Preparando el Nacimiento – Domingo 6: II de ADVIENTO

Purificar nuestra conciencia y nuestro corazón para que Cristo Niño lo encuentre bien dispuesto el día de Nochebuena.

Lucas 3, 1-6

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes rey de Galilea, su hermano Filipo rey de las regiones de Iturea y Traconítide, y Lisanias rey de Abilene, en tiempos de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto.
Y fue por toda la región del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías: Voz del que grita en el desierto: “Preparen el camino del Señor; hagan rectos sus senderos; todo barranco será rellenado y toda montaña o colina será rebajada; los caminos torcidos se enderezarán y los desnivelados se rectificarán. Y todos verán la salvación de Dios.”

Reflexión

Ya hemos comenzado el período del adviento. Pero el adviento es muy breve y, en un abrir y cerrar de ojos, nos encontraremos ya en la Navidad. Por eso, es urgente preparar bien el nacimiento y el pesebre para la llegada del Niño Jesús.

Se cuenta que el gran estadista italiano, Alcide de Gasperi –fundador de la Democracia Cristiana y gran líder político después de la Segunda guerra mundial— solía preparar el nacimiento con particular devoción, junto con su mujer. De entre las ovejitas escogían a dos, a las cuales les ponían los nombres de las dos hijas: María Romana y Lucía. Cada día de la novena de Navidad, las niñas debían ofrecer un sacrificio especial al Niño. Si se portaban bien, la ovejita avanzaba un poco hacia el portal de Belén; de lo contrario, venían alejadas cada vez más de la gruta. Era la gran lección de mortificación y de acercamiento al Señor que les enseñaban sus padres.

También nosotros tenemos que preparar el pesebre de nuestra alma para cuando Jesús nazca. No es sólo una bonita tradición o una práctica piadosa para entretener a los niños. Si un acto importante se prepara con mucha anticipación –una gran fiesta, la celebración de un aniversario, una graduación, un matrimonio, etc.—, ¿con cuánta mayor razón no debemos preparar el nacimiento de todo un Dios, que se hace hombre –más aún, que se hace un niño pequeño— por amor a nosotros y que se encarna para salvarnos y darnos la vida eterna?

Éste es el mensaje del Evangelio de hoy. San Lucas nos refiere que Juan el Bautista recorría toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión. El color litúrgico de este período –igual que durante la cuaresma— es el morado, que es el símbolo de la penitencia y de la austeridad. El sacerdote se reviste con los ornamentos sagrados de este color en la Santa Misa para invitar a todos los fieles al sacrificio y a la conversión, pues sólo así podemos purificar nuestra conciencia y nuestro corazón para que Cristo Niño lo encuentre bien dispuesto el día de Nochebuena.

Pero, ¿qué significa conversión? ¿de qué o por qué tenemos que convertirnos? Todos, por lo general, nos creemos gente buena y pensamos que la conversión es sólo para los grandes pecadores. Sin embargo, el Papa Juan Pablo II nos decía que todos necesitamos convertirnos diariamente en nuestra vida. Porque convertirse significa “volver a Dios”, “cambiar” de actitudes y de comportamiento. El verbo hebreo que expresa este concepto es “sub” y significa, ni más ni menos, “volver”; el vocablo latino “cum-versio” indica la misma idea. Sin embargo, en griego se dice “metá-noia” –que quiere decir, literalmente, “cambio de mente”, “cambio de corazón”—. Convertirnos, pues, es acercarnos más a nuestro Señor, alejándonos del pecado y de las propias pasiones que nos apartan de Él; convertirnos para cambiar nuestra mentalidad mundana y sustituirla por unos criterios de fe, auténticamente cristianos; cambiar “nuestro corazón de piedra –como decía Ezequiel— por un corazón de carne”, lleno de amor, de compasión, de perdón y de caridad. ¿Nosotros pensamos igual que Cristo en todo? ¿Pensamos como Él piensa acerca de la fama, del poder, de la riqueza, del sufrimiento, del dolor? ¿Y nuestro corazón es como el Suyo para amar al Padre Celestial y todos los hombres sin excepción, como Él nos amó? Todo esto es convertirse.

Juan Bautista, con palabras del profeta Isaías, nos exhorta también hoy a cada uno de nosotros: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. Estas imágenes bíblicas nos hablan de la necesidad de la conversión. Los montes, en este contexto, vienen a ser signo de la soberbia, del orgullo y de la prepotencia: ¡tienen que ser rebajados y anulados! Los valles son nuestros complejos, caídas, desconfianzas y depresiones, y tienen que ser rellenados. Lo torcido es toda forma de pecado y de desorden moral; lo escabroso son nuestras sensualidades, vicios, concesiones a la tentación y el juego con las pasiones que nos llevan al mal; ¡debe ser enderezado!

En una palabra, necesitamos “preparar el camino del Señor y allanar sus senderos”; o sea, rectificar todo aquello que tiene que ser corregido para que, cuando Cristo venga, nos encuentre con el alma limpia por la gracia y con el corazón bien dispuesto. Entonces la Navidad dejará de ser una fiesta más o un bello folklore religioso, para adquirir su verdadero sentido en nuestra vida. Sólo si Cristo nace en nuestro corazón, la Navidad tendrá un valor y comenzaremos a vivir el cielo en la tierra.

Transformar Fracasos en Victorias

Escrito por Dr. John C. Maxwell

Continuando con el tema de tener una nueva perspectiva de lo que es el ‘fracaso’, ahora quiero compartir con ustedes siete habilidades que tienen los triunfadores y que los capacitan para no dejarse vencer por los errores que cometen, sino que los hacen seguir hacia adelante:

1. Los triunfadores rechazan el rechazo:

El escritor James Allen dice: «Una persona es literalmente lo que piensa, su carácter es la suma de todo su pensamiento». Esta es la razón de por qué es tan importante pensar en la forma correcta.

La gente que no se rinde se mantiene probando porque no basa su autoestima en lo que realiza. En lugar de eso, tienen una autoimagen basada en lo interior. En lugar de decir: «Soy un fracasado», dicen: «Fallé esta vez», o «cometí un error».

El sicólogo Martin E. Seligman cree que cuando fallamos tenemos dos opciones: Podemos interiorizar o exteriorizar nuestro fracaso. Dice que «cuando falla, la gente que se culpa tiene un pobre concepto de sí misma, cree que no vale nada, que no tiene talento, que nadie la quiere. Pero la gente que culpa a factores externos no pierde su autoestima cuando la golpean hechos negativos». Para mantener la perspectiva correcta, asuma la responsabilidad por sus actos, pero no tome sus fracasos como cosa personal.

2. Los triunfadores ven el fracaso como algo temporal:

Para la gente que personaliza los fracasos los problemas son como un hueco que los está succionando permanentemente. Pero los triunfadores ven las cosas como algo temporal. Por ejemplo, tomemos el caso del presidente Harry S. Truman. En 1922 tenía treinta y ocho años, estaba lleno de deudas y no tenía trabajo. En 1945, era el líder más poderoso del mundo libre, ocupando la oficina más importante sobre la faz de la tierra. Si hubiese visto su fracaso como algo permanente, se habría quedado donde estaba y jamás habría podido mantenerse probando y creyendo en su potencial.

3. Los triunfadores ven los fracasos como acontecimientos aislados:

En cierta ocasión, el escritor Leo Buscaglia hizo referencia a su admiración por la experta en cocina Julie Child: «Me gusta su actitud. Dice: ‘Esta noche vamos a hacer un suflé’. Y con un golpe por aquí, un batido por allá y una serie de aparatos que deja caer al piso hace todas esas cosas maravillosamente humanas. Luego toma el suflé y lo mete en el horno y conversa con usted por unos momentos. Finalmente, dice: ‘¡En un minuto estará listo!’ Pero cuando abre el horno, el suflé está delgado como un panqué. ¿Pero se desespera por eso y rompe en llanto? ¡No! Sonríe, y dice: ‘Bueno, no se puede ganar siempre, así es que ¡buen provecho!’»

Cuando los triunfadores fallan, ven el fracaso como algo temporal, no como un mal para toda la vida. No es una cosa personal. Si usted quiere triunfar, no permita que un incidente aislado afecte la opinión que usted tiene de sí mismo.

4. Los triunfadores son realistas en lo que esperan:

Mientras más grande sea la hazaña que usted quiera alcanzar, mayor será la preparación mental que necesite para vencer los obstáculos y perseverar en el largo camino que tiene por delante. Si quiere dar un paseo por la manzana donde vive, lo más seguro que no esperará encontrarse con problemas. Pero bien distinto sería si se propusiera escalar el Monte Everest. Esto exige tiempo, esfuerzo y la capacidad para vencer los contratiempos.

Tiene que enfrentar cada día con expectativas razonables y no dejarse abatir cuando las cosas no salgan como usted quiere. Ilustra bien este punto algo que ocurrió en el juego que inauguró la temporada de béisbol en el año 1954. El juego era entre los Bravos de Milwaukee y los Rojos de Cincinnati. Por cada equipo hacía su debut en grandes ligas un novato.

El novato que jugaba por los Rojos impulsó cuatro dobles y ayudó a su equipo a ganar por nueve carreras a ocho. El novato de los Bravos quedó cero por cinco. El jugador de los Rojos era Jim Greengrass, un nombre que quizás no haya vuelto a escuchar. El otro nombre, del jugador que no logró nada en aquel juego, posiblemente le resulte más familiar. Se trata de Hank Aaron, quien llegó a ser el mejo «jonronero» en la historia del béisbol.

Si las expectativas de Aaron en aquel primer juego hubiesen sido exageradas, quién sabe qué habría sido de él como beisbolista. A lo mejor habría dejado de jugar. Sin duda que su actuación de aquel día no le produjo ninguna satisfacción, pero él no pensó que había fracasado. Había trabajado muy duro durante mucho tiempo. No se daría por derrotado fácilmente.

5. Los vencedores se concentran en lo que pueden hacer:

Otra manera en que los vencedores evitan personalizar sus fracasos es poner su atención en sus capacidades. Bob Butera, ex presidente del equipo de jockey «Los Diablos» de New Jersey, respondió así a una pregunta que le hicieron sobre qué es lo que hace a un vencedor: «Lo que distingue a un vencedor de un perdedor es que el vencedor se concentra todo el tiempo en lo que puede hacer, no en lo que no puede hacer. Si un jugador es bueno para tirar a la portería del equipo rival, pero no es bueno para desplazarse por la cancha, le decimos que se concentre en tirar, tirar y tirar, nunca en que un rival puede ganarle en el patinaje. La idea es que siempre piense en sus triunfos».

Si una debilidad es cuestión de carácter, hay que prestarle mucha atención. Concéntrese en eso hasta que la supere; lo mejor para transformar los fracasos en victorias es desarrollar y maximizar las capacidades personales.

6. Los triunfadores varían las estrategias:

En The Psychology of Achievement, Brian Tracy escribe acerca de cuatro millonarios que hicieron su fortuna a los treinta y cinco años de edad. Invirtieron en un promedio de diecisiete negocios antes de dar con el que los llevaría a la cima. Se mantuvieron probando y buscando hasta que encontraron algo que sí funcionó.

Los triunfadores son proclives a variar sus estrategias. Esto es importante en cada esfera de la vida, y no en la de los negocios solamente. Por ejemplo, si usted es un fanático de las competencias atléticas sin duda que disfrutará viendo a los atletas compitiendo en la prueba de salto alto. Siempre me asombra las alturas alcanzadas por hombres y mujeres en esta prueba. Lo que es realmente interesante es que en la década de los 60, esta disciplina sufrió un cambio radical de técnica que permitió a los atletas superar viejas marcas y establecer nuevas mucho más ambiciosas.

La persona responsable para tales cambios fue Dick Fosbury. Mientras los atletas de salto alto anteriores usaban el método de abalanzarse sobre la barra de frente, con un brazo y una pierna adelante, Fosbury desarrolló una técnica que lo lanzaba de espaldas sobre la barra. Se le llamó la caída Fosbury.

Desarrollar una nueva técnica para el salto alto era una cosa. Hacer que fuera aceptada por los demás era otra. Fosbury recuerda: «Se me dijo una y otra vez que no tendría éxito, que no sería competitiva y que sencillamente la técnica no funcionaría. Y todo lo que yo hacía era sonreír y decir: ‘Ya lo veremos’».

Y la gente lo vio. En 1968, Fosbury ganó la medalla de oro en los juegos olímpicos de México, superando la marca olímpica anterior y estableciendo una nueva marca mundial. Desde entonces, casi todos los grandes saltadores del mundo usan su técnica. Para lograr sus metas, Fosbury cambió su estrategia para el salto alto y con ello no permitió que la gente se refiriera a él como un fracasado.

7. Los triunfadores siempre insisten:

Todos los triunfadores tienen en común la habilidad de insistir después de un error, falta, o fracaso. La sicóloga Simone Caruthers dice: «La vida es una serie de resultados. A veces el resultado es lo que uno quiere. Grandioso. Piense en lo que hizo bien. A veces el resultado es lo que usted no quería. Grandioso. Piense en lo que hizo y que no volverá a hacer». Esa es la clave para intentarlo de nuevo.

Los triunfadores están siempre dispuestos a avanzar sin importar lo que ocurra. Y eso es posible porque no olvidan que los fracasos no los convierten en personas fracasadas. Nadie toma los errores como cosa personal. Esa es la forma para que usted no se considere un fracasado.

Lidere.org

La solidaridad, un movimiento en expansión

Día del

Voluntariado

Por Ignacio Pinto

Especial para lanacion.com El voluntariado es una herramienta para las organizaciones que ha existido siempre. A lo largo de la historia ha sido vinculado a instituciones de carácter religioso, o bien, político. Personas movilizadas por ideales comunes y creencias profundas, que las han llevado y llevan a participar en misiones, cruzadas, asambleas o guerrillas.

Hoy el voluntariado, particularmente en la Argentina, es un movimiento en expansión. ¿Qué moviliza a los voluntarios en nuestro país? Ciertamente sigue existiendo el voluntariado en las instituciones religiosas y políticas; sin embargo cabe remarcar que hay una gran mayoría, especialmente de jóvenes (según nuestra experiencia), que encuentra motivaciones trascendentes al ponerse al servicio de organizaciones sociales, no desde su religión u orientación política, sino desde sus valores: justicia social, unión, igualdad de oportunidades, responsabilidad, solidaridad.

Asimismo la aparición creciente de organizaciones implica que quien quiera movilizarse solidariamente tiene una gran oferta; sin embargo con anterioridad, ha habido un emprendedor social que funda una organización y que es el primer voluntario de esa institución. Es él quien ve una injusticia de la que nadie se ha hecho cargo. Entonces uno se puede preguntar ´pr qué cada vez aparecen más de estos líderes sociales. La respuesta es simple: se debe a las crecientes injusticias con las que convivimos.

También es interesante el contraste entre la frase cliché que se jactan en predicar algunos mayores ‘la juventud está perdida, es el tiempo de los desvalores’ y, en contraposición, el paulatino compromiso de la juventud con la justicia, ideal defendido por todas las organizaciones, a través de la participación voluntaria.

Es notable la gran riqueza que se produce en el encuentro de personas de diversas religiones e ideologías que, motivadas por valores humanos, se mueven identificados en una misma causa: superación de la pobreza, oportunidades para discapacitados, prevención del VIH.

Esta unión por un mismo ideal que se vive en las organizaciones sociales, genera un profundo lazo que nos hermana en un sueño común (aquel manifestado en las visiones de las instituciones). Estamos convencidos de que si los argentinos empezáramos a ser voluntarios de nuestro país, unidos en un sueño común, vamos a poder construir un pueblo unido y una Nación libre de injusticias.

El autor es director de Un Techo para mi País Argentina

Sahara Occidental: Un muro en el desierto

Aminatou Haidar

Aminatou Haidar, Aminatou Haidar es madre de dos hijos, y cursó estudios de literatura moderna. Hoy por hoy es la más célebre activista en aras de que la República Árabe Saharaui Democrática sea una realidad como Estado del territorio denominado Sahara Occidental. Este territorio, ex colonia española, interrumpió su proceso de descolonización en 1976 tras abandonarlo España pese a que estaba comprometido con la ONU para llevar a cabo dicha descolonización. En la actualidad el Sáhara Occidental está gobernado de facto por Marruecos, y por ello Haidar posee la ciudadanía marroquí.

Debido a su ideología pro saharaui, ha sido perseguida y reprimida por los poderes públicos marroquíes en numerosas ocasiones. En 1987, con 21 años, formó parte de una manifestación pacífica formada por 700 participantes que exigían el referéndum de independencia del Sahara frente a Marruecos. Tras estas actividades presa sin cargos ni juicio en las conocidas como ‘cárceles secretas’ durante 4 años. Allí, sufrió torturas junto a otras 17 mujeres saharauis presas.

En 2005 fue condenada por la justicia marroquí a la estancia de 7 meses en el centro penitenciario conocido como ‘Prisión Negra’ de El Aaiún. El proceso del juicio debido a irregularidades, fue denunciado por un observador enviado al efecto por Amnistía Internacional. Dicha organización ha calificado que Haidar se trata de una preso de conciencia. También miembros del Parlamento Europeo emprendieron una campaña internacional por la liberación de Aminetu Haidar, la cual se exigió formalmente mediante resolución de dicho parlamento. Tras más de un mes en prisión, fue liberada en enero de 2006. Su puesta en libertad reavivó las revindicaciones de independencia de los saharauis, que se manifestaron en forma de manifestaciones en las calles de El Aaiún y protestas de los estudiantes saharauis de la Universidad de Marraquech.

Tras la gran dimensión mediática de su irregular aprisionamiento, y el importante apoyo que obtuvo por asociaciones y políticos occidentales lograron la expatriación de Haidar con el fin de erigirse en embajadora itinerante de la República Árabe Saharaui Democrática en contacto con gobiernos extranjeros y asociaciones pro saharauis.

En agosto de 2006 Marruecos le denegó el pasaporte y el derecho de expatriación de sus dos hijos como medida de presión.

El 13 de noviembre de 2009, tras su llegada a El Aaiún procedente de Nueva York en un vuelo con escala en Las Palmas de Gran Canaria, fue expulsada del país marroquí hacia Lanzarote, Islas Canarias. Tras su aterrizaje permanece ya más de dos semanas en la Terminal 1 del Aeropuerto de Lanzarote donde inició también una huelga de hambre el 15 de noviembre.

Su establecimiento en el aeropuerto responde a una medida de presión, acusando al Gobierno español de inhibirse en el asunto y actuar en connivencia con el Gobierno marroquí. Durante su huelga, son muchos los personajes públicos que le brindan su apoyo de diferentes formas. Recibió las visitas in situ del político Cayo Lara, de la política austríaca Karen Shelley, del grupo musical Macaco, del director de cine Javier Fesser, o los actores Fernando Tejero, Lola Dueñas, o Willy Toledo que durmió una noche con ella en el suelo de las instalaciones aeroportuarias. Por otra parte el escritor portugués José Saramago que reside en Lanzarote, le dedicó un manifiesto a Aminatu en el que se expresa su total apoyo en la causa saharaui.

En su segunda semana en el aeropuerto conejero, el Ministerio de Exteriores español envió como emisario a su director de gabinete, Agustín Santos, el cual le propuso a Haidar tres opciones por parte del gobierno español: asilo político, solicitar un nuevo pasaporte o adquirir la nacionalidad española. Ninguna de las tres propuestas fue aceptada por la activista de manera justificada. Desde entonces la saharaui cumple su tercera semana en el aeropuerto de Lanzarote como apátrida.

El Sáhara Occidental,

El Sáhara Occidental es un territorio de África situado en el extremo occidental del desierto del Sahara, a orillas del océano Atlántico. Es uno de los dieciséis territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, con el fin de eliminar el colonialismo.

Su proceso de descolonización fue interrumpido en 1976, cuando su antigua potencia colonial, España, abandonó el Sahara occidental en manos de Marruecos y Mauritania (conforme a lo dispuesto en los Acuerdos de Madrid). Su suelo se encuentra ocupado actualmente casi en su totalidad por Marruecos, aunque la soberanía marroquí sobre el mismo no es reconocida por las Naciones Unidas y es rechazada por el grupo armado Frente Polisario, que proclamó su independencia en 1976 creando el estado de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) que hasta el momento ha sido reconocido por 82 países .

La RASD administra de facto la zona del Sahara Occidental no controlada por Marruecos, que denomina oficialmente al territorio como sus Provincias Meridionales. El administrador de facto de la mayor parte del territorio es Marruecos. El resto se encuentra controlado por la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La RASD está reconocida por la Unión Africana y por 46 países en el mundo, la mayoría africanos o latinoamericanos.

La RASD no está reconocida ni por la ONU ni por la Liga Árabe ni por ningún país europeo ni ningún miembro permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Las pretensiones de Marruecos respecto a su ‘integridad territorial’ (lo que podría ser interpretado como apoyo a su reivindicación sobre el Sahara Occidental) son bien vistas, últimamente por el apoyo oscilante de 25 estados y por la Liga Árabe.

Sin embargo, ningún país reconoce formalmente la anexión, como admite el informe del Secretario General de la ONU del 19 de abril de 2006: ya que ello implicaría el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, cosa que estaba fuera de cualquier consideración, dado que ningún Estado Miembro de las Naciones Unidas había reconocido dicha soberanía.

Actualmente, el territorio del Sahara Occidental se halla dividido por un muro de más de 2.000 km de largo que divide de norte a sur el Sahara Occidental. La zona al oeste del muro de proteccion marroqui es el territorio ocupado por Marruecos, llamado ‘Sahara Marroqui’, mientras que la zona al este del muro constituyen los denominados por el Polisario ‘territorios liberados’ o ‘zona defensiva’ para Marruecos.

Gentileza, Robert Parker