Reflexión: 3er Viernes de Cuaresma

De los Libros de las Morales de San Gregorio Magno, papa, sobre el Libro de Job

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El misterio de nuestra vivificación

Con relativa frecuencia, el tema de nuestra plegaria será el tema de nuestra vida. Coincidirán en una síntesis mutuamente provechosa. La oración no debe constituir un mundo segregado y diverso de nuestra plegaria. Más aún, si es verdaderamente cristiana, toda nuestra vida será oración.

E1 venerable Job, figura de la Iglesia, unas veces habla en nombre del cuerpo, otras en nombre de la cabeza; y, así, a veces está hablando de los miembros y, súbitamente, toma las palabras de la cabeza. Por esto dice: Todo esto lo he sufrido aunque en mis manos no hay violencia y es sincera mi oración.

Sin que hubiera violencia en sus manos, en efecto, sufrió aquel que no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, y sin embargo padeció por nuestra redención los dolores de la cruz; él fue el único que dirigió a Dios una oración sincera, ya que en medio de los sufrimientos de su pasión oró al Padre, diciendo: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen.

¿Se puede, en efecto, pronunciar o pensar una oración más sincera que ésta, por la cual intercede por los mismos que lo atormentan? De ahí deriva el hecho de que la sangre de nuestro Redentor, derramada por la furia de sus perseguidores, se convirtiera luego en fuente de vida para los creyentes, los cuales lo proclamarían Hijo de Dios.

Con respecto a esta sangre, añade con razón el libro santo: ¡Tierra, no cubras mi sangre, no encierres mi demanda de justicia! Al hombre pecador se le había dicho: Eres tierra y a la tierra volverás.

Pero esta tierra no sorbió la sangre de nuestro Redentor, pues cualquier pecador, al beber el precio de su redención, lo confiesa y proclama, y así se hace patente a todos su valor.

La tierra no sorbió su sangre, pues la santa Iglesia ha predicado ya en todas partes el misterio de su redención. Es digno de notarse también lo que sigue: No encierres mi demanda de justicia. La misma sangre redentora que bebemos, en efecto, es la demanda de justicia de nuestro Redentor. Por eso dice Pablo: Os habéis acercado a la aspersión de una sangre que habla mejor que la de Abel. De la sangre de Abel se había dicho: La sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra.

Pero la sangre de Jesús habla mejor que la de Abel, pues la sangre de Abel pedía la muerte del hermano fratricida, mientras que la sangre del Señor impetró la vida para sus perseguidores.

Por tanto, para que dé su fruto en nosotros el sacramento de la pasión del Señor, debemos imitar aquello que bebemos, y anunciar a los demás aquello que veneramos.

Pues su demanda de justicia quedaría oculta en nosotros, si nuestra lengua callara lo que cree nuestra mente. Para que su demanda de justicia no quede oculta en nosotros, sólo falta que cada uno de nosotros, a medida de sus posibilidades, dé a conocer a los demás el misterio de su vivificación.

Tras terremoto, Chile vivirá Semana Santa “sin iglesias”

SANTIAGO, 11 Mar. 10 / 12:48 pm (ACI)

Prelados de distintas regiones en Chile dieron a conocer la trágica, y en algunos casos, irremediable situación en la que se encuentran diversos templos del país que suman un 90 por ciento de iglesias destruidas, entre las que se cuentan monumentos nacionales y de valor histórico.

Una Semana Santa diferente vivirán los chilenos“, señala la nota realizada por Gustavo Villavicencio de El Mercurio, quien cuenta cómo las “religiosas del primer Monasterio de la Visitación aún no saben si seguirán siendo el pulmón espiritual de Santiago. Su futuro es incierto, muchas son visitas y promesas, pero a una semana del terremoto no hay soluciones concretas“.

“A este monasterio se suma una larga lista de templos dañados en la capital: las Basílicas Nuestra Señora de Lourdes, Corazón de María y Perpetuo Socorro; la Iglesia de la Preciosa Sangre, San Saturnino, el Santuario del Cristo Pobre, la capilla de las Ánimas”, entre otras.

Según señala Mons. Juan Ignacio González Errázuriz, Obispo de San Bernardo, en la ciudad los templos dañados son “el Santuario de la Inmaculada Concepción en Maipo, construido en el año 1850; Santos Ángeles Custodios, en Buin; Nuestra Señora del Rosario; San José de Pintué; Nuestra Señora de Guadalupe en Champa y la parroquia Santísimo Sacramento en Pirque”.

Por su parte, el Obispo de San Felipe, Mons. Cristián Contreras Molina, señaló que la lista de templos destruidos en la ciudad “es larga, entre ellos el Convento de Curimón, San Antonio de Padua, el antiguo Monasterio de las Carmelitas y la centenaria Iglesia de Putaendo”, que al parecer de su párroco, P. Francisco Valenzuela, “lo que parecía una estructura a toda prueba no era tal; el terremoto dejó la iglesia en ruinas, ahora el desafío será grande“.

“En la diócesis de Rancagua –prosigue la nota– quedaron completamente destruidas la Iglesia de la Compañía; Nuestra Señora del Rosario de Guacarhue; San Antonio de Padua, de Chépica; San Juan Evangelista, de San Vicente de Tagua Tagua; San Francisco Javier, de Peralillo; San Agustín, de San Fernando, y Santa Rosa de Pelequén. En esta última, la torre y la cúpula cayeron hacia el techo del templo y lo desplomaron“.

“Se necesitan 200 millones de pesos (aproximadamente 16 millones de dólares americanos) para comenzar los trabajos de reconstrucción. Aun así, a pesar del mal estado del templo, la fiesta del 30 de agosto no se suspende”, señaló el rector P. José Miguel Ortiz.

Asimismo, el Obispo de Linares, Mons. Tomislav Koljatic Maroevic, comentó que “en la diócesis existen 33 parroquias, de las cuales 16 están completamente en el suelo (cuatro son Monumentos Nacionales). Entre los templos dañados más importantes se encuentran San José, de Constitución, construida en 1833; Nuestra Señora del Tránsito en Putú, la más antigua de Constitución fundada en 1787; San Alfonso de Cauquenes, conocida por sus dos imponentes torres; y San Ambrosio de Chanco, donde cada 2 de febrero llegan miles de fieles para celebrar la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria”.

“También presenta graves daños la Iglesia Catedral de Linares, en cuyo interior se encuentra el mosaico más grande de Chile, realizado por Gulio di Girolamo”, agregó.

Finalmente, indica la nota, “en Chillán, el emblemático templo de San Francisco, fundado en 1835, está en ruinas”, Iglesia que alberga en su interior al Museo San Francisco de Chillán “con una colección de objetos sacros e históricos pertenecientes al Convento y Colegio San Alfonso fundado en 1585. Entre ellos, una tanagra, pieza de arcilla griega anterior a Cristo; objetos religiosos y libros litúrgicos del siglo XVIII, muebles coloniales, una gran colección de imágenes talladas en madera, relicarios y cartas de Bernardo O’Higgins, alumno de los padres franciscanos en su niñez”.

“También resultó dañada la Iglesia y el convento de los Padres Carmelitas, en la que se destacan los arcos ojivales y la bóveda de crucerías, los tallados del altar y confesionario, y los vitrales traídos de España. A estos dos imponentes templos se suma en Chillán la caída del Convento e Iglesia de los Padres Dominicos y la Iglesia San Juan de Dios, que es Monumento Nacional”, añade.

Rol espiritual debe prevalecer sobre el social en sacerdotes, afirma Arzobispo

Mons. Willem Jacobus Eijk, Arzobispo de Utrecht (Holanda)

ROMA, 12 Mar. 10 / 02:28 am (ACI)

El Arzobispo de Utrecht (Holanda), Mons. Willem Jacobus Eijk, explicó que luego de la ordenación sacerdotal y debido a su contacto con el mundo, el presbítero corre el riesgo de hacer prevalecer el rol social sobre el espiritual“. Para evitarlo, todo sacerdote debe acrecentar cada vez más su “relación con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor”.

Así lo indicó el Prelado en su intervención en el Congreso Teológico “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote” organizado por la Congregación para el Clero y que se realiza en la Pontificia Universidad Lateranense el 11 y 12 de marzo.

Mons. Eijk indicó que “no quisiera subestimar la importancia del rol social de los sacerdotes, lo cuales estando ‘en cierto modo segregados en el seno del pueblo de Dios’ no permanecen ‘separados de este mismo pueblo o de cualquier hombre’ con quienes viven y para quienes trabajan en una determinada época y cultura”.

Sin embargo, señala “buscamos formar futuros sacerdotes en primer lugar y con base en la identidad espiritual. Los sacerdotes son cotidianamente expuestos a la presión, a las tensiones y a las desilusiones relacionadas a la proclamación del Evangelio en nuestra sociedad poco abierta a la fe cristiana”.

Por ello, prosigue, “después de la ordenación siempre está el riesgo de hacer prevalecer el rol social sobre el espiritual. Para prevenir un conflicto personal los sacerdotes deben acrecentar todo lo posible su relación con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor“.

35 Actos de Auto-estima

“¿Para qué coges la lámpara para mirarte? ¿No ves que el viento la apaga? ¿Quién sabrá que no te has pintado los ojos, si son más negros que la tempestad? ¿Para qué coges la lámpara para mirarte?”.

Rabindranath Tagore

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¿Has tenido alguna vez la oportunidad, amiga, de maltratarte tu sola frente al espejo…?

¿Cuántas veces antes de salir a una fiesta te has mirado y repetido: “ Si tan sólo tuviera las piernas más finas… si mi cabello fuera más lacio, si no fuera tan crespo… si mis manos no fueran tan huesudas… si mi pecho más grande… si mi derriere más firme, si mi nariz no tan grande…? ¡Qué fea me veo! Y así, sintiéndote disgustada has salido a la calle envuelta en una seguridad que es falsa, que por dentro más bien esta frustrada porque desea ser mejor de lo que es y se pelea constantemente con ella misma. “Hay tantas mujeres mucho más bonitas que yo allá fuera y con una personalidad mucho más interesante…”

He conocido muchas jóvenes así, mujeres que llegan a los 50 y siguen peleándose con el color de su cabello, con las formas de sus cuerpos, con sus piernas, con su pecho, con su nariz, con sus ojos, con su propio temperamento, “si tan sólo luciera y fuera diferente” – suspiran-. ¿Sabes que es lo peor que puede sucederle a una mujer que no se gusta, acepta y ama ella misma? Que vive cada día de su vida queriendo ser otra aunque ella misma no sea consciente de ello.

Por supuesto que no todas las mujeres tenemos problemas de auto-estima y en lo personal admiro muchísimo a aquellas que siempre han estado contentas con su apariencia y sus talentos. Sobre todo, admiro la auto-estima de aquellas que se sienten muy hijas de Dios y caminan con una seguridad que no tiene nada de artificial y postizo pues nace de la conciencia absoluta de saberse amada y creada por amor, para vivirse a sí misma como una mujer única, inteligente e irrepetible.

Sin embargo, hay muchas que necesitamos un re-encuentro con el amor y los sentimientos de ternura hacia la propia y personal belleza–temperamento, por eso quiero compartir contigo estos 35 actos de auto-estima para que te ejercites en su conquista y vivas contenta de ser como eres diciéndole adiós a los miedos y complejos.

1- Mírate todos los días como un verdadero milagro.

2- Recuerda que eres hermosa, aunque muchas veces tengas que ahogar una voz interior que te dice: no, no lo eres. Recuerda que eres hija del Amor de Dios

3- Ama profundamente tu identidad única y conoce que lo que haces nunca podrá reproducirse.

4- Tú verdadera belleza saldrá a la luz cuando ames con sinceridad a la mujer en ti y contribuyas con tu vida a la sanación del mundo.

5- Debes confiar en que sí puedes tomar decisiones por ti misma.

6- No le tengas miedo a fracasar o fallar. Recuerda que si nunca fracasas no tendrás la oportunidad de descubrir la fortaleza y el valor que residen en ti.

7- Cuando las cosas no vayan como tu las tenías planeadas, permítete sentirte defraudada pero nunca inferior o ridiculizada.

8- Procura no ponerte a la defensiva cuando seas criticada o se te llame la atención por algo que esta mal.

9- No pierdas tu tiempo pensando si eres lo suficientemente buena para esta o aquella tarea. Haz lo mejor que puedas hacer y siéntete satisfecha.

10- Ese pensamiento que te hace pensar que no puedes pasar una materia, aprender un instrumento o conquistar un paso de baile. ¡Elimínalo!

11- Nunca pienses que tu valor radica en tu belleza o títulos. Si has perdido tu trabajo no permitas que te haga sentir que eres una fracasada. Trabaja en recuperarte emocionalmente cuanto antes y sigue adelante.

12- Si en tu lugar de trabajo te hacen la vida de cuadritos por algún motivo, no dejes que nazca la maleza de la inseguridad.

13- Si aspiras a un puesto mejor dentro de tu organización y no aplicas porque no sientes que puedes ser elegida, date cuenta que tu misma te bloqueas. Actúa sin temor.

14- Si fuiste a una entrevista de empleo y no lo conseguiste no pienses que es el fin del mundo. Recrea en tu mente el proceso y descubre en dónde pudiste haber fallado.

15- Si las modelos que ves en la revistas te inquietan, no las mires más.

16- Si tuviste alguna experiencia traumática de niña que te dejo con la seguridad de ser fea, gorda, o poco inteligente, identifica eso que te molesta y trabaja diligentemente para sanar tu trauma.

17- Si has identificado que te inhibes o retraes en situaciones sociales diversas, rétate a ti misma a comportarte de la manera opuesta.

18- No temas a los cambios, confía que estos siempre serán para beneficio del desarrollo de tu personalidad.

19- Si te comparas constantemente con alguien, empieza a observar un poco más tus propios logros.

20- Si piensas que la suerte no está de tu lado porque tuviste una niñez dolorosa, es hora de que lo superes. La fuerza del espíritu humano puede todo.

21- Pensar bien sobre ti misma quiere decir aceptar el regalo de la vida que Dios Padre te dio al crearte. Agradécelo.

22- Cuando hagas algo mal no te insultes a ti misma con expresiones como tonta o inútil. El inconsciente tiene una capacidad enorme para creérselo. Corrígete.

23- Si el chico que te gusta no se fija en ti no pienses que es porque no eres suficientemente atractiva. Algo mejor te espera. Sé paciente.

24- ¿No te ríes de tus propios errores? Aprende a hacerlo y verás que libertad sientes.

25- Es bueno estar rodeada de gente que te aprecie y respete, pero si alguna vez no lo hacen no pienses que eso disminuye tu valor.

26- Tu cuerpo es el instrumento para la acción. Respétalo y cuídalo.

27- Maya Angelo la escritora afroamericana, tuvo la más cruel de las infancias. Lo superó escribiendo. Sus libros son muy populares.

28- Hay un tipo de hambre más fuerte que la de pan. Es el hambre por amor, solía decir la Madre Teresa. Ama quien eres para poder darlo a cantaradas y sin complejos.

29- La primera responsabilidad del ser humano, expresaba Henry Winkler, es darse la mano el mismo. Hazlo.

30- Si eres madre, tu hija aprenderá a relacionarse de acuerdo a lo que vea en tu propio desarrollo.

31- La auto-estima es una de las fundaciones humanas más importantes. Es amor incondicional. Que tus hijos sean testigos de ello.

32- Disciplina a tus hijos, pero así mismo elógialos cuando hagan las cosas bien.

33- Los primeros 3 años para un niño sirven para asegurar la seguridad de ser amado, acogido y respetado. Descansa bien por la noche para que estés viva el siguiente día para ellos.

34- Si tu hijo no va bien en el colegio, antes de sentirte defraudada, indaga las causas de su rendimiento y entonces actúa.

35- Enseña a tus hijos que está bien que fracasen, porque sin el fracaso no podrías saber qué es el triunfo.

Amiga, cada alma viviente ha tenido o tendrá que tener alguna experiencia dolorosa en su pasado o futuro, pero es a través de ellas como vas desarrollando tu personalidad y conquistando un corazón grande para amar.

Recuerda siempre que tu dignidad y valor no proceden de todo lo material que te rodea, la belleza que tengas, lo popular que seas o lo alto que hayas llegado en tu carrera. Su fuente es divina, eterna, hinchada de amor, eres una Hija de Dios y por eso como ninguna otra obra de la creación.

¡TÚ VALES!

No se puede amar si no se conoce

No hay matrimonio, ni familia que no tenga que vivir crisis

No se puede amar si no se conoce
No se puede amar si no se conoce

Debemos conocernos bien para amarnos mejor.
Debemos valorar la importancia de estar en una familia donde cada día nos conocemos más y por ello nos amamos más; así nace la autentica comunidad de amor.
Así nace la unidad familiar con variados matices y formas de ser.
Todos se enriquecen con lo que todos son y ello será el fruto de un clima de diálogo frecuente y sincero.
Ello será fruto del esfuerzo de haber encontrado caminos para provocar, desarrollar y profundizar un diálogo que nos ha llevado a conocernos mejor para amarnos mejor.

Integrar es ensamblar distintas formas de ser para formar una unidad.
Desintegrar es separar esas distintas cualidades, destruyendo la unidad.

Se puede ser una familia sin formar una unidad.
Se puede compartir el domicilio y también el apellido, y aprovecharse de un sin fin de cosas que brinda una casa –ropa limpia, comida, un techo, etc.– y, sin embargo, vivir como islas sin esforzarse para que la personalidad de cada uno, formen un nosotros familiar.

Podemos estar ignorando lo más importante de una persona a quien se ve a todas horas. Podemos estar físicamente cerca y no tener una comunicación que nos haga conocer el ser profundo del otro.
Todos queremos tener una familia unidad, pero no todos lo logramos.

Veamos las diversas realidades de las familias que nos rodean:

– Unas son familias unidas, donde los problemas se resuelven con amor, comprensión y respeto.
– En otras hay un gran deseo de integrarse, pero no parecen capaces de superar los problemas que impiden esa unión.
– Otras familias, a fuerza de conflictos y desilusiones, han perdido el deseo o la esperanza de integrarse, pero continúan juntas por no desamparar a los hijos o por temor a vivir los problemas de una separación.
– Hay familias que, después de aguantar juntas la época del crecimiento de los hijos, terminan separándose.
– Otras ya se deshacen cuando los hijos son aun pequeños.
– Hay también familias en las que el padre está ausente y esa mujer tiene que ser padre y madre a la vez.

¿Cuales de estas situaciones describe mejor la familia que nos toca vivir?
¿La familia en la cual estamos viviendo?

Todas las familias nacen con la ilusión y el propósito de ser felices.
La gran mayoría hacen esfuerzos para que su hogar sea un éxito.
¿Por qué, entonces, hay tantos fracasos?

No hay matrimonio, ni familia que no tenga que vivir crisis.

Lo primero que una crisis pone a prueba es la paciencia. Porque es lo primero que queremos: que se acabe pronto. Pero un corazón paciente rara vez se equivoca.
Las crisis prueban nuestras resistencias. Demandan fortaleza. Por ello son beneficiosas. “Tener que resistir es más saludable que no tener que resistir nada ─enseñaba Víctor Frankl. De hecho, el hastío causa hoy más problemas que la tensión y, desde luego, lleva más casos a la consulta del psiquiatra”.

Las crisis prueban la prudencia. No es fácil saber qué hacer, qué decir, cómo comportarse
Las crisis prueban la humildad. No rara vez son marginadoras y humillantes. “La prosperidad hace amigos, la adversidad los prueba”, dice un anónimo

Las crisis prueban nuestra fe. Son sinónimo de inestabilidad, inseguridad e incertidumbre. Pero la fe es compatible con las situaciones más adversas. “Creer es ser capaz de soportar dudas”, decía Newman. Ahora bien, la fe no se improvisa. Muchas crisis al inicio tampoco tienen nombre. Pero con el tiempo corroboran nuestra fe. Lo intuyó Lacordaire: “La adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir”.

Las crisis prueban la austeridad. Nos obligan “a bajarle” y a agudizar el sentido de lo esencial.
Porque, decía Renan, “los golpes de la adversidad pueden ser amargos, pero nunca estériles”.

Las causas de desintegración familiar pueden ser internas o externas.

En las externas pueden surgir de una extrema pobreza económica con el gran peso que tiene en la vida humana esta circunstancia.
También en la otra punta puede ser un ambiente de excesiva riqueza que facilita influencias dañinas del ambiente.

Hoy nos centraremos en algunas de las causas internas.

– Vivir una actitud irreal con exceso de romanticismo.
Creer que para ser feliz basta desearlo. No ver la unidad como una meta a lograr. Vivir pensando que esta integración es algo que nos caerá del cielo o que los demás la harán, sin poner de nuestra parte un esfuerzo constante.

– Inmadurez emocional. Esperar la perfección en los demás mientras pretendemos que nos acepten como somos, sin hacer gran cosa por superarnos. Dejarnos llevar por los sentimientos en forma exagerada, como son la ira, la tristeza, el entusiasmo o la decepción sin fijarnos en el efecto que produce en los demás mi actitud desenfrenada.

– Egoísmo. Vivir para nuestros intereses o gustos individuales, no teniendo en cuenta la comunidad familiar. Poner a los otros, cónyuge, hijos, hermanos, padres, en función de nosotros mismos, de nuestra conveniencia.

– Actitudes de superioridad. Enorgullecerse de la propia virtud, de la capacidad de trabajo que se tiene, alardear de la propia inteligencia, etc. Y considerar que los otros no están a tu nivel.

– Vicios como pueden ser el alcoholismo, la pereza, mal carácter, ser irresponsable.

– Indiferencia religiosa. Dejarse absorber en su totalidad por actitudes materialistas sin dejar espacio para lo espiritual. Con actitudes agresivas o irónicas hacía el otro u otros por su religiosidad.

– Permitir que la influencia de terceras personas desuna la familia.

– Actitudes dominantes. Pretender que el cónyuge, los hijos o los padres hagan lo que uno desea. Pensar y decidir por los demás. Que amistades hay que tener, que estudios deben seguir sus hijos, disponer en que se debe gastar el dinero, sin tener en cuenta otras opiniones.

– Dejarse absorber demasiado por el trabajo, no solamente el trabajo fuera de casa, sino también el doméstico y quitarle tiempo a la convivencia.
Vivir absorbido en ganar y ganar, simplemente para juntar cosas en vez de disfrutar en familia lo que se va logrando. Vivir absorbido en tener una casa impecable pero que no se usa, que no se disfruta.

– Incapacidad para demostrar cariño. Dar la impresión de que se está cumpliendo con un deber hacía los hijos, los hermanos, el cónyuge o los padres, en vez de hacerles sentir que son amados e importantes y necesarios.

Todas estas actitudes producen desintegración familiar.

Pero, ¿por qué razón actúan así las personas? Actúan así porque les falta desarrollo humano. No han tomado conciencia de quienes son, cómo funcionan, que esperan de ellos los demás. Hay una falta de crecimiento personal.
Creciendo como persona se ataca la causa profunda que separa a las personas, desaparecen los síntomas y se construye diariamente una familia sólida.

No se puede pretender que una relación tan cercana como la que hay en una familia exista armónicamente sin un esfuerzo serio de todos sus miembros.
Todos nacimos en una familia, pero la vida de familia no es para todos, sino para aquellos que no sólo aman sino que saben amar, saben necesitar a los demás y dejarse ayudar por ellos.

En una palabra, la vida familiar es para quienes son capaces de ir más allá del “yo” y del pequeño “nosotros conyugal” para llegar al gran nosotros que forman, el amor de esposos, el amor de padres, el amor de los hijos con la gran riqueza y amplitud del amor que va y viene entre todos.

Porque eso es el autentico amor, el que va y viene, el que busca hacer feliz, en vez de que lo hagan feliz.

Jesús, la mejor opción en la vida

Viernes tercera semana Cuaresma. A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos.

Jesús, la mejor opción en la vida

La Escritura habla constantemente de la presencia de Dios como el único, como el primero en el corazón del pueblo de Israel, y usa la imagen del escuchar, del oír para indicar precisamente esta relación entre Dios y su pueblo.

Cuando a Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de todos los mandamientos?, para responder Jesús emplea las palabras de una oración que los israelitas rezan todas las mañanas: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor, no tendrás otro Dios delante de ti”.

Dentro del camino de la Cuaresma —que es el camino de conversión del corazón—, la escucha, el llegar a oír, el ser capaces de recibir la Palabra de Dios en el corazón es un elemento fundamental que se mezcla en nuestro interior con el elemento central del juicio, que es nuestra conciencia.

El profeta Oseas decía: “Ya no tendré más ídolos en mí”. Es necesario aprender a no tener más ídolos en nosotros; hacer que nuestra conciencia se vea plena y solamente iluminada por Dios nuestro Señor, que ningún otro ídolo marque el camino de nuestra conciencia. Podría ser que en nuestra vida, en ese camino de aprendizaje personal, no tomásemos como criterio de comportamiento a Dios nuestro Señor, sino como dirá el Profeta Oseas: “a las obras de nuestras manos”. Y Dios dice: “No vuelvas a llamar Dios tuyo a las obras de tus manos; no vuelvas a hacer que tu Dios sean las obras de tus manos”. Abre tu conciencia, abre tu corazón a ese Dios que se convierte en tu alma en el único Señor.

Sin embargo, cada vez que entramos en nosotros mismos, cada vez que tenemos que tomar decisiones de tipo moral en nuestra vida, cada vez que tenemos que ilustrar nuestra existencia, nos encontramos como «dios nuestro» a la obras de nuestras manos: a nuestro juicio y a nuestro criterio. Cuántas veces no hacemos de nuestro criterio la única luz que ilumina nuestro comportamiento, y aunque sabemos que es posible que Dios piense de una forma diferente, continuamos actuando con las obras de nuestras manos como si fueran Dios, continuamos teniendo ídolos dentro de nuestro corazón.

La Cuaresma es este camino de preparación hacia el encuentro con Jesucristo nuestro Señor resucitado, que, vencedor del pecado y de la muerte, se nos presenta como el único Señor de nuestro corazón. La preparación cuaresmal nos tiene que llevar a hacer de nuestra conciencia un campo abierto, sometido, totalmente puesto a la luz de Dios.

A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos, ¿qué podemos hacer para que nuestra conciencia realmente sea y se encuentre sólo con Dios en el propio interior? Recordemos el ejemplo tan sencillo de una cultura de tipo agrícola que nos da la Escritura: “Volverán a vivir bajo mi sombra”. Dios como la sombra que en los momentos de calor da serenidad, da paz, da sosiego al alma. Dios como el árbol a cuya sombra tenemos que vivir.

Tenemos que darnos cuenta de que esta ruptura interior, que se produce con todos los ídolos, con todas las obras de nuestras manos, con todos los criterios prefabricados, con todos los criterios que nosotros hemos construido para nuestra conveniencia personal, acaban chocando con el salmo: “Yo soy tu Dios, escúchame”. Él es nuestro Dios, ¿escuchamos a nuestro Dios? ¿Hasta qué punto realmente somos capaces de escuchar y no simplemente de oír? ¿Hasta qué punto hacemos de la palabra de Dios algo que se acoge en nuestro corazón, algo que se recibe en nuestro corazón? Nunca olvidemos que de la escucha se pasa al amor y de la acogida se pasa a la identificación.

Éste es el camino que tenemos que llevar si queremos estar viviendo según el primero de los mandamientos y si queremos escuchar de los labios de Jesús las palabras que le dice al escriba: “No estás lejos del reino de Dios”. Solamente cuando el hombre y la mujer son capaces de hacer de la palabra de Dios en su corazón la única luz, y cuando hacer la única luz se concreta a una escucha, a un amor identificado con nuestro Señor, es cuando realmente nuestra vida empieza a encontrarse próxima al reino de Dios. Mientras nosotros sigamos teniendo los ídolos de nuestras manos dentro del corazón, estaremos encontrarnos alejados del reino de Dios, aunque nosotros pensemos que estamos cerca.

En nuestra conciencia la voz de Dios tiene que ser la luz auténtica que nos acerca a su Reino. Siempre que recibamos la Eucaristía, no nos quedemos simplemente con el hermoso sentimiento de: “¡qué cerca estás de mí, Señor!”. Busquemos, pidamos que la Eucaristía se convierta en nuestro corazón en la luz que va transformando, que va rompiendo, que va separando del alma los ídolos, y que va haciendo de Dios el único criterio de juicio de nuestros comportamientos.

Solamente así podremos escuchar en nuestro corazón esas palabras tan prometedoras del profeta Oseas “Seré para Israel como el rocío; mi pueblo florecerá como el lirio, hundirá profundamente sus raíces. Como el álamo y sus renuevos se propagarán; su esplendor será como el del olivo y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi sombra.” Que la luz de Dios nuestro Señor sea la sombra a la cual toda nuestra vida crece, en la cual toda nuestra vida se realiza en plenitud.