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Perdonar no es olvidar, es recordar en paz

Y es que el rencor mata, corroe, esclaviza, asfixia. No hay nada mejor en el mundo que perdonar.

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Quizás hayan observado que, con inusitada frecuencia, a la hora de escribir estos artículos, el Señor me pide hacerlo sobre el tema del perdón y la reconciliación. Y yo feliz.
Y es que el rencor mata, corroe, esclaviza, asfixia. No hay nada mejor en el mundo que perdonar. Lo repito, nada hay mejor que perdonar. Y si no, hagan la prueba. No se lleven que yo lo dije, no. Hagan la prueba.
¡Haz la prueba! Decídete y perdona al que te ofendió o te causó algún daño. Si crees que el otro piensa que fuiste tú quien tuvo la culpa, pues igual, simple y llanamente pídele perdón, y asunto arreglado. Total, lo importante es lograr la paz, la convivencia, el poder saludar y sonreír y conversar con quien hasta hace poco le volteabas la cara, o le gruñías, o le deseabas el mal, o lo ignorabas, y arriba de eso afirmabas que no, que tú no habías dejado de quererlo, pero que no querías tener nada que ver con esa persona.

El problema es ese. Que lo que dice el Señor es muy distinto. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Difícilmente tu propia persona te sea indiferente.
A los que tengan algún tipo de rencilla, les ruego encarecidamente dediquen unos minutos y presten atención a lo que les voy a contar. Léanlo también los que como yo estamos en paz con el mundo, para la gloria de Dios, que les será útil para llevar este mensaje a los peleones.
Jesús relata la historia de aquel rey que perdona una gran deuda a uno de sus servidores, y al salir del palacio, éste se encuentra a un compañero que le debía unos centavos, y lo hace meter preso hasta que le pague. Al enterarse el rey, le recriminó su injusticia enviándolo a la cárcel. Concluye Jesús diciendo que “lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.
Entonces, te pregunto: De todas esas barbaridades que has cometido en tu vida, ¿recuerdas tan sólo una que Dios no te haya perdonado? ¿No? Y entonces, ¿quién eres tú para negarle tu perdón a alguien que mucho o poco te haya molestado, ofendido, irritado, perjudicado o llámese como sea lo que te haya hecho esa otra persona, y mucho peor si es un hermano?
No, mi querido amigo, no vale la pena vivir así. No hay tranquilidad. A mi me pasaba igual. Recuerdo una situación por la que viví, y a sabiendas de que a esa persona me la encontraba los domingos en misa, tenía la respuesta lista por si acaso se atrevía a saludarme: “¡Vade retro Satanás! ¡Retírate Satanás!” ¡Y eso se lo pensaba decir en plena iglesia!
Hoy, sin embargo, vivo tranquilo. A esa persona–¡y a tantas otras!–no tan sólo la perdoné, sino que le pedí perdón, porque estando ya en los caminos del Señor, me cuestioné seriamente si no habría sido yo quien la había ofendido. ¡Que bien se siente uno! Quise visitarla, y darle un abrazo, pero no quiso. Que pena. Siempre está presente en mis oraciones.
El perdón no borra lo sucedido. Lo hecho, hecho queda, y a menos que caigamos en Alzheimer, difícil es olvidar nuestra historia de vida. Pero qué distinto es recordar esos incidentes en paz. Ahí radica la gran diferencia. Perdonar no es olvidar, es recordar en paz.
Bendiciones y paz.


SINTESIS DE LOS MOMENTOS QUE TUVO LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD – MADRID 2011

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Queridos amigos, el encuentro de Madrid ha sido una estupenda manifestación de fe para España y para el mundo ante todo. Para la multitud de jóvenes, procedentes de todos los rincones de la tierra, ha sido una ocasión especial para reflexionar, dialogar, intercambiarse experiencias positivas y, sobre todo, rezar juntos y renovar el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo, Amigo fiel. Estoy seguro de que han vuelto a sus casas y vuelven con el firme propósito de ser levadura en la masa, llevando la esperanza que nace de la fe. Por mi parte sigo acompañándolos con la oración, para que permanezcan fieles a los compromisos asumidos. A la intercesión maternal de María, confío los frutos de esta Jornada.

Benedicto XVI

Miles en Argentina se alistan para celebrar a San Cayetano, Patrono de la Providencia

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BUENOS AIRES, 05 Ago. 11 / 04:02 pm (ACI/EWTN Noticias)

Los sacerdotes y voluntarios del santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, en Argentina, alistan hoy los últimos detalles para recibir este fin de semana a decenas de miles de peregrinos que se acercarán para pedir pan y trabajo o agradecer haberlos recibido, durante la festividad del patrono de la Providencia.

Esta devoción popular, que en Buenos Aires llevará por lema “Junto a San Cayetano rezamos por la paz, el pan y el trabajo“, también se replicará en más de 45 parroquias del país que llevan el nombre del santo.

“Esta es sobre todo una fiesta, un emblema de la arquidiócesis, por eso nos preparamos para recibir a los peregrinos, que serán muchos, sin duda, con alegría”, dijo a la agencia argentina AICA el párroco del templo, el P. Jorge Torres Carbonell.

El sacerdote destacó que hasta aquí llegan, no sólo el 7 de agosto, “muchas personas que expresan no perder la esperanza de conseguir un trabajo o tener un empleo más digno, pero muchas que vienen a agradecer”.

Este sábado 6, víspera de la festividad, sacerdotes del templo recorrerán por la tarde la fila extensa con una imagen de San Cayetano desde las calles Reservistas Argentinos y Barragán hasta el santuario, para bendecir a los peregrinos.

Las puertas del santuario de Cuzco 150 serán abiertas el domingo a la hora cero por el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Raúl Martín, quien tras impartir la bendición dará paso a los devotos y a las 9 presidirá una de las misas.

A partir de las 4:00 a.m. y hasta las 11:00 a.m. se celebrará Misa cada hora, y después cada dos desde el altar levantado sobre la calle Cuzco.

La Eucaristía central por la paz, el pan y el trabajo será presidida el domingo 7 de agosto a las 11:00 a.m. por el Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio.

También habrá bendiciones de objetos y se recibirán alimentos no perecederos y ropas para la Cáritas parroquial.

Unos 1.500 voluntarios laicos, 200 sacerdotes y 800 scouts asistirán a los peregrinos, a quienes repartirán pan, caldo y mate cocido.

Más información: santuario@sancayetano.org.ar o www.sancayetano.org.ar

San Cayetano

Gaetano de Thiene, como se llamaba San Cayetano, nació en Vicenza, norte de Italia, en octubre de 1480, en el seno de una familia de nobles.

No obstante, abandonó el ambiente familiar y dedicó su vida a la atención de los enfermos y desvalidos. Murió a los 77 años en agosto de 1547.

Fue canonizado en 1671 después de que una comisión eclesiástica comprobó numerosos milagros entre quienes lo invocaron para pedir sanación, alimentos y trabajo.

JESÚS Misericordioso 2011

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Día 1 II Domingo de Pascua, de la Divina Misericordia
“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario, 300). La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Finaliza la 23° edición Pascua Joven, en el Colegio Marín de San Isidro

Monseñor Jorge Casaretto: ‘Ustedes los jóvenes no son el futuro, son una realidad concreta y presente. El amor tiene que movilizarlos en la vida, volcarse en la familia, los amigos, los grupos y extenderse a una sociedad donde hay pobreza, a una realidad desafiante que pide cristianos más comprometidos.’

Monseñor Jorge Casaretto: ‘Ustedes los jóvenes no son el futuro, son una realidad concreta y presente. El amor tiene que movilizarlos en la vida, volcarse en la familia, los amigos, los grupos y extenderse a una sociedad donde hay pobreza, a una realidad desafiante que pide cristianos más comprometidos.’

San Isidro, 23 de abril de 2011.- Se llevó a cabo la Pascua Joven en el Colegio Marín de Beccar, un encuentro donde conviven casi 2900 adolescentes de 15 a 17 años. El campamento duró toda la Semana Santa y tuvo como objetivo reunir a los jóvenes de los dos últimos años del secundario para vivir una experiencia profundamente espiritual y eclesial del misterio de la Pascua, mirando el ejemplo de Cristo para construir una familia y una sociedad más unida como modo de caminar hacia la santidad.

El colegio Marín se convirtió en la casa de 2582 adolescentes provenientes de diversas partes de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe para compartir su fe, sus opiniones y su alegría. Pascua Joven se realiza desde el año 1989 como un campamento-retiro orientado a chicos de la diócesis de San Isidro (que abarca los partidos de San Fernando, San Isidro, Tigre, Vicente López y las secciones 1ra. 2da. Y 3ra. de las Islas del Delta bonaerense), pero la reperusión fue tal que cada año se fueron sumando chicos de varios puntos del país que fueron enterándose gracias a la experiencia de otros.

Los jóvenes fueron trabajando cada día de la semana con actividades individuales -denominadas ‘desiertos’-, en pequeños grupos -guiados por un coordinador-, o escuchando una charla del actual obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto y del futuro obispo de dicha diócesis, Monseñor Oscar Ojea.

El Jueves Santo consistió en una jornada para que los adolescentes se preguntaran cómo estaba su ‘casa’, es decir su vida, y cómo se preparaban para recibir a Jesús. El Viernes Santo fue un momento de invitación para que cada participante se aceptara como es, reflexionara sobre la muerte Cristo en la Cruz, y entregaran ellos también su vida, dejando morir los prejuicios y buscar la unión familiar. En tanto el Sábado Santo tuvo el objetivo de que los chicos se descubrieran necesitados de tener una mirada trascendente y se animaran a jugarse por un cambio en sus vidas.

Para el domingo de Pascua, la invitación cuando vuelvan a sus casas, es que los chicos puedan compartir lo que experimentaron teniendo en cuenta las palabras del Evangelio ‘no callar lo que hemos visto y oído’. Monseñor Casaretto hizo mención a situaciones catastróficas como el Tsunami y terremoto de Japón, y la explosión de la primera bomba atómica, comentando ‘La vida de felicidad implica el olvido de uno mismo para poner a los otros, a los que están peor, delante de nuestros rostros y poder decir me tengo que ocupar de ellos.

‘En nuestra realidad cercana no vivimos una destrucción total pero sí hay muchos jóvenes a los que les ha explotado la bomba de la droga o del alcohol en sus vidas, jóvenes que ya están casi destruidos cuya materia gris ya ha sido arruinada por la droga.’ ‘La Cruz es el signo de entrega hacia los demás, esto es lo que nos invita la Pascua.

El camino es olvidarse de sí mismo para entregarse totalmente a los demás. Pero en qué consiste olvidarnos de nosotros mismos? Tenemos q dejar de pensar en ntra carrera profesión, en nuestro futuro? El olvido de uno mismo significa que lo que pueda desarrollar con mi inteligencia y voluntad no lo use para mi autoexaltación sin para servir a los demás.

A eso nos invita Jesús.’ ‘La profesión no es algo para sentirse poderoso sino para estar al servicio de los otros. Esa es la dimensión que Jesús quiere que le demos a nuestras vidas.’ ‘Cuando me hablan de los jóvenes como ‘el futuro’ yo pienso que ustedes no son el futuro del país sino una realidad concreta y presente.

Ustedes ya son alguien, chicos y chicas que tienen una vida familiar, amigos, una realidad concreta q les toca vivir con una dimensión servicial.’ ‘En estos días han celebrado, cantado, rezado en una dimensión de grupo que les ha abierto un panorama. Se han encontrado y socializado con chicos que tal vez nunca hubieran conocido.’ ‘Hay un animal que tiene un corazón pesadísimo, de 5 kilos, la jirafa. ¿Saben por qué pesa 5kg? Porque tiene un cuello muy largo y tiene q bombear sangre hasta la cabeza, tiene q bombear mucho. Con la cabeza observa mucho más que los otros animales, está por encima de ellos, puede mirar lejos, tener un panorama mucho más amplio.

Es un ejemplo que vale la pena retomar: qué importante es tener un corazón grande y una cabeza q vaya mirando todo para q el corazón se ponga a tono con lo que se capta. Ustedes tienen q tener un horizonte y ver lo q esta pasando con la cabeza ir captando los desafíos que la realidad les presenta. ‘La cabeza nos muestra la realidad y el horizonte, nos muestra el panorama. El corazón nos empuja, con el corazón nos comprometemos con esa realidad.’ ‘Estamos en un país con muchos desafíos, con una pobreza grande, con necesidad de una democracia más sólida, tenemos que construir una Iglesia más comprometida con todos.’

‘Tengan siempre la cabeza puesta en la realidad. Con la cabeza hay que mirar la vida familiar, nuestros colegios, con la cabeza hay que levantarse más allá de la familia, del barrio, de lo que pasa en nuestro país, cuáles son las necesidades, debemos mirar más allá de nuestro grupo y de nuestros horizontes’ ‘El amor tiene que movilizarnos en la vida, volcarse en la familia, amigos, grupos y extenderse a una sociedad donde hay pobreza, una realidad desafiante que pide cristianos más comprometidos.’

‘Todas las decisiones tienen tormentas de por medio, no hay que escaparle a esto, esa es la vida de los cristianos, al vida es una vida de mucha lucha, uno tiene tormentas interiores. Una paz fuerte es asistida no sólo por fuerza o voluntad sino por el Espíritu Santo.’

Respecto de la sexualidad: – Todo es don de Dios, tenemos esta capacidad de volcar nuestra vida en una dimensión de amor, el amor es lo que debería regir la vida de toda persona y de todo cristiano. La sexualidad tiene dos dimensiones: dimensión de amor y dimensión de fecundidad. Lo sexual tiene que responder a estos dos aspectos.

La relación sexual es una expresión de amor definitiva, el sexo no está para ser desperdiciado, no se puede andar un dia con uno otro con otro. Dios nos pide amor definitivo, que nuestra vida vaya en un orden de definición. Respecto del divorcio: – Los que caminan hacia el matrimonio le decimos ‘Piensen bien’, y si va mal, vamos a acompañar lo mismo en los procesos de su vida. Cualquier persona con cualquier problema tiene que tener la certeza que será acompañado por nosotros, Iglesia.

El significado de la misericordia: – En esta pascua estamos celebrando la misericordia del señor.

La misericordia es nada menos que el amor de Dios. – El perdonar no existía en época del imperio romano. En la mente de (Poncio) Pilato tener que perdonar era un signo de debilidad. Cuando viene Jesús nos descubre esto. Todos somos pecadores y necesitamos ser perdonados para seguir en la vida. Ya ustedes, [jóvenes], tienen un pasado. Todos hemos tenido luces y sombras en esta vida. Hemos sido rescatados. La luz de Jesús puede más que las sombras o las heridas de la vida.

La misericordai de Dios es decir ‘Te haya pasado lo que te haya pasado, quiero acompañate’. – Cuando experimenté el amor de Dios empecé a ser yo mismo, empecé a ser quien tenía que ser. Respecto a los que no tienen o están perdiendo la fe: – Tienen que llegar a todos pero no tienen que proponerse cambiar a los demás. Llegar a los otros no es ‘hacerle el bocho’ sino llevarles nuestra vida y que los otros se puedan preguntar ‘¿Qué tiene este de distinto?’.

Tenemos que rezar por los demás pero sobre todo testimoniar a los demás. La Madre Teresa no se propuso convencer a los demás sino que se propuso amar. Tenemos la capacidad de manifestar a fondo el amor de Dios y eso es lo que despierta la fe en los demás. El encuentro Pascua Joven está dirigido a chicos entre 15 y 17 años, pero a su vez pueden participar jóvenes de 18 a 23 años en todas las actividades organizativas. Este año, la temática del retiro girará en torno a la cita bíblica ‘Tu fe te ha salvado, vete en paz’ (Lc. 7, 37-50).

La organización de Pascua Joven está a cargo de dos sacerdotes, dos religiosas, 40 organizadores de 19 a 23 años, 600 coordinadores y 100 servidores menores de 22 años, quienes acondicionaron la infraestructura del Colegio Marín para este campamento.

Pascua Joven 23° edición

Más información en www.depastoraljuventud.org.ar
http://es-es.facebook.com/pages/Pascua-Joven/143483865715122
http://pascuajoven.shutterfly.com/pascua2010

Gentileza, Flavia Vaccarezza

¡Todo empieza de nuevo, Cristo ha resucitado!

¡Alegría de Cristo resucitado! ¡Alégrese toda la tierra! ¡Alégrate tú, Cristo te ha salvado!

¡Todo empieza de nuevo, Cristo ha resucitado!

Vamos a hacer de esta reflexión una contemplación de la experiencia que Pedro tiene sobre la resurrección de Cristo. Dice el Evangelio: “Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Nathanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos”.

Recordemos que Cristo ha resucitado. Todos han sido testigos: ha estado con ellos, les ha hablado y les ha prometido que dejaba al Espíritu Santo, han visto el milagro de Tomás; sin embargo, la soledad vuelve a rodearles.
“Simón Pedro les dice: ‘Voy a pescar’. Le contestan ellos: ‘También nosotros vamos contigo’. Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada”. Los apóstoles estaban solos respecto a Cristo, solos respecto a su oficio de pescadores. ¡Y de pronto sucede algo que ellos no esperaban!

Una de las características de las apariciones de Cristo es la gratuidad. Cristo no se aparece para dar gusto a nadie. Cristo mantiene en sus apariciones una gratuidad. “Me aparezco cuando quiero, porque yo quiero”. Con lo que Él nos vuelve a manifestar que Él es el verdadero Señor de la existencia.

“Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era él. Díeles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis pescado?” ¡Imagínense cómo le contestarían…, después de toda la noche trabajando se habían acercado a la orilla, y un señor imprudente les pregunta si no tienen pescado! Y Él les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. Echan la red y resulta que ya no la pueden arrastrar por la abundancia de peces. ¿Qué sentirían?

“El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: Es el Señor”. De nuevo se repiten las mismísimas situaciones al primer encuentro con Jesús: Un día, después de pescar infructuosamente, todos en la barca regresan. Los experimentados han fracasado, y un novato les dice que echen ahí las redes, que ahí hay peces. La echan y efectivamente la red se llena.

¡Cuántas cosas semejantes al primer amor! Juan no lo narra, lo narran los otros evangelistas, pero sabe al primer encuentro. Y Juan, que ama y es amado, dice: “Es el Señor”. Reconoce los detalles del inicio de la vocación. Es como si Cristo buscase dar marcha atrás al tiempo para decir: “Todo empieza de nuevo, sois verdaderamente hombres nuevos”, como en el primer momento, como en el primer instante. Como que el primer amor vuelve a surgir desde el fondo de nosotros mismos para recordarnos que somos llamados por Cristo.

Juan, en la fe y en el amor, reconoce al Señor, y Pedro sin pensar dos veces, se lanza de nuevo hacia Él. Ya no es el Pedro del principio de este Evangelio: amargado, triste, enojado. Es un Pedro que ha oído: “Es el Señor”; y se lanza al agua. Y después viene toda esa hermosísima escena de la comida con Cristo, en la que el Señor produce de nuevo la posibilidad de comunión con Él, en amistad, en cercanía y en abundancia. “Siendo tantos los peces, no se rompió la red”.

Todo esto va preparando la experiencia de Pedro con Cristo. Hay ciertos temas que Pedro no ha tocado aún, hay ciertas situaciones que Pedro no se ha atrevido a señalar. Hay un aspecto que Pedro, aun estando con Cristo resucitado, no ha resuelto todavía: la noche del Jueves Santo; la negación de Pedro. Es un tema que Pedro tiene encerrado en un closet con siete llaves. Tan es así, que Pedro se lanza al aguan como diciendo: “aquí no ha pasado nada, yo vuelvo a ser el primero”. Y Cristo dice: “traed los peces”. Y Pedro es el primero en ir a buscarlos. Como si a base de estos gestos uno quisiese tapar aquellas cosas que no nos gustan que los demás vean.

Y continúa el Evangelio diciendo: “Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan ¿me amas?”. Cristo vuelve a preguntar por el amor. “[...] Apacienta a mis ovejas.” Cristo confirma a Pedro su misión.

Y este amor que Cristo nos propone, es un amor nuevo. No es el amor de antes, no es el amor de aquella jornada junto al lago en la que Cristo les pregunta: “¿Quién soy yo para vosotros?”, y Pedro responde: “eres el Hijo de Dios.” No es el amor de la sinagoga de Cafarnaúm cuando Cristo les dice: “¿También vosotros queréis marcharos?”, y responde Pedro: “Señor, ¿a dónde iremos?” No es el amor del jueves por la tarde, cuando Cristo le dice: “Uno de vosotros me va a entregar”, y Pedro salta. Cristo le dice: ¿Sabes qué? Tú me vas a negar tres veces. Y Pedro, explotando, dice: Yo antes daré mi vida que negarte a ti.

No es ese amor, no es el amor antiguo, el amor que nace de la propia decisión, el amor que nace, como un río, del propio corazón. Es el amor que, como lluvia, Cristo deposita sobre el desierto del alma de Pedro. Es el amor que se derrama sobre el alma, un amor que ya no procede de mi certeza, de mi convicción, de mi inteligencia, de mis pruebas, de mi tecnicismo; es el amor que nace sólo del apoyo que Cristo da a mi vida. Y ese amor es el amor que me va a hacer superar la debilidad para ponerme de nuevo en el seguimiento del Señor. No es el amor que nace de mí, sino el amor que viene de Él.

“En verdad, en verdad te digo, cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías; pero cuando llegues a viejo extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras.” Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: Sígueme.

Y Pedro ve a Juan y le dice a Jesús; “Señor, y éste ¿qué?” Y Jesús le responde: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme”. Con esto Jesús le está diciendo: Olvídate de tu alrededor, deja de lado todos los otros apoyos que hasta ahora has tenido; tú, sígueme.

La resurrección, por sí misma, no es una garantía de nuestra proyección y lanzamiento con corazones resucitados. Habiendo sido testigos, nuestra vida puede continuar igual, sin transformaciones reales. Y esto lo vemos cada uno de nosotros en nuestra vida constantemente. Somos testigos de tantas cosas, y a lo mejor nuestra vida sigue igual.

La resurrección, el hecho de que veamos a Cristo, de que experimentemos a Cristo resucitado, la alegría de Cristo resucitado, a lo mejor, lo único que hace es dejar nuestra vida un poco más tranquila, pero no renovada. Sobre nuestra vida puede proyectarse la sombra del pasado o la incertidumbre del futuro. Nuestra vida puede seguir aferrada a antiguas certezas, a los criterios que nos han servido de brújula durante mucho tiempo.

Es bonito que Cristo haya resucitado, pero repasemos nuestra vida para ver cuántas veces pensamos que no nos sirve de mucho y que en el fondo hasta es mejor que las cosas sigan como están. Pedro no parece tener todavía una conciencia plena de lo que significa la resurrección de Jesucristo: lo vemos apegado a sus antiguos hábitos. Pedro sigue siendo el mismo, nada más que ahora se siente más solo, porque casi lo único que ha sacado en claro es la debilidad de su amor. Después de tres años, para Pedro lo único que prácticamente hay claro es que su amor es sumamente débil. Pedro se ha dado cuenta de que puede fallar mucho y de que no sabe ser roca para los demás. Junto a todas las cosas de que ha sido testigo tras la resurrección de Cristo, en el corazón de Pedro hay algo que pesa: la pena, el fracaso para con quien él más ama.

Esto es como una herida tremenda en el corazón de Pedro, que ni el Domingo de Resurrección, ni las otras apariciones han sido capaces de curar, de limpiar, de purificar. A pasar de todos sus esfuerzo —cuando le dice María Magdalena: “ahí está el Señor”, y corre; le dice Juan: “es el Señor”, y se lanza al agua—, el corazón de Pedro tiene una experiencia de profunda tristeza. Él sabe que es muy débil, más aún, nada le garantiza que no lo volvería a hacer, y casi prefiere ni pensar.

Quizá nosotros, después de esta Cuaresma en la que hemos ido recogiendo, como un odre, todas las gracias, todos los propósitos de transformación, todas las necesidades de cambio, todas las ilusiones de proyección, todavía podríamos tener un peso en nuestra alma: el saber que somos débiles, que nada nos garantiza que no volveríamos al estado anterior. Y, la verdad, se está muy a gusto pensando en la resurrección, mejor que pensar en esto.

La resurrección por sí misma no es garantía; pero, si queremos dar un paso adelante, nos daremos cuenta de que Cristo a Pedro lo renueva en el amor y en la misión. El diálogo en la playa entre Cristo y Pedro es un diálogo de renovación en el amor. Pedro amaba a Cristo, y desde el primer momento en que Cristo le pregunta: “Simón, hijo de Juan”,( ya no le dice Pedro) me amas más que éstos?” Le dice él: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Esa certeza, el amor a Cristo, Pedro la tiene clavadísima en su alma.
Pedro, después de tres veces de preguntarle Cristo sobre el amor de su alma, se da cuenta de que, muy posiblemente, ese triple amor está curando una triple negación. Pedro constata que su amor se había quedado enredado en las tres veces que dijo: “No conozco a este hombre”.

Cuando lo negó por tres veces, sus palabras, sus miedos encadenaron el amor vigoroso de Pedro. Y cuando Cristo sale al patio y lo mira, esa mirada hizo que Pedro se diera cuenta de las cadenas que él había echado.

Y Cristo como que quiere retomar la escena. Y así como retoma la escena de la vocación de ese primer momento, Cristo retoma la escena de la negación, como si Cristo le dijera a Pedro: “¿dónde estás?, ¿dónde te quedaste?, ¿te quedaste en el Jueves Santo?; vamos a volver ahí.

Y Cristo renueva el diálogo con Pedro donde se había quedado, y Cristo renueva su amor a Pedro y el amor de Pedro hacia Él, donde se había quedado atorado, en el jueves por la noche.

Cristo nos enseña que amarle en libertad significa ser capaces de mirar de frente nuestras debilidades, de volver a recorrer con Él los caminos que por miedo no nos atrevemos a cruzar.

Quizá, cada uno de nosotros tenga un jueves por la noche; quizá, cada uno de nosotros tenga una criada, una hoguera, unos soldados y un gallo que canta. Y Cristo, con amor, nos enseña a mirar de frente esa negación para que ya no nos atoremos ahí: “Si un día me dijiste no, camina ahora conmigo”.

El día que Pedro negó a Jesucristo, a lo que Pedro le tuvo miedo fue a morir por Cristo, a morir con Cristo. Pedro sabía que si decía que era discípulo del Señor, le podían echar mano y llevarlo al calabozo. Pero el amor de Cristo retoma a Pedro y se lo lleva, purificándolo hasta anunciarle que él también un día va a morir por Él. “Cuando eras joven te ceñías tú mismo, cuando seas viejo extenderás los brazos, otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras”. Y luego añadió: “Sígueme”.

Cristo nos renueva con su amor para que atravesemos ese tramo de nuestra vida en el que el miedo a morir con Él, el miedo a entregarnos a Él nos dejó atorados. Ese tramo de nuestra vida en el que todavía nosotros no hemos atrevido a poner nuestros pies porque sabemos que significa extender las manos y ser crucificados.

Cristo no le pregunta a Pedro: “¿me vas a volver a negar?” Sino que le pregunta: “¿me amas?”. A Cristo le interesa el amor. Sólo el amor construye, porque sólo el amor repara, une, sana y da vida. El amor renovado, el amor resucitado es el lazo que Cristo vuelve a lanzar a Pedro. El amor capaz de pasar a través de la propia experiencia, ese amor que es capaz de pasar por lo que uno una vez hizo y preferiría no haber hecho, y guarda su conciencia; ese amor que es capaz de pasar por el propio pasado, por la imagen que yo hubiera podido forjarme de mí mismo. Ese amor es el inicio que reconstruye un corazón cansado, porque este amor ya no se apoya en nosotros, sino en Cristo.

«Sígueme», no te sigas a ti mismo, no sigas tus convicciones, tus gustos, tus ideas. Este amor ya no se apoya en ti; es el amor que proviene de Cristo, el amor que nace de Dios. Dirá San Juan: “Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que Dios envió al mundo a su Hijo Único, para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos envió a su Hijo como propiciación para nuestros pecados. Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros nos debemos amarnos unos a otros”.

La experiencia de Pedro es la experiencia de un amor renovado. Pero al mismo tiempo, la experiencia que Pedro tiene de Cristo resucitado, es un amor que no se puede quedar encerrado, es un amor que se hace misión. Es un amor que renueva la misión de apóstoles que nos ha sido dada; es un amor que, en nuestro caso, renueva el vínculo con la misión evangelizadora de la Iglesia, renueva el compromiso cristiano a que fuimos llamados al ser bautizados. No es un amor que se queda en un cofre guardado, es un amor que se invierte, es un amor que se reditúa, es un amor que se expande. Y este amor es un amor que no teme; no teme a la cruz que significa la misma misión, porque va acompañado de Cristo que me dice: “Sígueme”.

  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Cipriano Sánchez LC

    María siempre al pie de la cruz

    Maria acompañó a Jesús al pie de la cruz y también a nosotros en nuestra cruz de cada día.

    María siempre al pie de la cruz

    Viernes de dolores, porque recordamos el sufrimiento de Cristo en la cruz, y unidos a Él todos nuestros sufrimientos y nos acompaña la Madre de Dios, nuestra Madre.

    La Madre de Dios llora y sufre la angustia de ver morir a su Hijo en la cruz como la haría cualquier madre.

    Lo ha visto coronado de espinas, clavadas en su cabeza y en su frente, dejando su pelo y rostro manchado de una sangre que se coagula y reseca sobre la piel, su espalda que esta desgarrada y abierta por los azotes que le han dado y que cubrieron después, con una túnica púrpura para burlarse de El, dándole bofetadas y escupiéndole…

    Sabe que su amadísimo Hijo es humillado y escarnecido y por todo esto…tiene roto el corazón.

    Después lo ha visto caminar y caer…bajo el peso del madero que lleva sobre sus maltratados hombros y ha visto como le clavan sus amados pies y manos en el madero de la Cruz y, por fin, lo ha visto levantar en alto, y…morir. ¿Podrá haber un dolor más grande?. Lo sabe puro, lo sabe bueno, lo sabe santo….lo sabe Hijo de Dios, y piensa…¡Cuánto debe ser su amor por todos los hombres!.

    Y María no comprende ese gran misterio pero acepta, una vez más, porque es la voluntad Dios. Su corazón es traspasado por una espada y su dolor no tiene límites. Así se cumple la profecía de Simeón, cuando viéndola, casi una niña con su Hijo en brazos, el día de la Presentación en el Templo, entre otras cosas le dice a María :- “una espada atravesará tu alma”… y ahora María está de pie junto a la Cruz de Jesús.

    En el libro” El silencio de María” nos dice el P. Ignacio Larrañaga:- “Es preciso colocarse en medio de este círculo vital y fatal que unos lamentaban y otros celebraban, ese triste final y en medio de ese remolino, la figura digna y patética de la Madre, aferrada a su fe para no sucumbir emocionalmente, entendiendo algunas cosas, por ejemplo lo de la “espada”, vislumbrando confusamente otras….Lo importante no era entender, sino el entregarse. “Padre mío, en tus brazos deposito a mi querido Hijo”. Fue el holocausto perfecto, la oblación total.

    La Madre adquirió una altura espiritual vertiginosa, nunca fue tan pobre y tan grande, parecía pálida sombra pero al mismo tiempo, tenía la estampa de una reina.”.

    Y San Juan nos dice:- “Habiendo mirado, pues, Jesús a su madre y al discípulo que le amaba, el cual estaba allí, dice a su madre:- “Mujer, ahí tienes a tu hijo”.Después dice al discípulo:- ” Ahí tienes a tu madre”.

    Fue en ese momento en que la Madre de Jesús se hizo madre de todo el género humano. Esta mujer dolorosa pero firme al pie de la Cruz nos está diciendo que solo la fe nos dará fuerza para los grandes dolores que la vida nos depare.

    Y terminamos acompañando a esta Madre Dolorosa con algo muy hermoso escrito por el Cardenal Pironio:-”Señora de la Pascua, Señora de la Cruz y de la Esperanza. Señora del Viernes y del Domingo. Señora de la noche y de la mañana. Señora de todas las partidas, porque eres la Señora del “tránsito” o de la Pascua. Escúchanos: Hoy queremos decirte “muchas gracias”. Muchas gracias, Señora por tu Fiat, por tu completa disponibilidad de “esclava”. Por tu pobreza y tu silencio. Por tu gozo de las siete espadas. Por el dolor de todas tus partidas, que fueron dando la paz a tantas almas. Por haberte quedado con nosotros a pesar del tiempo y la distancia”.


    Viernes Santo, el día más triste para los Cristianos

    El Viernes Santo es una de las principales celebraciones del Cristianismo, dentro de la denominada Semana Santa. Este día se conmemora la Muerte de Jesús de Nazaret

    En la religión católica siguiendo una antiquísima tradición, en este día no se celebra la Eucaristía y se venera la Cruz. En los oficios del día se conmemora de una manera sobria y solemne la Pasión de Cristo.

    Se lee el relato completo de la Pasión según San Juan, en cuya lectura participan varias personas. Luego tienen lugar las peticiones, hechas hoy de manera solemne por la Iglesia, el Papa, los clérigos, fieles, gobernantes e incluso por los no católicos, los judíos y los ateos.

    Después tiene lugar la veneración del Árbol de la Cruz,en la cual se descubre en tres etapas el crucifijo para la veneración de todos. Terminada esta parte, se procede a distribuir la Comunión a los fieles con las Sagradas Formas reservadas en el monumento el día anterior, o sea, Jueves Santo.

    Junto a las ceremonias que tienen lugar en los templos, en muchos lugares se conmemora el Viernes Santo con el rezo del Vía crucis literalmente el camino de la cruz, donde a través de catorce estaciones se rememoran los pasos de Jesús camino a su muerte.

    El Viernes y el Sábado Santos son los únicos días del calendario litúrgico católico donde no se celebra la Misa, como luto por la muerte del Señor.

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    Pascua Joven en el Colegio Marín de San Isidro , 2600 jóvenes por una Argentina mejor

    Miles de adolescentes van a convivir durante Semana Santa para charlar sobre temas sensibles a su vida social y espiritual, en relación con la justicia y la solidaridad.

    Los acompañarán Monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro y titular de la comisión Pastoral Social del Episcopado, y Monseñor Oscar Ojea, futuro obispo de San Isidro. Buenos Aires, 20 de abril de 2011.

    El Colegio Marín abre sus puertas durante la Semana Santa para albergar a cerca de 2600 adolescentes de los últimos años del secundario que quieren vivir una Pascua espiritual y comprometerse más con el contexto al que pertenecen. ‘La Pascua Joven es un momento de encuentro para los chicos de los últimos años de colegio, donde compartir e intercambiar experiencias con adolescentes de distintas real sociales, y un lugar para encontrarse con Dios y encontrarse consigo’, destaca Paco Pereyra de 23 años, miembro del equipo organizador.

    Este tiempo de convivencia permite el diálogo sincero entre los adolescentes, quienes reflexionan individualmente durante momentos de ‘desierto’, en pequeños grupos guiados por 600 coordinadores, o a partir de las palabras del obispo Jorge Casaretto. Cada joven tiene la oportunidad de tomar conciencia sobre cuál es su lugar frente a realidades difíciles y cercanas tales como el alcohol, las drogas o los trastornos alimenticios. La repercusión de Pascua Joven entre los adolescentes se va dando de boca en boca y a través de Facebook, al punto de convocar a jóvenes de zona norte del Gran Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, Trenque Lauquen y Venado Tuerto.

    Los chicos llegan al encuentro motivados por diferentes situaciones o personas, y varios coinciden en que ‘la fe no debe venir impuesta sino que hay hacerla propia, porque la fe no es algo lejano sino algo de todos los días’. Según el padre Francisco Peña, organizador de Pascua Joven, los chicos viven esta experiencia con una mirada trascendente, esperanzada, buscando ayudar a todo aquél que los necesita. El encuentro está dirigido a chicos entre 15 y 17 años, pero a su vez pueden participar jóvenes de 18 a 23 años en todas las actividades organizativas. Este año, la temática del retiro girará en torno a la cita bíblica ‘Tu fe te ha salvado, vete en paz’ (Lc. 7, 37-50).

    La organización de Pascua Joven está a cargo de dos sacerdotes, dos religiosas, 40 organizadores de 19 a 23 años, 600 coordinadores y 100 servidores menores de 22 años, quienes acondicionarán y ambientarán la infraestructura del Colegio Marín para este encuentro. Pascua Joven

    Para quién: Chicos entre 15 y 17 años.

    Cuándo: Del miércoles 20 de abril a las 19hs hasta el domingo 24 de abril a las 12.30hs.

    Dónde: Colegio Marín – Av. Del Libertador 17.115, Beccar, partido de San Isidro

    Precio: 160 pesos. Incluye comidas, material y estadía

    Contacto: eqjuventud@gmail.com – 4512-3851 / 4747-0277, lunes a viernes de 17 a 20 hs.

    Más información en www.depastoraljuventud.org.ar, http://es-es.facebook.com/pages/Pascua-Joven/143483865715122

    Contacto de prensa: Grupo Educativo Marín – Flavia Vaccarezza – prensa@marin.edu.ar – Tel. 4743 0028 int. 264 – Cel. 155 781 1714 –

    www.marin.edu.ar – www.youtube.com/grupoeducativomarin

    El Domingo de Ramos

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    LA SEMANA SANTA 2011 VER VIDEO

    La liturgia de la Semana Santa comienza con la bendición de las palmas y una procesión el Domingo, con una solemne proclamación de la narración de la Pasión según San Mateo en la misa.

    La procesión de Ramos viene evidentemente del recuerdo de lo que pasó en la vida de Jesús días antes de su pasión y muerte. En los primeros siglos, en Jerusalén se comenzó a venerar los lugares donde había sucedido algún acontecimiento en la vida de Jesús.

    “Por eso el domingo anterior al Viernes Santo todo el pueblo se reunía en el Monte de los Olivos junto con el obispo y desde allí se dirigían a la ciudad con ramos en las manos y gritando Viva, como habían hecho los contemporáneos de Jesús”.

    La famosa monja peregrina española, Egeria, nos cuenta como se celebraba el Domingo de Ramos y nos detalla que el obispo de Jerusalén, representando a Cristo, se montaba en un burro y que la gente llevaba a sus recién nacidos y a los niños a la procesión.

    Pero cada Iglesia fue tomando esta costumbre y celebrándola en particular. En Roma para el siglo IV se le llamaba a este día “Domingo de la Pasión” y en él se proclamaba solemnemente la Pasión del Señor, haciendo ver que la cruz es el camino de la resurrección. Sólo hasta el siglo XI se comenzó allí también la costumbre de la procesión. Se nos dice que en Egipto la cruz era cargada triunfalmente en esta procesión. En Francia y en España en el siglo VII se habla de la bendición de ramos y de la procesión.

    Tras el concilio de Trento se quiso que en todas partes de la Iglesia Latina se celebrara de la misma manera este domingo y entonces se juntó lo que se hacía en Jerusalén (procesión de Ramos) con lo que se hacía en Roma (celebración de la pasión, como si fueran cosas distintas, ya que cada una se celebraba con ornamentos de distinto color y con oraciones iniciales y finales propias.

    Con las reformas que hizo el Papa Paulo VI a las celebraciones de Semana Santa después del Concilio Vaticano II, se unificó la celebración con oraciones y ornamentos comunes haciendo ver mas claramente que en ella se vive el único misterio pascual de vida y muerte y que una y otra de sus partes se relacionan y se enriquecen mutuamente: no hay verdadera celebración del Domingo de Ramos sin procesión y sin lectura solemne de la Pasión en Una misma Eucaristía.

    “La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.

    Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.

    La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual.” (Directorio sobre la Piedad Popular y los Sacramentos. Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 17 de diciembre de 2001)