Episcopado de Chile lanza especial por Sudáfrica 2010

SANTIAGO, 10 Jun. 10 / 07:06 pm (ACI)

La Conferencia Episcopal de Chile (CECh) ha elaborado un especial web sobre el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010, con la conciencia de que “la pasión por el fútbol, no es ajena a la vivencia cristiana, tampoco a las preocupaciones de la Iglesia“.

Según informó la Oficina de Prensa de la CECh, con el título “Gracias por el fútbol” y el lema “En tiempos de Misión, vivimos la Copa del Mundo 2010″, el portal web ofrece “documentos del Magisterio de la Iglesia, artículos y comentarios, entrevistas, videos y audios”, así como “una ficha para encuentros comunitarios en torno al mundial y se da espacio a que las parroquias y colegios cuenten el modo en que vivirán el torneo”.

“La relación entre fe y deporte, los valores en el fútbol, la vivencia cristiana de los hinchas, la palabra de los Papas sobre el balompié, son algunos de los temas que este especial propone como aporte en estos días de pasión futbolera”, agrega.

Asimismo, explica el Episcopado, el Obispo de Rancagua y Presidente de la CECh, Mons. Alejandro Goic, fue quien “pulsó el clic inaugural, convirtiéndose en el primer visitante del especial” que además “compila otros recursos aportados por instituciones de iglesia en otros países”.
Más información: http://www.iglesia.cl/especiales/futbol2010/portada.html

Los frutos del Año Sacerdotal

Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán

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TEHUACÁN, sábado 12 de junio de 2010 (ZENIT.org-El Observador).- Este viernes se clausuró el Año Sacerdotal, con la concentración de sacerdotes más grande de la historia.  El acontecimiento ha tenido múltiples derivaciones en todos los países de la cristiandad.  Ha contribuido, a la luz del testimonio de miles y miles de sacerdotes, a reivindicar la figura, el papel y la importancia del sacerdocio católico para el mundo de hoy.

Sobre éstas y otras cuestiones reflexiona el obispo de Tehuacán, México, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez quien subraya que “a lo largo de este Año Sacerdotal, Dios nos ha ofrecido la purificación, la conversión del corazón especialmente a los sacerdotes. Ha sido un año de reconciliación, de renovación del don y misterio que Dios nos ha concedido”.

Clausura del Año Sacerdotal

En junio de 2009 nos convocaba el Papa Benedicto XVI a un Año Sacerdotal, con ocasión de celebrar el 150 aniversario de la partida al cielo del Santo Cura de Ars, san Juan María Vianney, patrono de todos los sacerdotes, y con la finalidad -decía el Papa- de “contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo”. Por esta razón unos quince mil sacerdotes llegados de todos los continentes, se han reunido estos días con el Papa en Roma para celebrar la clausura del Año Sacerdotal.

Como el mismo Papa decía, “hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros”. Lo hemos reconocido repetidas veces, el antitestimonio de sacerdotes que ha provocado escándalo y falta de credibilidad en la Iglesia; se ha cuestionado y criticado al mismo Papa por encubrimiento de personas y situaciones, sin que esto sea verdad, pues el Papa ha sido enérgico en “tolerancia cero” respecto a los sacerdotes que, por ejemplo, han abusado sexualmente de menores de edad, al tiempo que ha ofrecido cercanía y ayuda de sanación a las víctimas y sus familiares. Nuevamente pido a usted perdón por el mal ejemplo que ha recibido de sacerdotes, a su vez le animo a que se acerque a la autoridad correspondiente, eclesiástica o civil, para la denuncia correspondiente.

A lo largo de este Año Sacerdotal, Dios nos ha ofrecido la purificación, la conversión del corazón especialmente a los sacerdotes. Ha sido un año de reconciliación, de renovación del don y misterio que Dios nos ha concedido.

Bendito sea Dios, son muchos más los sacerdotes que han dado testimonio de fidelidad a Cristo y de servicio generoso y constante a sus feligreses. Invito a usted a dar gracias a Dios por los muchos momentos de ayuda que ha recibido de sacerdotes concretos: con una palabra de consuelo, por la administración de algún sacramento, por acercar a Dios a usted y su familia; si es posible, si tiene cerca a algunos de ellos, comuníquelo, que mucho les ayudará, pues los fortalecerá para seguir haciendo el bien con alegría y perseverancia. Y no olvide seguir encomendándolos en sus oraciones, para que la fidelidad de Jesucristo les sostenga en su propia fidelidad sacerdotal.

Iglesia en Cuba espera más gestos a favor de presos políticos

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LA HABANA, 11 Jun. 10 / 02:21 am (ACI)

El director de la revista católica Palabra Nueva, Orlando Márquez, indicó que se espera por parte del Gobierno comunista más gestos a favor de los presos políticos, como fue el reciente traslado de algunos de ellos a cárceles ubicadas en sus provincias de origen.

En declaraciones a la prensa, Márquez dijo que se espera “que continúe lo que se inició (…). No hay nada que indique que el proceso se haya estancado o que ha concluido”. Añadió que cualquier nuevo gesto del Gobierno para aliviar la situación de los presos “serán bienvenidos en cualquier momento” que se produzcan.

Como se recuerda, recientemente se inició un proceso de diálogo entre las autoridades comunistas y representantes de la Iglesia en Cuba, y que contribuyó a que a principios de junio a seis presos políticos fueran enviados a prisiones cerca a sus familias.

Según la disidencia, en las cárceles cubanas habría por lo menos unos 200 presos políticos y de conciencia.

Evangelio del domingo 13: La misericordia invitada

Por monseñor Jesús Sanz Montes

OVIEDO, viernes 11 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario al Evangelio del próximo domingo, XI del tiempo ordinario, 13 de junio (Lucas 7,36-8,3 ), redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.

* * *

Invitar a comer es uno de los signos de amistad más comunes en todas las culturas. El Evangelio de hoy nos narra un episodio de un fariseo que rogaba a Jesús que fuera a su casa porque le quería invitar a comer. Así fue. Pero se coló una mujer conocida en la ciudad por sus pecados, y discretamente comenzó a llorar a los pies de Jesús, a besárselos y enjugarlos con los cabellos, a perfumarlos con el frasco de perfume que había traído. El fariseo viendo aquello, se puso a murmurar contra el maestro. Es decir, invitó a Jesús a comer como quien invita a una persona famosa, acaso para pavonearse de haber sido anfitrión del afamado maestro que estaba en la boca de todos.

Es tremendo eso de esperar a Dios en los caminos que Él no frecuenta o empeñarse en enmendarle la plana cuando le vemos llegar por donde ni nos imaginamos. En esta entrañable escena, no obstante, lo más importante no era la desilusión defraudada del fariseo, sino la enseñanza de Jesús ante el comportamiento de aquella pobre mujer. Ella hizo lo que le faltó al fariseo en la más elemental cortesía oriental: acoger lavando los pies, secarlos y perfumarlos. Ella no lo hizo como gesto de educación refinada, pues no estaba en su casa ni era ella quien había invitado a Jesús, sino como gesto de conversión, como petición de perdón y como espera de misericordia. Ciertamente el Señor respondería con creces: no banalizaría el pecado de la mujer, pero valoraría infinitamente más el perdón que con aquel gesto ella suplicaba. El fariseo sólo vio en ella el error, mientras que Jesús acertó a ver sobre todo el amor: a quien mucho ama, mucho se le perdona.

El fariseo y aquella mujer habían pecado, cada cual a su modo. El primero no lo reconoció mientras que ella supo pedir perdón, que es una forma de amor. La vida es como un banquete. En él podemos estar murmurando inútilmente los errores ajenos como el fariseo, o ser perdonados amorosamente como la mujer. Además de evitar los errores hemos de aprender a amar, creyendo que más grande que nuestra torpeza es la misericordia del Señor.

Ama y haz lo que quieras

No seas prisionero de la rutina o del cansancio: algo nuevo, vivo, fresco debes encontrar cada día, que transforme esa jornada en una aventura.

Ama y haz lo que  quieras

“Ama y haz lo que quieras”.

Mientras ames a Cristo y por Cristo a los hombres y por Cristo a la vocación de cristiano o de consagrado, puedes hacer lo que quieras; el amor te mantendrá en el justo orden.

Si se dice a la inversa: “Haz lo que quieras y no ames”, estarás perdido; perdido estuviste tantas veces por querer hacer tu vida sin amor, perdido estás ahora por querer hacer y hacer, y no darte tiempo para amar.

Amar a Cristo es tarea sencilla. Se logra con los detalles de cada día. Sumados todos los pequeños sacrificios de una jornada, forman una gran cosecha. A veces hace uno las cosas, las tiene que hacer, pero el amor brilla por su ausencia; tantas otras el amor se supone, pero no existe, y las más, existe moribundo, enclenque, enflaquecido, que da pena.
Eres lo que amas, vives o mueres del corazón.

“Ama y haz lo que quieras”: entonces, ama y despreocúpate de todo. Cada día es una oportunidad de amar, cada día debes verlo con la ambición, con la ilusión del enamorado, que no se conforma con un amorcillo cualquiera, sino que sólo descansa en el amor eterno y en el amor total.

El amor es la respuesta, amor apasionado, amor gigante al Gigante del amor. Si dejas de amar, nadie te salva, pero, si el amor vigila, no hay porqué temer.

Tienes un peligro ante la vista, el tomar los propósitos con estilo militar, el olvidarte del amor por anclarte en el hacer. Por amor te levantas y por amor te acuestas, por amor luchas y trabajas y por amor, descansas. La oración te lanza al amor y el apostolado lo haces por amor. Si el amor en ti es más fuerte que la muerte, también tú podrás gritar: “¿Quién me arrancará del amor a Cristo?”

“Ama y haz lo que quieras”. No quieras complicar tu trabajo por las almas ni la vida misma, debes concentrarte en este sólo amar con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Pregúntate al despertar cada mañana: ¿De qué nueva forma voy a amar a Cristo?
No seas prisionero de la rutina o del cansancio: algo nuevo, vivo, fresco debes encontrar cada día, que transforme esa jornada en una aventura.

“Ama y haz lo que quieras”: Ama cuando rezas, cuando trabajas en el colegio o en la oficina, cuando te encierras en tu cuarto, cuando conduces el coche o caminas por los campos.

¡Ama! Ama todo lo que puedas, pon tu corazón a mil revoluciones; el amor, verás, terminará con todas tus cadenas, las cadenas antiguas que te hicieron agonizar en la mazmorra. El amor te llevará a la cumbre de la santidad, el amor te volverá intrépido en la batalla del Reino; ama y despreocúpate; pero, cuidado con los enemigos del amor. Si tu amor muere, habrás muerto tú, y asistirán a tu sepultura, la sepultura de tus grandes ideales, las pasiones guiadas por el Padre de la mentira.