de edad?
¿ es la misma respuesta para el caso de que el hombre o la mujer fueran los mayores de la relación ?
¿puede uno enamorarse de alguien mucho mayor o mucho menor o son otros los factores que unen ese tipo de vínculos?
Julio 14, 2008 | Por latidos | Claves: amor, austen, conquista, hombres, jane, mujeres, pareja, pasión, principito, reglas, seducir, sexo, zorro | # Enlace permanente
En estos días escuché un comentario en los extras de la película Conociendo a Jane Austen sobre las reglas del amor en los finales del siglo XVI , en ese caso en la época de la regencia en Gran Bretaña. Describía el esfuerzo que debía realizar un hombre que decidía seducir a una mujer para que ella notara que quería conquistar su corazón. Y esto se debía a que entre las reglas de la sociedad de la época estaban no poder conversar a solas en ningún momento. Por ello el baile de salón resultaba una oportunidad para hablar cosas, aún ante muchas personas presentes , incluso por supuesto, la madre de la pretendida. Había que tener ingenio, creatividad, y mucha destreza para lograr el cometido. Y además la pasión no lograba canalizarse ni siquiera con roce de la piel ya que en casos aislados como por ejemplo para ayudar subir a un carruaje
se podría dar la ocasional circunstancia de tocar la mano de la mujer amada.
Si bien es difícil hoy en día imaginar esa forma de relacionarse de hombres y mujeres no es menos inquietante sentir cuan atractiva puede ser también la sensación de deseo y lo enormemente placentero que sería lograr apenas la respuesta en un cruce de miradas para las ansias de alguien enamorado.
No hace tanto, menos de un siglo atrás, en las calles de Buenos Aires, los hombres no le dirigían la palabra a las mujeres que iban solas. Y no refiero a un piropo. Aún quedaban ciertas reglas, mucho menos restrictivas que las de la época victoriana pero con algunas formalidades.
Hoy vivimos en el otro extremo del abanico, y tal vez los motivos son los consabidos. La
revolución de los sesenta, la píldora y el feminismo, etc, etc. Sin embargo, no estoy segura que todo aquello haya tenido como norte este destino. Este total y absoluto vacío de establecer ritos. En el recordado libre El Principito, hay un capítulo recordado como el del zorro, donde se habla de la necesidad de “domesticar” a través de ritos para convertir a esa persona en alguien extrañado, necesitado, cuidado, amado….Porque sino dice el pequeño príncipe serás un zorro mas o una estrella más. Y me parece que nosotros hoy somos eso. Un hombre o una mujer mas para otro que pasó un rato por nuestra vida, sea ese rato mas largo o mas corto.
Tal vez si volvemos unos pasos sobre nosotros mismos ( los que sean necesarios, tampoco todos) no estaremos tan cerca pero habrá mas entendimiento profundo, mostraremos menos pero con mas sinceridad, nos quedaremos con las ganas un rato mas pero seguramente las mujeres simularemos menos orgasmos y los hombres comprarán menos viagra. Es posible que este planteo sea una fantasía mia, y que los hombres entren corriendo a comentar que a ellos les encantan estos tiempos y las mujeres defiendan con uñas y dientes el no tener ninguna regla que hacer respetar. Pero , insisto, me parece que eso tiene un costo y un beneficio, habrá que ver cual es el resultado final. Me gustaría mucho conocer tu opinión al respecto.
Capítulo del EL PRINCIPITO de Saint Exupery

CAPITULO 21
ENTONCES apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vío nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -díjo la voz.
Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa “domesticar”?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear lazos… ”
-¿Crear lazos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sól. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor… domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, Ios hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejempló, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la feliçidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunça sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando eI día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique…
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…
-Yo soy responsable de mi rosa… -repitió el principito a fin de recordarlo
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