El difícil arte de la negociación, aplicado a la educación de los hijos

Negociar es el proceso de dialogar, comentar, discutir, polemizar, alegar o rebatir para llegar a un acuerdo y resolver un conflicto, que satisfaga a cada una de las partes.

Tiene que ser un ejercicio de tolerancia y de convivencia y es la mejor forma de resolver los conflictos entre padres e hijos. A través de la negociación se acuerdan líneas de conducta y se buscan ventajas individuales o colectivas. En el éxito de la negociación influye mucho el convencimiento, la persuasión, la argumentación, etc. En las negociaciones ambas partes tienen que estar dispuestas a ceder. Negociar no es ganar, perder o ceder, tiene que haber voluntad de ceder, dejando algo de lana en la alambrada, como les ocurre a las ovejas que quieren pasarla.

• La negociación sobre la educación de los hijos,

Tiene que ser continua. Es como estirar ambos de dos puntas de un hilo de seda, suavemente pero con firmeza, intentado que no se rompa, o similar a mantener un pájaro en la mano. Si se aprieta mucho se ahoga el pájaro, si se afloja la mano, el pájaro se escapa. No se puede forzar tanto a los hijos que les induzca a interrumpir las negociaciones. Si se interrumpen, ambos han fracaso pues no han sabido estirar, sin romper. Pero hay muchas cosas en educación, formación y vivencias familiares de los hijos, que no son negociables, principalmente las verdades sobre la ley natural y cualquier cosa que vaya en contra de la responsabilidad y autoridad irrenunciable que tienen los padres, como ya hemos explicado en otros artículos.

• La negociación requiere orden, paciencia,

Y voluntad de llegar a acuerdos en el conflicto. Es muy difícil terminar una negociación con la sensación de que padres e hijos han ganado ambos. Nunca existe en las negociaciones el ganar, ganar, ni tampoco debe haber vencedores ni vencidos. Lo normal es que ambos tengan la sensación de que han perdido. Los hijos suelen creer que han perdido, porque han tenido que ceder en sus pretensiones. Es muy importante convencer a los hijos, que lo que se ha acordado tiene ventajas, cara a la educación y convivencia presente y futura, así se evitarán o disminuirán los conflictos posteriores. Los padres y los hijos tienen que tener bien claro, que nadie da nada a cambio de nada. La negociación tiene que soportarse en el principio de que ambas partes, quieren llegar a acuerdos y cumplirlos bajo las condiciones a los que han llegado.

• Negociar con inteligencia y con firmeza.

Nadie mejor que los padres saben los puntos fuertes y débiles de los hijos, para ponerlos en la mesa de la negociación y manejarlos bien, en beneficio de ambos. La experiencia demuestra que con los hijos bien educados, no suelen ser tan graves las diferencias que les separan de los padres, relacionadas con los comportamientos de los principales aspectos que puedan alterar el desarrollo de los hijos y la convivencia familiar, presente y futura. Aunque haya diferencias, siempre puede haber acercamientos de postura y cesiones por ambas partes, para obtener una agradable convivencia. Hablando se entiende la gente.

• La negociación inteligente,

Tiene que terminar en acuerdos, donde ambas partes pierdan o cedan algo. Los acuerdos donde ambos ganan son muy difíciles de obtener. Perder en un acuerdo no debe significar que los padres, últimos responsables de la educación de los hijos, hayan cedido en sus derechos y obligaciones irrenunciables. Todas las cosas tienen un precio que ofrecer y un precio que pagar, en comportamiento, actitud, resultados, etc. Es cuestión de analizar bien, qué se quiere, cuándo y cómo se quiere y ponerlo en la mesa de negociación.

• Cuando no hay voluntad de negociar,

Pues creen que tienen derechos adquiridos, los padres tienen que ir poniendo incentivos y alicientes atractivos, similares a los anzuelos de los pescadores, para que los hijos en beneficio de ellos mismos, se interesen por esos señuelos o alicientes, que les animen a estar más dispuestos a entrar en negociaciones. Normalmente cuando los hijos tienen una posición beneficiosa en los puntos anteriores, no quieren ni oír hablar de negociar algo, porque a lo mejor pierden esa posición. Por eso es lo de ir poniendo los anzuelos que les atraigan. Una buena forma de llevar las negociaciones, es como se pescan las truchas, tirando y aflojando. Cuánto y cuándo es cuestión de inteligencia y práctica. Hay que hacerles ver que no tienen porque sorprenderse, cuando los padres les presenten algunas condiciones, si quieren conseguir prebendas. Las cosas hay que ganarlas, si se conceden sin ninguna prestación, al día siguiente querrán volver a pedir más de lo mismo.

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