Timba

La presidente Fernández habló en el marco de la reunión de presidentes del Mercosur que se llevó a cabo en Tucumán “el jardín de los desnutridos” que ha bajado el índice de mortalidad infantil en forma espectacular por arte de biribirloque, es decir, con el cambio de la medición que realiza el Ministerio de Desarrollo Social.
Es extraño que una jefa de estado, se dirija a sus pares en términos que ellos no puedan entender. Al referirse a la especulación financiera, utilizó la palabra “timba” (casa de juegos) ante la mirada de estupor del auditorio. En América Central y México “timba” significa “panza”. Más aún, la relación que la presidente quería hacer entre ese vocablo y los movimientos financieros sólo es entendible en la Argentina en los centros urbanos o sectores ilustrados.
Tener una comunicación defectuosa puede ser un error, como en el caso de la resolución 125, muy costoso para todos.

De la tragedia y la comedia

La presidente volvió a hablar. Del atril a la barricada, las diferencias son importantes. Pero de ello no trata este post. Quiere posarse sobre una parte del discurso del 18 de junio en oportunidad en que se convocó al pueblo a defender la democracia, amenazada por cuatro dirigentes, ungidos por el gobierno en cuatro jinetes del apocalipsis, cuando apenas son cuatro lobistas de un sector de la economía.

Con un tono de voz a medio camino entre la pasión desbocada de Eva Duarte y la locura extática de Isabel Martínez, Cristina Fernández dijo: “Yo quiero en nombre de la vigencia democrática, en nombre de la Constitución, en nombre de las leyes de la República, que adviertan que si la historia primero fue tragedia hoy se repite como comedia, y que ya los argentinos no queremos más comedias, queremos por sobre todas las cosas volver a recuperar responsabilidad institucional y vigencia de la Constitución.”

Tanto al escucharlo como al releer este fragmento publicado en el sitio de la presidencia, no puedo dejar de hacer notar que la lógica de la frase en la que comedia y tragedia juegan un contrapunto, desemboca en un remate que la presidente esquivó, no sin dificultad. Esa lógica indica que la frase:”adviertan que si la historia primero fue tragedia hoy se repite como comedia, y que ya los argentinos no queremos más comedias, queremos”:tragedia. Curiosa vía regia del inconsciente para mostrar cuál es el destino final de las acciones que se suceden ante nosotros. Si a eso se le suman las constantes apelaciones a los muertos por las luchas de hoy y de siempre, junto con “la sangre de los jóvenes”, derramadas en cada momento crítico de la historia, el panorama de las palabras muestra -desgraciadamente- cuál será el derrotero de las acciones.

Acuerdos terminológicos

“Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera.” (Génesis)

Nombrar las cosas les dan entidad y permiten un acuerdo entre las personas acerca de qué se habla. Es casi un precepto kantiano, que la cosa se define a partir de la voluntad del hombre, rompiendo con la filosofía clásica que creía en un ideal al que las cosas se aproximaban y de la que tomaban su esencia.

De nombrar las cosas a definir fenómenos existen las dificultades que ya señalara Paul Ricoeur al reconocer la distancia o hiato que separa la definición de lo definido. Sin hilar muy fino, podemos proseguir.

Cuando alguien dice: “aumento generalizado de los precios de la economía”, las personas -entendidas o legas- acuerdan en hablar de inflación. Podemos discutir si diagnosticamos la inflación por los simples dichos, o por la verificación empírica de que esos aumentos se registran. Pero dadas ambas premisas, la inflación no puede negarse, salvo que Dios haya decidido darle él los nombres a las cosas y definir los contornos de la realidad.

De la palabra

Este blog reza: “verba volant scripta manent”, antiguo proverbio romano que indica que la palabra escrita perdura, en tanto que la palabra dicha se va con el viento. Sería interesante reflexionar acerca de los verdaderos efectos de las palabras en ambos casos. Para el Derecho no hay duda que lo inmutable otorga solidez y certidumbre. Pero para la política, sólo la palabra dicha asegura efecto sobre los demás, porque azuza las almas, agita las conciencias y activa la acción política.

En la actual tensión entre el sector agropecuario y el gobierno, importa aquello que se dice a diario, más allá de lo que las leyes o normas dictan para la ocasión -letra muerta en la mayoría de los casos- torciendo la opinión hacia un lado u otro. Sin embargo, la extensión del conflicto, como ante toda repetición, está quitándole a la palabra su sentido original.

La devaluación de la palabra dicha, como instrumento político, deja el camino expedito hacia los cauces de la pura acción. En ese campo, la correlación de fuerzas -el poder de cada contendor- es la medida en el cálculo hacia la victoria de un bando o el otro. Un atajo posible para evitar esta evolución natural de los acontecimientos, sea la búsqueda de certidumbre en la palabra escrita, el sometimiento a las leyes, en cabeza de la Suprema Corte, para poner las cosas en algún lugar, menos peligroso.


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