Sin consecuencias para el Papa la caída provocada por una desequilibrada


En el incidente, cae el cardenal Etchegaray y se rompe el fémur

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 25 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).-

No ha tenido consecuencias para Benedicto XVI la caída provocada por una mujer desequilibrada al inicio de la misa de Nochebuena en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

El cardenal Roger Etchegaray, de 87 años, sin embargo, también involucrado en el incidente, ha sufrido una fractura del fémur de la que tendrá que ser operado.

En una reconstrucción de los hechos ofrecida a los periodistas, el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha explicado que en la Nochebuena, “durante la procesión de entrada de la celebración, una persona desequilibrada, Susanna Maiolo, de 25 años, de nacionalidad italiana y suiza, saltó la barrera y, a pesar de la intervención de los hombres de seguridad, logró llegar hasta el Santo Padre y agarrarle del palio, haciéndole perder el equilibrio y caer al suelo”.

“El Papa pudo levantarse rápidamente y retomar la procesión. Toda la celebración se ha desarrollado sin ningún otro percance”, añade el portavoz vaticano.

“Por desgracia, en medio del caos, el cardenal Etchegaray cayó, sufriendo una fractura del cuello del fémur. Ha sido hospitalizado en el Policlínico Gemelli y sus condiciones son buenas, aunque su estado es bueno, tendrá que ser sometido a una operación en los próximos días”.

“Maiolo, que no estaba armada y manifiesta síntomas de desequilibrio psíquico, ha sido hospitalizada en un centro sanitario para ser sometida a tratamiento sanitario obligatorio”.

El padre Lombardi concluye su comunicado aclarando que este incidente no ha provocado cambios en la agenda del Papa en las celebraciones de Navidad.

Los cristianos deben responder al drama social y cultural

Santa Fe, 24 Dic. 09 (AICA)
Ser mensajes vivos de Navidad para nuestros hermanos, que padecen  pobreza, desocupación y marginalidad

Ser mensajes vivos de Navidad para nuestros hermanos, que padecen pobreza, desocupación y marginalidad

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, asegura que “la Navidad es el comienzo de una vida nueva, es la certeza de que Dios no abandona al hombre, sino que viene a su encuentro en Jesucristo para ser su camino y hacerlo partícipe de su misma Vida. Este es el motivo profundo de la alegría y la esperanza con la que celebramos la Fiesta de Navidad”.

“Tomar conciencia de la realidad de este camino de Dios es el comienzo de la vida cristiana. Esta presencia tiene un rostro concreto en la persona y la vida de Jesucristo, que se hace mensaje de vida, de amor y de paz para todos los hombres que quieran recibirlo”, subraya en su mensaje de Navidad.

Tras insistir en que “nuestra mirada se dirige en este día a Jesucristo, que nació en la humildad y el silencio para enseñarnos el camino de Dios”, advierte que “no podemos dejar de mirar esa otra realidad tan cercana y dolorosa, con la que él ha querido identificarse y desde la cual nos interpela, que es la situación de muchos hermanos nuestros que viven en circunstancias de carencias materiales y espirituales”.

“Ellos son los destinatarios preferidos del amor de Dios. Conocemos esas circunstancias y tal vez nos acostumbramos a que el mundo sea así. Se adormece nuestra conciencia y convivimos en un mundo que aparenta crecer y vive la sola expectativa de un consumo mayor, pero que deteriora y pisotea la dignidad de la imagen de Dios en el hombre”, asevera.

El prelado santafesino se refirió puntualmente al “drama de la pobreza, la desocupación y la marginalidad; en el flagelo de la droga y el aumento del juego; el clima de inseguridad y el desprecio por la vida; el negocio de la prostitución que avanza sobre la adolescencia en nuestros barrios y no encuentra una suficiente reacción moral en la comunidad. Hay una cultura que se empobrece y en la cual viven nuestros niños, que se aíslan en un presente sin proyecto de futuro”.

Frente a “este drama social y cultural”, el arzobispo sostiene que “ellos no encuentran en la sociedad la necesaria ejemplaridad ni el camino de una propuesta que les presente la grandeza y el sentido de una vida fundada sobre la solidez de la verdad y la solidaridad, sobre la vivencia del amor y la belleza y el compromiso con el bien y la paz. Navidad es un don de Dios, pero es también una tarea ofrecida a todos los hombres de buena voluntad”.

Por último, monseñor Arancedo exclama: “Cuánta necesidad tiene el mundo de que se abra nuestro corazón y nos comprometamos a hacer realidad este Mensaje de Dios al hombre para elevarlo y desde él, recrear las condiciones de un mundo que esté a la altura de la dignidad del hombre. Dios llega al hombre a través del hombre”, pero consideró que es “bueno que seamos nosotros mensajes vivos de Navidad para nuestros hermanos”.+

Bergoglio: “Nos han secuestrado la Navidad y hay que rescatarla”

Buenos Aires, 25 Dic. 09 (AICA)
El Card. Bergoglio ofrece su reflexión en la Misa de Gallo

El Card. Bergoglio ofrece su reflexión en la Misa de Gallo

El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, criticó que en las fiestas navideñas prime el sentido comercial por sobre el verdadero que es el religioso, al alertar que “nos han secuestrado la Navidad”.

“Parece que la Navidad es correr detrás de las lucecitas, colmar los shopping abiertos hasta las cuatro de la mañana, todos apurados, y con la cabeza en mil cosas. Después cuando reposamos un poco, ya se nos pasó”, dijo en la tradicional misa de gallo en la catedral metropolitana.

El primado recordó que el sentido de la Navidad es “la luz de Dios en medio de las tinieblas” y, ante “el secuestro” de la Navidad, consideró que “hay que rescatarla. Rescatarla abriendo el corazón a la luz” a través de la señal: “Un niño, que nos marca la ternura de Dios”.

“Déjense querer por ese amor tan tierno, tan de madre y de padre con el cual Dios se manifiesta, y no se dejen engañar por los ídolos que no nos pueden prometer absolutamente nada. La ternura de Dios, la caricia de Dios, es la Feliz navidad de esta noche”, subrayó.

Desgrabación de la homilía
En la primera lectura, el profeta Isaías enmarcaba el acontecimiento que celebramos hoy, el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto la gran luz, sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado la luz. El anuncia algo muy grande, anuncia el desborde de la presencia de Dios en medio de todas las cadenas, de todos engaños de la idolatría. Y lo anuncia en términos de tinieblas y la luz.

El Señor a lo largo de los siglos iba inculcando a su pueblo él era el único Dios y que él era quien los iba a conducir en el camino de la verdad, era el único que lo iba a conducir en el camino de la verdad.

El pueblo siempre tuvo la tentación de caer en idolatría. La historia no cambia hoy nos pasa lo mismo. Tenemos oscuridades en el corazón, oscuridades en la familia, en la ciudad, en el país, en el mundo. Oscuridades existenciales que las queremos solucionar con más oscuridades. Nos dejamos engañar por luces que no son verdaderas. Por farolitos de artificiales, o por grandes fuegos artificiales que iluminan un minuto y después se van. La luz de Dios es mansa y se nos mete en la vida y nos va acompañando con mansedumbre a lo largo de toda la vida. Así nos ilumina el Señor con mansedumbre y con paciencia. Siglos y siglos de paciencia que todavía tiene hoy. Paciencia para con nuestro corazón rebelde que prefiere la lucecita del momento propia de un ídolo a la gran luz del Hijo que se manifiesta.

Un obispo dijo públicamente “nos han secuestrado la Navidad”. Parece que la Navidad es correr detrás de las lucecitas, colmar los shopping abiertos hasta las cuatro de la mañana, todos apurados, y con la cabeza en mil cosas. Después cuando reposamos un poco, ya se nos pasó. Ese es el sentido de la Navidad, ese es el sentido de la luz de Dios en medio de las tinieblas. Me gustó la frase. Nos han secuestrado la Navidad y hay que rescatarla. Rescatarla abriendo el corazón a la luz. ¿Cómo se hace en medio de las tinieblas? Al igual que los pastores, el ángel les dice: “No teman, esto les servirá de señal” Y cuál es la señal, un niño, nos marca la ternura de Dios.

Dios nuestro padre se vuelca con ternura. Ese Dios manso que fraguó su mansedumbre en la paciencia, se acerca de la manera más indefensa. La señal es la ternura y hoy, al desearles feliz Navidad, quiero decirles, simplemente, les quiero decir que no le tengan miedo a la caricia de Dios, a la ternura de Dios, ténganle miedo sí, a la espectacularidad de los ídolos de moda, piensen en esta Navidad secuestrada y rescátenla, dejándose acariciar por la ternura de Dios, no le tengan miedo.

El nos decía a través del profeta Isaías: “Acaso una madre se puede olvidar del hijo que lleva en sus entrañas. Aunque una madre se olvidará, yo no me voy a olvidar de vos”. Nos tiene metido en su memoria, por eso al desearles Feliz Navidad, les pido esto: “Déjense querer por ese amor tan tierno, tan de madre y de padre con el cual Dios se manifiesta, y no se dejen engañar por los ídolos que no nos pueden prometer absolutamente nada. La ternura de Dios, la caricia de Dios, es la Feliz navidad de esta noche”.+

Si la Navidad es verdadera, “todo cambia”, asegura Benedicto XVI


En la Misa de la Nochebuena en la basílica de San Pedro del Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 25 de diciembre de 2009 (ZENIT.org).-

Si realmente Jesús nació hace más de dos mil años, “todo cambia”, explicó Benedicto XVI en la misa de Nochebuena para explicar cómo la Navidad tiene una importancia decisiva en la vida de cada persona.

La homilía de la celebración eucarística, presidida en la Basílica de San Pedro, se convirtió, por tanto, en una exhortación a dejar el primer lugar en la propia existencia a Dios.

La celebración, que en este año comenzó a las 10 de la noche, quedó perturbada al inicio por el gesto de una mujer que se abalanzó sobre el Santo Padre provocándole una caída de la que se alzó inmediatamente.

El obispo de Roma, al meditar en el misterio que se vivió en Belén hace más de dos mil años, aseguró que la noticia del nacimiento de Jesús “no puede dejarnos indiferentes”.

“Si es verdadera, todo cambia. Si es cierta, también me afecta a mí”, afirmó.

Dios la prioridad

“La mayoría de los hombres no considera una prioridad las cosas de Dios, no les acucian de modo inmediato. Y también nosotros, como la inmensa mayoría, estamos bien dispuestos a posponerlas”, reconoció.

“Se hace ante todo lo que aquí y ahora parece urgente. En la lista de prioridades, Dios se encuentra frecuentemente casi en último lugar. Esto – se piensa – siempre se podrá hacer”, aseguró.

Ahora bien, “si algo en nuestra vida merece premura sin tardanza, es solamente la causa de Dios”, afirmó citando la famosa máxima de la Regla de San Benito: “No anteponer nada a la obra de Dios”

“Dios es importante, lo más importante en absoluto en nuestra vida”, aclaró. “El tiempo dedicado a Dios y, por Él, al prójimo, nunca es tiempo perdido. Es el tiempo en el que vivimos verdaderamente, en el que vivimos nuestro ser personas humanas”.

“Pero la mayor parte de nosotros, hombres modernos, vive lejos de Jesucristo”, reconoció. “Vivimos en filosofías, en negocios y ocupaciones que nos llenan totalmente y desde las cuales el camino hasta el pesebre es muy largo”.

Dios “viene a nuestro encuentro”

Ahora bien, “no podríamos llegar hasta Él sólo por nuestra cuenta. La senda supera nuestras fuerzas. Pero Dios se ha abajado. Viene a nuestro encuentro. Él ha hecho el tramo más largo del recorrido. Y ahora nos pide: Venid a ver cuánto os amo”.

“La señal de Dios es su humildad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño; se convierte en niño; se deja tocar y pide nuestro amor”.

“Cuánto desearíamos, nosotros los hombres, un signo diferente, imponente, irrefutable del poder de Dios y su grandeza. Pero su señal nos invita a la fe y al amor, y por eso nos da esperanza: Dios es así. Él tiene el poder y es la Bondad”.

“Nos invita a ser semejantes a Él. Sí, nos hacemos semejantes a Dios si nos dejamos marcar con esta señal; si aprendemos nosotros mismos la humildad y, de este modo, la verdadera grandeza; si renunciamos a la violencia y usamos sólo las armas de la verdad y del amor”.

El pontífice concluyó su meditación con esta oración: “Señor Jesucristo, tú que has nacido en Belén, ven con nosotros. Entra en mí, en mi alma. Transfórmame. Renuévame. Haz que yo y todos nosotros, de madera y piedra, nos convirtamos en personas vivas, en las que tu amor se hace presente y el mundo es transformado”.