Acuerdos terminológicos
“Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera.” (Génesis)
Nombrar las cosas les dan entidad y permiten un acuerdo entre las personas acerca de qué se habla. Es casi un precepto kantiano, que la cosa se define a partir de la voluntad del hombre, rompiendo con la filosofía clásica que creía en un ideal al que las cosas se aproximaban y de la que tomaban su esencia.
De nombrar las cosas a definir fenómenos existen las dificultades que ya señalara Paul Ricoeur al reconocer la distancia o hiato que separa la definición de lo definido. Sin hilar muy fino, podemos proseguir.
Cuando alguien dice: “aumento generalizado de los precios de la economía”, las personas -entendidas o legas- acuerdan en hablar de inflación. Podemos discutir si diagnosticamos la inflación por los simples dichos, o por la verificación empírica de que esos aumentos se registran. Pero dadas ambas premisas, la inflación no puede negarse, salvo que Dios haya decidido darle él los nombres a las cosas y definir los contornos de la realidad.
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Para mi inflación era que la cebolla de verdeo estaba en $20. Lo de Kant me deja obnubilado, que quiere que le diga. Muy buena argumentación, en serio