El poder de la autocuración

Eloísa Abello, con parte de los integrantes del grupo que coordina, destinado a pacientes que tienen o han tenido cáncer. Foto: Daniel Pessah

Norman Cousins era un norteamericano atípico para el promedio. Sus cartas de presentación decían: ‘Periodista, graduado en Columbia, crítico literario, editor de The Saturday Review’. También: ‘Militante contra las tropas en Vietnam en particular y la carrera armamentista en general’. En sus artículos no se cansó de señalar la paz como la principal herramienta en la lucha contra la enfermedad. Ya era una celebridad cuando le diagnosticaron una espondilitis anquilosante. Cousins rechazó internarse en un hospital. Auxiliado por un médico amigo, investigó. Inventó su tratamiento: hotel con pileta en medio del campo. En una casona de tejado azul se dedicó a proyectar películas de los hermanos Marx, a rodearse de sus seres queridos, a cambiar su dieta. La crónica de su recuperación fue más que un best seller. El libro Anatomía de la enfermedad (1979) decía cosas como: ‘Diez minutos de risa tuvieron efecto anestésico, dos horas de sueño sin dolor’. O: ‘La energía vital quizá sea la fuerza menos comprendida del planeta’.

En esos tiempos en que el señor Cousins usaba su cuerpo como laboratorio, Eloísa Abello supo que a una tía muy querida le habían diagnosticado cáncer de mama. Fue testigo de la fe con que ella abordó el diagnóstico -su tía era muy creyente-. De cómo, a partir de la noticia, esa mujer encaró nuevos gestos: empezó a pintar, a desenterrar del fondo de sí misma una veta creativa. La tía también comenzó a evitar conversaciones y temas que la entristecieran, a disfrutar al máximo de su entorno amoroso. ‘A pesar de que los médicos le daban muy mal pronóstico, mi tía vivió casi dieciocho años más. Vivió muy bien. Creo que esa situación familiar me impactó tanto que terminé dedicándome a esto’, cuenta Eloísa Abello, psicóloga, una mañana en el consultorio. Por la ventana se ven las cúpulas del Congreso de la Nación. Norman Cousins creía que la enfermedad y el estado de bienestar se relacionaban con la política; también, con la manera en que las emociones inciden en la salud. ¿Hasta qué punto el cerebro puede influir sobre la curación?, se preguntaba Cousins, y se sigue preguntando ella frente a cada caso. Lleva la mitad de su vida profesional trabajando con pacientes oncológicos. ‘Ninguno de nosotros estará aquí hasta la eternidad. Pero quienes viven con alguna enfermedad tienen, en cierta manera, un recordatorio más potente.’

El recordatorio del señor Cousins se reactivó en 1980. Un ataque al corazón lo llevó al hospital. Apenas logró sentarse en la camilla, miró a los médicos y advirtió: ‘Están frente a una de las maquinarias más complejas y asombrosas que hayan entrado a este hospital’. Otra vez, encaró una investigación con ayuda de su médico amigo. Otra vez escribió un libro. Jubilado, se incorporó a la Escuela de Medicina de la Universidad de California, donde enseñó y estudió la relación entre emociones y salud. Cousins afirmaba que la creencia era parte integral de la curación. Escribió: ‘Los estudios están volviendo obsoleta la noción científica de que el sistema nervioso central y los sistemas que controlan las funciones endocrina e inmunológica están separados. Las fuerzas positivas -amor, fe, voluntad de vivir, propósito, festividad- son poderosos antagonistas de la depresión. Ayudan a crear un ambiente que hace del cuidado médico algo más efectivo. Es una tontería debatir la utilidad de las fuerzas curativas del cuerpo comparadas con la ciencia médica. Con enfermedad, el objetivo es movilizar toda la ayuda que se pueda obtener. El sistema de sanación del cuerpo en conjunto con el tratamiento médico adecuado y una dieta, es el camino para maximizar las posibilidades de éxito’. Falleció en 1990, a los 75 años. Un área de la Universidad de California lleva su nombre: Centro Cousins para la Psiconeuroinmunología. Su objetivo es entender las interacciones entre el cerebro y el cuerpo, junto con la importancia del bienestar psicológico para la salud y la recuperación de la enfermedad.

Eloísa cree en eso:

-Cousins decía que así como el dolor y la tristeza pueden enfermar, la alegría y la voluntad de vivir pueden ser parte del tratamiento. Está científicamente comprobado que hay una química de lo que pensamos y sentimos, y que influye sobre las células. Si experimentamos bienestar, el sistema inmunológico mejora y nos podemos manejar mejor con la situación de enfermedad. ‘Todos tenemos un poder de autocuración’, decía Cousins. Ahora sabemos que existen técnicas para que el sistema curativo se ponga en funcionamiento.

-¿Cómo se relacionan con la medicina tradicional?

-Como un complemento. A los pacientes les digo: ‘Si tenés que hacer quimioterapia, hacela’. Mientras, tratá de investigar qué otras cosas te hacen sentir bien. He visto gente a la que los médicos le daban dos meses de vida y sigue viviendo. Conozco el caso de una mujer increíble. Tuvo linfoma de Hodgkin y cáncer de mama. Me dijo: ‘Acordate; yo de esto no me muero’. Tenía unas tremendas ganas de vivir; cambió su mente. Era empresaria. Internada, recibía quimioterapia y manejaba su empresa con celular y computadora. Los clientes creían que estaba en un viaje de placer. Hay afirmaciones con tal convencimiento que funcionan como una orden.

A veces, la ‘orden’ puede ir en otra dirección. Una vez, Abello le preguntó a un hombre al que le habían diagnosticado un cáncer con muchas posibilidades de recuperación:

-¿Usted quiere vivir?

-No, yo no quiero vivir. Quiero que se termine lo antes posible. Mi hija tiene 15 años, ya no me necesita.

El hombre falleció mucho más rápido de lo que podía sospecharse por su enfermedad.

-Después de años acompañando a personas con cáncer, ¿hay algo que le llama la atención?

-En muchos de los casos se da que uno o dos años antes de un diagnóstico de cáncer esa persona ha atravesado una situación emocional severa que la dañó mucho. Una paciente decía: ‘Mi cáncer tiene nombre y apellido: el Corralito’. Me impacta cómo la gente que asiste a grupos o atraviesa el tratamiento acompañada por amigos o familiares, tiene una mejor recuperación que la que está sola. Participar de un grupo de apoyo genera una energía sanadora, que también tiene que ver con los vínculos que se establecen entre las personas. Un diagnóstico de cáncer cambia la vida. Los controles generan un estado de vulnerabilidad. Llega gente aterrada por la quimio, con muchos fantasmas. Encontrarse con otros que ya lo pasaron puede aliviar.

Desde hace quince años Abello es la coordinadora del Grupo Esperanza, dirigido a quienes viven con cáncer. La actividad es gratuita, y una gran mayoría de las participantes son mujeres con cáncer de mama. Todos los jueves al mediodía, al menos unas quince personas están sentadas en el primer piso del Instituto Cerim.

Este jueves son una docena de mujeres de diferentes edades, reunidas en un salón. Una de ellas cuenta:

-Esta semana me crucé con una conocida de 42 años con cáncer y decía que para ella era un castigo.

Rápida, Eloísa corrige:

-No es un castigo. No es algo que ocurra porque alguien se portó mal.

-Para mí no es un castigo -dice una señora-. Pero me lo quiero sacar de encima lo más rápido posible. Estoy ansiosa. Preocupada por un lunar que apareció en mi cuerpo. La semana pasada fue fatal. Consulté de médico en médico. Me tengo que apurar, hacer todo lo que puedo ahora que estoy acá; en unos días me voy al Sur a visitar a mi nieto.

-Uno siempre puede hacer algo por uno, no importa donde uno esté -la tranquiliza Eloísa-. Hay que aprender a contenerse. Las palabras pueden dar órdenes a nuestras células. La vas a pasar bien con tus nietos. No hay nada más sanador.

Dice una de las mujeres más jóvenes, con una bandana sobre su melena rubia:

-Hoy prefiero escuchar, estoy bajoneada.

Cada una va contando cómo se siente. Se arma un debate sobre la angustia que produce la muerte, si el intelecto es o no capaz de controlar esa angustia.

-La angustia de muerte -interviene Eloísa- la tenemos todos, quizás ustedes más presente. Estamos mal educados con el tema de la muerte. Si uno busca en lo espiritual, ya no es tan importante el cuerpo.

Ana María Capristo es cosmetóloga, maquilladora, humor y energía. ‘Cuando tenía 45 años tuve cáncer, me sacaron la teta y estoy viva. No me angustié demasiado. Me replanteé mis valores religiosos. Estudié. Me hice una teta y al tiempo la usaba de alfiletero.’ Habla con tanto entusiasmo que se sacuden sus aros, su collar y su peinado impecable. Capristo viene el tercer jueves de cada mes al grupo. ‘Oriento a las personas para verse bien y sentirse mejor.’ En otros tiempos llegó a estos encuentros hecha un ovillo: ‘Andreíta, mi hija, también tuvo cáncer. Eso me movilizó mucho. Me preguntaba «por qué a mí». Empecé a preguntarme «por qué no a mí». Fue duro el tema de la quimio, pero también fue una comunión total con mi hija; hoy está bien.’

Entra un señor, se sienta y permanecerá así, en silencio. Detrás de él, una mujer muy joven. Las otras la abrazan, sonríen, preguntan. ‘Estoy muy bien; ya hace dos semanas que me operé. Les quiero agradecer. Me sirvió tanto la charla que tuvimos sobre la mastectomía. Sobre todo cuando una de ustedes dijo que a los 15 días de la operación estaba en bikini en las playas de Gesell.’

-¿Cómo se llama tu prótesis?

-Fiona.

Todas ríen. Las que vienen hace poco y las de hace años. El encuentro termina con una meditación. ‘En la carrera de Psicología de la Universidad Maimónides se estudian los aportes de las técnicas de visualización. Es muy interesante ver cómo en estado de relajación profunda, el cuerpo reproduce la sensación de agrado’, dice Abello al fin del encuentro.

-Habló de la importancia de un camino espiritual.

-Es muy importante el cambio de creencias. El inicio de un camino espiritual no necesariamente quiere decir religioso, sino darse cuenta: no somos sólo materia. Desarrollar actividades vinculadas con el espíritu: música, por ejemplo. Replicar la experiencia del grupo en otra ciudad también puede ser un ejercicio espiritual. Tengo dos pacientes que armaron grupos: una en Tartagal y otra en la provincia de Buenos Aires.

-¿Qué hacer para prevenir la enfermedad?

-El yoga o la meditación pueden ayudar, pero, básicamente, hacer cosas que nos gustan. El terapeuta Lawrence LeShan, que trabaja desde hace 40 años con pacientes con cáncer, acuñó una frase: ‘Te enfermás cuando dejás de cantar tu canción’. Hay sistemas de creencias que enferman. Y hay pasiones que salvan.

Por María Eugenia Ludueña
revista@lanacion.com.ar

Más datos: Grupo Esperanza Funciona en el Centro de Estudios, RadiologIa e Investigaciones Mamarias (Cerim), AzcuEnaga 970, Ciudad de Buenos Aires, los Jueves, de 12 a 14.

Fuente: www.lanacion.com

La alianza entre la Obra del Padre Mario y el Real Madrid logra otro sueño: chicos de nuestra comunidad conocerán España

Un grupo de chicos pertenecientes a la Escuela Socio Deportiva “Alfredo Di Stéfano”, que la Obra del Padre Mario lleva adelante junto a la Fundación Real Madrid, viajará a Madrid el próximo 4 de febrero.

La delegación, conformada por dos adultos monitores y por trece chicos de entre 13 y 15 años, ha sido invitada por la Fundación Real Madrid – con todos los gastos pagos – a un viaje que incluirá encuentros amistosos de fútbol, paseos y excursiones.

Los jóvenes deportistas, que han sido seleccionados por su comportamiento integral, también tendrán la oportunidad de presenciar un partido del Real Madrid, asistir a un entrenamiento del equipo, y saludar a sus jugadores.

Durante la gira, y como señal del compromiso que une al Real Madrid con la Obra del Padre Mario, se llevará a cabo un encuentro amistoso entre los jugadores veteranos del club. Lo recaudado será destinado a la Escuela Socio Deportiva “Alfredo Di Stéfano”, que funciona en González Catán.

También se realizará la ceremonia de Firma de Convenio entre la Fundación Real Madrid y la Obra del Padre Mario, que renovará esta unión y la extenderá por cinco años más.

La lista de chicos que viajarán a España, representando a González Catán y a la Obra del Padre Mario, es la siguiente:

Javier Albornoz

Fernando Antogna

Pedro Armando Areco

Iván Adrián Barberis

Fabián Maximiliano Chávez

Matías Enrique Dager

Diego Lucas Gómez

Marcelo Adrián Gómez Duarte

Cristian Adrián Mancarti

Lucas Nahuel Páez

Ramiro Ezequiel Páez

Kevin Ismael Valenzuela

Luis Alejandro Villani

Monitores: Fabián Décima y Fabio Reu

Informa:

Lucila Román

lucilaroman@padremario.org

www.vidapositiva.com

Un café y una sonrisa

‘…Soy madre de tres hijos de 14, 12 y 3 años y recientemente terminé mi carrera universitaria. La ultima clase que tomé fue Sociología. La maestra estaba muy inspirada con las cualidades que yo deseaba ver, con las cuales cada ser humano había sido agraciado. Su último proyecto fue titulado ‘SONRÍE’.

Pidió a la clase que saliera y le sonriera a tres personas y documentaran sus reacciones. Yo soy una persona muy amistosa y siempre sonrío a todos y digo ‘hola’, así es que pensé que esto seria ‘pan comido’, literalmente. Tan pronto nos fue asignado el proyecto, una frìa mañana de marzo, mi esposo, mi hijo pequeño y yo fuimos a un lugar de comidas rápidas.

Era la manera de compartir un tiempo de juego con nuestro hijo. Estábamos formados esperando ser atendidos, cuando de repente todos se hicieron para atrás, incluso mi esposo. Yo no me moví ni una pulgada y un abrumador sentimiento de pánico me envolvió cuando di vuelta para ver que pasaba.

Cuando giré percibí un horrible olor a ‘cuerpo sucio’ y junto a mí vi que estaban parados dos hombres pobres; cuando miré al pequeño hombre que estaba cerca de mí, él sonreía, sus hermosos ojos azul cielo estaban llenos de la luz de Dios buscando aceptación.

Dijo ‘Buen día’, mientras contaba las pocas monedas que traía. El segundo hombre manoteaba junto a su amigo -creo que era retrasado mental- y el hombre de ojos azules era su salvación. Contuve las lagrimas. La joven despachadora le pregunto qué quería y él dijo: ‘Café; es todo, señorita’ porque era para lo único que tenían, ya que si querían sentarse en el restaurante para calentarse un poco, tenían que consumir algo.

Entonces, realmente lo sentí, el impulso fue muy grande, casi alcanzó al pequeño hombre para abrazarlo, fue entonces que sentí todas las miradas en mí, juzgando mi acción. Sonreí y le pedí a la joven despachadora que me diera dos desayunos más en bandeja separada y caminé hacia la mesa donde estaban los dos hombres sentados, puse la bandeja en su mesa y mi mano sobre la mano fría del pequeño hombre; él me miró con lágrimas en los ojos y dijo ‘¡Gracias!’.

Me incliné dando palmaditas en su mano y le dije ‘No lo hice por ustedes, Dios está aquí actuando a través de mí para darles esperanza’.

Comencé a llorar mientras caminaba para reunirme con mi esposo e hijo. Cuando me senté, mi marido sonrió y dijo ‘Es por eso que Dios te dió para mí, cariño, para darme esperanza’. Nos tomamos de las manos por un momento y en ese instante supimos la Gracia con la que fuimos bendecidos para ser capaces de dar.

No somos fanáticos de la iglesia pero somos creyentes. Ese día me fue mostrada la luz dulce y amorosa de Dios. Regresé a la universidad durante la última clase nocturna, con esta historia en mano. Entregué mi proyecto y la instructora lo leyó, entonces me miró y preguntó ‘¿Puedo compartir esto?’…. yo asentí lentamente mientras ella pedía la atención de la clase.

Comenzó a leer y me di cuenta que nosotros, como seres humanos y siendo parte de Dios, compartimos esta necesidad para sanar a la gente y ser sanados. A mi manera, se lo hice sentir a la gente en donde comimos, a mi esposo, hijo, a la maestra y a cada alma en el salón de clases, esa última noche como estudiante.

Me gradué con una de las lecciones mas grandes que jamás hubiera aprendido: ACEPTACIÓN INCONDICIONAL. Mucho amor y compasión para cada persona que lea esto y aprenda a amar a la gente y usar lo material, no a amar lo material y usar a la gente.

Gentileza, Marian Benedit

Mañana será otro día

Una mujer que se llevaba muy mal con su esposo sufre un paro cardíaco. Casi a punto de morir, un ángel se presenta ante ella para decirle que, evaluando sus buenas acciones y sus errores no podrá entrar al cielo; y le propone permitirle estar en la tierra unos días más hasta lograr cumplir con las buenas acciones que le faltan.

La mujer acepta el trato y se encuentra otra vez en su hogar, frente a su esposo. El hombre no le dirigía la palabra porque hacía tiempo que estaban peleados. Ella pensó: me convendría hacer las paces con este hombre. Está durmiendo en el sofá, hace tiempo dejé de cocinarle…. Él ahora está planchando su camisa para salir a trabajar. ¡¡le daré una sorpresa!!

Cuando el hombre se va, ella empieza a lavar y planchar toda la ropa de él. Prepara una rica comida, pone flores en la mesa con unos candelabros, y un cartel en el sofá que dice: ‘Quizá estés más cómodo durmiendo en la cama que fue nuestra. Esa cama donde el amor concibió a los hijos que me diste, donde tantas noches los abrazos cubrieron nuestros temores y sentimos la protección y la compañía del otro. Ese amor, aún con vida, nos espera en esa cama; si pudieras perdonar todos mis errores, allí nos encontraremos. Tu esposa’ Cuando terminó de escribir el último renglón ‘.si pudieras perdonar todos mis errores’. Ella pensó: ¡me he vuelto loca! ¿Todavía voy a pedirle perdón?!

Él fue quién empezó a venir enojado de la calle cuando lo echaron de la fábrica y no conseguía trabajo. Yo tenía que arreglarme con los pocos ahorros que teníamos haciendo malabares y todavía tenía que soportar su ceño fruncido. Él empezó a tomar, aplastado en el sillón, exigiendo silencio a los pobres niños que sólo querían jugar. Él empezó a gritarme cuando yo le decía que así no podíamos seguir, que yo necesitaba dinero para mis hijos.

Él lo arruinó todo; ¡¿y ahora yo tengo que pedirle perdón?! Enfurecida, rompió la carta y escuchó la voz del ángel que decía: ‘Recuerda: algunas buenas acciones y alcanzarás el cielo; de lo contrario, arderás eternamente en el infierno’.

La mujer pensó: -Valdrá la pena- y rehizo la carta agregando aún más palabras cariñosas: . ‘No supe comprender nada entonces, no supe ver tu preocupación al quedarte sin empleo, luego de tantos años con un sueldo seguro en esa fábrica. ¡Debiste haber sentido tanto miedo! Ahora recuerdo tus sueños de ‘cuando me jubile haremos.’ ¡Cuántas cosas querías hacer al jubilarte!

Pude haberte impulsado a que las hicieras en lugar de obligarte a aceptar estar todo el día sentado en ese taxi. Ahora recuerdo aquella noche de locura cuando prendí fuego todas las telas de los cuadros que pintabas. En ese momento me enfurecía verte allí, encerrado en el galpón, gastando nuestro dinero en pomos de pintura para nada. Debí haberte impulsado a venderlos. ¡Eran realmente hermosos!

Estaba desesperada; yo también me sentía segura con el sueldo de la fábrica y no supe ver tu dolor, tu miedo, tu agonía. Por favor perdóname mi amor. Te prometo que todo será diferente. Te amo. Tu esposa’

Cuando el marido regresó del trabajo, ya al abrir la puerta notó algo distinto: el olor a comida, las velas en la mesa, su música favorita sonando suavemente y la nota en el sofá. Cuando la mujer salió de la cocina con la fuente en la mano lo encontró tirado en el sillón, llorando como un niño.

Dejó la fuente, corrió a abrazarlo y no necesitaron decirse nada; lloraron juntos, él la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama, donde hicieron el amor con la misma pasión del primer día. Luego comieron la exquisita comida que ella había preparado, mientras recordaban anécdotas graciosas de los niños haciendo travesuras en la casa.

Él la ayudó a levantar la mesa como siempre lo hacía, y mientras ella lavaba los platos, ¡vio por la ventana de la cocina que en el jardín estaba el ángel. Salió llorando y le dijo: – Por favor, ángel, intercede por mí. No quiero sólo a este hombre en este día. Necesito un tiempo más para poder impulsarlo con sus cuadros.

Te prometo que en poco tiempo, él estará feliz, seguro; y ahí si podré ir adonde me lleves.

El ángel contestó: – No tengo que llevarte a ningún lado, mujer. Ya estás en el cielo, te lo has ganado. Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo siempre está al alcance de tu mano.

La mujer oyó la voz de su marido que desde la cocina le gritaba: ‘Mi amor, hace frío, ven a acostarte; mañana será otro día.’ Sí – pensó ella- definitivamente mañana será otro el día. La semilla es pequeña, pero rompe cualquier piedra, cualquier roca y la hace florecer.

Gentileza, Marian Benedit