Que el amor triunfe sobre el autismo y la prepotencia

Zárare-Campana (Buenos Aires), 23 Dic. 09 (AICA)
Imágenes del pesebre

Imágenes del pesebre

El obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, destaca que la Navidad es “cosa gozosa y seria; es ‘encuentro’, histórico encuentro, decisivo encuentro, que aconteció de una vez por todas, y que, en la Iglesia de Cristo, por obra del Espíritu, se reactualiza festivamente en su vida y en la Liturgia, para que tengamos vida, y para que ‘lo hagamos vida’ (a ese encuentro) en nuestro cotidiano vivir. En este vivir la fe consiste la santidad de vida práctica, como nos lo enseñó tantas veces el Santo Padre Benedicto XVI”.

“Nuestro humano camino o itinerario está ahora lleno de esperanza, porque descubrimos el sentido del universo, la realidad de nuestro propio interior y de nuestra vida, en el rostro de Cristo, el Hermano de nuestra propia sangre. Entonces, quien posee el don de la fe, que exulte, que cante de alegría; quien no la posee, halle en esta festividad un motivo de escucha y reflexión sobre el destino humano. Es bueno, es sabio, el escuchar, ‘auscultar’ la realidad”, subraya en su mensaje de Navidad.

El prelado sostiene que “los tiempos que nos toca vivir son maravillosos y dramáticos, ante no poco ‘des-encuentro’, fruto de la pre-potencia, del ansia de pre-dominio (para nada ausente, tanto, que todos tendríamos que hacer sobre esto un buen examen de conciencia), ante tanto injusto pre-juicio (que amarga corazones), el ‘Dios-con-nosotros’, el Emmanuel, manifiesta el predesignio amoroso del Padre”.
Tras indicar que “más que ‘cuentito’ de temática religiosa, es realidad, tan humilde, tan simple, tan pura; precisamente por ello tan verdadera”, señala que “amor implica responsabilidad”.

“El misterio de Navidad nos llama a los creyentes a sentirnos deudores, sí, deudores, ante quien ya no tiene razones para creer o para esperar con esperanza. El misterio del ‘renacimiento espiritual’ ha de hacernos también reflexionar en que una actitud autorreferencial, a veces latente (y que conlleva en sí, más bien, un germen de autismo e incluso de autodemolición –la palabra la pronunció una vez el Papa Pablo VI-) para nada nos ayudará en ese itinerario de ‘salir al encuentro’ que significa la Navidad”, advierte.

El obispo convoca a que “más bien, lejos de ese autismo, y también de toda pre-potencia abramos los ojos del alma para ver el poder de Dios, que viene. Él viene, Él salva”, pide que “vayamos a su encuentro, con esta esperanza” y con el “coraje” de anunciar.

Por último, monseñor Sarlinga expresa “los mejores augurios” para el próximo año 2010, pidiendo a la Virgen que “nos ampare y proteja”, y manifiesta su esperanza de que en el comienzo de la conmemoración del Bicentenario (1810-1816) “tengamos Paz, que haya concordia en la sociedad, que tengamos prosperidad y que se disipe toda tiniebla de violencia, en cualesquiera de sus formas. El realismo de la esperanza no nos defraudará. ¡Felicidades de corazón!”+

La Navidad nos presenta una lógica distinta de convivencia

Reconquista (Santa Fe), 23 Dic. 09 (AICA)
Monseñor Ramón Alfredo Dus, obispo de Reconquista

Monseñor Ramón Alfredo Dus, obispo de Reconquista

“La Navidad nos envuelve en un clima especial, como siempre, porque este misterio de Amor tiene algo de enigmático y paradójico a la vez. Es paradójico el hecho que Dios se hace hombre, que una Virgen que es Madre sin intervención humana, que nuestra humanidad sea capaz de contener la Presencia del Dios vivo”, expresa en su mensaje de Navidad el obispo de Reconquista, monseñor Ramón Alfredo Dus, quien a su vez destaca que esta fiesta “nos hace presentir una lógica distinta de convivencia, a la que no estamos habituados, pero que asume e ilumina nuestros enigmas y las paradojas cotidianas”, porque es “el don de un Niño pobre, que nos hace ricos, que nos libera de la lógica del tener, y nos da la seguridad del amor de un Padre”.

Al respecto explica que, “si cuesta ponernos de acuerdo para cuidar y custodiar nuestro ambiente global porque vamos camino a la destrucción de pueblos y culturas, el Niño de Belén nos hace sabios; aún sin hablar es ‘Consejero maravilloso’, pues su sola presencia nos desafía a superar la lógica de indiferencia hacia los excluidos, los niños y los pobres”.

Agrega que “si bien sucumbimos tantas veces a la tentación del poder como dominio cuando detentamos un puesto de autoridad, Navidad es un Niño débil que nos hace fuertes”. Asimismo, “si tantas veces vivimos presos de un individualismo egoísta, el Niño de Navidad se llama también ‘Padre para siempre’. Él nos desafía a la comunión y a construir el ‘nosotros’ social y comunitario”.

“Y porque hay tanta necesidad de Paz en el mundo -prosigue-, y a veces hasta justificamos la guerra y la carrera armamentista, Navidad significa la soberanía del ‘Príncipe de la paz’, que nos hermana con todos los hombres del mundo y revela nuestra vocación por la justicia”.

En ese aspecto, el obispo sostiene que “Navidad hace así presente el Amor paradójico de Dios por la humanidad” y concluye: “Esta es la gracia que celebramos con el signo del árbol de Navidad. Nuestro destino y suerte son también como la de este árbol: estamos llamados a dar frutos de luz, y a indicar que el mundo ha sido verdaderamente visitado por Dios, en el Hijo de María, y rescatado de sus males”.+

Un obispo reclama un Pacto Nacional por la Infancia

Goya (Corrientes), 23 Dic. 09 (AICA)
Monseñor Ricardo Faifer, obispo de Goya

Monseñor Ricardo Faifer, obispo de Goya

“Si algún compromiso cristiano emerge de esta celebración navideña, es, sin lugar a dudas, atender al desarrollo integral de la niñez. Porque Navidad es celebrar la vida digna y plena para todos, pero especialmente para los niños, puesto que es la fiesta del Niño Dios, y en El de todo niño”, dijo el obispo de Goya, monseñor Ricardo Oscar Faifer, en su mensaje de Navidad.

El prelado insistió en alentar a “un firme compromiso por los niños en todos los órdenes, para que disfruten de una vida digna, plena y feliz, pura y hermosa”.

Tras asegurar que “optar por los niños es optar por la familia, donde se aprende a amar y ser amado, a recibir amor y dar amor”, advirtió sobre “los Herodes modernos que asesinan a los niños inocentes” en el seno del vientre materno.

“En el Bicentenario de la Patria (2010-2016), le debemos a nuestros niños, como una de las metas prioritarias para la construcción del bien común: ‘recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas’”, insistió.

Monseñor Faifer consideró que la Asignación por Hijo, sancionada por decreto presidencial, es “ciertamente perfectible”, aunque destacó que “es un paso positivo hacia estas metas”.

“Ojalá que esta asignación, se transforme en política de Estado mediante una ley sancionada con el mayor consenso de todos los legisladores, favoreciendo un gran Pacto Nacional por la Infancia”.

El obispo expresó su “afecto y acompañamiento a las familias afectadas por las inundaciones”, y estimó que “en esta situación angustiosa que nos afecta a todos, debemos renovarnos en la fe, confiando en Jesús el Señor y ejercitando “nuestras capacidades para solucionar los problemas con trabajo responsable y solidario”. Asimismo reconoció la labor de los voluntarios al servicio al prójimo.

“En este Año Sacerdotal, valoremos y agradezcamos el don del sacerdocio para la Iglesia y para el mundo. Recemos por nuestros sacerdotes, seminaristas y jóvenes a quienes el Señor llama. Nuestra fidelidad es posible porque Jesús es fiel a su amor y elección: ‘Fidelidad de Cristo. Fidelidad del sacerdote’”, concluyó.+

No podemos repetir cada año el mismo discurso navideño

Corrientes, 23 Dic. 09 (AICA)
El Niño Dios

El Niño Dios

No podemos repetir cada año el mismo discurso navideño. Si buscamos la inspiración dentro de nosotros mismos, utilizando un lenguaje convencional y desprovisto del espíritu de la original Navidad, repetiremos el saludo formal de siempre, frío y estéril. ¿Cómo hacer entonces? Renovarnos espiritualmente mediante un acercamiento real al misterio que celebramos”, expresa monseñor Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, en su mensaje de Navidad, al tiempo que recomienda “prestar atención al relato del Evangelio y hacer de su escucha un encuentro vivo con el Dios hecho Hombre”.

Sostiene que “desearnos mutuamente la paz no es aún la paz si nuestro corazón se mantiene aferrado a intereses mezquinos y a la liviandad de un chisporroteo festivo que nada tiene que ver con esta gran Fiesta”. Asimismo, propone celebrar la Navidad “reclamando un momento de silencio, no importa de qué duración, para contemplar lo que aparece en la escena sagrada, recargada hoy de elementos decorativos que la ocultan, hasta convertirla en un romántico e impío recuerdo”.

El prelado destaca la necesidad de “ser niños, o aprender de su candor, y mirar con ojos sorprendidos el humilde pesebre, nunca más pobre que el original” porque “con la imagen la Verdad se mete en el alma”. Al respecto subraya: “Es la Verdad que cambia el corazón y la conducta. Nos hace buenos de verdad, hasta desbordarnos sobre la sociedad que integramos y debemos servir”.

“Creer en el Dios hecho Niño es iniciar una historia – siempre nueva – modelada por el Espíritu de ese Niño, que responde al clamor de quienes sufren la pobreza injusta y las graves lesiones a su dignidad de hijos de Dios”, dice el arzobispo para advertir que “los proyectos políticamente más prolijos no alcanzan si sus creadores se empeñan en no dejar a Dios cambiar sus corazones”. Y recuerda que “nuestra historia desborda de acontecimientos que indican que los hombres cometen los mismos errores, a veces más graves que los anteriores, mientras no se dispongan a renegar de sus pecados e iniciar una vida virtuosa”.

En cuanto a “cómo hacer que esta Navidad se asemeje más a la primera”, monseñor Castagna exhorta a los creyentes a “comportarse como María y José, como los pastores y los Ángeles”, a quienes “el vínculo que los familiariza es la humildad” y reclama dejarse tomar “por su conmovedora Verdad”, ya que “celebrarla significa decidir que invada nuestra vida personal y social. De otra manera nuestra celebración se constituye en un estéril deseo o en una farsa”.

Por último, afirma que “es la hora de prestar atención a la pobreza como desidolatrización de la vida. Para ello es urgente aprender de ese Dios humilde, que se hace Camino a la Verdad, a la Justicia y a la Paz, remplazando nuestra fracasada escala de valores por la suya. No se llegará a suprimir la pobreza, resultado de una perversa distribución de bienes, si no se erradica de la cultura enclenque el culto selvático a la propia personalidad en desmedro de los humildes y excluidos. Este Niño, Dios hecho pequeño, viene a restablecer el equilibrio de forma pacífica. Es el Dios del amor. No se conjuga con Él el egoísmo y el odio, formulados socialmente en todas las manifestaciones de la deshonestidad y de la violencia. La Navidad, así entendida, se constituye en la garantía de que un Orden nuevo, personal y social, es posible”.+

Jérome Lejeune, un científico camino a los altares

Buenos Aires, 23 Dic. 09 (AICA)
Jérôme Lejeune, científico francés.

Jérôme Lejeune, científico francés.

El arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois, previa confirmación de la Santa Sede, nombró al padre Jean Charles Naud, prior de la Abadía de St. Wandrille, postulador de la causa de beatificación Jérôme Lejeune. De este modo comenzó el tan esperado proceso en ámbito diocesano.

El doctor Jérôme Lejeune a los 33 años, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21, hecho que lo convirtió en uno de los padres de la genética moderna.

En 1962 fue designado experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se creó para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental. Se transformó así en candidato número uno al Premio Nobel.

Aplaudido y halagado por los “grandes del mundo”, dejó de serlo cuando en 1970 se opuso tenazmente al proyecto de ley de aborto eugenésico en Francia: matar a un niño por nacer enfermo, es un asesinato y además abre las puertas a la liberalización total del crimen del aborto.

En esos meses participó en Nueva York en la sede de la ONU en una reunión en la que se trataba de justificar, ya entonces, la legalización del aborto para evitar los abortos clandestinos. Fue en ese momento cuando refiriéndose a la Organización Mundial de la Salud dijo: “He aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribió a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”.

La defensa de Lejeune del ser humano desde la concepción se basó siempre en argumentos científicos-racionales antes que en cualquier consideración religiosa.

Rechazó científicamente no sólo el crimen abominable del aborto, sino conceptos ideológicos como el de pre-embrión. Por esas razones lo aislaron, lo acusaron de integrismo y fundamentalismo y de intentar imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia.

Fue incomprendido y perseguido en ámbitos eclesiales, y aislado por sus colegas. Pero en ningún momento escuchó a los prudentes que le aconsejaban “callar para llegar más alto y así poder influir más”: las estructuras de pecado no se pueden cambiar, sólo hacen cómplices. Hizo caso omiso también de los que le decían que estaba sumiendo en la miseria a su familia, ya que le fueron cortados todos los fondos para sus investigaciones de las cuales vivía: continuó con sus investigaciones, sostuvo a su familia y se financió dando conferencias.

Juan Pablo II, en carta al cardenal Lustinger, entonces arzobispo de París, con motivo de la muerte de Lejeune decía: “En su condición de científico y biólogo era un apasionado de la vida. Llegó a ser el más grande defensor de la vida, especialmente de la vida de los por nacer, tan amenazada en la sociedad contemporánea, de modo que se puede pensar en que es una amenaza programada. Lejeune asumió plenamente la particular responsabilidad del científico, dispuesto a ser signo de contradicción, sin hacer caso a las presiones de la sociedad permisiva y al ostracismo del que era víctima”.

En 1992 Jérôme Lejeune comenzó, a pedido de Juan Pablo II, la gestación de la Pontificia Academia para la Vida, creada por el Santo Padre el 11 de febrero de 1994. El 26 de febrero de ese año recibió, ya en su lecho de muerte, el nombramiento de Presidente de la Academia. Entregó su alma a Dios el Domingo de Pascua de 1994 (3 de abril).+ (Juan Claudio Sanahuja)