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Por Andrea Valeria D’Abate Nota: Para una mejor comprensión de este artículo, se recomienda leer el libro ‘Ética para Argentinos’ de Jaime Barilko (1) ya que esto es una reflexión y un comentario acerca del mismo.
En este libro, Barilko realiza una pesada y acertada crítica a la forma de pensar y hacer de los argentinos. En realidad, no de los argentinos, porque los argentinos no existen. Existe sólo el argentino, ombligo del mundo que, individualista y facilista sólo se mira a sí mismo.
Dado que la ética es el conjunto de principios del deber-hacer que rigen la conducta humana en una sociedad, o en una comunidad, Barilko plantea que en este país no hay ética. No somos una sociedad ni un pueblo, sino tan sólo un conglomerado de gente, no nos importa nadie, ‘hacemos lo que se nos canta’ en nombre de nuestra ‘libertad’, no respondemos al otro, porque el otro no existe. Existe quizás en la medida en que me es útil, pero de un lazo que ‘nos’ una, ni hablar.
Si no respondemos ante nadie, no somos responsables. Y si no somos responsables, somos como adolescentes, inmaduros, somos nuestro propio dios. No amamos a nadie más que a nosotros mismos ’sobre todas las cosas’. ‘Una relación es un lazo, es una dependencia que nace de la libertad. Y lo que crece en nosotros de ese modo no es visible a los ojos, solamente el corazón lo percibe. Te amo porque eres tú, ese tú que se modeló en el nosotros, como este yo. Amor es responsabilidad.
….. La libertad madura y produce el fruto de una elección. Elegir es responder por lo elegido. Cuando libertad elección y responsabilidad coinciden se da en nosotros eso que los poetas llaman felicidad. De ahí que la ética sea uno de los caminos de la felicidad.’ (2)
Todo lo dicho anteriormente no es más que una introducción al verdadero mensaje del texto. Puedo hablar mucho de ética en este ensayo, porque soy argentina, ‘re heavy, re jodida’ y hablo mucho, porque tengo todo el derecho. Puedo llenar de palabras hermosas 4 páginas hablando de libertad y responsabilidad…. pero si no las pongo en práctica (moralmente), ¿de qué me vale?
En fin, ¿A qué quiero llegar con todo esto? A que yo, Andrea D’Abate, argentina de nacimiento y de sentimiento, me hago responsable de no haber leído (para la fecha de entrega del presente trabajo) el libro de Jaime Barilko en forma completa, sino salteando algunos subtítulos para ganar tiempo y así poder entregarlo. Lo había elegido libremente porque me encanta su manera directa de plantear las cosas, pero tuve que esperar para conseguirlo aún cuando el tiempo me apuraba, y me hice cargo entonces, respondí por las consecuencias de un posible resultado pobre de mi trabajo.
También me hice responsable por decir la verdad, aunque ello significara un ‘rehacer’ en mi ensayo, porque consideré que era mi deber no mentir, no quedarme en la típica frase: ‘Yo?…. argentino.’ (2)
Haciendo lo que les dije, comprobé con toda alegría, que decir la verdad, que actuar éticamente, me resultó más positivo de lo que esperaba. De hecho, aprobé el trabajo con felicitaciones. Esta es mi manera de expresar mi coincidencia teórica con el autor, y el punto de partida para tener ‘autoridad moral’ para hablar de ética. La ética es de todos los días y se expresa en las pequeñas cosas.
Me gustaría continuar tratando de complementar la visión de Barilko con respecto al argentino, pero desde un punto de vista más psicológico. Quizás esto tenga que ver con ‘El todo comenzó con Edipo’ del que habla Barilko. Carlos A. Vinacour (3) médico psiquiatra y miembro del Ateneo Clínico en Psiquiatría de Buenos Aires presentó en el 4to Congreso Virtual de Psiquiatría ‘Interpsiquis 2003′, un artículo llamado ‘La Argentina psicopática’. Éste plantea que así como cada persona tiene una personalidad, así también cada pueblo tiene una manera de ser. En este caso, los argentinos tenemos una personalidad psicopática o personalidades activamente independientes.
De esta manera cita a T. Millon (4) quien señala como rasgos: los controles se transgreden fácilmente y, en consecuencia hay un umbral muy bajo para las acciones irresponsables y desviadas. Las trasgresiones socialmente reprobables se exponen, actuando o hablando de ellas.
Hay una conducta claramente exhibicionista, es más piola el que más transgrede, lo muestra y se jacta de ello; evade más impuestos, coimea, se cuela… Cada vez tiene menos respeto por el otro, perdiendo sensibilidad y aprensión, la ética ha sido alterada., aunque nuestra capacidad de juicio está intacta Y por supuesto somos las víctimas de los políticos de turno y de los organismos internacionales. Deslindamos nuestras responsabilidades utilizando la proyección como mecanismo de defensa. Por otro lado, “el argentino, acompañado de un sensible sentido del ridículo, revela que su temor más profundo es el ser o parecer un tonto, así nuestro insulto nacional y popular es el de ‘boludo’ (5).
La psicopatía es una personalidad ‘activamente independiente’, pero esta independencia no surge de la autoconfianza, sino de la desconfianza en los demás; y a su vez, la acción se da básicamente para beneficiarse uno mismo. Debemos aprovecharnos primero, antes que otros se aprovechen de nosotros, antes de que nos tomen por estúpidos.
Y en realidad, ya somos estúpidos. El estúpido, para Barilko es aquel que está seguro de sus ideas, de sí mismo, de sus convicciones, entonces no piensa sino que repite, y al repetir tiene la cabeza en una lata. Tener la cabeza enlatada implica que toda nuestra inteligencia y nuestro juicio se quedan ahí, paralizados, “estupefactos’, en el molde con forma de idea o de ‘buena intención’ que no pasa a ser acción. Y la acción que quizás podemos efectuar en tales circunstancias no es más que un acting out, o una actuación irresponsable, no pensada, impulsiva, egoísta, teñida de proyecciones y de inmoralidad.
A lo mejor sea necesario comenzar por reconocer la propia estupidez y aprender a escuchar al otro. Reconocer nuestra estupidez es comenzar a ‘estar inteligente’. Estar inteligente (que no es lo mismo que ser inteligente) para Barilko (6) ‘es abrirse a lo nuevo en calidad de nuevo y responderle en cuanto nuevo desde la propia renovación…. Lo contrario (estupidez) es la ceguera de reflejos condicionados que nos hacen marcar el paso en cualquier dirección’.
La inteligencia es la capacidad de responder coherente y eficientemente a nuevas situaciones, o sea creatividad del propio ser, porque cuando aprendemos, nos re-creamos. Si aprendemos a escuchar al otro, es muy posible que nos volvamos más inteligentes, y al volvernos más inteligentes, más capaces de poder pensar la ética y ponerla en práctica moralmente.
Volviendo a los rasgos de personalidad psicopática del argentino, he dicho antes que tiene relación con el Edipo en el sentido de que: Con un padre (que si lo hubo), no ha sido lo suficientemente firme como para imponer su ley, o ha sido tan paternalista y sobreprotector como la madre (patria), o bien, sus padres han sido ambos transgresores.
De esta manera, la ley, la noción de orden siempre es buscada por el argentino afuera (en otras sociedades, que siempre son mejores), o tiene una necesidad de ley y sanción impuesta (en un gobierno de facto), porque es hijo del rigor. Por otra parte, tiene una madre tan narcisista, que él mismo como prolongación de ella, se considera el ombligo del mundo.
De esta manera, se excluye al padre (la ley) y se lo considera como ausente, como no existente, así como tampoco existen los otros. Y ’se ama’ a la madre tierra argentina sólo en cuanto le sirva para su propio beneficio, la consume vorazmente pero no la cuida, no se hace responsable por ella, y menos si los hermanos son considerados una competencia para obtener lo que desea, al mejor estilo de una sociedad de marketing.
El argentino psicópata cada vez menos sensible y reflexivo, se convierte en un Caín que poco a poco con manipulación, proyecciones negativas, mentiras, corrupciones, ‘falta de memoria’ (el ‘no me acordé’, ‘yo no fui’), falta de respeto y de tolerancia a la frustración, va matando a cada uno de los Abeles que están a su alrededor. Y no sólo Abeles, sino que también tiene que enfrentarse a todos los demás Caínes que existen (¿existen?). El argentino llamado Caín, es un ser sin ética, y sin moral.
Me pregunto si será posible cambiar de alguna forma una personalidad que se estructuró de esta manera. Quizás habría que hacer terapia colectiva…. Pero no creo, a nadie le importa el otro, así que mejor hagamos terapia individual y hablemos; que el otro inexistente nos escuche. Para algo hay tantos psicoanalistas.
Con este psicodiagnóstico irónico no quiero ser negativa con respecto al pronóstico que tiene el argentino. Como toda persona (entiéndase sociedad) (1). Para la DSI, la personalidad (la manera de ser) es a la persona como la cultura es a la sociedad. Única e irrepetible, tiene también sus virtudes y sus núcleos sanos. Mi propuesta es comenzar a trabajar con ellos.
Esos núcleos sanos se encuentran muchas veces en los ‘argentinos notables’ de Barilko y en muchas ‘buenas personas’, que aunque no vayan a la acción, por lo menos están pensando en el otro. Pero por sobre todo creo que nuestro núcleo sano se encuentra en los niños, que tienen todo el potencial humano para hacer una Argentina más ética y más de ‘argentinos’ en plural. Los niños son la parte más plástica de nuestra cultura (léase personalidad en lo individual), ya que ellos están en permanente formación, en re-creación de su ser, en aprendizaje permanente, en camino de su identidad.
Al decir de M. M. Casullo (7) ‘todos nuestros comportamientos como seres humanos suponen e implican vínculos con nuestros semejantes. Sin los Otros no podemos ser Nosotros. Son los Otros los que nos permiten construir nuestra Identidad personal’. En tanto sujetos, nos constituimos como un sistema integrado por subsistemas diferentes y complementarios: el biológico, el psicológico el axiológico y cultural y el social. Y prosigue ‘vivimos en contextos sociales y culturales específicos que proveen normas, creencias, roles a cumplir y que otorgan significado a lo que se hace o deja de hacer’.
La conformación de la personalidad es por ende, el resultado de condicionantes no solamente biológicos y familiares sino también socioculturales que en un entramado complejo interactúan de manera continúa.
Por ello es tan importante que eduquemos a nuestros niños en valores éticos, no como una mera instrucción, sino promoviendo lo que Barilko llama ‘la cultura del alma’, el mejoramiento y perfección del carácter, el pensamiento crítico, la moralización (no el moralismo), o sea la socialización. El aprender a ser-con-otros es la clave para ser-uno-mismo, y en consecuencia, para ser feliz/ces. Para terminar quiero compartir un cuento breve que leí al final de un libro que trata sobre la comunicación en las organizaciones (8) que veo muy acertado para enfocar el tema de la responsabilidad y la ética para los argentinos:
‘Hay un viejo cuento con cuatro personajes: TODOS, ALGUIEN, CUALQUIERA y NADIE. Ocurre que había que hacer un trabajo importante y TODOS sabían que ALGUIEN lo haría. CUALQUIERA podría haberlo hecho, pero NADIE lo hizo. ALGUIEN se enojó cuando se enteró, porque les hubiera correspondido a TODOS. El resultado fue que TODOS creían que lo haría CUALQUIERA y NADIE se dio cuenta de que ALGUIEN no lo haría. ¿Cómo termina la historia? ALGUIEN reprochó a TODOS porque en realidad NADIE hizo lo que hubiera podido hacer CUALQUIERA…’
(1) Barilko, Jaime, ‘Ética para argentinos’, Ed. Aguilar, 1998.
(2) Ibídem (1), Pág. 56.
(3) Vinacour, Carlos A. ‘La Argentina psicopática’, 4to Congreso Virtual de Psiquiatría ‘Interpsiquis 2003′ www.interpsiquis.com, organizado por la página web www.psiquiatria.com, 2003.
(4) Millon, T. ‘Trastornos de la personalidad. Más allá del DSM-IV’. Editorial Masson. Barcelona, 1998.
(5) Urtizberea, R… ,’Elogio de la viveza’, La Nación, 2002
(6) Barilko, Jaime, ‘En busca de uno mismo’, Emecé Editores, 3ra edición, 2000
(7) Casullo, María Martina, ‘La convivencia: una cuestión de valores’. www.institutoipsi.com.ar, 2002
(8) Morera Justo, Iris, ‘La comunicación para el cambio en las organizaciones. Una introducción global a la comunicación institucional’, Ediciones Caeci, Buenos Aires, 1998.
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Extraído de Encuentralas en Redpsicología www.galeon.com/pcazau
Gentileza de la lectora, Viviana D’ambrosio (C.A.B.A.)
Fuente: http://www.acosomoral.org/ |